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Milei apura la flexibilización: 800 convenios colectivos bajo una reforma que borrará conquistas históricas

Con la Ley de Modernización Laboral reglamentada y la ultraactividad eliminada, la Secretaría de Trabajo envió notificaciones a empresas y sindicatos de los sectores más estratégicos del país. La CGT denuncia una «flexibilización de hecho» y ya alista la judicialización.

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Convenios en jaque: cómo la reforma de Milei fuerza a los gremios a renegociar desde cero derechos que tardaron décadas en conquistar.

La Secretaría de Trabajo envió notificaciones a empresas y sindicatos de los sectores más estratégicos del país para renegociar cerca de 800 convenios colectivos, pero con la Ley de Modernización Laboral 27.802 reglamentada y la ultraactividad eliminada, la CGT denuncia que se trata de una «flexibilización de hecho» y ya alista la judicialización. Un gremio, sin embargo, rompió el frente sindical unificado.

La Secretaría de Trabajo, conducida por Julio Cordero, extendió esta semana las intimaciones oficiales a cámaras empresariales y sindicatos para que renegocien un universo que ronda los 800 convenios colectivos de trabajo, sumando los acuerdos de actividad a los de empresa. La medida, impulsada por la aplicación de la Ley de Modernización Laboral 27.802, sepulta el principio histórico de ultraactividad y obliga a rediscutir cláusulas que, hasta ahora, se mantenían vigentes en forma automática mientras no se firmara un nuevo convenio.

El proceso se aceleró luego de que el Decreto 407/2026, que reglamenta la nueva ley, abriera la puerta a revisar no solo las cláusulas obligacionales (cuotas solidarias, aportes sindicales) sino también las cláusulas normativas, aquellas que definen las condiciones de trabajo, las jornadas, las categorías y los salarios básicos. Lo que el gobierno presenta como «modernización de las relaciones laborales», desde el sindicalismo lo leen como un mecanismo para desmantelar conquistas históricas negociadas durante décadas.

Del primer envío a los 800 convenios: la escalada de la ofensiva oficial

El alcance de la medida creció de manera vertiginosa en pocas semanas. El Ejecutivo comenzó con una convocatoria inicial orientada a 150 convenios de actividad, la amplió a 446 mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial y ahora, sumados los acuerdos de empresa, el universo total de convenios bajo revisión obligatoria se aproxima a los 800. Según el texto oficial, la convocatoria «se realiza teniendo en consideración lo dispuesto por la nueva Ley de Modernización Laboral para fortalecer la negociación colectiva y promover acuerdos entre trabajadores y empleadores adaptados a la realidad productiva de cada sector».

La primera tanda de notificaciones abarca sectores de alto peso específico y capacidad de movilización: Aceiteros, Bancarios, Camioneros, Construcción, Alimentación, Sanidad, Gastronómicos y el sector Aeronáutico (pilotos y personal privado). La nómina se extiende hacia la logística y la energía, con Estaciones de Servicio, Ferroviarios, Petroleros, Marítimos, Portuarios e industria del Neumático, y alcanza también a sectores de la producción y los servicios, entre ellos Industria Lechera, Textiles, Químicos, Plásticos, Seguridad Privada, Entidades Deportivas, Futbolistas Agremiados, Trabajadores de Prensa y el personal de TV abierta y por cable.

La ultraactividad: qué se pierde y qué queda en pie

Hasta la sanción de la Ley 27.802, la ultraactividad era la garantía legal que impedía que los trabajadores perdieran derechos adquiridos cuando las negociaciones colectivas se estancaban: el convenio seguía vigente hasta que se firmara uno nuevo. La nueva normativa eliminó esa protección para las cláusulas obligacionales, que caducan automáticamente al vencimiento del convenio. Solo se mantiene la ultraactividad para las cláusulas normativas, aunque el propio Decreto 407 habilita que en esta ronda se renegocien también esas condiciones, lo que abre la puerta a modificar escalas salariales, jornadas y sistemas de categorías históricamente establecidos.

