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Entrevista

EXCLUSIVO: última entrevista a Hebe de Bonafini para EL ARGENTINO

La titular de Madres de Plaza de Mayo recibió en exclusiva a Laura Bitto en su casa en el mes de febrero.

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Fotos: Eloísa Molina
Video: Máximo Paredes

Hebe asoma la cabeza por la puerta y mira hacia el pasillo.


-Pasen, está todo abierto –dice.
La casa está rodeada de plantas y flores, infinitos tonos de verde llenan de vida el jardín exultante.
-Me gusta comer con flores, por eso las tengo ahí, son de mi jardín –cuenta mientras señala un pequeño florero con pétalos de colores en el centro de la mesa.
Hebe de Bonafini se sienta en un sillón de mimbre, toma el pañuelo blanco entre sus manos, lo acomoda sobre su cabeza, une las puntas con un lazo bajo su mentón, con ojos de mar y profunda mirada.

la postura de Hebe frente a la deuda externa.

-¿Qué pensás del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?

-Nosotras desde hace muchísimos años que decimos que no hay que pagarle al Fondo, pero ahora con más razón porque esta deuda fue una estafa de Macri que si se paga es con el sacrificio del pueblo. El trabajo de las Madres es mirar a quién perjudica el pago de la deuda. Porque siempre les cae a los que menos tienen. Yo, no pagaría, que al Fondo le pague Macri. Ellos se la prestaron sin pedir permiso, hicieron un negocio con él, le pagaron eso para que gane las elecciones y perdió. Entonces me parece un disparate que nosotros paguemos. Dijeron que no iba a haber ningún aumento, ya hay aumentos. Vinieron 120 personas con el Fondo a espiarnos, a controlarnos, están instaladas en nuestro país, pisando nuestro suelo.

-El Presidente anunció junto con Fernanda Raverta el aumento de las jubilaciones ¿qué te parece la medida?

-Ese aumento del 12,28% es un cachetazo. Porque 3.000 pesos, con lo que vale cualquier cosa que compres o medicamento que no te paga Pami no alcanzan para nada, me parece vergonzoso. Un kilo de cualquier carne, un pedacito de queso, una exageración para comer un pobre porque el pobre por qué va a comer carne, por qué va a comer queso, que coma otra cosa. Lo que me aterra es que en los cuatro años de Macri y los dos de este Gobierno se encargaron de que la gente pase hambre, los compañeros, durante seis años están acostumbrados y creen que su único derecho es el plato de sopa y la bolsa de comida. Odio los merenderos y los comedores, me parece una cosa tristísima para los pobres, andar haciendo cola para comer. Los compañeros creen que su único derecho es el plato de sopa. Se perdió lo que habían enseñado por tantos años Perón y Evita que era que el derecho al trabajo es el único derecho del hombre, el mejor, el más importante.

-¿Cómo describirías al presidente Alberto Fernández?

-Alberto Fernández es un hombre que estudió mucho en la universidad argentina, que leyó muchos libros pero que nunca se embarró, que nunca vio a un pobre de cerca porque nunca fue a una villa. Alberto Fernández se creyó que los votos eran de él y se olvidó que los votos son de Cristina. Larreta hizo su campaña política diciéndole que sí a todo a él, con esa cara de boludo que pone Larreta y sale a la puerta y hace lo que se le canta, le hizo la campaña el presidente porque quiere quedar bien con todos y no se puede quedar bien con todos. O con Dios o con el Diablo.

-¿Y a Cristina Kirchner?

-Cristina es lo mejor que tenemos porque tiene mucha habilidad política, conoce mucho, sabe mucho. El discurso que hizo en Honduras fue premonitorio y con tanta claridad. Cuando dijo que la plata de la droga se lava en los Bancos yo me quedé helada, dije esta mina se arriesga. Y Xiomara es una mujer muy valiente, la conozco desde antes de asumir porque trabajamos mucho con las madres de Honduras. Le va a costar un montón, no se la van a hacer fácil porque para eso están los lobos ahí esperando. Lo mismo está pasando en Bolivia, todo lo que le está pasando a Evo, le pegan y le pegan y le pegan.

-Fue un gran triunfo haber recuperado Bolivia

-Y, lo que pasó con Bolivia no se la esperaban. Ellos pensaban matarlo a Evo, ahí el presidente estuvo bien, hay que sacarse el sombrero, lo fue a buscar, lo amparó, lo trajo, pero no se copió en nada de lo que piensa Evo.

