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Hay una base militar de la OTAN en Malvinas
¿Por qué en Argentina se habla poco sobre esta realidad? El conflicto del Atlántico Sur suele ser indicado como algo escindido del continente, lejano a los grandes centros urbanos y poblacionales. Los relatos señalan a la “guerra” en las Islas Malvinas como una suerte de circunscripción, y no sólo territorial, sino también acotada a la confrontación entre apenas dos naciones. Sin embargo, poco se dice sobre la OTAN y el TIAR, sobre Estados Unidos y Rusia. Y mucho menos sobre los posicionamientos en la Antártida. Un debate que busca abrirse paso en forma masiva.
Tulio Fraboschi y Alejandro Martínez son ex combatientes del conflicto bélico en Islas Malvinas, participantes y referentes de Concertación TOAS, un movimiento de veteranos de guerra del conflicto Atlántico Sur no plenamente reconocidos. Algunos de ellos emplazaron un campamento de protesta en Plaza de Mayo, corazón de la Ciudad de Buenos Aires, hasta 2018, desde el cual -durante años- reclamaron por ser reconocidos. Fueron literalmente barridos de la Plaza durante el gobierno de Mauricio Macri.
En esta nota, ellos cuentan cómo se dio el combate aeronaval entre Argentina y la OTAN en plena Patagonia argentina, reflexionaron sobre la actualidad del conflicto en el Atlántico Sur, y trazaron ciertos paralelos con el enclave bélico en Ucrania.
«Sin dudas que hay una base de la OTAN en el Atlántico Sur, más precisamente en las Islas Malvinas«, dice Tulio. «Por eso se disputó la región, y también por el espacio en la Antártida, el paso interoceánico y la riqueza pesquera y petrolera. El enclave siempre fue una cuestión estratégica y militar para la OTAN, a la vez de comercial«, explica, desde sus recuerdos en la región.
«Tiempo después del conflicto de 1982 se hablaba de que la lucha que nosotros habíamos sostenido con el Reino Unido de Gran Bretaña había sido -en verdad- contra la OTAN, porque no solamente había estado el apoyo de los Estados Unidos, sino de toda la organización del Atlántico Norte, y que -por algún lado- hizo quebrar el acuerdo del TIAR -Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca- en el que se decía que se confiaba para que Estados Unidos no intervenga en el conflicto; pero obviamente era más fuerte el vínculo con la OTAN que con el TIAR«, relata.
Agrega además que «esta tensión que hoy existe entre Rusia y la OTAN también se vio reflejada en 1982, en el Atlántico Sur, porque de hecho había submarinos rusos en el sur, operando, y satélites enviando información. La lectura -por entonces- era que un conflicto que podría ser denominado como local, entre dos países, podría haber derivado a un conflicto a escala global, con ribetes imprevisibles«.
«La situación actual en Ucrania, con posibilidades de una escalada, también pudo haber ocurrido en 1982 -a mi parecer-, porque había países americanos que respondían al TIAR -como Brasil- que afirmaban que si se bombardeaba una base continental -como por ejemplo la de Comodoro Rivadavia (lo cual estaba previsto)-, Brasil iba a intervenir. Y si Estados Unidos participaba abiertamente, también existía el riesgo de que Rusia lo hiciera. Aunque todos sabíamos que solapadamente Estados Unidos le pasaba material bélico a Gran Bretaña, como actualmente lo está haciendo con Ucrania. En ese sentido se puede establecer un paralelo entre ambos conflictos en términos militares. A nivel político existen muchas versiones, y esto me excede. Pero mis vivencias como ex combatiente recuerdan eso, en lo referente al tema Malvinas», reflexiona.
El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado Tratado de Río, es un acuerdo netamente defensivo, es decir, un pacto de defensa mutua interamericano firmado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro. El área geográfica de acción del tratado, comprende al continente americano y hasta 300 millas marinas de la costa, incluyendo la región entre Alaska, Groenlandia, en el norte, y en la zona ártica hasta las islas Aleutianas. En el sur las regiones antárticas, y los islotes de San Pedro y San Pablo y la isla Trinidad.
