Espectáculos 🎭
Luis Miguel brilló en el Movistar Arena
Luis Miguel volverá a subir al escenario del Movistar Arena el 6, 8, 9, 12, 15, 16, 17 y 18 de este mes.
Con un extenso repertorio en el que no quedó afuera ninguno de sus grandes éxitos, una numerosa banda que se lució con interesantes arreglos, y tributos a diferentes estilos y épocas musicales, Luis Miguel mantuvo en estado de éxtasis durante las poco menos de dos horas y media que duró el concierto a las fieles fans que colmaron el Movistar Arena del barrio porteño de Villa Crespo, en el segundo de los diez shows que prevé en esta nueva visita a la Argentina.
Pero, fundamentalmente, el cantante mexicano descolló con su impresionante voz y una entrega y nivel de conexión con el público como no se le veía desde hacía bastante tiempo o, al menos, no había conseguido en su último paso por nuestro país, en marzo de 2019.
Pues si en aquella ocasión se lo había notado molesto de manera recurrente con el sonido, distante y acompañado por una banda que se movió dentro de parámetros previsibles; esta vez, el intérprete estuvo a la altura de su fama y pagó con creces las expectativas de una efusiva audiencia, compuesta mayoritariamente por mujeres.
Como un calco de lo ocurrido en la primera jornada, y seguramente de lo que se repetirá en cada una de las fechas que el astro de la canción romántica realizará en Buenos Aires, desde muy temprano las fans, muchas de ellas vestidas de fiesta, coparon los alrededores del estadio y le pusieron color a la espera y al caótico ingreso con cánticos, banderas y luminosos accesorios.A la entrada, para incentivar aún más la participación, se repartieron pulseras lumínicas similares a las que por estos lados conocimos en la histórica saga de conciertos del año pasado de Coldplay en River.
La recompensa fue un Luis Miguel en su mejor versión, que entre la canción romántica y el pop latino hizo incursiones por el bolero más tradicional, tangos aggiornados, tonadas mariachis y hasta se calzó el traje de crooner para logrados sendos duetos con Michael Jackson y Frank Sinatra.
Para ello, contó con la complicidad de una banda, repartida en escenario de tres niveles, que arrancó con un guitarrista, un bajista, dos tecladistas, un baterista, un percusionista, una sección de cinco vientos y tres coristas; y a la que se le fueron sumando una sección de 12 cuerdas, un bandoneón a la hora del tango y un conjunto de 14 mariachis al momento de las tradicionales canciones mexicanas.
Acaso por este combo explosivo es que el cantante no necesitó dirigirle la palabra a la audiencia para conectar, y le bastó y sobró con la comunicación gestual, los guiños corporales y musicales.
A las nueve en punto, las luces se apagaron, sobre una introducción de la banda se proyectaron imágenes retrospectivas del protagonista de la noche y un griterío ensordecedor preludió el ingreso del «Rey Sol», quien golpeó de entrada con «Será que no me amas», el hit en castellano del clásico de The Jacksons.
En un concierto dividido en bloques temáticos musicales, el primer tramo comenzó con los clásicos para bailar que sonaron con fuerza en los `90, como «Amor, amor, amor» o «Suave» y las composiciones de corte romántico como «Hasta que me olvides», «Dormir contigo» o «Es por ti»; para cerrar con «Dame».
En este pasaje comenzó a mostrar las cartas la sección de vientos con imaginativos arreglos que eludieron lugares comunes y plantearon interesantes melodías alternativas sobre las principales.
En tanto, la guitarra y el bajo marcaban el pulso sonoro con rasgueos de tintes funkys y con slap, respectivamente.Por supuesto que también descolló el propio Luis Miguel haciendo alarde de su espectacular y poderosa voz, al punto de darse el lujo de ubicar en distintos momentos el micrófono a la altura del pecho sin perder volumen.