-¿Qué dirías de Néstor Kirchner?

-Bueno, Néstor dijo que era nuestro hijo así que opino de él lo que opino de mis hijos, lo amamos, no puedo hablar él, perdimos algo único –hace una larga pausa- le dio a la juventud la pauta para que hagan política. La verdad es una maravilla lo que hizo. Sabes que yo no lo quería y había dicho que él era la misma mierda que Duhalde y que Menem y cuando ganó, como a los diez días, me llama –deja de hablar, respira profundo, mira hacia arriba, llora- me llama Fidel y me dice: “Hebe, qué pasa que no lo apoyas a este hombre, es un diamante”. Y bueno, ahí empecé a ver que tenía razón, le pedimos una entrevista con periodistas y le fuimos a pedir perdón las Madres, le dijimos que nos habíamos equivocado. Y ahí nos hicimos amigos, amigos de querernos mucho.

-¿Y Fidel Castro?

-Fidel es el gran patriota, el tipo que nos enseñó todo, que habló de cosas que no hablaba nadie, cuando nadie hablaba. Que le dio bola a la economía, que se enfrentó a los yanquis y que se banco todo. El gran hombre de Latinoamérica y creo que del mundo entero. Además cuando vos ves cómo hicieron la revolución, padeciendo y sufriendo.

-¿Mauricio Macri?

-Macri es una rata, no es un político. Las ratas no me gustan.

-¿Javier Milei?

-Ellos son la cola de la serpiente, son grandes sirvientes de Estados Unidos.

-¿Sergio Massa?

-Massa es muy peligroso porque come puchero pero eructa pollo.

-¿Horacio Rodríguez Larreta?

-Larreta no es tan boludo como la cara que pone pero es un sirviente de los yanquis.

-¿Cómo caracterizas al neoliberalismo hoy?

-El neoliberalismo es la opresión de yanquilandia, Estados Unidos es el país que mató más gente, invadió más pueblo, que tiró más bombas y nadie le reclama nada. Quién le reclama por las bombas que tiró en Nagasaki e Hiroshima, quién le reclama por todos los países que invadió, quién le reclama que mató a Sadam Husein y después dijo ¡Ay, de verdad no tenía la bomba atómica! Pero ya lo habían matado. Yo estuve en Irak, estuve ahí y vi lo que era ese país hermoso, con una pelea bárbara porque sacaban el petróleo y no les traían lo que habían negociado que eran cosas para los hospitales. Y así también operan en Cuba, en Venezuela, lo que nos está pasando a nosotros. Ahora se hace el macho cabrío el presidente que dice ¡Ay sí, estoy con los rusos, estoy con los chinos! Pero está con la soga al cogote con el Fondo Monetario. Como Estados Unidos no hay ninguno, tiene una voracidad que nada le alcanza porque ellos precisan todo, el litio, el petróleo, el gas, amenazan con bombas, con misiles.

Hebe recuerda su infancia y cuenta que su papá trabajaba de seis de la mañana a once y media y de una a cinco de la tarde. Tenía que trabajar como un burro, hacer sombreros, amasar el amasijo para ganar apenas para comer. Luego, relata uno de sus viajes: “Yo fui a la guerra de Yugoslavia para acompañar a las mujeres que iban a cuidar el puente, porque era lo único que las mantenía con acceso a la comida. Esas mujeres estaban solas, se vestían de novia a la noche, iban con sus hijos en los carritos a cuidar el puente y los tipos bombardeaban con misiles. En la guerra, aprendes hasta dónde se arriesga un pueblo por defender lo suyo y hasta dónde son capaces de hacer los yanquis”.

la postura de Hebe frente a la deuda externa.

-¿Cuál de todos tus viajes te marcó más?