LA LUCHA DE LOS EX COMBATIENTES POR EL RECONOCIMIENTO
Alejandro Martínez señala que la Concertación TOAS -Teatro de Operaciones del Atlántico Sur- se creó el 5 de mayo de 2018. «Comenzamos a trabajar con la idea de hacerlo de cara a la sociedad, explicando nuestra experiencia fuera del ámbito militar. Antes reclamábamos dentro del ámbito de las leyes 22674, 23109, 23118, o la de los Héroes de Malvinas, 649, la 24950, y después un decreto que arbitrariamente dispone quién es veterano y quién no. Y desde allí viene nuestro padecimiento«, señala.
«Hemos pasado por diversas etapas de lucha hasta el 2018, donde logramos un consenso, y explicándole a la gente todo lo que se hizo. A partir de ahí, a nivel político, se generó un proyecto de ley para que solucione nuestra situación», explica como coordinador nacional.
Señala además que «tenemos proyectos presentados tanto en Diputados como en el Senado, realizados en 2021, con una gran adhesión de legisladores y legisladoras. El objetivo es el de la veteranía plena. Las pruebas existentes son más que evidentes. Todo lo que se encuentra fundamentado en esos proyectos está respaldado por documentación. En el año 2015 todo ese material fue desclasificado y terminó siendo de dominio público, algo que antes eran fotocopias que uno tenía, y que ahora tienen el valor de ser documentos oficiales. Es cuestión de que haya decisión política y que los lobbies que siempre complican a que se cuente toda la verdad de lo que sucedió en el conflicto bélico del Atlántico Sur salga a la luz, para que forme parte de la historia argentina. Esperemos que este año, en que se cumple el 40 aniversario, haya un desarrollo favorable para nuestro reclamo, que busca esclarecer toda la historia del conflicto».
«La Ruta del TOAS quiere visibilizar todas esas cuestiones que se encuentran en duda o que se desconocen, o que también están tapadas, como bunkers, pozos de zorro y diferentes posiciones en continente; queremos que eso se preserve y contar la historia», dice Alejandro. Tulio agrega que «se trata de un vínculo con el pueblo y con la gente, recorriendo por segundo año consecutivo los lugares que nosotros defendimos en la Patagonia, tratándose de una movida muy interesante, rescatando anécdotas entre los ex combatientes y los lugareños». «Además, hace un año que estamos trabajando en un documental al respecto. La Ruta del TOAS persigue poner en valor la historia, y que esto llegue para quedarse», concluye Martínez.
LA HISTORIA VIVA A 40 AÑOS DE MALVINAS
Hace exactamente 40 años comenzaba el conflicto bélico en las Islas Malvinas y el Atlántico Sur entre Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte sumado al apoyo de Estados Unidos; es decir, la alianza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en pleno. ¿Por qué aquellos noveles veteranos fueron ocultados en su regreso? ¿Por qué el por entonces presidente Raúl Alfonsín decretó distorsionar el mapa del conflicto? ¿Por qué los gobiernos posteriores, tanto radicales como peronistas, incluido el conservadurismo de Mauricio Macri, no resolvieron el pedido de centenares de ex combatientes? ¿Por qué, tras tantos años, continúan los secretos en torno a Malvinas? ¿Por qué el tabú? ¿Por qué la información diseccionada? ¿Por qué la miseria burocrática?
¿Por qué -poco y nada- se habla sobre que, en el continente, funcionaron seis bases de guerra, seis aeropuertos, desde los que se atacó a la flota británica? “De esos seis (Trelew, Comodoro Rivadavia, San Julián, Río Gallegos, Santa Cruz y Río Grande) específicamente se atacó desde cuatro: Comodoro, San Julián, Río Gallegos y Río Grande. Fueron los epicentros de todo el conflicto”, explica Fraboschi, referente del campamento TOAS de ex combatientes que durante 10 años reclamaron por ser reconocidos, acampando en Plaza de Mayo, lucha que terminó con una intervención de más de 200 policías –literalmente- barriéndolos de la Plaza en 2018.

