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Lali la rompió en Vélez con entradas agotadas

La artista se convirtió en la primera mujer en agotar entradas en el estadio Vélez Sarsfield.

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Lali culminó anoche su exitoso «Disciplina Tour» con un un electrizante concierto pletórico de electropop urbano en la cancha de Vélez Sarsfield y se convirtió en la primera mujer en agotar entradas en ese estadio.

La gira de la popstar local que comenzó en junio de 2022 en el Luna Park y que la llevó por varios puntos de Argentina y países de Latinoamérica, Europa y Asia, finalizó con un estadio José Amalfitani con entradas agotadas por una entusiasta y joven concurrencia de fans de la cantante, en su mayoría adolescente y femenina, especialmente ataviada para la ocasión, tal como Lali suele promover.

Con una estética escénica que evocaba ambientes industriales de clásicos del cine mudo como «Metrópolis» (1927) y «Tiempos Modernos» (1936), la además actriz transcurrió la primera parte del show cantando con un pie de micrófono con apariencia de cadena al abrir con «Eclipse», «Asesina», «Tu novia» y «2 son 3».

Luego de avanzar en la apertura del concierto vestida con un total look negro rockero compuesto por un bralette de cuero con tachas a juego con el pantalón del mismo material con un trench también oscuro, la artista realizó su primer cambio de vestuario y salió con un catsuit transparente de lentejuelas y brillos con líneas negras para dar lugar a una etapa del espectáculo más pop.

Acompañada por 16 bailarines, que fueron oportunamente besados en la boca por la estrella de la noche a lo largo del show que se extendió durante dos horas, la banda que acompañó a Lali estuvo compuesta por intérpretes de bajo, guitarra, batería, percusión, teclados, trompeta, saxo y cuatro coristas.

La aproximación movida en cuanto a los tempos del recital estuvo muy apoyada por destacadas performances de baile de la propia Lali, quien en varios de los temas priorizó esa actividad para darle mayor centralidad y optó por no cantar sino reproducir su voz tal cual fue grabada en las canciones originales.

También en el primer tramo del show sorprendió al enfervorizado público la llegada del dúo vocal que conforma Miranda, integrado por Ale Sergi y Juliana Gattas, que interpretó su hit «Yo te diré» inicialmente en soledad y luego con Lali, que emergió de debajo del escenario en una suerte de ascensor que la sumó a la colaboración musical.

«Cómpreme un brishito», la canción publicada esta semana con videoclip dirigido por Lali, también tuvo su momento en el estadio de Vélez y, según su autora, el track es relevante por ser una de las primeras canciones que hizo para su próximo disco, «que define mucho» al álbum venidero.

Para complementar temáticamente el estreno oficial de ese tema en vivo, la joven hizo un nuevo cambio en su ropa y salió con un vestido corto de corset fucsia y falda irregular hecha de tiras multicolores y bucaneras plateadas, también en combinación con los pantalones de los bailarines.

El show avanzó con «Una na», «Fascinada», «Somos amantes» y «¿Cómo dormiste?», canción que tuvo la participación en el escenario del rapero español Rels B.

Para el tramo final, Lali cantó sus últimos singles electropop «Disciplina», «Motiveishon» y «N5» e invitó al escenario al grupo de bailarines de malambo Malevo, con quienes interpretó «Como tú», tema que también tuvo su videoclip con estreno en febrero de 2022 junto al conjunto.

En la transición hacia los bises, el público aprovechó el bache y la acústica autóctona que quedó en el aire y comenzó con cánticos de «Argentina, Argentina» y del hit que monopolizó los festejos mundialistas recientemente, «Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar», basado en la melodía del tema de la banda «La Mosca», momento que evidenció la mayoría de mujeres jóvenes entre la concurrencia por el timbre agudo del cántico, habitualmente entonado con un tono más grave y tribunero.

Otro de los cambios de indumentaria de la artista, que fueron bastante centrales en cuanto a la estética del show, acompañado por cuantiosos fuegos artificiales y esmeradas visuales en las pantallas gigantes, presentó un total look de bralette con falda hecho de recortes de denim, al igual que las botas, que refleja la tendencia de la moda en auge de reciclar prendas o textiles usados.

La despedida vino de la mano de «Laligera», uno de los primeros temas de la carrera musical de la popstar y sobre el que expresó gran cariño por haberse gestado en un momento en el que no tenía demasiado aliento para cumplir su sueño de ser cantante.

Por último, el cierre correspondió a «Boomerang», que Lali usó como vehículo para agradecer al público que llenó Vélez y, visiblemente conmovida por la multitud, expresar: «Todo lo que uno da, vuelve; les deseo que el amor que me dieron vuelva multiplicado para ustedes, han sido muy generosos».

