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Consumo

Crisis en la industria textil: despidos masivos y caída en la producción

Pro Tejer advierte que la apertura de las importaciones no reduce precios, pero sí afecta al empleo y la productividad nacional.

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Un informe reciente de la Fundación Pro Tejer reveló un panorama desolador para la industria textil en Argentina. A lo largo del año, la recesión económica ha causado el despido de 10.000 trabajadores, acompañada por el cierre de numerosas pequeñas y medianas empresas (pymes) y comercios dedicados a la venta de indumentaria. Esta cifra, estimada por la fundación, supera la oficial de 7.735 despidos registrada por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en junio, reflejando una crisis profunda en el sector.

El impacto de la caída del consumo y las importaciones

La recesión económica y la caída del poder adquisitivo han golpeado duramente a la industria textil, afectando tanto a los fabricantes como a los comerciantes. Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer, explicó que la ropa es un bien que la gente deja de comprar en tiempos de crisis: «La ropa es un bien que se deja de comprar cuando no tenés plata porque en todo caso seguís usando lo que tenés». Este desplome en el consumo ha llevado a una disminución de la producción y, en consecuencia, a un aumento del costo unitario de los productos, afectando la rentabilidad del sector.

A esto se suma la falsa creencia de que la apertura de las importaciones reduce los precios. Según Pro Tejer, esta dinámica ha profundizado la crisis al reducir la demanda de productos nacionales, afectando especialmente a las pymes. Hoy en día, la relación entre productos nacionales e importados está en un 55% y 45%, aunque se aclara que muchos de los productos importados contienen componentes como hilados que no se fabrican en el país.

Reformas estructurales y el pedido de competencia leal

Jorge Sorabilla, secretario de la Fundación Pro Tejer, afirmó que los empresarios textiles enfrentan costos que no pueden controlar y reclamó reformas estructurales para hacer competitiva a la industria nacional. Sin embargo, lamentó que «como no hay plata, no hay presupuesto para llevarlas a cabo». La volatilidad cambiaria también agrava el problema, ya que las fluctuaciones del tipo de cambio impactan directamente en las ventas, generando incertidumbre en el sector.

Pro Tejer advirtió que la creciente dependencia de las importaciones, lejos de ser más barata para los consumidores, perjudica el empleo y la productividad nacional. Cada vez se fabrican menos telas en el país, lo que afecta directamente a la industria local y su capacidad para competir.

Precios de la ropa vs. inflación

Un tema que ha generado debate es la percepción de que los precios de la ropa han crecido desproporcionadamente. Sin embargo, Pro Tejer cuestionó esta visión, asegurando que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) no refleja con precisión la situación del sector textil. Según la fundación, el índice no discrimina entre productos nacionales e importados ni contempla los cambios en los hábitos de consumo, como el aumento de la venta online o el deterioro del salario real.

Además, Galfione explicó que solo el 8,5% del precio final de una prenda es percibido directamente por la industria textil, mientras que la mayoría de los costos corresponden a impuestos, especialmente en una cadena de producción que involucra varios eslabones y trámites en distintas provincias. Por esta razón, los precios de la ropa han crecido por debajo de la inflación en términos históricos.

Un futuro incierto

La situación económica actual, marcada por políticas macroeconómicas que incluyen un crawling peg del 2% y una inflación que alcanza el 4%, pone en jaque la supervivencia de las industrias textiles en el país. Sin reformas y con una creciente dependencia de las importaciones, la Fundación Pro Tejer teme que el sector textil siga enfrentando un escenario cada vez más desalentador.

Consumo

Los remedios en nuestro país triplican los precios internacionales

Un informe oficial revela que el 90% de los medicamentos de uso frecuente son más caros en Argentina que en el exterior, con un sobreprecio mediano de 3,1 a 1. Frente a India, la brecha trepa a 6,7 veces; frente a España, a 5,3 veces. Los datos surgen de un relevamiento de 17 principios activos esenciales comparados en cinco mercados internacionales.