Esas seis, fueron las bases de guerra aérea, donde funcionó la Fuerza Aérea Sur, con todo el despliegue de los sistemas de armas con que se atacó a la flota británica, y desde donde se le produjo el único daño. Los ingleses estuvieron a apenas 24 kilómetros del continente, la misma distancia que existe entre el Obelisco y la estación de trenes de Morón.
NO FUE GUERRA, FUE CONFLICTO
No fue guerra
“Lo de Malvinas fue fundamentalmente un conflicto aeronaval entre la flota británica y la Fuerza Aérea argentina. Esas cuatro bases –fundamentalmente- fueron defendidas por personal de la Fuerza Aérea, del Ejército y de la Armada. A mí me tocó estar afectado a la defensa y la logística del puente aéreo Hércules, desde la base aérea de Comodoro Rivadavia. Estas bases fueron atacadas. Esto figura en algunos diarios de guerra que han sido deliberadamente escondidos”, explica Fraboschi.
¿Por qué no fue guerra?
“Gran Bretaña sólo podía disputar los territorios insulares. Se suponía que –políticamente- no podía tocar el continente. Pero hablo de ‘políticamente’, porque militarmente lo iba a tocar, como ‘militarmente’ tampoco fue un impedimento atacar al ARA General Belgrano. La armada argentina no pudo operar en el mar por la circulación de submarinos británicos. Entonces, nuestros portaaviones se convirtieron en seis bases de guerra emplazadas en el continente y defendidas como tales. Fueron extremadamente expuestas a un ataque británico porque las coordenadas de una base aérea son permanentes e inmóviles, pero un portaaviones británico -en el mar- se mueve, y es un blanco difícil. Nosotros éramos un blanco fácil. Teníamos a los británicos operando a apenas 24 kilómetros de cada base de la Patagonia; es decir que los británicos ocuparon y ampliaron la zona de exclusión en forma total, hasta las 12 millas del territorio continental. Estábamos a tiro de cualquier fragata o submarino y –obviamente- de la incursión de los aviones que podían llegar en cualquier barco hasta el lugar. Los barcos de la Armada -después del 2 de mayo, con el hundimiento del Belgrano- fueron replegados dentro de las 12 millas, y se pusieron a trabajar en la defensa del continente«.

El secreto, el tabú. “Es un tema que se tapa por una cuestión diplomática y política, por la presión que impuso Gran Bretaña. Porque la guerra no se declaró formalmente. Pero el hecho de pisar el continente, significaba -previo a pisarlo- una declaración virtual de guerra. Por lo cual, no se puede contar. Pero hubo muertos británicos y 17 caídos argentinos en el continente. Estos fueron declarados, e integran la nómina de 649 Héroes Nacionales”.
El capitán de navío Miguel Carlos Augusto Pita y Carlos Alberto César Büsser (ex jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, quien murió mientras era enjuiciado por crímenes de lesa humanidad) condujeron la recuperación de las islas, el 2 de abril de 1982, en la denominada “Operación Rosario”.
El contra-secreto a voces
“Pita me dijo que, después de la guerra, habló con la oficialidad británica -porque tienen contacto como oficiales- y le dijeron (en una rueda de amigos, porque no puede ser oficializado por el Ministerio de Defensa) que entre 7 y 10 helicópteros Westland Sea King, cargados con cerca de 20 comandos cada uno, operaron dentro del continente. Esto es no oficial, lógicamente, pero es auténtico. De hecho, en el diario de guerra de la XI Brigada Mecanizada, aparece la entrada de tres helicópteros detectados el 22 de mayo, a la altura de Colonia Sarmiento, más al sur que Comodoro Rivadavia. Esto significó la alerta roja más grande en la que se intervino. También figura en el Diario de Guerra de “Patricios”. Pero todo eso está tapado, y los diarios de guerra de la novena brigada, que era la que estaba ahí, están desaparecidos. Hubo mucha circulación de helicópteros en Caleta Olivia. Dos de ellos, argentinos, cayeron allí, y murieron 10 militares. Quedó reducido a restos de chatarra, con los cuerpos carbonizados. Con lo cual, no fue una caída o un choque con un acantilado -que no existen en el lugar- ni contra el agua. Hay mucha historia para contar que todavía no sé contó”.