-De todos los viajes siempre aprendí porque yo soy muy fanática, me gusta ver todo, no me importa si como, si no como, si me dan una buena cama, no me interesa. Lo más importante es lo que vamos a hacer y lo que aprendemos. Te hace ver un montón de cosas, de injusticias y cómo los pueblos sufren. Las mujeres de Irak cuidaban a sus niños al borde de la cama porque les habían dejado mucho uranio en la tierra y todo lo que comían los enfermaba y se morían, 15 niños por día se morían por las bombas de los Estados Unidos y la última bomba, la peor de todas, ellos tenían un refugio antiaéreo para los niños, médicos y maestros, para 600 personas, lo habían hecho los ingenieros finlandeses y les vendieron a los yanquis por dónde podían tirar el misil, así que en uno de los segundos bombardeos quemaron vivas a 600 personas. Fui al museo. La señora que lo cuidaba había dejado a sus nueve hijos ahí para ir a su casa a lavar la ropa y cuando volvió no estaba más nada, una cosa espantosa. Me mostraron todo, también cómo se llevan el petróleo y no les traen lo que acuerdan a cambio. Vas viendo a los yanquis desde otro lugar, no del que te muestran. Les deseo todo el mal del mundo.

-¿Qué caracterización haces de los derechos humanos en argentina hoy?

-Se banalizaron mucho los derechos humanos y la vida de los desaparecidos pasó a ser 265.000 dólares, los yanquis le pusieron precio. Y esa plata te la dan por tu hijo muerto, no por un desaparecido. Ahí se vendieron un montón, todo el mundo fue a cobrar. Nuestros hijos no valen plata, no hay plata para pagar la vida de ninguna persona, ni hija, ni hijo, ni muchacho, ni muchacha, ni trabajador, no hay plata para pagarla. Así que rechazamos la reparación económica que eran 265.000 dólares por cada hijo. Y rechazamos los cadáveres también, las madres no queremos cadáveres. Nuestros hijos no están muertos porque nadie nos dijo quién los mató y nuestros hijos e hijas, que hicieron tanto sacrificio, nos dijeron algo muy importante: mientras haya uno sólo que levante nuestras banderas, nosotros no vamos a morir, y ese es el compromiso que tengo y hay tantos que levantan sus banderas que ellos van a vivir para siempre. No hay que tener miedo a la palabra revolución, no es una transformación es una revolución. Pedir por los 30.000 es no corar la reparación, es no aceptar un cadáver, es no buscar un pedazo de cuerpo para que vos lo entierres y le vayan a poner una flor, es no aceptar lo que hizo la Conadep y hacer esa mierda que hicieron al borde del Río con los 8000 que dicen ellos. ¿Y los otros dónde están?

-¿Cómo sigue la agenda de los derechos humanos?

-Yo no hablo de derechos humanos, hablo de derecho a la vida. Es difícil porque el peor enemigo que tenemos, que aparentemente no usa fusiles tiene otra manera de fusilarte que es con el fondo, con la deuda. Te matan de hambre, te matan con la droga, porque la droga también la traen los yanquis. Y los pibes que se drogan, nosotros somos responsables de no haberles dado una oportunidad. Yo por eso armé comunidades para ayudar al barrio y fueron entendiendo muy bien. Cada comunidad hace su trabajo y compran carne, pollo, para que coman en su casa pero es una aguja en un pajar. Y no me gusta ir, no me conocen en ningún lado, yo no voy porque los que van a caretear a mí me parece de cuarta. A mí no me gusta que la gente me agradezca lo que hago porque entonces deja de ser solidaridad, la solidaridad bien entendida es esa, eso me lo enseñaron mis hijos, la solidaridad y la lealtad para ellos era lo importante. Por eso lo de Máximo fue tan bueno ahora, mostró una cosa que estaba perdida que es la lealtad en la política, fue un ejemplo para la juventud porque es como un cimbronazo, alguien dice algo. Todos decían no sé si era el momento oportuno ¿Y cuál va a ser el momento? Cuando se vaya el fondo no, el momento es ahora. Lo que pasa es que hay que jugarse como se jugó él.

-¿Cómo imaginas un nuevo bloque regional en América Latina?

