Espectáculos 🎭
El Festival Bandera selló su regreso en Rosario ante más de 20 mil personas
En su tercera edición, la primera desde la pandemia, el encuentro musical aglutinó en una sola jornada un sintética muestra de la pluralidad de estilos y géneros musicales que abarcan la inventiva musical argentina.
Con más de treinta artistas y bandas desplegadas en una grilla bien diversa y distribuida en tres escenarios, el Festival Bandera selló ayer su regreso en el Óvalo del Hipódromo del Parque Independencia de la ciudad de Rosario ante más de 20 mil personas que celebraron la vigencia de grupos como Babasónicos, Guasones, Las Pelotas y El Mató a un Policía Motorizado y conectaron con la llegada generacional de Dillom, Zoe Gotusso y Peces Raros, entre otros.
En su tercera edición, la primera desde la pandemia, el encuentro musical aglutinó en una sola jornada un sintética muestra de la pluralidad de estilos y géneros musicales que abarcan la inventiva musical argentina.
La certera programación comprometió a sus asistentes desde temprano, que comenzaron a colmar las instalaciones desde su apertura: el crisol también tuvo su reflejo en la impronta de un público desprejuiciado y abierto a la escucha.
El viaje musical estuvo orquestado con precisión y buenos maridajes: Babasónicos y su etapa dictada por el minimalismo electrónico sintonizó a la perfección con el siguiente show a cargo de Peces Raros, aunque desde muy temprano, esa coherencia fue ensamblando a unos con otros.
Antes de que caiga el sol, El Kuelgue desplegó su elegancia funky y su propuesta original, donde se cruzan estilos como la bossa nova y el R&B con ritmos rioplatenses y música disco, que amalgamó a la perfección con el rap de los locales Groovin’ Bohemia, que se despacharon con una potente versión de “Nextweek” de Sumo que el público «pelotero» festejó como propia cuando todavía faltaban unas cuantas horas para la llegada del grupo liderado por Germán Daffunchio.
“Yo estoy empezando a sentir el paso del tiempo de una manera agradable en el plan de que antes llegábamos a estos festivales como los bichos raros o siendo los chicos. Pero, más allá de la edad, no todas las bandas hacían un crisol de estilos en los festivales de rock”, señaló después a el músico Santiago Martínez, de El Kuelgue, sobre la buena convivencia que hoy reina en los festivales argentinos.
Los sonidos del trap alternativo dieron el presente desde temprano y repartidos entre los dos escenarios principales, sincronizados y destinados para las atracciones principales, que ocuparon artistas como Saramalacara y Taichu, dos raperas y exponentes del trap local, que se dieron el gusto de sellar en directo y en dos oportunidades su colaboración titulada “Water”, más que atinada para la calurosa tarde que comenzaba a aportarle color y un poco de respiro al mal clima de la noche anterior.
Con Dillom espiando el show desde un costado del escenario, Saramalacara dejó su sello inconfundible, basado en una fórmula que mezcla punk pop electrónico y efervescente presente en canciones como “Waifu”, “Chrome” y “Guchi Polo”, mientras que su colega Taichu recogió el guante de su amiga y desde el escenario vecino se erigió con un repertorio con puntos altos en “Tolkin Yit”, “Tic Tac”, “Gabbanna” y “I Kissed a Girl”, el hitazo de la británica Katy Perry.
Con la llegada de Los Espíritus, el grupo comandado por Maxi Prietto, que ofreció su originalidad referenciada en el blues urbano, el rock psicodélico y los ritmos africanos con canciones como “Jugo”, “Todo bien” (Bob Dylan), “Vamos a la Luna” y “La Rueda”, la jornada empezó a evidenciar una paleta de colores que no desentonaría en ningún momento pese al juego de las diferencias y los contrastes estilísticos: “Buscamos que el show tenga cierta dinámica. Estuvo bueno porque la gente cantó mucho los temas”, festejó Prietto, en diálogo con esta agencia, a la vez que confirmó la llegada de un nuevo material de estudio.
“Creo que la música es música y no creo tanto en las etiquetas. Pensamos que la música está más para unir que para separar”, añadió Miguel Mactas, el guitarrista del grupo rockero, ubicable dentro de un espectro de público que también tiene lazos afectivos con la escena platense que encabeza El Mató a un Policía Motorizado que ofreció “una versión reducida” e hizo “más foco en las canciones más celebradas por esta generación” como sintetizó su líder Santiago Motorizado.
