Espectáculos 🎭
Un grito urgente contra el odio y la discriminación
“3° Cordón del conurbano, una tragedia marrón”, los sábados en el Beckett
Las palmas flamencas vibran en los cuerpos mientras irrumpe el universo lorquiano transformado que propone “3° cordón del conurbano, una tragedia marrón”.
“Creo sinceramente que el teatro no es ni puede ser otra cosa que emoción y poesía, en la palabra, en la acción y en el gesto”, dijo Federico García Lorca en 1933, un año después de haber escrito “Bodas de Sangre” en la Huerta de San Vicente a las afueras de Granada. Familias enfrentadas, un matrimonio impuesto, celos, despecho, venganza, pasión, huida, amor y muerte. Relato trágico puro que refleja la situación de España en los años 30.
Si Lorca fue capaz de exponer los dilemas de su tiempo, la compañía “Payasos del Matute” te invita a vivenciar las encrucijadas actuales.



“3° cordón del conurbano, una tragedia marrón”, devela los intersticios de la difícil situación en Argentina durante el 2001.
Una adaptación grandiosa de “Bodas de Sangre” que desnuda las contradicciones humanas. Una invitación a reflexionar sobre la desigualdad, la injusticia, el amor más allá de las normas, la violencia. Una obra llena de metáforas sobre nuestro tiempo bien alejada de lugares comunes, clichés y estigmatizaciones.
“Cuando las personas con ideas autoritarias empezaron a expresarse más crudamente, yo dije: ´son la madre de Lorca´. Esa discriminación, esa violencia tiene consecuencias. Se trata de alertar que este camino conduce a la tragedia”, cuenta Mariano Bragán, integrante de la compañía y del Centro Cultural Matute que funciona en Avellaneda desde hace años reconstruyendo los lazos comunitarios a través de la organización popular, la cultura y el arte.
“Lorca muere en manos del fascismo poco tiempo después de escribir ´Bodas de Sangre´. Él describe con mucha claridad aquellas dos Españas y lo que representa el personaje de ´la madre´, esta mujer blanca que culpa a sus vecinos de todos los males que le ocurren y que además tiene un hecho trágico que la avala”, continúa.
La “brutalización” de las sociedades, la depresión económica, la crisis de las democracias liberales, la normalización del odio, la violencia y la muerte; son características de los fascismos clásicos. Se podría trazar cierta continuidad con las expresiones de los neofascismo o extremas derechas actuales, pero la más peligrosa es la adhesión de las masas a un proyecto contra las masas.

Situada en el 2001 porque “nosotros tenemos todos alrededor de 50 años y es la tragedia de nuestra generación. Los pibes que murieron eran de nuestra edad. En el 2001 y en 2003, Maxi y Darío, a mí me impactó mucho porque pasó en Avellaneda. El 2001 nos marca”, declara Mariano.
La poesía, el movimiento de los cuerpos en escena, la música en vivo, la luz, el uso de los elementos, la escenografía, el humor, el clown y la tragedia cumplen su finalidad: la obra conmueve, emociona, divierte e invita a pensar en las propias bondades y maldades como una manera de develar esos mecanismos invisibles que operan sobre nuestro comportamiento individual y social.
“Lo que estamos viviendo hoy en nuestro país puede terminar en una tragedia porque están eligiendo como enemigo público a las mayorías. Vienen a romper cualquier tipo de lazo, la violencia entre vecinos les viene perfecto. Pero, a veces tengo esperanza, hace poco en Gerli hubo un tornado y de repente estábamos todos en la vereda ayudando a los demás y el de la casa de material ayudaba a la casa tomada y el de la casa tomada estaba poniendo una chapa a la casa de material y vos decís, bueno, algo tiene el conurbano que todavía conserva los lazos sociales”, dice.
“3° cordón del conurbano, una tragedia marrón”, se estrenó en 2022 en el Centro Cultural Matute, luego recorrió las principales salas de la provincia de Buenos Aires, ganó la fiesta provincial de Teatro y fue premiada por el Instituto Nacional del Teatro, ahora podés verla en el Beckett hasta el último fin de semana de septiembre.
La obra es una producción colectiva, “es un grito urgente contra el odio y la discriminación” que trae el conurbano sin estigmatizarlo ni romantizarlo.
“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre”, dijo Lorca alguna vez. Un modo de ver la expresión en la forma dramática a la que “3° cordón del conurbano, una tragedia marrón” le hace honor.