-Creo que es Latinoamérica unida, no sé qué países, porque Colombia siempre ha tenido presidentes de mierda, horribles, han matado gente a montones, no puede surgir ningún movimiento porque a todos los matan, todos países que se quieren liberar y no los dejan, porque Colombia tiene una guerrilla interesante pero están aislados y cada vez que los encuentran los matan como perros. Venezuela, Ecuador, los países se quieren liberar y no pueden. Perú, lo que les está costando, sacan uno ponen otro, los peruanos pobres lo que han sufrido, las mujeres peruanas lo que han sufrido. Todos están tambaleantes, en Venezuela peleando Maduro contra todos. Todos creían que Maduro manejaba colectivos nada más, pero sabes cómo lo tenía Chávez al lado de él. Yo estuve mucho con Chávez así que lo conocí muy bien y Maduro aprendía todos los días con él. Y los yanquis que te meten la OEA y cuando no es la OEA cualquier otra cosa que inventan, la Fundación Ford. Uy, madre mía, los organismos todos cobran de la Fundación Ford, nosotras no, los echamos desde la escalera nomás el día que vinieron. Eso también te pudre porque te compromete. Lo único que yo tengo es la palabra y no la voy a vender por nada. Si me cuesta tener la Universidad que no sale, y bueno, yo no estoy dispuesta a cambiar lo que digo por una Universidad porque me parece que hay muchísima gente que nos sigue y no voy a hacer semejante disparate.

-¿En qué situación está la Universidad?

-Está mal, no está bien organizada, nos está costando un montón porque nosotras la queremos pasar de Instituto a Universidad y ahora Massa presento las dos de él, había seis para presentar y quedamos afuera. Pero yo sé que no les gusta lo que digo y bueno, si el costo es no tener la Universidad como yo quiero estoy dispuesta a pagarlo. Una Universidad no vale la palabra, no vale lo que una ha conseguido en 45 años, no la voy a rematar.

-¿Qué anécdota de tu vida política te gustaría compartir?

-Yo estaba en Venezuela y me dicen que Chávez que todavía no era presidente, me quería dar un premio. No, le dije, yo de un milico no agarro un premio ni loca, me fui del país. Él se quedó mal y me llamó: “me dijeron que usted no me quiere y porque soy milico no quiere recibir un premio”. Estaban las elecciones, salió presidente, me llama nuevamente y me dice “bueno, ahora soy el presidente si usted me acepta yo le pagaría el viaje y le voy a contar por qué me hice militar”. No le contesté ni sí, ni no. Le dije gracias, voy a ver. Me volvió a llamar y fui. Me contó que él se había hecho militar porque quería jugar béisbol, entonces pensó en ir a una escuela militar mientras hacía el secundario y así poder entrenar. Cuando llegó no lo dejaron en la ciudad, lo mandaron a la montaña y en la montaña, como le gustaba mucho la electricidad se armó una radio y lo primero que escuchó fue un discurso de Fidel. Entonces se la pasaba escuchando Cuba, en vez de prepararse como militar se preparó con lo que decía Fidel. Nos hicimos re amigos, vino a la casa de la Madres varias veces, a la Universidad, me invitó a todo lo que hacían, me dieron Honoris Causa y le dio a Venezuela dignidad. Fui a conocer la reserva revolucionaria del movimiento y la verdad que tenían de todo, escuelas, trabajo político extraordinario.

Hebe toma el ejemplar de su biografía “Los caminos de la Vida” de Ulises Gorini, repasa sus páginas y cuenta que se presentará dentro de muy poco en Ensenada. Luego camina hacia el hall de entrada, se para frente a la biblioteca y toma una pequeña caja de madera, la abre y en su interior las fotos blanco y negro en miniatura, que retratan su historia en el libro, se despliegan.

-Me parece maravilloso el trabajo que hacen –dice, mientras cierra la caja con cuidado- es un trabajo revolucionario, popular, realmente comprometido y que ojalá mucha gente copiara y no tuviera tanta pretensión de que todo tiene que salir por la televisión. Si querés educación apagá la televisión.

Entrevista

“Rezamos cada mañana para no dormir en la calle”: huyó de la violencia machista en Argentina y denuncia abandono en España

Valeria De Bernardinis habló con El Argentino sobre la violencia que la obligó a huir del país junto a sus hijos. Hace siete años viven en España entre la precariedad, las secuelas psicológicas y el temor de quedar en la calle, mientras reclaman ayuda urgente del consulado argentino y que la Justicia los reconozca como víctimas para acceder a derechos básicos.

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Vivimos el día a día, prácticamente no tenemos para comer. Rezamos cada mañana para no dormir en la calle esa misma noche”. La frase sale de la boca de Valeria De Bernardinis, pero atraviesa a toda la familia. «Hace 7 años y 145 días» vive en España junto a sus dos hijos menores -hoy 16 y 19 años-, uno de ellos con autismo severo y el otro diagnosticado con trastorno por estrés postraumático. Escaparon de Argentina después de años de violencia extrema, amenazas y denuncias que -asegura- nunca lograron protegerlos del todo.

