Espectáculos 🎭
Silvina Luna y “Bellas para morir”
La actriz y modelo murió tras pasar 79 días internada luchando con una enfermedad renal, derivada de una mala praxis, contra la que batalló durante 10 años.
Por Anna Lainez
«Bellas» la palabra bella proviene del latín: «bellus» que significa hermoso.
Desde siempre, a lo largo de la historia, los estereotipos de belleza pesaron sobre las mujeres como un mandato obligatorio, enseñándoles desde sus infancias que su aspecto físico era lo más importante y llevándolas directa e indirectamente a modificar, maquillar, disimular, resaltar u ocultar partes de su cuerpo. Llegando al punto, frecuentemente, de someterse a prácticas insalubres, peligrosas o mortales.
Si bien los estereotipos de belleza fueron mutando a lo largo de los años y las distintas culturas, siempre se mantuvieron muy presentes en la sociedad.
Con los avances de la ciencia y el surgimiento de las cirugías estéticas, millones de mujeres comenzaron a modificar quirúrgicamente su cuerpo y rostro, exponiéndose a cirugías riesgosas, muchas veces en malas condiciones o con médicos no calificados.
Y es que, cuando la belleza forma parte de la composición base de nuestra identidad, cuando la necesitamos para nutrirnos y existir, para habitar y ser validadas, ¿hay algo más importante?

Esther Pineda, escritora y feminista venezolana, detallo en el prólogo de su libro “Bellas para morir”: «Durante siglos la belleza ha sido impuesta a las mujeres como un requisito imprescindible para demostrar su feminidad; pero fue en la sociedad contemporánea cuando estos ideales se masificaron a través del sistemático bombardeo de las imágenes inalcanzables de actrices, modelos y cantantes”.
“En la actualidad, -continuó Pineda- la belleza se organiza en torno a criterios sexistas, racistas, gerontofóbicos y gordofóbicos y se les exige a las mujeres responder a uno de los cánones de belleza imperantes: la pin-up de grandes proporciones o la modelo/miss de apariencia anoréxica”.
“Quienes no responden a estos estereotipos son víctimas de discriminación, exclusión y violencia, presión social que lleva a las mujeres a someterse a modificaciones estéticas innecesarias, invasivas y riesgosas mediante los productos y servicios ofrecidos por las multimillonarias industrias cosméticas, farmacológicas y quirúrgicas, que lucran con su sufrimiento y que contribuyen a perpetuar la dominación masculina», expresó la autora.
El eterno mandato social se impone sobre las mujeres, y sigue generando muertes.
Bellas tristes, bellas debilitadas, bellas infelices, bellas secas, bellas drenadas.
Bellas muertas.
Pero ante todo y sobre todo.
Cultura
Premios Pinti: el legado de Enrique Pinti volvió al escenario entre homenajes y reclamos por la cultura
La primera edición de los Premios Pinti no solo recordó la trayectoria del actor y dramaturgo. Sus palabras y su mirada sobre el país reaparecieron en los discursos de Lorena Vega y Verónica Llinás, que aprovecharon la gala para defender la cultura y el trabajo artístico.
«Pasan los años, pasan los gobiernos, los radicales y los peronistas… quedan los artistas». Más de cuarenta años después de escribir esos versos para el final de Salsa Criolla, Enrique Pinti volvió a estar en el centro de la escena. Anoche aquellas palabras terminaron convirtiéndose en una declaración sobre el lugar que ocupa la cultura frente a los cambios políticos y las crisis económicas.
Esta vez no volvió por uno de sus monólogos, sino porque la primera edición de los premios que desde ahora llevan su nombre terminó recuperando muchas de las discusiones que atravesaron toda su obra.
¿Por qué los Premios Pinti llevan el nombre de Enrique Pinti?
La decisión de bautizar el reconocimiento al teatro comercial argentino con el nombre de Enrique Pinti, no fue casual. Actor, dramaturgo, director y uno de los grandes referentes del café concert argentino, Pinticonstruyó durante más de cincuenta años una obra que combinó humor, historia y una mirada crítica sobre la realidad política y social del país.
Desde espectáculos como Salsa Criolla hasta sus recordados monólogos, Pinti hizo del teatro un espacio para reflexionar sobre la Argentina sin renunciar al entretenimiento.
Durante el homenaje que le rindió la ceremonia también volvió a escucharse otra de sus reflexiones más recordadas: «El mal ejemplo para la juventud es que un jubilado no pueda comer». La frase resume otra de las constantes de su obra: utilizar el humor para hablar de las desigualdades sociales, la política y las contradicciones de la Argentina. Más que provocar una risa inmediata, Pinti buscaba que el público saliera del teatro con una pregunta incómoda.
Ese recorrido ayuda a entender por qué la Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales (AADET) eligió que la ceremonia llevara su nombre. Más allá de reconocer su trayectoria artística, los Premios Pinti buscan rendir homenaje a una forma de entender la cultura como un lugar de encuentro, pensamiento y debate.
Cuando el homenaje dio paso a la realidad
En el marco de una noche de celebración y emoción, dos de las ganadoras de la ceremonia aprovecharon el escenario para hablar de temas que excedieron el reconocimiento personal y pusieron el foco en la realidad que atraviesa el sector cultural.
La actriz, dramaturga y directora Lorena Vega, distinguida por Imprenteros y La vida extraordinaria, cuestionó el proyecto del Gobierno nacional para derogar la Ley de Defensa de la Actividad Librera y otras normas vinculadas al libro y la lectura. «Hay un proyecto para derogar dos leyes que defienden al libro y la lectura», advirtió. Luego explicó por qué considera que una de esas normas resulta clave: «Es una ley federal que hace que todos los libros a lo largo del país tengan el mismo precio». Y concluyó con una definición que vinculó directamente ese debate con el trabajo artístico: «Es importante para todo y para nuestro trabajo por la escritura».
El planteo encontró eco entre buena parte del auditorio porque puso sobre la mesa un debate que excede al mundo editorial y alcanza de lleno a escritores, dramaturgos y trabajadores de la cultura.
Verónica Llinás, ganadora del Premio Pinti a la Mejor Actriz de Comedia por Una Navidad de mierda, también utilizó su discurso para visibilizar la situación laboral de muchos artistas. «Se lo quiero dedicar a todos los actores. Muchos laburan gratis, muchos laburan por menos de lo que deberían», afirmó. Antes de abandonar el escenario dejó otra frase que despertó una de las ovaciones más fuertes de la noche: «Últimamente en este país hay muy pocas cosas de las que enorgullecerse y una de ellas es el teatro».
Su intervención fue una de las más aplaudidas de la noche y trasladó el foco desde el reconocimiento individual hacia las condiciones laborales de quienes sostienen la actividad teatral.
Quizá esa haya sido una de las formas más elocuentes de homenajear a Enrique Pinti: demostrar que el teatro sigue siendo un espacio desde el que se puede mirar, discutir e interpelar la realidad.
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