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Espectáculos 🎭

Teatro contra el olvido: Sansón de las Islas y la memoria que incomoda

Luciano Castro, Vanesa Maja y gran elenco iluminan la farsa nacional de 1982.

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En un país donde la historia reciente muchas veces se oculta tras capas de manipulación mediática y propaganda, Sansón de las islas, la obra escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Emiliano Dionisi, devuelve verdad desde el escenario. Con una dramaturgia inteligente y actuaciones memorables, la pieza convierte un episodio tragicómico —la colecta televisiva “Las 24 horas por Malvinas”— en una farsa nacional que desenmascara el relato heroico impuesto por la dictadura.

🥊 Guerra, nacionalismo y espectáculo

El punto de partida es real: en mayo de 1982, ATC transmitió un maratón conducido por Pinky y Cacho Fontana para recaudar fondos para los soldados. Participaron celebridades, entre el patetismo, el oportunismo y algunos gestos sinceros. Nunca se supo qué pasó con los más de un millón de dólares recaudados.

Demaría toma ese contexto para montar un espectáculo delirante y conmovedor, donde el luchador Sansón (Luciano Castro) es convocado para ser humillado en el ring, disfrazado de pirata inglés, a manos de un joven “gaucho patriota”, Jorgito (Gonzalo Gravano), a pedido de un siniestro coronel (Manuel Vicente).

🎭 Teatro dentro del teatro

El catch como género teatral permite exponer lo falso del relato bélico: una puesta en escena donde se espera que el Bien siempre derrote al Mal. Pero lo que aflora es la tensión erótica entre soldados, la crueldad militar, el uso de los cuerpos como propaganda y el sacrificio de los ídolos populares. A través del personaje de Lea (Vanesa Maja), la obra introduce una sensibilidad melodramática que conmueve sin caer en la caricatura.

💥 Un elenco que brilla

Vanesa Maja, brillante y entrañable, da humanidad a la tragedia. Luciano Castro, con humildad, se entrega a un rol complejo con sensibilidad y crudeza. Gonzalo Gravano aporta un erotismo sutil y un aire ingenuo que contrapone belleza e injusticia. Los cantantes de ópera, Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino, aportan una capa lírica de gran fuerza dramática.

Cultura, memoria y juventud

En tiempos donde el discurso oficial insiste en que el arte es un gasto, la función de Sansón de las islas en la sala Casacuberta del Teatro San Martín estuvo repleta de jóvenes y estudiantes secundarios. Una muestra clara de que la cultura no es un lujo: es un derecho y un modo de crear memoria.

Demaría y Dionisi logran una obra que interpela el pasado desde el presente. Como escribió Borges sobre Juan López y John Ward, dos enemigos que podrían haber sido amigos, Sansón de las islas plantea que la guerra no tiene épica, solo cuerpos vencidos, manipulados y olvidados.

Cultura

Daro Gia: «Soy un activista que hace canciones, no un músico que milita»

Daro Gia, periodista y militante pampeano, presenta su primer álbum tras décadas de composición: «No me vengas con canciones (que sólo así no vas a cambiar el mundo)».

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Daro Gia tiene poco más de cuarenta años, viene de La Pampa, recorrió el continente como periodista y lleva décadas componiendo. Pero su primer disco recién sale ahora. No porque le haya faltado material, sino porque quería algo que «quedara y que nos gustara, sin importar el género».

El resultado es «No me vengas con canciones (que sólo así no vas a cambiar el mundo)«, un álbum que mezcla milonga pampeana, cumbia andina, funk, blues y trova caribeña con una naturalidad que desmiente cualquier pretensión de muestrario. Lo que une todo no es el estilo sino la convicción: la música es del pueblo, y el pueblo no tiene un solo ritmo.

Lo que sigue es una conversación sobre ese disco, sobre los muertos que lo habitan y los vivos que lo sostienen, sobre la política que se cuela en cada canción sin pedir permiso. Fue realizada por el periodista Alejo Brignole.

«La milonga me emociona porque soy de La Pampa y es algo que tengo muy presente»

El disco tiene canciones de muchos géneros. ¿Fue una decisión consciente no quedarse en uno solo?

La idea era grabar algo después de tantos años de componer. Un conjunto de canciones que quede y que nos guste. Buscamos no repetir géneros porque todas son canciones de música popular y pueden convivir sin ninguna etiqueta o definición sectaria dentro del mundo musical, que es infinito e inabarcable. Más que una demostración de versatilidad, es una pasión por todas las músicas que nos habitan: sea una milonga pampeana, una cumbia andina, una guajira caribeña o un blues del Mississippi, que también puede venir de la sabana africana. Todos son ritmos del pueblo.

En ese mapa aparece la «Milonga Tosca para Agustín», que es quizás la canción con más carga política e histórica. ¿Cómo surgió?