Las incursiones británicas en el continente figuraban como “previsiones de ataque” a los aeropuertos argentinos. “Fueron confirmadas por parte de la inteligencia militar del Quinto Cuerpo de Ejército, y también por las mismas previsiones británicas. Los británicos estaban previendo atacar el continente y nadie tenía el poder de fuego para parar a la flota británica, salvo las seis bases”.

Hubo un intento de desembarco en la Base Aeronaval Almirante Hermes Quijada en Río Grande, con gomones tripulados por comandos británicos, largados desde submarinos, presuntamente pertenecientes a la Operación Mikado, “en la que se abrió fuego desde el ARA Bouchard, y de esos gomones no quedó absolutamente nada”.
“De lo que fue el conflicto hay cosas no contadas y otras cosas tergiversadas. Militarmente es complejo especificarlo, porque de ambos bandos nunca se cuenta todo lo que pasa en una guerra. En Comodoro Rivadavia yo no vi ni muertos ni heridos, y sin embargo llegaron 700 al aeropuerto. Se trataba de evitar desmoralizar a la tropa. Cuando alguien tenía algún contacto con las escaramuzas que hubo en la Patagonia, y esas situaciones no estuvieran documentadas, a esas personas las trasladaba a otro lado, como para que no siguieran teniendo contacto. Ahí hubo todo un manejo psicológico de la cuestión. Entiendo que en algún punto es razonable, pero puedo decirte que hubo cuestiones que -tanto por error como por omisión o picardía- se taparon y se siguen tapando. No hay forma de hacerle entender a muchos que el continente estuvo expuesto a los ataques británicos, y que cada base de guerra tenía un campo minado alrededor. De alguna manera, todo esto no se da a la luz, tanto desde el poder político como desde el poder militar”.
“Lo que pasó en Malvinas se convirtió en un tema tabú por varios motivos: primero porque se perdió en lo que fue el conflicto. Después, porque hubo imposiciones; al no haber una declaración de guerra formal, el manejo de los comandos británicos en el continente venía directamente direccionado desde el Ministerio de Defensa inglés. Y eso nunca va a ser declarado. Aunque muchos de los militares que llegaron al continente lo reconocieron. Pero es la voz de apenas un militar, y no del gobierno británico. Por otra parte evidentemente hay una cuestión de desmovilización, la guerra perdida no le interesa a nadie, y mucho menos interesa hablar sobre gente de la que se dice que no participó. Nosotros formamos parte del conflicto; el daño a la flota británica provino nada más que desde las bases continentales, y esos aviones, esos aparatos, esos sistemas de armas, pudieron funcionar porque fueron defendidos desde el continente. Porque si no no quedaba un solo aparato, ni pista, ni bombas, ni nada. Quienes estuvimos en el continente no podemos depender de que una bomba haya caído o no. Si me caía una bomba, era veterano de guerra, y como no me cayó la bomba que estaba previsto que me cayera encima, no soy veterano. Además, yo dependía de dónde me mandaban; un soldado no elige a dónde lo mandan. El ‘listado Chevalier’ echó luz sobre toda esta problemática, pero está guardado, y permanece siendo un secreto, y también un tabú”.

Las pruebas
“Esto es secreto. Está firmado por el General de División, Jefe del V Cuerpo de Ejército, Jorge Osvaldo García, que era la máxima autoridad. Yo tengo esos documentos. Las previsiones de ataques de comandos a las bases, y las previsiones de bombardeo estratégico sobre las bases, están escritas y documentadas. Gran Bretaña mantiene un estricto secreto militar por 90 años desde el inicio conflicto. Yo estuve en contacto con Graciela Iglesias, una corresponsal del diario La Nación en Gran Bretaña, y ella me dijo que todas las incursiones de comandos al continente, dependieron directamente del Ministerio de Defensa británico. Eso no está desclasificado y pertenece al denominado Informe Franks”.
