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Entrevista

EXCLUSIVO: última entrevista a Hebe de Bonafini para EL ARGENTINO

La titular de Madres de Plaza de Mayo recibió en exclusiva a Laura Bitto en su casa en el mes de febrero.

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El-Argentino-Entrevista-Hebe-de-Bonafini

Fotos: Eloísa Molina
Video: Máximo Paredes

Hebe asoma la cabeza por la puerta y mira hacia el pasillo.


-Pasen, está todo abierto –dice.
La casa está rodeada de plantas y flores, infinitos tonos de verde llenan de vida el jardín exultante.
-Me gusta comer con flores, por eso las tengo ahí, son de mi jardín –cuenta mientras señala un pequeño florero con pétalos de colores en el centro de la mesa.
Hebe de Bonafini se sienta en un sillón de mimbre, toma el pañuelo blanco entre sus manos, lo acomoda sobre su cabeza, une las puntas con un lazo bajo su mentón, con ojos de mar y profunda mirada.

la postura de Hebe frente a la deuda externa.

-¿Qué pensás del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?

-Nosotras desde hace muchísimos años que decimos que no hay que pagarle al Fondo, pero ahora con más razón porque esta deuda fue una estafa de Macri que si se paga es con el sacrificio del pueblo. El trabajo de las Madres es mirar a quién perjudica el pago de la deuda. Porque siempre les cae a los que menos tienen. Yo, no pagaría, que al Fondo le pague Macri. Ellos se la prestaron sin pedir permiso, hicieron un negocio con él, le pagaron eso para que gane las elecciones y perdió. Entonces me parece un disparate que nosotros paguemos. Dijeron que no iba a haber ningún aumento, ya hay aumentos. Vinieron 120 personas con el Fondo a espiarnos, a controlarnos, están instaladas en nuestro país, pisando nuestro suelo.

-El Presidente anunció junto con Fernanda Raverta el aumento de las jubilaciones ¿qué te parece la medida?

-Ese aumento del 12,28% es un cachetazo. Porque 3.000 pesos, con lo que vale cualquier cosa que compres o medicamento que no te paga Pami no alcanzan para nada, me parece vergonzoso. Un kilo de cualquier carne, un pedacito de queso, una exageración para comer un pobre porque el pobre por qué va a comer carne, por qué va a comer queso, que coma otra cosa. Lo que me aterra es que en los cuatro años de Macri y los dos de este Gobierno se encargaron de que la gente pase hambre, los compañeros, durante seis años están acostumbrados y creen que su único derecho es el plato de sopa y la bolsa de comida. Odio los merenderos y los comedores, me parece una cosa tristísima para los pobres, andar haciendo cola para comer. Los compañeros creen que su único derecho es el plato de sopa. Se perdió lo que habían enseñado por tantos años Perón y Evita que era que el derecho al trabajo es el único derecho del hombre, el mejor, el más importante.

-¿Cómo describirías al presidente Alberto Fernández?

-Alberto Fernández es un hombre que estudió mucho en la universidad argentina, que leyó muchos libros pero que nunca se embarró, que nunca vio a un pobre de cerca porque nunca fue a una villa. Alberto Fernández se creyó que los votos eran de él y se olvidó que los votos son de Cristina. Larreta hizo su campaña política diciéndole que sí a todo a él, con esa cara de boludo que pone Larreta y sale a la puerta y hace lo que se le canta, le hizo la campaña el presidente porque quiere quedar bien con todos y no se puede quedar bien con todos. O con Dios o con el Diablo.

-¿Y a Cristina Kirchner?

-Cristina es lo mejor que tenemos porque tiene mucha habilidad política, conoce mucho, sabe mucho. El discurso que hizo en Honduras fue premonitorio y con tanta claridad. Cuando dijo que la plata de la droga se lava en los Bancos yo me quedé helada, dije esta mina se arriesga. Y Xiomara es una mujer muy valiente, la conozco desde antes de asumir porque trabajamos mucho con las madres de Honduras. Le va a costar un montón, no se la van a hacer fácil porque para eso están los lobos ahí esperando. Lo mismo está pasando en Bolivia, todo lo que le está pasando a Evo, le pegan y le pegan y le pegan.