Con el ingreso de la sección de cuerdas, el intérprete se sumergió en el repertorio de boleros con el que reinventó su carrera, cuando en 1991 editó el aclamado disco «Romance».Tal vez en uno de los terrenos donde mejor luce, a partir de un formato de popurrí desfilaron clásicos del género como «No me platiques más», «Usted», «La puerta», «La barca», «Inolvidable», «Por debajo de la mesa», «No sé tú», «Como yo te amé», «Solamente una vez», «Somos novios», «Todo y nada» y «Nosotros».
En un segmento no apto para puristas, con el ingreso de un bandoneón y una pareja de baile linderos con el cliché, el mexicano se animó a un combinado tanguero. Sin embargo, contra todos los pronósticos, le escapó a los lugares comunes gracias a unos arreglos que, en muchos casos, crearon un clima jazzy, con fraseos en el fuelle propios de una trompeta con sordina.
Así se notó sobre todo en «Por una cabeza» y «Volver», en tanto que «Uno», con su tratamiento orquestal, se acercó bastante a los abordajes que solía hacer su autor Mariano Mores, y «El día que me quieras» viró hacia una modalidad emparentada con el tango «for export».
En una suerte de vuelo musical sin escalas de Buenos Aires a Nueva York, le sucedió el combo de duetos que trajeron las voces en off de Michael Jackson y Frank Sinatra.
En el primero de los casos, el tema elegido fue «Sonríe», de Charles Chaplin, que encontró sobre el final una amalgama perfecta entre la voz del «Rey del Pop» y el «Rey Sol».
Mucho más lograda aún fue la combinación con «La Voz» en «Come Fly With Me», al punto de convertirse en uno de los mejores momentos musicales del show.La veta romántica continuó por senderos más convencionales para el concierto con «Un hombre busca una mujer», «Cuestión de piel», «Oro de ley», «Fría como el viento», «Tengo todo excepto a tí» y «Entrégate».
Si antes hubo que imaginar un vuelo musical que conectó Buenos Aires con Nueva York, esta vez el avión aterrizó en el país de origen del protagonista, a partir del ingreso de una orquesta de 14 mariachis que quedó a solas con el cantante para un set de canciones tradicionales que cerró con «La media vuelta».
El tramo final, compuesto también por distintos popurrís, fue de la canción pop latina que desde los arreglos coquetearon con el funk y el soul, sobre todo por los ataques de los vientos; hacia los temas románticos que el intérprete popularizó en su adolescencia.»Quiero», «Qué nivel de mujer» y «Mujer de fuego» integraron el primer grupo; «No me puedes dejar así», «Palabra de honor» y «La incondicional», el segundo.
«Te propongo esta noche», con su cierre casi dance, sirvió de bisagra para anunciar el estridente final a puro hit con «Ahora te puedes marchar», «La chica del bikini azul», «Isabel» y «Cuando calienta el sol». Una lectura en clave pop latina de «Cucurrucucú Paloma», en medio de una lluvia de papelitos y mientras el público jugaba con unas pelotas inflables gigantes, bajó el telón de esta segunda noche.
Luis Miguel volverá a subir al escenario del Movistar Arena el 6, 8, 9, 12, 15, 16, 17 y 18 de este mes. Al menos en esos días, el sol seguirá calentando Villa Crespo y sus alrededores. Luis Miguel y sus fans se asegurarán que así sea.
Entretenimiento
La Granja de Zenón cumple 10 años: «Cuando veo conectar a los chicos con los personajes, siento que todo vale la pena»
En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdoba reconstruye la historia de La Granja de Zenón y explica por qué el fenómeno sigue vigente diez años después. Además, comparte las experiencias que más lo marcaron junto al público y recuerda la casualidad que terminó llevándolo al universo del teatro.
La Granja de Zenón celebra diez años sobre los escenarios con una nueva temporada de En busca del arcoíris, el espectáculo que forma parte de la cartelera de vacaciones de invierno y permanecerá en el Teatro Astral hasta el 2 de agosto. Lo que comenzó como una propuesta para llevar al teatro a los personajes que millones de chicos ya seguían en YouTube terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos del entretenimiento infantil más importantes del mundo hispanohablante.