Este informe surge de unos 3500 documentos oficiales desclasificados por Gran Bretaña, elaborados en 1982 donde “se revelan los temores de Margaret Thatcher, las fallidas gestiones para una reunión con Galtieri y los planes que evaluó Londres para ceder la administración del archipiélago a las Naciones Unidas”, según escribió la periodista en diciembre de 2012.
La cortina metálica británica
“Hay imposiciones no públicas de Gran Bretaña, porque no se declaró la guerra oficialmente, y políticamente era incorrecto pisar suelo continental. No así militarmente, como lo fue el hundimiento del ARA General Belgrano. Por esto es que Malvinas no fue técnicamente una guerra, sino un conflicto bélico. Ellos defendían lo que consideraban propio. Y nosotros también. A partir del momento en que las ocupamos, fue parte de una gobernación. De hecho, Benjamín Menéndez, el 7 de abril, es nombrado gobernador de las islas del Atlántico sur y de Malvinas. Pero todos lo taparon. No solamente ellos. Las autoridades propias tampoco están contando lo que pasó en el continente. Es el mismo modus operandi. Hay cuestiones militares de las que no se hablan, y se terminó la historia”.

¿Y la verdad completa?
“La única chance que tenemos -si esto no se destraba administrativamente- la dio la Corte Suprema, cuando dijo que desde una base -como la de Río Grande- desde donde se proyectaban ataques a la flota británica, obviamente estábamos expuestos al contraataque, como estuvo expuesto el Belgrano. Es tan simple como eso. El tema es el riesgo de combate, y no que hayan pisado o no Malvinas. Por eso reitero: Malvinas fue un conflicto bélico del Atlántico Sur, no sólo de las Islas, sino del Atlántico Sur, que incluye las Georgias del Sur y Sándwich del Sur, una gran superficie de mar, y parte del continente, es decir esas seis bases que estuvieron incluidas desde el comienzo”.
Borrazo, de un plumazo. Decretazo 509
“El ex presidente Raúl Alfonsín, en 1988 -quiero pensar que fue mal asesorado porque si no hubiera sido cómplice de una mentira- trastocó los mapas originales del Teatro de Operaciones. Lo que hizo fue incluir a las Islas Malvinas dentro del TOAS – Teatro de Operaciones Atlántico Sur, cuando nunca habían formado parte. Más allá del peligro innegable de los bombardeos británicos, nosotros teníamos los campos minados en torno a cada una de las bases; un pie mal puesto significaba morir. Había que defender todos los lugares donde las autoridades militares veían y preveían posibilidades de aproximación británica de los comandos. Ellos tenían como prioridad neutralizar los lugares desde donde eran atacados, es decir, desde Trelew hacia el sur”.

El denominado “Teatro de Operaciones” tiene por finalidad dar un marco legal a los combatientes. El denominado TOM – Teatro de Operaciones Malvinas – tuvo como función proteger o dar marco legal a los que ocupaban las Islas el 2 de abril. “Eso inmediatamente desaparece el 7 de abril, y aparece un nuevo teatro, el TOAS, que preveía enfrentamientos en el mar. Por eso, la jurisdicción del TOAS no alcanzaba a las Islas. Sí las alcanzaba operativamente tanto como a la costa patagónica, pero no en la jurisdicción. Y lo que hizo Alfonsín fue alcanzar con la jurisdicción solamente a las Malvinas, trampeando el mapa del TOAS original. Y lo hizo para proteger jurídicamente al personal de las Islas, oficializándolos dentro de un Teatro de Guerra donde no había participado, para después dar beneficios económicos a través de la pensión, y dejó de lado a quienes estuvimos en el continente. Dejarnos de lado tuvo un solo motivo: el presupuestario. En definitiva, el conflicto de Malvinas no se ha contado en su totalidad y mucha gente falta ser reconocida. Esa es la esencia”.