-Fue un gran triunfo haber recuperado Bolivia

-Y, lo que pasó con Bolivia no se la esperaban. Ellos pensaban matarlo a Evo, ahí el presidente estuvo bien, hay que sacarse el sombrero, lo fue a buscar, lo amparó, lo trajo, pero no se copió en nada de lo que piensa Evo.

-¿Qué dirías de Néstor Kirchner?

-Bueno, Néstor dijo que era nuestro hijo así que opino de él lo que opino de mis hijos, lo amamos, no puedo hablar él, perdimos algo único –hace una larga pausa- le dio a la juventud la pauta para que hagan política. La verdad es una maravilla lo que hizo. Sabes que yo no lo quería y había dicho que él era la misma mierda que Duhalde y que Menem y cuando ganó, como a los diez días, me llama –deja de hablar, respira profundo, mira hacia arriba, llora- me llama Fidel y me dice: “Hebe, qué pasa que no lo apoyas a este hombre, es un diamante”. Y bueno, ahí empecé a ver que tenía razón, le pedimos una entrevista con periodistas y le fuimos a pedir perdón las Madres, le dijimos que nos habíamos equivocado. Y ahí nos hicimos amigos, amigos de querernos mucho.

-¿Y Fidel Castro?

-Fidel es el gran patriota, el tipo que nos enseñó todo, que habló de cosas que no hablaba nadie, cuando nadie hablaba. Que le dio bola a la economía, que se enfrentó a los yanquis y que se banco todo. El gran hombre de Latinoamérica y creo que del mundo entero. Además cuando vos ves cómo hicieron la revolución, padeciendo y sufriendo.

-¿Mauricio Macri?

-Macri es una rata, no es un político. Las ratas no me gustan.

-¿Javier Milei?

-Ellos son la cola de la serpiente, son grandes sirvientes de Estados Unidos.

-¿Sergio Massa?

-Massa es muy peligroso porque come puchero pero eructa pollo.

-¿Horacio Rodríguez Larreta?

-Larreta no es tan boludo como la cara que pone pero es un sirviente de los yanquis.

-¿Cómo caracterizas al neoliberalismo hoy?

-El neoliberalismo es la opresión de yanquilandia, Estados Unidos es el país que mató más gente, invadió más pueblo, que tiró más bombas y nadie le reclama nada. Quién le reclama por las bombas que tiró en Nagasaki e Hiroshima, quién le reclama por todos los países que invadió, quién le reclama que mató a Sadam Husein y después dijo ¡Ay, de verdad no tenía la bomba atómica! Pero ya lo habían matado. Yo estuve en Irak, estuve ahí y vi lo que era ese país hermoso, con una pelea bárbara porque sacaban el petróleo y no les traían lo que habían negociado que eran cosas para los hospitales. Y así también operan en Cuba, en Venezuela, lo que nos está pasando a nosotros. Ahora se hace el macho cabrío el presidente que dice ¡Ay sí, estoy con los rusos, estoy con los chinos! Pero está con la soga al cogote con el Fondo Monetario. Como Estados Unidos no hay ninguno, tiene una voracidad que nada le alcanza porque ellos precisan todo, el litio, el petróleo, el gas, amenazan con bombas, con misiles.

Hebe recuerda su infancia y cuenta que su papá trabajaba de seis de la mañana a once y media y de una a cinco de la tarde. Tenía que trabajar como un burro, hacer sombreros, amasar el amasijo para ganar apenas para comer. Luego, relata uno de sus viajes: “Yo fui a la guerra de Yugoslavia para acompañar a las mujeres que iban a cuidar el puente, porque era lo único que las mantenía con acceso a la comida. Esas mujeres estaban solas, se vestían de novia a la noche, iban con sus hijos en los carritos a cuidar el puente y los tipos bombardeaban con misiles. En la guerra, aprendes hasta dónde se arriesga un pueblo por defender lo suyo y hasta dónde son capaces de hacer los yanquis”.

la postura de Hebe frente a la deuda externa.

-¿Cuál de todos tus viajes te marcó más?