Desde la cartera laboral, fuentes cercanas a Cordero señalaron que el objetivo es «terminar con la eternización de convenios que no responden a las necesidades actuales del mundo del trabajo». El argumento oficial es que el esquema productivo argentino requiere una modernización urgente ante el avance tecnológico y el empleo digital. El sector empresarial, representado por la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Comercio (CAC), recibió la medida con optimismo moderado: celebra la flexibilización de jornadas e indemnizaciones, pero teme una ola de conflictividad que paralice la producción en el segundo semestre de 2026, según reportaron fuentes empresariales consultadas por medios especializados.

La CGT en alerta: «flexibilización de hecho» y amenaza de judicialización

En los pasillos de la CGT, el diagnóstico es categórico: la renegociación masiva y forzada funciona como una «pantalla» para avanzar en una flexibilización de hecho, recortando conquistas ligadas a jornadas, categorías y condiciones operativas de cada sector. La central obrera ya rechazó formalmente el contenido del Decreto 407, advirtiendo que «el Poder Ejecutivo pretende avanzar sobre derechos, instituciones y garantías que forman parte del sistema de relaciones laborales y de la libertad sindical» y que la medida constituye «una inaceptable intromisión en la vida interna de las organizaciones gremiales», en contradicción con los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La CGT denunció la situación ante la propia OIT, con presencia del secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez, quien en Ginebra advirtió que estas decisiones generarán una conflictividad significativa. Los más duros, encabezados por Pablo Moyano (Camioneros), calificaron la medida como un «golpe de gracia al derecho laboral». Paralelamente, la central obrera alistó a sus equipos legales para judicializar el proceso, cuestionando la constitucionalidad de varios artículos de la Ley 27.802. El plazo que el propio decreto establece para cerrar los nuevos acuerdos es de un año; si no hay entendimiento, las condiciones laborales vigentes caerían y quedarían bajo el marco general de la Ley de Contrato de Trabajo, considerablemente menos beneficiosa para las estructuras sindicales.

La fisura en el bloque sindical: Estaciones de Servicio acepta, pero con agenda propia

La unanimidad del rechazo sindical mostró su primera grieta. El gremio de Estaciones de Servicio (SOESGyPE), cuyo secretario general es Carlos Acuña, hombre de confianza del histórico líder gastronómico Luis Barrionuevo, anunció este martes que acepta la rediscusión planteada por la Secretaría de Trabajo. Pero no sin condiciones: el gremio aclara que lo hará «con posición definida y agenda propia», buscando discutir las particularidades del sector con argumentos propios.

La decisión de Acuña no es inocente en el mapa del sindicalismo argentino. Su gremio forma parte de la CGT, lo que convierte su apertura al diálogo en una señal de fractura interna en un momento en que la central obrera intenta presentar un frente unificado de resistencia. «Hace mucho que venimos planteando que hay que actualizar convenios y la respuesta empresarial fue sostener los vigentes. Ojalá que en esta instancia podamos discutir cuestiones que quedaron pendientes», declaró el dirigente.

Puntos clave

  • Cerca de 800 convenios colectivos deberán renegociarse bajo la Ley de Modernización Laboral 27.802, con un plazo de un año para cerrar acuerdos.
  • La eliminación de la ultraactividad habilita la revisión de cláusulas normativas que definen jornadas, categorías y salarios básicos.
  • La CGT rechazó el Decreto 407/2026 y presentó una denuncia ante la OIT por violación a la libertad sindical.
  • Los sectores más estratégicos, como Camioneros, Bancarios, Construcción y Petroleros, encabezan la primera tanda de notificaciones.
  • El gremio de Estaciones de Servicio (SOESGyPE) rompió el bloque y aceptó renegociar, aunque «con posición definida y agenda propia».

Gremiales

El oeste del conurbano dijo basta: CGT, CTA-A y CTA-T marcharon en Morón

La CGT Regional Morón/Hurlingham/Ituzaingó, junto a la CTA Autónoma y la CTA de los Trabajadores, se movilizaron este 23 de junio frente a la catedral de Morón. Leyeron un documento de reclamos que exige un paro nacional de 36 horas, paritarias libres y el cese de la reforma laboral de Milei.

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El conurbano le pasa factura a la CGT: la presión desde abajo por un paro general que la conducción central demora.

La CGT Regional Morón/Hurlingham/Ituzaingó, junto a la CTA Autónoma y la CTA de los Trabajadores, se movilizaron este lunes 23 de junio frente a la catedral de Morón. En una jornada de protesta que reunió a tres centrales obreras, militantes de la región y sindicatos como SUTEBA, la CGT local presentó un documento que exige un paro nacional de 36 horas con movilización, paritarias libres y el cese inmediato de la reforma laboral precarizadora impulsada por el Gobierno de Javier Milei.