Antes de la exhibición de psicodelia y estirpe post-punk de su grupo, el cantante disfrutó desde un costado del show de otros platenses como Guasones que, en base a un repertorio rocanrolero desde el comienzo con “Me Muero”, se coronó en el escenario anoche como uno de los grupos más festejado de toda la grilla tras el impacto emocional y certero de “Reyes de la Noche” y el furioso “Gracias” del final.
Hasta El Mató festejó aquella presencia cuando, ya con la caída del sol y la brisa fresca de la noche, ocuparon su lugar para arrancar con “Magnestismo” pero antes obsequiar algunas estrofas prestadas de sus colegas.
Sobre aquellos versos de “Reyes de la Noche” que Santiago Motorizado hizo propios, declaró luego: “Cuando nosotros arrancamos éramos muy alternativos y ellos muy rock & roll, pero a mí siempre me gustó Guasones porque tiene una cosa muy Lou Reed que conecta con nuestro público. Siempre que los veo me emociono porque son muy buenos y tocan muy bien. Facu (Soto) está siempre impecable y la rompe siempre”, añadió.
“El Tesoro”, “El Perro”, “La Noche Eterna”, “Yoni B”, “Chica de Oro” son algunas de las canciones que formaron parte de esta versión condensada en plan festivalero de El Mató a Un Policía Motorizado y que, como suelen acostumbrar, sonaron ajustadas y dispuestas a contagiar el vuelo con la voz proyectada y sanguínea de Santiago y los contrapuntos en las guitarras que forman parte de su ADN musical.
El rapero Dillom, quien hace semanas concretó su primer Luna Park, logró capturar dentro de ese marco el espíritu de su obra “Post Mortem” y se apoyó en el juego de luces y las pantallas para aportarle más teatralidad a su actuación: la voz en off de Mario Pergolini en “Demian”, el enganche de “Una Vela” de Intoxicados con “Rili Rili” y el dueto con Saramalacara en “Rocketpowers” dejaron buenas sensaciones entre el público, que sintonizó su parte más funky-disco con “Sauce” y conectó con la emoción de la tierna “220”.
La vigencia de Las Pelotas estuvo reflejada en una lista cargada de abundantes clásicos de todo su recorrido: luego de la apertura de “Desaparecido” que antecedió a “Basta”, se fueron sucediendo otras como “Tormenta”, “Dando Vueltas” y “Orugas” en un primer bloque, antes de las festejadas “Cuando podrás amar”, “Será” y “Si supieras” por la que el público entregó su cantito futbolero siguiendo la melodía de las trompetas antes del final a puro frenesí y pogo con “Capitán América” y “Shine”.
Babasónicos, en su fase minimalista, conectó con el pulso electrónico desde el vamos con “Bye Bye” con el que abrieron el repertorio para seguir con “Los Calientes”, “Putita”, “Flora y Fauno” e “Ingrediente”, mientras el cantante Adrián Dárgelos desplegaba sus pasitos de baile, plegarias al cielo y un histrionismo siempre al servicio de corporizar su propia obra en un plan teatral, al igual que su hermano Diego Rodríguez, quien cada vez que prescindió de su guitarra, se constituyó como un bailarín carismático y contagioso como en “Deléctrico”.
Con la distorsión casi restringida, el gran guitarrista Mariano Roger hizo gala de su pirotecnia en “Cretino”, casi una excepción dentro de un repertorio que eligió por el camino de las máquinas de ritmo, los bajos sintetizados, que mejor representan el presente de un grupo que se actualiza siempre desde la vanguardia.
Por los retrasos en el escenario Cynar, por donde estuvieron Zoe Gotusso, Nafta, Benjamín Amadeo, Silvestre y La Naranja, el show del rapero Acru –legendario competidor de las batallas de freestyle- coincidió con el de Peces Raros que, dentro de su propuesta basada en el encuentro entre las guitarras y la música electrónica, también hizo un guiño a la escena urbana al interpretar su canción “Cicuta”, reversionada como remix junto a Trueno.
“Nos costó encontrar una versión nuestra que sea adaptable a un festival, pero al final dimos con una fórmula que nos permite llegar a esta versión en polvo de Peces Raros, a esa versión abreviada, sintética y más capsular. Los festivales te exigen alto voltaje en general y nosotros nos llevamos bien con el alto voltaje”, apuntó el cantante Lucio Consolo.
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“Somos marca país en teatro, cine y televisión”: Belloso y Guinzburg protagonizan “Casual”, una comedia “bien argenta”
Los actores encabezan “Casual”, una comedia que pone en escena la intimidad en tiempos de sobreexposición. En diálogo, cuentan su vínculo con las redes sociales, el límite de su privacidad y reflexionan sobre el clima cultural actual, reclamando más fuentes de trabajo y espacios para la ficción.