Veteranos
“Está claro que nuestros puestos ameritan el reconocimiento de Veterano de Guerra. Así de sencillo; y no es una cuestión local sino internacional. Por eso la Corte Suprema, el 19 de mayo de 2015, reconoció el derecho a pensión al suboficial Carmelo Antonio Gerez, quien se desempeñó en el continente. Y lo complementó 2 meses después con el caso de Víctor Hugo Arfinetti –también favorable a nuestra causa-. Al leer esos dos casos, está perfectamente explicado y sintetizado todo el reclamo que tenemos nosotros”.
El 23 de mayo, el capitán Carlos María Zubizarreta, volviendo de una misión, intentó aterrizar en la base de Río Grande. Al intentar hacer contacto con la pista, se le reventó la cubierta izquierda. Intentó eyectarse, pero el avión que piloteaba era viejo, y falló. Cayó, y murió delante de quienes lo intentaron auxiliar.

“Fue un caso emblemático. Las bombas del avión que no pudo descargar sobre la flota británica, las desparramó por la pista, y después hubo que desactivarlas, porque eran bombas que tenían la espoleta colocada. Con una en particular, casi vuela toda la base, porque le sacó la espoleta, y el chispazo –por suerte- dio afuera. Si hubiera dado adentro, no ibas a encontrar nada de la base, y podría haber habido un efecto en cadena. De hecho, en la guerra de Vietnam, en un portaaviones, muy lejos de la zona de combate, se produjo el disparo accidental de un cohete parecido a los del Pucará. Pegó en más explosivos, en combustibles, hubo un caos en la cubierta del portaaviones, murieron 100 personas, y están todos reconocidos como Héroes Nacionales para Estados Unidos, y en el portaaviones eran todos Veteranos de Guerra y Combatientes. A este tipo de cosas estábamos expuestos en cada base del sur, que era el equivalentes a un portaaviones”.
“Lo único cierto es que si a mí, o a cualquiera de los que estuvimos en las bases del sur, nos hubiera caído una bomba, y estuviera probado, seríamos Veteranos. Y como eso no pasó, no lo somos”, sostiene Fraboschi.
El contexto legislativo y judicial
“La Ley de Honores –Ley 23118- condecoró como ex Combatientes a todos los de Fuerza Aérea que participaron en las bases de la Patagonia. Ese reconocimiento se los dio el Congreso de la Nación, con el aval del Ministerio de Defensa, en tiempos de Eduardo Duhalde y Alberto Pierri. El Ejército –donde yo estuve- no elevó los nombres nuestros. Defensa no se los exigió, a pesar de que es su función velar por la igualdad de condiciones con las otras fuerzas en situaciones equivalentes. Por ende, el Ejército no recibió la misma condición que la Fuerza Aérea y la Armada –que lo hizo, pero parcialmente-. Por otro lado, está la Ley 24950, que condecora a los 649 Héroes Nacionales, por haber sido Combatientes. Es decir que, el soldado ocupó un puesto de combate, se produjo la baja, y lo elevaron a la nómina de Héroes Nacionales. Los 17 caídos en nuestras unidades en la Patagonia, que murieron en continente y en combate, hoy están en esa nómina”.
“Todo el personal que estuvo en las bases patagónicas, que nunca salió de ahí y que fue personal de Fuerza Aérea, está todo reconocido por el Congreso como Combatiente, no solamente los pilotos. Todos con la misma medalla, igual a la de quienes fueron a las Islas –Ley 23118-. Los de Ejército, que estuvimos en esas mismas bases, no estamos en igualdad de condiciones. A los pilotos les dieron el beneficio de la pensión, y a los de la base no se la dieron. El TOAS alcanzó las costas continentales e insulares. Fue un espacio aeronaval, solamente la zona de agua”.