-De todos los viajes siempre aprendí porque yo soy muy fanática, me gusta ver todo, no me importa si como, si no como, si me dan una buena cama, no me interesa. Lo más importante es lo que vamos a hacer y lo que aprendemos. Te hace ver un montón de cosas, de injusticias y cómo los pueblos sufren. Las mujeres de Irak cuidaban a sus niños al borde de la cama porque les habían dejado mucho uranio en la tierra y todo lo que comían los enfermaba y se morían, 15 niños por día se morían por las bombas de los Estados Unidos y la última bomba, la peor de todas, ellos tenían un refugio antiaéreo para los niños, médicos y maestros, para 600 personas, lo habían hecho los ingenieros finlandeses y les vendieron a los yanquis por dónde podían tirar el misil, así que en uno de los segundos bombardeos quemaron vivas a 600 personas. Fui al museo. La señora que lo cuidaba había dejado a sus nueve hijos ahí para ir a su casa a lavar la ropa y cuando volvió no estaba más nada, una cosa espantosa. Me mostraron todo, también cómo se llevan el petróleo y no les traen lo que acuerdan a cambio. Vas viendo a los yanquis desde otro lugar, no del que te muestran. Les deseo todo el mal del mundo.

-¿Qué caracterización haces de los derechos humanos en argentina hoy?

-Se banalizaron mucho los derechos humanos y la vida de los desaparecidos pasó a ser 265.000 dólares, los yanquis le pusieron precio. Y esa plata te la dan por tu hijo muerto, no por un desaparecido. Ahí se vendieron un montón, todo el mundo fue a cobrar. Nuestros hijos no valen plata, no hay plata para pagar la vida de ninguna persona, ni hija, ni hijo, ni muchacho, ni muchacha, ni trabajador, no hay plata para pagarla. Así que rechazamos la reparación económica que eran 265.000 dólares por cada hijo. Y rechazamos los cadáveres también, las madres no queremos cadáveres. Nuestros hijos no están muertos porque nadie nos dijo quién los mató y nuestros hijos e hijas, que hicieron tanto sacrificio, nos dijeron algo muy importante: mientras haya uno sólo que levante nuestras banderas, nosotros no vamos a morir, y ese es el compromiso que tengo y hay tantos que levantan sus banderas que ellos van a vivir para siempre. No hay que tener miedo a la palabra revolución, no es una transformación es una revolución. Pedir por los 30.000 es no corar la reparación, es no aceptar un cadáver, es no buscar un pedazo de cuerpo para que vos lo entierres y le vayan a poner una flor, es no aceptar lo que hizo la Conadep y hacer esa mierda que hicieron al borde del Río con los 8000 que dicen ellos. ¿Y los otros dónde están?

-¿Cómo sigue la agenda de los derechos humanos?

-Yo no hablo de derechos humanos, hablo de derecho a la vida. Es difícil porque el peor enemigo que tenemos, que aparentemente no usa fusiles tiene otra manera de fusilarte que es con el fondo, con la deuda. Te matan de hambre, te matan con la droga, porque la droga también la traen los yanquis. Y los pibes que se drogan, nosotros somos responsables de no haberles dado una oportunidad. Yo por eso armé comunidades para ayudar al barrio y fueron entendiendo muy bien. Cada comunidad hace su trabajo y compran carne, pollo, para que coman en su casa pero es una aguja en un pajar. Y no me gusta ir, no me conocen en ningún lado, yo no voy porque los que van a caretear a mí me parece de cuarta. A mí no me gusta que la gente me agradezca lo que hago porque entonces deja de ser solidaridad, la solidaridad bien entendida es esa, eso me lo enseñaron mis hijos, la solidaridad y la lealtad para ellos era lo importante. Por eso lo de Máximo fue tan bueno ahora, mostró una cosa que estaba perdida que es la lealtad en la política, fue un ejemplo para la juventud porque es como un cimbronazo, alguien dice algo. Todos decían no sé si era el momento oportuno ¿Y cuál va a ser el momento? Cuando se vaya el fondo no, el momento es ahora. Lo que pasa es que hay que jugarse como se jugó él.