Hay una pregunta que atraviesa toda “Casual”: ¿Qué pasa cuando la intimidad deja de ser privada y se convierte en material público, revisable, intervenible? Sobre esto y mucho más responden Carlos Belloso y Malena Guinzburg, en exclusiva para El Argentino.
Acompañados por un gran elenco –Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich-, la obra, escrita por Federico Viescas -ganadora del Concurso Contar 2025- y dirigida por Pablo Fábregas, se presenta de miércoles a domingos en el Multiteatro.

La pieza parte de un hecho disparador tan cotidiano como inquietante: una mujer cae en coma tras un accidente y sus amigos deciden revisar su celular para entender qué ocurrió. Lo que encuentran no solo abre una investigación incómoda, sino una vida paralela que nadie esperaba.
“La intimidad puesta en juego, porque el celular sos vos”, resume Belloso, que sintetiza así el corazón de la obra. “Si yo miro tu celular, sé todo lo que pensás, todo lo que consumís”, agrega, marcando cómo la tecnología reorganiza incluso la forma en la que leemos a los otros.
En esa misma línea, Malena Guinzburg lleva la pregunta hacia el terreno de los vínculos: “¿Cuánto conocés realmente a tus amigos? ¿Cuánto puede haber una vida oculta detrás?”.
La obra avanza entre el humor y la incomodidad, y expone un punto sensible: la curiosidad como motor, pero también como límite ético. “¿Cómo es posible hacer un trío de a dos? Solo respuestas incorrectas”, bromea el material, sin abandonar del todo el tono filoso.
Una comedia “bien argenta”
Más allá del disparador, ambos coinciden en algo: la identidad local es parte del ADN de la obra.
“Es recontra así, con personajes que algún vecino conocés”, dice Guinzburg. “Una médica sobrepasada, alguien que te quiere vender todo el tiempo algo… me parece re lindo hacer una obra así, nada mejor que hacerla acá”, agrega.
Belloso suma una diferencia clave con el teatro extranjero y su adaptación: “Lo que pasa con una obra argentina que te identifica es lo que a veces no te da la comedia extranjera”, explica. “Tenés que adaptar un idioma original a un castellano neutro y después inventar gags. Acá tenemos al autor cerca, podemos preguntarle qué decir”.
Redes, exposición y el límite de la privacidad
Si la obra gira en torno a lo privado expuesto, la conversación inevitablemente se traslada a las redes sociales y la vida cotidiana.
Guinzburg reconoce la tensión entre exposición y control: “Uno muestra un montón. Mis seguidores conocen a mi perro, cosas que antes no se veían”. Pero también advierte: “Hay una intimidad que uno cree manejar, pero está toda en este aparato. Hoy confiamos mucho en esto”.
Y agrega una contradicción contemporánea: “A veces no podés ni pagar si no tenés una app. Para vender entradas tenés que hacer un posteo”.
Belloso, en cambio, traza un límite más estricto: “Yo uso Instagram para mis personajes. No subo cosas de mi familia. Me gusta mantener la magia del actor”. Y lo explica en términos de construcción artística: “Si mostrás demasiado, después en escena tenés que hacer lo mismo que hiciste en redes”.
Ficción, trabajo y un diagnóstico del presente: “Inexplicable”
El recorrido desemboca en un tema más amplio: la crisis de la ficción y el lugar de la industria cultural en la actualidad.
Belloso no esquiva la lectura estructural: “La televisión de aire tiene que volver”, plantea. “No toda la gente tiene plata para las plataformas. Si no se pasa por televisión abierta, no lo ve nadie”. Y profundiza: “Hay que habilitar más fuentes de trabajo. Hoy la ficción está apagada. Las plataformas ayudan, pero más a ellas que a nosotros”.
En ese punto, aparece también la mirada generacional y afectiva de Malena, cruzada por la figura de Jorge Guinzburg: “Mi viejo siempre fue un gran hacedor de dar laburo y de generar cosas”, dice. Y frente al presente, coincide: “Coincido plenamente”.
El cierre de Belloso funciona casi como síntesis de diagnóstico y pertenencia cultural: “Somos marca país en teatro, cine y televisión”. Pero enseguida aparece el contraste: “La televisión latinoamericana veía mucho nuestros programas. Y ahora no tenemos nada. Inexplicable”.
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