Previamente, anticipando la despedida, la artista hizo subir al escenario para saltar frenéticamente y abrazar a alrededor de cincuenta amigos famosos como Nico Vázquez, Gimena Accardi, Benjamín Rojas y Nicki Nicole, con quien contará en su próximo disco en una primera colaboración conjunta, y a la que también besó apasionadamente ante la aclamación de la audiencia.

También se vio entre el público del sector VIP al actor Peter Lanzani y a una de las mentoras de Lali, la productora televisiva Cris Morena, quien le dio sus primeros trabajos en la pantalla chica a partir de spin-offs de «Chiquititas», «Floricienta» y «Casi ángeles».

El fin del «Disciplina Tour», la quinta gira musical de Lali, fue realizada para promocionar su cuarto álbum de estudio Libra (2020), que en su momento no pudo ser mostrado en vivo por la pandemia.

Entretenimiento

La Granja de Zenón cumple 10 años: «Cuando veo conectar a los chicos con los personajes, siento que todo vale la pena»

En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdoba reconstruye la historia de La Granja de Zenón y explica por qué el fenómeno sigue vigente diez años después. Además, comparte las experiencias que más lo marcaron junto al público y recuerda la casualidad que terminó llevándolo al universo del teatro.

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La Granja de Zenón celebra diez años sobre los escenarios con una nueva temporada de En busca del arcoíris, el espectáculo que forma parte de la cartelera de vacaciones de invierno y permanecerá en el Teatro Astral hasta el 2 de agosto. Lo que comenzó como una propuesta para llevar al teatro a los personajes que millones de chicos ya seguían en YouTube terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos del entretenimiento infantil más importantes del mundo hispanohablante.

Detrás de ese recorrido está El Reino Infantil, el universo creado por Roberto «Kuky» Pumar, que hoy supera los 240 millones de suscriptores en YouTube y se expandió a la televisión, las plataformas digitales, los videojuegos, los productos licenciados y los espectáculos en vivo. En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdobareconstruyó cómo nació la apuesta teatral, explicó por qué el vínculo con el público sigue siendo el corazón del proyecto y recordó las experiencias que, diez años después, todavía lo emocionan.

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Del éxito en YouTube al teatro: el encuentro que pedían las familias

Cuando La Granja de Zenón se convirtió en un fenómeno en YouTube, el universo de El Reino Infantil ya había trascendido la pantalla. Las canciones, los juguetes, los libros y los peluches acompañaban la vida cotidiana de miles de familias, mientras la comunidad crecía en distintos países. En ese contexto surgió una nueva pregunta: ¿cómo llevar esa experiencia al mundo real?

«Fue una necesidad que surgió del pedido del público en las redes»,recuerda Córdoba.

 «Leader Entertainment trabajamos como una empresa 360. Tratamos siempre de completar un poco más la experiencia. Teníamos algo sin precedentes en plataformas digitales, los juguetes, los libros, los peluches… lo que nos faltaba era el encuentro genuino con el público, poder verlo cara a cara. Querés ver nuestros capítulos y nos tenés en YouTube; querés tener nuestros personajes y vas a las jugueterías más importantes del país; ahora, querés vernos en vivo y conectarte con nosotros, vení a vernos al teatro», comenta.

Con el paso de los años, esa propuesta también fue transformándose. No porque cambiara el público al que apunta -niños de entre uno y seis años-, sino porque el equipo fue aprendiendo qué esperaba la audiencia de cada función. La tecnología, las proyecciones y la puesta en escena evolucionaron, pero el cambio más importante estuvo en la manera de vivir el espectáculo.

«El público ya no quiere ser más un simple espectador, sino que quiere ser parte del show. Eso fue mutando mucho en estos años. Tratamos de encontrar esa comunión entre la música, el texto y la interacción», explica el productor. Para Córdoba, ese intercambio es el que permite que, por un momento, un personaje de dos metros de altura deje de ser un actor disfrazado para convertirse, a los ojos de los chicos, en el verdadero Bartolito o la Vaca Lola.

El vínculo con los chicos, la clave de un fenómeno que cruzó fronteras

Si el teatro nació para acercar los personajes a las familias, la permanencia del fenómeno, cree Córdoba, tiene otra explicación. No habla de estrategias comerciales ni de fórmulas para sostener el éxito. La respuesta, dice, la encontró hace tiempo en una conversación con Roberto «Kuky» Pumar, creador de El Reino Infantil.

«En una charla que tuve con Roberto Pumar le pregunté por qué creía que el fenómeno seguía vigente. Su respuesta fue muy simple, pero a la vez muy profunda: ‘Todos tratan de generar un producto para la familia; yo simplemente creo personajes para los chicos. Están pensados para entretener, acompañar y convertirse en un amigo, en un compañero. Están pensados para ese público, qué es lo que el niño necesita'», recuerda Córdoba.