Detrás de ese recorrido está El Reino Infantil, el universo creado por Roberto «Kuky» Pumar, que hoy supera los 240 millones de suscriptores en YouTube y se expandió a la televisión, las plataformas digitales, los videojuegos, los productos licenciados y los espectáculos en vivo. En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdobareconstruyó cómo nació la apuesta teatral, explicó por qué el vínculo con el público sigue siendo el corazón del proyecto y recordó las experiencias que, diez años después, todavía lo emocionan.

Del éxito en YouTube al teatro: el encuentro que pedían las familias
Cuando La Granja de Zenón se convirtió en un fenómeno en YouTube, el universo de El Reino Infantil ya había trascendido la pantalla. Las canciones, los juguetes, los libros y los peluches acompañaban la vida cotidiana de miles de familias, mientras la comunidad crecía en distintos países. En ese contexto surgió una nueva pregunta: ¿cómo llevar esa experiencia al mundo real?
«Fue una necesidad que surgió del pedido del público en las redes»,recuerda Córdoba.
«Leader Entertainment trabajamos como una empresa 360. Tratamos siempre de completar un poco más la experiencia. Teníamos algo sin precedentes en plataformas digitales, los juguetes, los libros, los peluches… lo que nos faltaba era el encuentro genuino con el público, poder verlo cara a cara. Querés ver nuestros capítulos y nos tenés en YouTube; querés tener nuestros personajes y vas a las jugueterías más importantes del país; ahora, querés vernos en vivo y conectarte con nosotros, vení a vernos al teatro», comenta.
Con el paso de los años, esa propuesta también fue transformándose. No porque cambiara el público al que apunta -niños de entre uno y seis años-, sino porque el equipo fue aprendiendo qué esperaba la audiencia de cada función. La tecnología, las proyecciones y la puesta en escena evolucionaron, pero el cambio más importante estuvo en la manera de vivir el espectáculo.
«El público ya no quiere ser más un simple espectador, sino que quiere ser parte del show. Eso fue mutando mucho en estos años. Tratamos de encontrar esa comunión entre la música, el texto y la interacción», explica el productor. Para Córdoba, ese intercambio es el que permite que, por un momento, un personaje de dos metros de altura deje de ser un actor disfrazado para convertirse, a los ojos de los chicos, en el verdadero Bartolito o la Vaca Lola.
El vínculo con los chicos, la clave de un fenómeno que cruzó fronteras
Si el teatro nació para acercar los personajes a las familias, la permanencia del fenómeno, cree Córdoba, tiene otra explicación. No habla de estrategias comerciales ni de fórmulas para sostener el éxito. La respuesta, dice, la encontró hace tiempo en una conversación con Roberto «Kuky» Pumar, creador de El Reino Infantil.
«En una charla que tuve con Roberto Pumar le pregunté por qué creía que el fenómeno seguía vigente. Su respuesta fue muy simple, pero a la vez muy profunda: ‘Todos tratan de generar un producto para la familia; yo simplemente creo personajes para los chicos. Están pensados para entretener, acompañar y convertirse en un amigo, en un compañero. Están pensados para ese público, qué es lo que el niño necesita'», recuerda Córdoba.
Esa manera de pensar los contenidos, sostiene, también terminó reflejándose fuera de la Argentina. Lo que comenzó como un fenómeno local hoy tiene elencos que recorren distintos países y funciones que convocan a miles de familias en España y Latinoamérica. Y todavía se sorprende con la respuesta del público: «He estado en los mejores teatros de España y, de repente, empiezan a sonar los clásicos de La Granja de Zenón y ves a mil o tres mil personas cantando sin parar. Esto es un fenómeno».
Las escenas se repiten una y otra vez, sin importar el país. «Veo salir a la Vaca Lola en Manizales, Colombia, y parece que salieran los Rolling Stones. Lo mismo pasa con Bartolito en Bolivia, Perú o Centroamérica». Para Córdoba, esa reacción confirma que la música y los personajes lograron construir un lenguaje común que atraviesa generaciones y fronteras.
“Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena»
Más allá del éxito, Córdoba asegura que lo que más recuerda no son las cifras ni las giras, sino los encuentros con las familias que asisten a cada función de La Granja de Zenón.