Hoy, lejos de encontrar tranquilidad, dice sentirse nuevamente abandonada. “El consulado argentino nos ha abandonado literalmente”, denuncia, al tiempo que reclama una vivienda urgente, la restitución de la pensión por discapacidad de uno de sus hijos -suspendida desde febrero- y que la Justicia española finalmente los reconozca a los tres como víctimas de violencia machista, condición que les permitiría acceder a asistencia económica, programas habitacionales y derechos básicos. 

Un botón antipánico y 148 denuncias

La historia que hoy la tiene al borde de quedar en la calle comenzó mucho antes de España. Valeria ya era madre de un hijo de 11 años de un matrimonio anterior cuando conoció a Dionisio Ruiz Díaz a comienzos de los 2000. “Él lo quería más que a sus propios hijos”, recuerda con angustia.

Al principio, la violencia fue silenciosa: “Me fue apartando de mis amistades, de todo mi entorno. Me hacía creer que sin él yo no era nadie”. Después llegaron los golpes: “Perdí cinco embarazos por las palizas”. Durante años ocultó la violencia incluso frente a médicos y conocidos. “Decía que me había caído o golpeado con una puerta”, y confiesa que sentía «vergüenza«. 

Valeria asegura que convivió durante años con miedo constante. En octubre de 2016 consiguió una perimetral y fue una de las primeras mujeres de Almirante Brown en recibir un botón antipánico. “A mí ese botón me salvó la vida”, asegura.

Pero ni las denuncias ni las restricciones alcanzaron para frenar a su agresor. Según relata, violentaba las órdenes de alejamiento y vigilaba la vivienda permanentemente. Valeria llegó a realizar “59 denuncias en lo civil y 89 en lo penal”. El episodio que terminó de quebrarlo todo ocurrió una semana antes de viajar a España. Según cuenta, su expareja intentó incendiar la casa familiar de Claypole mientras ella y los chicos estaban adentro: “Escondí a mis hijos debajo de la cama y pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”. 

Asimismo, cuenta que la policía llegó después de la activación del botón antipánico y que el hombre «fue detenido con un bidón de combustible en la mano». Sin embargo, horas después recuperó la libertad: “Me dijeron que cuando llegara a mi casa avisara para poder soltarlo”.

Dormían todos juntos en el comedor mientras patrulleros vigilaban la casa durante la noche. Para llevar a su hijo a las terapias necesitaba custodia policial. “A cada hora me llamaban para ver si seguía viva”.

Cabe señalar que la historia de Valeria refleja una problemática estructural que se repite en muchos casos de violencia de género: mujeres que denuncian durante años y aun así continúan expuestas a situaciones extremas. Según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, durante 2025 hubo 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina: un femicidio cada 33 horas. 

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

En esta misma línea, la Asociación Civil “Ahora que sí nos ven” registra que entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2026 hubo 80 víctimas fatales de violencia de género: un femicidio cada 36 horas. Casi el 20% de esas mujeres había denunciado previamente y en el 70% de los casos los agresores eran parejas o exparejas.

“Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”

Después de aquél episodio, escapar fue la única alternativa posible. Valeria consiguió la autorización del padre para sacar legalmente a los chicos del país, vendió su casa y armó las valijas de madrugada. “Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”, confiesa.

El refugio apareció a través de Facebook. Una familia española le ofreció alojamiento después de conocer su historia. Pero cuando llegó, asegura, todo fue distinto: “Me usaron”.

Según relata, le quitaron dinero, contactos y documentación y, cuando “se acabó el dinero”, los echaron de la casa en plena pandemia. “Dormíamos en el piso y nos tapábamos con nuestra propia ropa”.

Durante estos años distintas asociaciones y personas particulares les brindaron ayuda. Pero con el tiempo -dice- muchos terminaron alejándose por el desgaste emocional y económico que implicaba sostener una situación tan prolongada. La sensación de haber cometido un error la acompañó desde el comienzo: “Sentí que había cometido el peor error de mi vida”.

El miedo siguió en España

Los hijos de Valeria llegaron a España siendo apenas chicos. Tenían 9 y 11 años. Atrás habían quedado las denuncias, los patrulleros y la violencia cotidiana. Pero el miedo -asegura- nunca desapareció del todo.