Se puede ver los sábados a las 21 horas en el Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556. Las reservas se pueden hacer en: teatrobeckett@gmail.com o en alternativateatral.com
Ficha técnico artística
Actúan: Mariano Bragan, Mariela Fernández, Carolina Gliglazza, Manuel Luchetti, Alejandra Robles, Guido Sotomayor
Técnico: Germán Navarro
Música: Lara Bragan, Franco Napolitano
Prensa: Daniel Franco
Community Manager: Abril Bernardo
Dirección: Paula Sanchez
Entretenimiento
La Granja de Zenón cumple 10 años: «Cuando veo conectar a los chicos con los personajes, siento que todo vale la pena»
En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdoba reconstruye la historia de La Granja de Zenón y explica por qué el fenómeno sigue vigente diez años después. Además, comparte las experiencias que más lo marcaron junto al público y recuerda la casualidad que terminó llevándolo al universo del teatro.
La Granja de Zenón celebra diez años sobre los escenarios con una nueva temporada de En busca del arcoíris, el espectáculo que forma parte de la cartelera de vacaciones de invierno y permanecerá en el Teatro Astral hasta el 2 de agosto. Lo que comenzó como una propuesta para llevar al teatro a los personajes que millones de chicos ya seguían en YouTube terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos del entretenimiento infantil más importantes del mundo hispanohablante.
Detrás de ese recorrido está El Reino Infantil, el universo creado por Roberto «Kuky» Pumar, que hoy supera los 240 millones de suscriptores en YouTube y se expandió a la televisión, las plataformas digitales, los videojuegos, los productos licenciados y los espectáculos en vivo. En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdobareconstruyó cómo nació la apuesta teatral, explicó por qué el vínculo con el público sigue siendo el corazón del proyecto y recordó las experiencias que, diez años después, todavía lo emocionan.

Del éxito en YouTube al teatro: el encuentro que pedían las familias
Cuando La Granja de Zenón se convirtió en un fenómeno en YouTube, el universo de El Reino Infantil ya había trascendido la pantalla. Las canciones, los juguetes, los libros y los peluches acompañaban la vida cotidiana de miles de familias, mientras la comunidad crecía en distintos países. En ese contexto surgió una nueva pregunta: ¿cómo llevar esa experiencia al mundo real?
«Fue una necesidad que surgió del pedido del público en las redes»,recuerda Córdoba.
«Leader Entertainment trabajamos como una empresa 360. Tratamos siempre de completar un poco más la experiencia. Teníamos algo sin precedentes en plataformas digitales, los juguetes, los libros, los peluches… lo que nos faltaba era el encuentro genuino con el público, poder verlo cara a cara. Querés ver nuestros capítulos y nos tenés en YouTube; querés tener nuestros personajes y vas a las jugueterías más importantes del país; ahora, querés vernos en vivo y conectarte con nosotros, vení a vernos al teatro», comenta.
Con el paso de los años, esa propuesta también fue transformándose. No porque cambiara el público al que apunta -niños de entre uno y seis años-, sino porque el equipo fue aprendiendo qué esperaba la audiencia de cada función. La tecnología, las proyecciones y la puesta en escena evolucionaron, pero el cambio más importante estuvo en la manera de vivir el espectáculo.
«El público ya no quiere ser más un simple espectador, sino que quiere ser parte del show. Eso fue mutando mucho en estos años. Tratamos de encontrar esa comunión entre la música, el texto y la interacción», explica el productor. Para Córdoba, ese intercambio es el que permite que, por un momento, un personaje de dos metros de altura deje de ser un actor disfrazado para convertirse, a los ojos de los chicos, en el verdadero Bartolito o la Vaca Lola.
El vínculo con los chicos, la clave de un fenómeno que cruzó fronteras
Si el teatro nació para acercar los personajes a las familias, la permanencia del fenómeno, cree Córdoba, tiene otra explicación. No habla de estrategias comerciales ni de fórmulas para sostener el éxito. La respuesta, dice, la encontró hace tiempo en una conversación con Roberto «Kuky» Pumar, creador de El Reino Infantil.
«En una charla que tuve con Roberto Pumar le pregunté por qué creía que el fenómeno seguía vigente. Su respuesta fue muy simple, pero a la vez muy profunda: ‘Todos tratan de generar un producto para la familia; yo simplemente creo personajes para los chicos. Están pensados para entretener, acompañar y convertirse en un amigo, en un compañero. Están pensados para ese público, qué es lo que el niño necesita'», recuerda Córdoba.
Esa manera de pensar los contenidos, sostiene, también terminó reflejándose fuera de la Argentina. Lo que comenzó como un fenómeno local hoy tiene elencos que recorren distintos países y funciones que convocan a miles de familias en España y Latinoamérica. Y todavía se sorprende con la respuesta del público: «He estado en los mejores teatros de España y, de repente, empiezan a sonar los clásicos de La Granja de Zenón y ves a mil o tres mil personas cantando sin parar. Esto es un fenómeno».