Uno de esos recuerdos está ligado a las funciones distendidas, una propuesta que incorporaron para que chicos con diferentes necesidades sensoriales y de apoyo puedan disfrutar del espectáculo. «Me ha pasado de ver a chicos autistas, a chicos con parálisis cerebral, y lo que genera la música en ellos es indescriptible. Se me pone la piel de gallina de ver cómo el cuerpo responde, de ver cómo la música empieza, y tiene que ver con esa cosa maravillosa que tiene la música, que nos une, que nos moviliza el cuerpo, que nos iguala, que nos hace sentir», cuenta el productor.
Momentos como ese son los que, según cuenta, le reafirman por qué eligió dedicarse al teatro. Incluso admite que nunca había experimentado una emoción similar con otro espectáculo. «Esto no me ha pasado nunca con otro personaje, con otro producto. Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena. Que ya marcamos algo en un niño, dos o tres, ya está. Poder darle un ratito de alegría a tantos niños me afirma que fue el camino correcto», confiesa.
Esa idea de encuentro atraviesa toda la propuesta de La Granja de Zenón. Para Córdoba, el objetivo nunca fue solamente montar un espectáculo, sino construir un espacio donde los chicos puedan reencontrarse, año tras año, con personajes que sienten cercanos. «A mí me pasa que cuando era chico era fanático de Los Muppets y de Plaza Sésamo. Lo que tenían de maravilloso, y es lo que busco con mis espectáculos, es que los chicos se lleven que siempre hay un lugar donde nos pueden encontrar. Que el teatro es un lugar de reunión porque siempre nos vamos a poder volver a encontrar. Es mantener viva la ilusión de que nosotros estamos ahí».
“Sentí que pertenecía a ese lugar»
La manera en que Córdoba habla del teatro también tiene una explicación personal. Mucho antes de convertirse en productor y recorrer escenarios de distintos países, hubo una función que cambió su vida para siempre.
«Yo era un pibe muy tímido. Un día, la empresa para la que trabajaba mi tío regaló entradas para ir a ver Arlequín, servidor de dos patrones, en el Teatro Margarita Xirgu. Yo nunca había ido al teatro, creo que tenía ocho o nueve años, y me enamoré. Sentí que pertenecía a ese lugar, a los olores, a la comunidad, a esa fiesta que iba a suceder. Esa fue mi primera conexión con el teatro», recuerda.

Esa sensación fue el punto de partida de un recorrido que todavía continúa. Primero estudió actuación, aunque pronto entendió que su lugar estaba detrás del escenario. «Empecé a estudiar actuación, me di cuenta de que no era lo mío, pero que yo quería estar ahí«, cuenta el productor de La Granja de Zenón. Poco después consiguió su primera oportunidad como utilero en el Teatro Broadway y empezó a descubrir cada uno de los engranajes que hacen posible una función.
«Lo que más me fascinó del teatro fue que te da la posibilidad de ver demasiadas áreas en conjunto y de todo podés aprender. Fui encontrando mi lugar de alguna manera. Siempre quise hacer producción», afirma. Desde entonces recorrió la Argentina de punta a punta con distintas compañías y más tarde llevó ese trabajo a escenarios de otros países, una experiencia que, asegura, sigue disfrutando como el primer día.
«Me siento muy privilegiado con el recorrido que pude hacer. Siempre trato de no dejar de sorprenderme, que creo que es lo que me hace feliz», dice. Y enseguida vuelve sobre una idea que atravesó toda la charla: la necesidad de escuchar al público y crecer con él: «El teatro también va cambiando. La gente consume cada vez más y hay que darle propuestas mejores, más elaboradas. A mí me interesa hacer productos que te dejen pensando».
Diez años después de llevar a La Granja de Zenón a los escenarios, Córdoba sigue buscando que cada función provoque en otros chicos algo parecido a lo que él sintió aquella primera vez que cruzó la puerta de un teatro: la sensación de haber encontrado un lugar al que siempre vale la pena volver.
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