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Entrevista

Erica Pincever: “El día en que volvieron los colores”, un relato necesario

Con ilustraciones de Ro Ferrer, prólogo de Claudia Masin y editado por Chirimbote, el trabajo cuenta la historia de Dante, un niño de 8 años sobreviviente de abuso sexual.

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“Como sobreviviente de abuso sexual infantil, quiero decirles que hay infinitos modos en que la palabra, el amor, la amistad, sanan. Y que ojalá en mi infancia hubiera tenido este libro en mis manos”, dice Claudia Masin al inicio del prólogo.

-¿Cómo fue el proceso previo a la escritura del cuento? 

-En el marco de los talleres que doy en escuelas, con los chicos y las chicas se habla de abuso, de educar en todo lo que tiene que ver con partes íntimas y me faltaba algo lúdico para trabajarlo. Estaba buscando un cuento concretamente y no lo encontraba. Siempre escribí y surgió la idea del libro. Llevó un proceso porque hay que tomar muchas decisiones para encarar la temática, que es muy incómoda y dolorosa, no es un tema del que nos guste hablar, pero es el tema que más necesitamos hablar. Fue maravillosa la recepción que tuve de Ro Ferrer, que es una ilustradora que admiro un montón y luego de Nadia Fink de editorial Chirimbote que tomó la posta y trabajamos codo a codo en todo.

-Hubo decisiones editoriales muy interesantes como que el personaje del cuento sea varón y que esté escrito en lenguaje inclusivo. ¿Por qué?

-Porque más allá la literatura, el arte, la narrativa, la temática es muy difícil y teníamos que elegir, tomar un montón de decisiones y para eso repensar nosotras y abrimos preguntas. ¿El protagonista tiene que ser varón, mujer o no tener definido el género? Y así nació Dante. El uso del lenguaje inclusivo fue un desafío enorme porque desde lo literario, la melodía, el rítmico, la elección de palabras, queríamos que estuviera narrado en primera persona, entonces realmente fue difícil. Pero no teníamos duda, fue un norte narrar en lenguaje inclusivo.

Foto: Anna Lainez

-¿Cuál fue la recepción que tuviste de los niños, niñas, niñes que leyeron o les contaron el cuento?

-La primera devolución que tuve fue de mis propios hijos. Uno de ellos, el de 8 años, la misma edad de Dante, me ayudó a elegir el título. Había que cerrar, teníamos que ir a la imprenta. Con Nadia pusimos hora límite cinco de la tarde, ella me dijo que el texto “va hacia la luz”, eso es clave porque los sobrevivientes de abuso no son sólo eso que les pasó. Había una lista de un montón de nombres posibles y le pregunté a mi hijo que eligió “El día en que volvieron los colores” y me dijo: “Tiene que ser este porque significa que hubo algo feo pero que el nene después se puso bien”.

-Está muy bien construido el personaje del abusador ¿Cómo lo describirías vos?

-La mayoría, el 95%, de los abusadores, son varones por eso también la decisión editorial tuvo que ver con hablar en masculino al referirnos a él y un 90% de los abusos es intrafamiliar o de personas conocidas y de confianza del niño, la niña o el niñe. No es sólo como nos decían las abuelas “cuidado con el violador de la plaza que sale detrás del árbol”. El abusador no tiene un perfil, se ve como vos, como cualquiera. Eso quisimos mostrar en el texto, que va de a poquito ganando la confianza del niño y de la familia, es una persona querida, un conocido del padre. 

Foto: Ana Lainez

-¿Cuántas niñas y niños son abusados en la infancia?

-La Organización Mundial de la Salud dice que una de cada cinco niñas va a ser abusada antes de los 18 años, y uno de cada trece varones va a ser abusado antes de los 18 años. Es arrasador. Es un tema que necesariamente debemos poner en agenda. Todos y todas, como parte de la sociedad, somos responsables de velar por los derechos de las infancias.  

-El momento de la revelación en el relato, cuando Dante le cuenta a su mamá, la reacción de ella me pareció muy formativa, una manera de contar lo que está bien ¿Fue esa la intención?

-De alguna manera sí y también una forma de mostrar que hay que escuchar, creer y actuar abrazando y protegiendo y también destacar la importancia de educar en ESI, por eso el libro incluye la Guía para docentes y familias.

-¿Qué recomendaciones hay en la guía en relación a cómo actuar en ese momento de revelación?

-Decir que la responsabilidad no tiene que ver con el niño, con la niña, que es muy valiente por haberlo contado, que eso no debería haberle pasado, que vamos a buscar ayuda y asegurar que eso no vuelva a suceder, creer lo que cuentan. El libro está acompañado de actividades para trabajar las emociones y la guía de acompañamiento a docentes, familiares, cuidadores de niños y niñas con el objetivo de brindar herramientas con perspectiva de género.

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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