Esa manera de pensar los contenidos, sostiene, también terminó reflejándose fuera de la Argentina. Lo que comenzó como un fenómeno local hoy tiene elencos que recorren distintos países y funciones que convocan a miles de familias en España y Latinoamérica. Y todavía se sorprende con la respuesta del público: «He estado en los mejores teatros de España y, de repente, empiezan a sonar los clásicos de La Granja de Zenón y ves a mil o tres mil personas cantando sin parar. Esto es un fenómeno».

Las escenas se repiten una y otra vez, sin importar el país. «Veo salir a la Vaca Lola en Manizales, Colombia, y parece que salieran los Rolling Stones. Lo mismo pasa con Bartolito en Bolivia, Perú o Centroamérica». Para Córdoba, esa reacción confirma que la música y los personajes lograron construir un lenguaje común que atraviesa generaciones y fronteras.

“Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena»

Más allá del éxito, Córdoba asegura que lo que más recuerda no son las cifras ni las giras, sino los encuentros con las familias que asisten a cada función de La Granja de Zenón.

Uno de esos recuerdos está ligado a las funciones distendidas, una propuesta que incorporaron para que chicos con diferentes necesidades sensoriales y de apoyo puedan disfrutar del espectáculo. «Me ha pasado de ver a chicos autistas, a chicos con parálisis cerebral, y lo que genera la música en ellos es indescriptible. Se me pone la piel de gallina de ver cómo el cuerpo responde, de ver cómo la música empieza, y tiene que ver con esa cosa maravillosa que tiene la música, que nos une, que nos moviliza el cuerpo, que nos iguala, que nos hace sentir», cuenta el productor.

Momentos como ese son los que, según cuenta, le reafirman por qué eligió dedicarse al teatro. Incluso admite que nunca había experimentado una emoción similar con otro espectáculo. «Esto no me ha pasado nunca con otro personaje, con otro producto. Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena. Que ya marcamos algo en un niño, dos o tres, ya está. Poder darle un ratito de alegría a tantos niños me afirma que fue el camino correcto», confiesa.

Esa idea de encuentro atraviesa toda la propuesta de La Granja de Zenón. Para Córdoba, el objetivo nunca fue solamente montar un espectáculo, sino construir un espacio donde los chicos puedan reencontrarse, año tras año, con personajes que sienten cercanos. «A mí me pasa que cuando era chico era fanático de Los Muppets y de Plaza Sésamo. Lo que tenían de maravilloso, y es lo que busco con mis espectáculos, es que los chicos se lleven que siempre hay un lugar donde nos pueden encontrar. Que el teatro es un lugar de reunión porque siempre nos vamos a poder volver a encontrar. Es mantener viva la ilusión de que nosotros estamos ahí».

“Sentí que pertenecía a ese lugar» 

La manera en que Córdoba habla del teatro también tiene una explicación personal. Mucho antes de convertirse en productor y recorrer escenarios de distintos países, hubo una función que cambió su vida para siempre.

«Yo era un pibe muy tímido. Un día, la empresa para la que trabajaba mi tío regaló entradas para ir a ver Arlequín, servidor de dos patrones, en el Teatro Margarita Xirgu. Yo nunca había ido al teatro, creo que tenía ocho o nueve años, y me enamoré. Sentí que pertenecía a ese lugar, a los olores, a la comunidad, a esa fiesta que iba a suceder. Esa fue mi primera conexión con el teatro», recuerda.

Esa sensación fue el punto de partida de un recorrido que todavía continúa. Primero estudió actuación, aunque pronto entendió que su lugar estaba detrás del escenario. «Empecé a estudiar actuación, me di cuenta de que no era lo mío, pero que yo quería estar ahí«, cuenta el productor de La Granja de Zenón. Poco después consiguió su primera oportunidad como utilero en el Teatro Broadway y empezó a descubrir cada uno de los engranajes que hacen posible una función.

«Lo que más me fascinó del teatro fue que te da la posibilidad de ver demasiadas áreas en conjunto y de todo podés aprender. Fui encontrando mi lugar de alguna manera. Siempre quise hacer producción», afirma. Desde entonces recorrió la Argentina de punta a punta con distintas compañías y más tarde llevó ese trabajo a escenarios de otros países, una experiencia que, asegura, sigue disfrutando como el primer día.

«Me siento muy privilegiado con el recorrido que pude hacer. Siempre trato de no dejar de sorprenderme, que creo que es lo que me hace feliz», dice. Y enseguida vuelve sobre una idea que atravesó toda la charla: la necesidad de escuchar al público y crecer con él: «El teatro también va cambiando. La gente consume cada vez más y hay que darle propuestas mejores, más elaboradas. A mí me interesa hacer productos que te dejen pensando».

Diez años después de llevar a La Granja de Zenón a los escenarios, Córdoba sigue buscando que cada función provoque en otros chicos algo parecido a lo que él sintió aquella primera vez que cruzó la puerta de un teatro: la sensación de haber encontrado un lugar al que siempre vale la pena volver.

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