Tres centrales, una sola voz

Con la presencia de Paciano Ocampo, la secretaria general de SUTEBA Morón, Elizabeth Boutron, y el regente del Centro de Formación Laboral 402 de Hurlingham, Carlos González, la movilización del oeste del conurbano bonaerense reunió el lunes 23 de junio a militantes de los tres SUTEBA zonales, La German, Movimiento Mayo, UDEMUS y Coronados de Gloria, entre otros. La concentración se realizó en los alrededores de la catedral de Morón y culminó con la lectura pública de un documento de reclamos, según informó la CTA-MHI a través de sus redes sociales.

La acción fue convocada desde la CGT Regional Morón, Ituzaingó y Hurlingham, en unidad con la CTA-Autónoma y la CTA de los Trabajadores del Partido de Morón. El documento leído en la calle tuvo un doble destinatario: la conducción nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT-RA), a quien se le reclamó la convocatoria a un paro general de 36 horas con movilización, y el propio Gobierno nacional, al que se denunció por sus políticas de ajuste antipopular.

Los reclamos: paritarias, jubilaciones y el rechazo a la reforma laboral

El documento aprobado por la CGT Regional y las dos CTA identificó como ejes centrales del conflicto el techo paritario que afecta a los trabajadores en distintas ramas, la precariedad a la que son sometidos los jubilados como consecuencia del modelo económico libertario y la exigencia del cese inmediato de la reforma laboral. Los gremialistas denunciaron además la asfixia económica que padecen las provincias por parte del Gobierno Nacional. En particular, señalaron que la Provincia de Buenos Aires acumula una deuda de 18 billones de pesos que la Casa Rosada le adeuda, mientras la eliminación del FONID y la quita del Plan Remediar afectan a millones de compatriotas.

El texto de la protesta identificó cinco demandas concretas: paro nacional con movilización de 36 horas, paritarias libres, derogación de la reforma laboral de Milei y los grupos económicos concentrados, jubilaciones dignas con devolución inmediata de medicamentos y derechos quitados a los adultos mayores, y defensa de las obras sociales sindicales.

El diagnóstico: hambre, desempleo y destrucción del tejido productivo

El documento de las tres centrales obreras articuló un diagnóstico político de fondo sobre la situación nacional. Caracterizó las políticas del Gobierno como «políticas de hambre», señaló el «freno del consumo», la «desocupación» y la «degradación extrema de las condiciones laborales», así como los ataques directos a los sindicatos como organizaciones de defensa de los trabajadores. En ese marco, planteó que la única salida posible pasa por la organización y unidad del movimiento obrero, y por la elaboración de un programa político, social, económico y cultural de cara a las elecciones nacionales de 2027, «inspirado en las históricas banderas que hicieron grande y feliz a nuestro pueblo: soberanía política, independencia económica y justicia social».

La jornada del 23 de junio se inscribió en un ciclo creciente de movilizaciones gremiales en el conurbano bonaerense, que en los últimos meses acumuló protestas de trabajadores aeronáuticos, del sector salud y de la administración pública. El reclamo de un paro de 36 horas a la conducción nacional de la CGT refleja la tensión entre las regionales del interior y del conurbano, que impulsan medidas de fuerza de mayor alcance, y la conducción central de la central obrera, que hasta el momento mantuvo una postura más moderada frente al Gobierno de La Libertad Avanza.

Puntos clave

  • La CGT Regional Morón/Hurlingham/Ituzaingó, junto a la CTA Autónoma y la CTA-T, marcharon el 23 de junio frente a la catedral de Morón.
  • El documento leído exige a la conducción nacional de la CGT un paro nacional de 36 horas con movilización.
  • Los reclamos incluyen paritarias libres, derogación de la reforma laboral y jubilaciones dignas.
  • Se denunció la deuda de 18 billones de pesos que el Gobierno Nacional mantiene con la Provincia de Buenos Aires.
  • La jornada convocó a sindicatos de SUTEBA, La German, Movimiento Mayo, UDEMUS y Coronados de Gloria, entre otros.
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