La milonga como estilo me emociona mucho. Soy de La Pampa así que es algo que tengo muy presente. Además creo que está bastante dejada de lado por ser un ritmo de tierra adentro y poco bailable. Igualmente es un género de nuestro pueblo y por lo tanto necesario para nuestra salud identitaria. Buscaba algo de qué hablar en ella que realmente valiera el esfuerzo, y se me ocurrió que Agustín Tosco era uno de tantos que es necesario recordar y profundizar su huella en la memoria colectiva. La armonía y modulación salieron solas, de tanto mirar el horizonte en el monte, o de imaginarlo encerrado en un departamento.

¿Y cómo llegaste al momento concreto en que decidiste que Tosco era el personaje?

Aunque al Gringo Tosco lo tengo presente siempre, no se me había ocurrido. Pero había parado a comer en un pueblito del sur de Córdoba, y en una conversación en la mesa de al lado, el mozo, un laburante raso, respondió: «Sí, Tosco, como esos ya no quedan.» Eso bastó.

«Metí a Guarany porque cuando encerraron a Tosco en La Pampa, Guarany le escribió una canción»

La canción incorpora voces grabadas del propio Tosco y un fragmento de Horacio Guarany. ¿Por qué Guarany específicamente?

Me interesaba meterlo a Guarany además del contenido, porque cuando a Tosco lo meten preso una de las primeras veces y lo encarcelan en La Pampa, Guarany le escribe una canción que se llama «Qué Tristeza Tendrán». Esa deuda entre ellos existía, y yo quería que se sintiera en la canción. Fede, el productor, pudo editarlo para que fluyera en el texto y la armonía de la milonga. La construcción de una cultura nacional necesita de ladrillos históricos con un lazo firme anclado en el arte y las expresiones populares.

La letra también menciona a Gorriarán Merlo y a la masacre de Trelew. ¿Hasta dónde querías llevar ese recorrido histórico?

Es una canción que recorre una época, no solo un hombre. Tosco no existió en el vacío: existió en un tiempo donde se mataba, se desaparecía, se luchaba con todo. Nombrar a Trelew o a Gorriarán no es un ejercicio académico; es recordar que hubo gente que pagó con la vida lo que otros pagaron con la cárcel. La canción es un paseo histórico porque la historia no se puede contar en fragmentos.

«La última canción está dedicada a Cuba. Es un canto épico en clave de amor»

La última pista, «Ella», parece hablar de una mujer pero está dedicada a Cuba. ¿Por qué ese juego?

Esa era la intención. Grabada en vivo, a guitarra y voz pelada, bien trova. Y también para agradecerle todas las amistades, compañeros y compañeras, y revoluciones que hizo posible esa isla. Gracias como siempre, Cuba, por darme hermanas. El título engaña porque la revolución también engaña a quienes la subestiman: parece una cosa y es otra mucho más profunda.

¿Cómo convive esa canción con las más lúdicas del disco, como la cumbia o el funk?

Muy bien, en realidad. No creo que estén tan aisladas del resto. Todas son canciones del pueblo, y el pueblo tiene momentos de fiesta y momentos de duelo, momentos de erotismo y momentos de épica. El disco intenta ser honesto con esa diversidad. Si solo hicieras canciones solemnes, estarías mintiendo sobre cómo vive la gente.

«Soy un activista. Lo que diga la Justicia capitalista no puede determinar nuestra vida»

¿Cómo te definís política y musicalmente?

Soy un activista: de la música, de la comunicación popular, del campo popular, de los derechos humanos, de los pueblos originarios y lo que creo justo. Vengo de una familia comunista y abuelos peronistas. A mi abuelo lo metió preso la dictadura del ’55, a mamá la persiguió la de Onganía en el ’66, y a papá lo echaron en la dictadura de 1976. Ahora me tocó a mí caer en la Era Neo-fascista de Javier Milei. Hoy toca continuar esa senda de la rebeldía contra el fascismo porque creemos en eso. Lo que diga la Justicia capitalista y los medios de comunicación capitalistas nos imponen condicionamientos, pero no pueden determinar nuestra vida y nuestra lucha si nos consideramos anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas.

El título del disco tiene una advertencia implícita para los propios artistas comprometidos. ¿Cuál es?

Que no hay que acomodarse en la premisa de que «soy músico, soy artista, y voy a cambiar el mundo con canciones porque milito desde el arte». No funciona así en la realidad. Como decía Spinetta, los músicos son solo un aporte al cambio social, no podemos creernos algo más importante que eso. El pan no se hace con canciones. La sopa de nuestros hijos no se hace solo con arte, sino con laburo y con trabajo colectivo. Acá no se trata de ayudar a nadie: se trata de acompañarnos entre todos.

¿Y entonces para qué sirve la música?

Hago canciones y canto para saber cómo me siento. Y si soy sincero con lo que digo, descubro cómo estoy. Eso es muchísimo. Es la gran salvación escondida del arte: darte el billete para el gran viaje interior. No más que eso, pero tampoco menos.

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