Las escenas se repiten una y otra vez, sin importar el país. «Veo salir a la Vaca Lola en Manizales, Colombia, y parece que salieran los Rolling Stones. Lo mismo pasa con Bartolito en Bolivia, Perú o Centroamérica». Para Córdoba, esa reacción confirma que la música y los personajes lograron construir un lenguaje común que atraviesa generaciones y fronteras.
“Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena»
Más allá del éxito, Córdoba asegura que lo que más recuerda no son las cifras ni las giras, sino los encuentros con las familias que asisten a cada función de La Granja de Zenón.
Uno de esos recuerdos está ligado a las funciones distendidas, una propuesta que incorporaron para que chicos con diferentes necesidades sensoriales y de apoyo puedan disfrutar del espectáculo. «Me ha pasado de ver a chicos autistas, a chicos con parálisis cerebral, y lo que genera la música en ellos es indescriptible. Se me pone la piel de gallina de ver cómo el cuerpo responde, de ver cómo la música empieza, y tiene que ver con esa cosa maravillosa que tiene la música, que nos une, que nos moviliza el cuerpo, que nos iguala, que nos hace sentir», cuenta el productor.
Momentos como ese son los que, según cuenta, le reafirman por qué eligió dedicarse al teatro. Incluso admite que nunca había experimentado una emoción similar con otro espectáculo. «Esto no me ha pasado nunca con otro personaje, con otro producto. Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena. Que ya marcamos algo en un niño, dos o tres, ya está. Poder darle un ratito de alegría a tantos niños me afirma que fue el camino correcto», confiesa.
Esa idea de encuentro atraviesa toda la propuesta de La Granja de Zenón. Para Córdoba, el objetivo nunca fue solamente montar un espectáculo, sino construir un espacio donde los chicos puedan reencontrarse, año tras año, con personajes que sienten cercanos. «A mí me pasa que cuando era chico era fanático de Los Muppets y de Plaza Sésamo. Lo que tenían de maravilloso, y es lo que busco con mis espectáculos, es que los chicos se lleven que siempre hay un lugar donde nos pueden encontrar. Que el teatro es un lugar de reunión porque siempre nos vamos a poder volver a encontrar. Es mantener viva la ilusión de que nosotros estamos ahí».
“Sentí que pertenecía a ese lugar»
La manera en que Córdoba habla del teatro también tiene una explicación personal. Mucho antes de convertirse en productor y recorrer escenarios de distintos países, hubo una función que cambió su vida para siempre.
«Yo era un pibe muy tímido. Un día, la empresa para la que trabajaba mi tío regaló entradas para ir a ver Arlequín, servidor de dos patrones, en el Teatro Margarita Xirgu. Yo nunca había ido al teatro, creo que tenía ocho o nueve años, y me enamoré. Sentí que pertenecía a ese lugar, a los olores, a la comunidad, a esa fiesta que iba a suceder. Esa fue mi primera conexión con el teatro», recuerda.

Esa sensación fue el punto de partida de un recorrido que todavía continúa. Primero estudió actuación, aunque pronto entendió que su lugar estaba detrás del escenario. «Empecé a estudiar actuación, me di cuenta de que no era lo mío, pero que yo quería estar ahí«, cuenta el productor de La Granja de Zenón. Poco después consiguió su primera oportunidad como utilero en el Teatro Broadway y empezó a descubrir cada uno de los engranajes que hacen posible una función.
«Lo que más me fascinó del teatro fue que te da la posibilidad de ver demasiadas áreas en conjunto y de todo podés aprender. Fui encontrando mi lugar de alguna manera. Siempre quise hacer producción», afirma. Desde entonces recorrió la Argentina de punta a punta con distintas compañías y más tarde llevó ese trabajo a escenarios de otros países, una experiencia que, asegura, sigue disfrutando como el primer día.
«Me siento muy privilegiado con el recorrido que pude hacer. Siempre trato de no dejar de sorprenderme, que creo que es lo que me hace feliz», dice. Y enseguida vuelve sobre una idea que atravesó toda la charla: la necesidad de escuchar al público y crecer con él: «El teatro también va cambiando. La gente consume cada vez más y hay que darle propuestas mejores, más elaboradas. A mí me interesa hacer productos que te dejen pensando».
Diez años después de llevar a La Granja de Zenón a los escenarios, Córdoba sigue buscando que cada función provoque en otros chicos algo parecido a lo que él sintió aquella primera vez que cruzó la puerta de un teatro: la sensación de haber encontrado un lugar al que siempre vale la pena volver.
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