El otro reconocimiento
“Adolfo Pérez Esquivel me dijo que nosotros éramos los NN del conflicto. Es decir que figurábamos en los Diarios de Guerra, pero estábamos siendo tapados por el Estado. Generalmente, durante los conflictos, los diarios de guerra son cuestiones clasificadas y secretas por las fuerzas armadas. No pueden trascender. Son secretos. En mi compañía, para el seis o el siete de abril, durante el comienzo del conflicto, si bien no estábamos en zona de guerra o en zona defendida, ya empezábamos a trabajar para el conflicto -por ejemplo- en una carga secreta de durmientes que irían con destino a Malvinas en el buque ELMA “Formosa”. Y era secreta para que los británicos no se enteraran que ya se comenzaban a armar las fortificaciones en las islas. En otro momento, trabajando en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, en operaciones tácticas de guerra, fuimos a cargar los aviones Hércules en total secreto. Estos volaban cuando se lo permitían los radares, para que no tuvieran chances de ser derribados”.
“Las Madres y Abuelas, en especial Estela, Tati y Norita, siempre firmaron las adhesiones por el reclamo del campamento. Nos dieron a entender que ellas nos sentían como si nosotros fuéramos nietos recuperados, que faltábamos ser incluidos y abrazados, tras la indiferencia y el abandono que habíamos sufrido de parte del Estado. Y de hecho, esto sirvió -entre otras cosas, sumado a la adhesión del Cardenal Jorge Bergoglio- para pedir al Estado Mayor que confeccionara un padrón que se llamó «Padrón Chevalier», el cual está terminado y guardado bajo siete llaves en el Estado Mayor Conjunto, con todos los nombres de los que faltamos ser reconocidos. Lo más sagrado que hay en esta causa es el recupero de la identidad de todos los Veteranos”. El ex Jefe del Estado Mayor Conjunto brigadier general Jorge Chevalier, fue quien elaboró de los mencionados padrones, que fueron finalizados en 2011.
El fin del acampe
“Cuando el gobierno de Macri nos echó de la Plaza en enero de 2018, una semana después Clarín tituló que el campamento ‘había negociado una salida pacífica’ y que ‘habíamos prometido no volver’. Eso fue una gran mentira. Por aquel entonces yo hablaba con la gente de Espacio Público, del gobierno de Rodríguez Larreta, y les estaba explicando que ni siquiera quería sacar las banderas del campamento, y que no nos íbamos a mover si no había garantías del gobierno de darnos una solución al conflicto. Entonces me llamaron desde Clarín sabiendo que habían obrado de manera sucia junto con la gente de Espacio Público. El derecho a réplica que me dieron fue un espacio ínfimo en la versión digital. No sirvió para nada. El daño ya lo habían hecho. Y a mí –particularmente- me expusieron a un castigo de mis propios compañeros. Ellos habían pensado que yo los había traicionado. La gente de Espacio Público nunca más me atendió los llamados. También fue muy duro e injusto que ninguno de los organismos que nos habían respaldado haya intervenido durante el desalojo. Sólo hubo silencio”.
Golpeando puertas en cuartos vacíos. “Durante el kirchnerismo me dolió muchísimo lo que pasó. Puedo resumirte que la por entonces ministra de Defensa Nilda Garré dijo que ‘si nos reconocían a nosotros, tenían que reconocer a toda la población de la Patagonia’. Un comentario durísimo y vergonzante. Arturo Puricelli, también ex ministro de Defensa, tuvo en mano el informe Chevalier. Siempre supo que hay un importante grupo de Veteranos de guerra que falta ser reconocido. Quien nos permitió acampar fue Néstor Kirchner. Esto lo contó alguna vez el mismo Alberto Fernández, quien también fue solidario con nosotros, pero como en todos los otros casos, faltó que su apoyo se visibilizara más. Cristian Ritondo impulsó el Registro Malvinas en la Capital cuando era legislador. Tuvimos votación favorable, salió la ley, pero Macri la vetó por pedido de los reconocidos. Creo que es necesario contar esto, que no es más que la más pura de las verdades”.