-¿Cómo imaginas un nuevo bloque regional en América Latina?

-Creo que es Latinoamérica unida, no sé qué países, porque Colombia siempre ha tenido presidentes de mierda, horribles, han matado gente a montones, no puede surgir ningún movimiento porque a todos los matan, todos países que se quieren liberar y no los dejan, porque Colombia tiene una guerrilla interesante pero están aislados y cada vez que los encuentran los matan como perros. Venezuela, Ecuador, los países se quieren liberar y no pueden. Perú, lo que les está costando, sacan uno ponen otro, los peruanos pobres lo que han sufrido, las mujeres peruanas lo que han sufrido. Todos están tambaleantes, en Venezuela peleando Maduro contra todos. Todos creían que Maduro manejaba colectivos nada más, pero sabes cómo lo tenía Chávez al lado de él. Yo estuve mucho con Chávez así que lo conocí muy bien y Maduro aprendía todos los días con él. Y los yanquis que te meten la OEA y cuando no es la OEA cualquier otra cosa que inventan, la Fundación Ford. Uy, madre mía, los organismos todos cobran de la Fundación Ford, nosotras no, los echamos desde la escalera nomás el día que vinieron. Eso también te pudre porque te compromete. Lo único que yo tengo es la palabra y no la voy a vender por nada. Si me cuesta tener la Universidad que no sale, y bueno, yo no estoy dispuesta a cambiar lo que digo por una Universidad porque me parece que hay muchísima gente que nos sigue y no voy a hacer semejante disparate.

-¿En qué situación está la Universidad?

-Está mal, no está bien organizada, nos está costando un montón porque nosotras la queremos pasar de Instituto a Universidad y ahora Massa presento las dos de él, había seis para presentar y quedamos afuera. Pero yo sé que no les gusta lo que digo y bueno, si el costo es no tener la Universidad como yo quiero estoy dispuesta a pagarlo. Una Universidad no vale la palabra, no vale lo que una ha conseguido en 45 años, no la voy a rematar.

-¿Qué anécdota de tu vida política te gustaría compartir?

-Yo estaba en Venezuela y me dicen que Chávez que todavía no era presidente, me quería dar un premio. No, le dije, yo de un milico no agarro un premio ni loca, me fui del país. Él se quedó mal y me llamó: “me dijeron que usted no me quiere y porque soy milico no quiere recibir un premio”. Estaban las elecciones, salió presidente, me llama nuevamente y me dice “bueno, ahora soy el presidente si usted me acepta yo le pagaría el viaje y le voy a contar por qué me hice militar”. No le contesté ni sí, ni no. Le dije gracias, voy a ver. Me volvió a llamar y fui. Me contó que él se había hecho militar porque quería jugar béisbol, entonces pensó en ir a una escuela militar mientras hacía el secundario y así poder entrenar. Cuando llegó no lo dejaron en la ciudad, lo mandaron a la montaña y en la montaña, como le gustaba mucho la electricidad se armó una radio y lo primero que escuchó fue un discurso de Fidel. Entonces se la pasaba escuchando Cuba, en vez de prepararse como militar se preparó con lo que decía Fidel. Nos hicimos re amigos, vino a la casa de la Madres varias veces, a la Universidad, me invitó a todo lo que hacían, me dieron Honoris Causa y le dio a Venezuela dignidad. Fui a conocer la reserva revolucionaria del movimiento y la verdad que tenían de todo, escuelas, trabajo político extraordinario.

Hebe toma el ejemplar de su biografía “Los caminos de la Vida” de Ulises Gorini, repasa sus páginas y cuenta que se presentará dentro de muy poco en Ensenada. Luego camina hacia el hall de entrada, se para frente a la biblioteca y toma una pequeña caja de madera, la abre y en su interior las fotos blanco y negro en miniatura, que retratan su historia en el libro, se despliegan.

-Me parece maravilloso el trabajo que hacen –dice, mientras cierra la caja con cuidado- es un trabajo revolucionario, popular, realmente comprometido y que ojalá mucha gente copiara y no tuviera tanta pretensión de que todo tiene que salir por la televisión. Si querés educación apagá la televisión.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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