El menor fue diagnosticado con un grave trastorno por estrés postraumático. “El desarraigo es enorme. Mi hijo extraña a su hermano mayor, que se quedó en Argentina, y no puede con todo lo que vivimos”, cuenta.

Según relata, las secuelas psicológicas se profundizaron con los años. El menor atravesó situaciones de bullying y discriminación escolar que terminaron afectando seriamente su salud emocional.

Pero lo peor volvió a ocurrir hace tres años. Valeria asegura que su expareja logró encontrarlos en España y secuestró durante varias horas a uno de sus hijos. “Creo que me desmayé cien veces en ese lapso”.

Todavía hoy recuerda esas horas como uno de los momentos más desesperantes de su vida. Para ella, hubo fallas graves que permitieron el ingreso de su agresor al país. “No falló el juez. Falló la policía”.

“No quiero dormir en la calle con mis hijos”

Siete años después de haber escapado de Argentina, Valeria asegura que volvió a sentir el mismo miedo: quedarse sola, sin protección y sin un lugar donde vivir. “La situación es cada vez peor. Vivimos el día a día. Prácticamente no tenemos para comer”, relata.

Hoy reclama que la Justicia española finalmente cierre el expediente y los reconozca formalmente como víctimas de violencia machista, algo que -según denuncia- permanece paralizado desde hace más de siete años en el Juzgado Nº3 de Sant Feliu de Guíxols.

En España, ese reconocimiento puede habilitar el acceso a asistencia económica, programas de vivienda, apoyo psicológico y otras ayudas sociales específicas. “Hasta que no nos reconozcan como víctimas, no podemos acceder a derechos básicos”, explica.

A eso se suma otra urgencia: desde febrero dejó de cobrar la pensión por discapacidad de uno de sus hijos. “Era lo único que me llegaba. Y hasta eso me sacaron”. Valeria asegura haber presentado toda la documentación requerida, incluida la fe de vida ante el consulado argentino en Barcelona, pero afirma que todavía no obtuvo respuestas.

La situación no es aislada. En distintos puntos de Argentina, familias vienen denunciando suspensiones de pensiones por discapacidad, demoras administrativas y falta de respuestas oficiales, en un contexto atravesado por auditorías impulsadas por el Gobierno nacional que alcanzaron a más de 110.000 beneficios durante el último año.

Pero detrás de los expedientes, las auditorías y las demoras administrativas, la urgencia de Valeria y sus hijos es mucho más simple y brutal: sobrevivir. Sin ingresos estables y con miedo constante a quedarse en la calle, intenta sostener a sus hijos como puede. “No quiero dormir en la calle con mis hijos”, repite.

Y aunque el miedo y el agotamiento parecen haber atravesado cada etapa de su vida, hay una ausencia que todavía le duele más que cualquier otra: la de su hijo mayor, que permanece en Argentina y al que no ve desde hace más de siete años. “¿Sabés lo que daría por un abrazo?”, dice con la voz quebrada.

Si queres colaborar con Valeria:

Banco BBVA a nombre de
María Valeria De Bernardinis

“Hoy no sé quién soy”

La historia de Valeria también atraviesa otra búsqueda: la de su identidad. En Argentina, Abuelas de Plaza de Mayo estima que todavía quedan alrededor de 300 hombres y mujeres que podrían haber sido apropiados durante la última dictadura militar y aún desconocen su verdadera identidad. “Yo siempre supe que era adoptada”, cuenta.

Según relata, fue criada por un matrimonio italiano y sufrió violencia durante toda su infancia. “Yo siento que me criaron mis secuestradores”.

Años después, mientras revisaba viejas valijas familiares, encontró partidas de nacimiento y comenzó a investigar sus orígenes. Así fue como Valeria logró descubrir quién era su madre biológica. Se llamaba Teresa Sandoval y trabajaba en una casa de Capital Federal.

Hay toda una historia oscura detrás”, que incluso la llevó a sospechar que pudo haber sido víctima de apropiación ilegal durante la última dictadura militar. “Cuando mi mamá dio a luz, el hijo de esa familia se fue a Israel y la abuela se suicidó. Hay muchas cosas que nunca pude entender”. Hoy, sigue buscando respuestas: “No sé quién soy”.

Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.

 

 

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