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En nuestro país se paga, en promedio, más del triple por medicamentos de lo que abonan los ciudadanos de otros países por los mismos principios activos. Así lo revela un informe reservado que circula entre funcionariosla que analizó una canasta de 17 medicamentos de uso frecuente y comparó sus precios de venta al público en farmacias argentinas con los de Brasil, Estados Unidos, Francia, España e India. El resultado es contundente: en el 90% de las comparaciones, Argentina sale perdiendo.

Para garantizar la validez de la comparación y evitar distorsiones por diferencias en el tamaño de los envases o las concentraciones, el estudio adoptó la Dosis Diaria Definida (DDD), la unidad de medida estandarizada recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El sobreprecio mediano registrado fue de 3,1 a 1 frente al conjunto de mercados analizados.

La brecha más brutal: India y España

Las diferencias más pronunciadas se registran frente a India, donde los remedios en Argentina resultan 6,7 veces más caros. Le siguen España, con una brecha de 5,3 veces, y Francia, con 3,4 veces. Incluso frente a Estados Unidos, habitualmente identificado como un mercado de precios elevados, la brecha es de 1,8 veces, y frente a Brasil, de 1,6 veces.

Los datos ilustran con precisión el impacto sobre tres tratamientos crónicos de altísimo consumo popular, que forman parte de la canasta básica de millones de hogares argentinos.

Tres tratamientos que radiografían la crisis

La levotiroxina, utilizada para el tratamiento del hipotiroidismo, es uno de los medicamentos más prescriptos del país. En Argentina, su costo mensual asciende a US$ 19,3, frente a una mediana internacional de apenas US$ 3,1. La dosis diaria local se ubica en US$ 0,644 contra US$ 0,08 en España, US$ 0,14 en Estados Unidos y US$ 0,02 en India. La brecha frente a ese último país es de 26,2 veces.

La atorvastatina, indicada para el control del colesterol, presenta un costo mensual de US$ 43,1 en Argentina contra US$ 8 de mediana internacional. La dosis diaria local cotiza a US$ 1,437, más de cinco veces por encima de los US$ 0,267 de referencia, y más de catorce veces por encima de los US$ 0,10 que cuesta en India.

La metformina, de uso extendido para la diabetes tipo 2, tiene un costo mensual de US$ 26,1 en el país contra US$ 5,3 de mediana. La dosis diaria en farmacias argentinas se ubica en US$ 0,871, frente a US$ 0,55 en Brasil, US$ 0,28 en Estados Unidos, US$ 0,08 en España y US$ 0,07 en India.

El contexto: desregulación como respuesta oficial

Según la información oficial, el diagnóstico que surge del informe sirve de sustento a la estrategia del Gobierno nacional orientada a desregular el mercado farmacéutico, promover la importación directa por parte de las provincias e impulsar la prescripción por nombre genérico para abaratar el acceso a los tratamientos. Como experiencia concreta en ese sentido, el documento menciona la compra de medicamentos a India realizada por la provincia de Mendoza.

Sin embargo, la propuesta de desregulación genera tensiones que el informe no resuelve. La estructura de precios del mercado farmacéutico argentino combina márgenes de distribución y dispensación, patentes, poder de mercado de laboratorios concentrados y ausencia de políticas de acceso efectivas. La importación directa y la genérica son herramientas válidas, pero insuficientes si no van acompañadas de una política de medicamentos esenciales que garantice cobertura universal, advierten desde sectores del campo sanitario público.

La paradoja central que emerge del informe es que los sobreprecios más altos recaen sobre tratamientos crónicos, es decir, sobre los pacientes que más dependen del sistema y que menos pueden prescindir de su medicación. Hipotiroidismo, colesterol alto y diabetes tipo 2 son condiciones que afectan de manera desproporcionada a sectores de menores ingresos, para quienes el gasto en medicamentos representa una proporción significativa de su presupuesto mensual.

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