Corolario
Se denomina Ex Combatiente de Malvinas o Veteranos de Malvinas, a todo el personal de oficiales, suboficiales y soldados conscriptos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que hayan participado en las acciones bélicas llevadas a cabo en la jurisdicción del TOM (Teatro de Operaciones Malvinas) y directamente en la jurisdicción del TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur). “Los –aproximadamente- 15 mil sobrevivientes continentales –que participamos directamente- nunca fuimos reconocidos”. Unas 22 naves británicas fueron inutilizadas gracias a los ataques provenientes desde el continente, de las cuales seis o siete son denominadas Tumbas de Guerra (naves que contienen los restos de soldados británicos). Malvinas supuso el mayor despliegue de naves británicas desde la Segunda Guerra Mundial. Falta atar cabos. Muchos cabos. Falta contar historias. Muchas historias.
Política 📢
El rostro de la motosierra: 9.400 personas en situación de calle tras el ajuste libertario
El primer relevamiento federal del Ministerio de Capital Humano admitió la existencia de casi 10.000 personas sin techo en 19 provincias. La cifra desnuda el impacto del modelo de exclusión y la ‘motosierra’ sobre los sectores más vulnerables en medio de una crisis económica asfixiante.
Llevado a cabo en un contexto de asfixia social sin precedentes, el Ministerio de Capital Humano difundió este viernes los resultados del Primer Relevamiento Nacional de Personas en Situación de Calle. El informe oficial, procesado por la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, contabilizó un total de 9.421 personas viviendo a la intemperie en 19 provincias del país. Sin embargo, la frialdad de la estadística no logra ocultar la causa estructural de esta tragedia: un modelo económico obsesionado con el ajuste fiscal que ha empujado a miles de argentinos a los márgenes de la subsistencia.
El relevamiento, que alcanzó a 7.894 entrevistas efectivas, revela que el 83% de la población afectada son varones y un alarmante 92% tiene más de 18 años. El dato más crudo, no obstante, reside en la cronicidad de la exclusión: el 32% de los censados lleva más de dos años viviendo en la calle, lo que evidencia que la profundización del plan de «motosierra» de Javier Milei no ha hecho más que cristalizar trayectorias de abandono estatal que se tornan irreversibles ante la falta de políticas de contención.
La falacia de la «estrategia integral»
Desde la cartera que conduce Sandra Pettovello intentaron presentar el operativo como un «cambio de paradigma» que pasa del asistencialismo a la planificación. Pero para las organizaciones sociales y los organismos de derechos humanos, la realidad es diametralmente opuesta. Mientras el Gobierno nacional transfirió la responsabilidad de la atención primaria a las provincias y municipios en junio pasado, el retiro de la Nación en el financiamiento de comedores y paradores ha dejado a los gobiernos locales sin recursos frente a una demanda que crece al ritmo de una inflación acumulada que devoró el poder adquisitivo de los sectores informales.
De acuerdo a datos previos del IDECBA, solo en la Ciudad de Buenos Aires la población en situación de calle aumentó un 27% en el último año. Este incremento coincide quirúrgicamente con la implementación de las medidas de desregulación y devaluación que caracterizan al modelo libertario. El propio informe oficial admite que el 53% de los censados realiza alguna actividad laboral, lo que confirma un fenómeno inédito y doloroso de la era Milei: tener un empleo ya no es garantía de tener un techo, ante el costo prohibitivo de los alquileres y el desplome del salario real.
Puntos clave:
- * El Ministerio de Capital Humano contabilizó 9.421 personas en situación de calle en 19 provincias argentinas.
- * Un 32% de la población afectada lleva más de dos años viviendo en espacios públicos o refugios precarios.
- * El 53% de los censados realiza actividades laborales, evidenciando que el empleo informal no evita la indigencia.
- * El Gobierno nacional transfirió la responsabilidad de la atención social a las provincias en junio pasado.
- * Organizaciones sociales denuncian un subregistro masivo frente a censos populares que triplican las cifras oficiales.
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