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Trabajadores millonarios como sus patrones: cobrarán bono de 990 mil pesos

Es para los empleados de Bridgestone Argentina, la ex Firestone. El ex delegado negoció que compartieran las ganancias en un momento en el que la empresa quería despedir por las pérdidas de la crisis de 2001 y la patronal aceptó.

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La empresa de neumáticos Bridgestone anunció hoy que abonará la segunda cuota del bono de participación en las ganancias. En total cada trabajador cobrará 990 mil pesos. Este nuevo bono, que ascenderá a 625 mil pesos, se suma a los 365 mil pesos que la empresa ya abonó en febrero.

Pedro Wasiejko, ex titular del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) y quien negoció esta cláusula en 2001, u actual presidente de Astilleros Rio Santiago señaló que si bien la empresa cometió el error de abonar al gremio y a la obra social una cuota que no correspondía por este concepto -ya que el bono es no remunerativo-, la negativa del SUTNA a reembolsar el importe que equivale al 5 % y que en total suma más de 20 millones de pesos que se deberían distribuir entre los trabajadores, retrasó el pago de la segunda cuota, tal como indicó la empresa.

Por último, Wasiejko sostuvo que “la masa salarial en la economía creció 335 por ciento, mientras que los precios subieron 474 por ciento y los beneficios empresariales 523 por ciento. Entre 2020 y 2021 la masa salarial aumentó 42 por ciento, los precios escalaron 52 por ciento y la ganancia empresarial 75 por ciento. De modo que es indispensable que desde el Estado se tomen medidas que permitan una distribución más justa de los ingresos en un contexto de altísima inflación y fuerte deterioro de los ingresos de las y los trabajadores”.

Fue el titular del Astillero quien, como secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA) en el 2001, negoció la cláusula de participacion en las ganancias cuando la empresa planteaba despidos de personal en el contexto de la crisis.

Consumo

Inflación: ¿qué pasó en agosto?

El relevamiento del Banco Central proyectó 1,7% para agosto, pero también registró una contracción de 0,9% en el segundo trimestre y una desocupación de 7,7%.

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Inflación: el alivio fue mínimo y la economía siguió pagando la cuenta

El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central estimó una inflación mensual de 1,7% para agosto, apenas 0,1 puntos porcentuales por debajo de la encuesta anterior. El número ofreció una baja leve, pero el mismo informe mostró el costo del esquema: los analistas calcularon una contracción de 0,9% del Producto Interno Bruto ajustado por estacionalidad durante el segundo trimestre de 2026.

Una desaceleración que no alcanzó para festejar

El octavo REM del año, publicado por el BCRA el 4 de septiembre, ubicó en 1,7% la proyección de inflación para agosto. El grupo de analistas que mejor acertó en relevamientos anteriores, el llamado Top 10, mantuvo la misma estimación. Para la inflación núcleo, el conjunto de participantes también calculó 1,7%, mientras que el Top 10 proyectó 1,6%.

La diferencia con el relevamiento previo resultó tan chica que venderla como una victoria contundente habría sido, cuanto menos, un exceso de entusiasmo. La inflación no desapareció: apenas bajó una décima en la expectativa del mercado. Y el dato oficial de agosto todavía no formaba parte de ese informe, que difundió proyecciones y no una medición definitiva.

El ajuste dejó la actividad en rojo

El contraste apareció en la actividad económica. Los participantes del REM estimaron que el producto se contrajo 0,9% en el segundo trimestre de 2026, una proyección que empeoró en 0,5 puntos porcentuales respecto del relevamiento anterior. Para el tercer trimestre proyectaron una mejora de 1,1% y para el cuarto, un crecimiento de 1,3%.

El promedio anual tampoco salió ileso. El mercado esperaba que el PIB real de 2026 quedara 2,1% por encima del promedio de 2025, pero recortó esa previsión en 0,6 puntos porcentuales. El Top 10 calculó una expansión de 2,2%, también menor que la estimada previamente.

La contradicción quedó expuesta: el programa podía mostrar una inflación esperada algo menor mientras la economía retrocedía y las previsiones de crecimiento se achicaban. La baja de precios, en ese cuadro, no funcionó como alivio automático para los ingresos, el empleo ni el consumo.

Más superávit, menos margen para la vida cotidiana

En materia laboral, el REM ubicó la desocupación abierta del segundo trimestre en 7,7% de la Población Económicamente Activa y proyectó 7,5% para el cuarto trimestre. El Top 10 calculó 7,6% para ambos períodos. Las cifras describieron un mercado de trabajo que siguió lejos de una mejora contundente.

El relevamiento también proyectó un superávit primario de 15,4 billones de pesos para el Sector Público Nacional no Financiero en 2026, aunque recortó esa estimación en 154.000 millones de pesos frente al informe previo. El Excel celebró el superávit, pero la calle recibió el ajuste en cuotas: menos actividad, empleo frágil y una inflación que todavía siguió corriendo.

El REM no decidió la política económica ni midió por sí mismo el IPC. Reunió las proyecciones de consultoras, entidades financieras y centros de investigación. Por eso, el dato central fue menos épico de lo que podía sugerir una lectura apurada: el mercado esperaba una desaceleración modesta, junto con una recuperación que todavía debía probarse en la economía real.

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