Consumo
Precios Justos: entre el “cumplimiento” oficial y la realidad
Desde la Secretaría de Comercio se dio cuenta sobre que el programa Precios Justos se cumplen en un 90% y que recibieron 6000 denuncias de consumidores, pero en el semanal relevamiento de EL ARGENTINO se observa como se profundiza el faltante del producto en las góndolas y algunos valores que no se ajustan a los fijados
Por Néstor Llidó
El programa Precios Justos ya lleva dos meses y medio desde su implementación y si bien los valores de los 2.000 productos a los que alcanza no se han modificado en general, el faltante en las góndolas se ha venido profundizando en las últimas semanas y el tema del desabastecimiento de aceite mezcla es cada vez más notorio.
En el relevamiento de EL ARGENTINO de la última semana en locales de las cadenas Coto, Día % y Carrefour Expréss del barrio porteño de Recoleta y la localidad de Ciudadela (partido de Tres de Febrero) volvió a notarse algunos faltantes, sobre todo en aceite mezcla de las marcas Cocinero y Cañuelas, pero también ciertas irregularidades en los precios, con aumentos en fideos Matarazzo (paquete de spaghettis de 500 gramos) y en la leche La Serenísima en su sachet de un litro con 3% de tenor graso.
En tanto, se conoció que la Secretaría de Comercio de la Nación reportó que Precios Justos alcanzó un cumplimiento del 90% en su oferta de productos, mientras que la app recolectó unas 6.000 denuncias sobre posibles infracciones que están siendo investigadas.
Si bien hay un 10% de “margen” en la percepción oficial, en el “territorio” se observa que la situación presenta otros aspectos a revisar, más allá del avance en la señalización del programa en las góndolas. Al respecto, el titular de la asociación Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO), Pedro Bussetti, sostuvo que “en nuestro rol de representantes de los consumidores siempre hemos apoyado de manera crítica estos programas, que arrancan con el déficit de ser acuerdos con los grandes empresarios y dejan afuera a los comercios de proximidad, donde el 70% de la gente hacen sus compras”.
“Con nuestra entidad, relevamos de manera permanente en el partido de La Matanza, notando, entre otras cosas, los faltantes de aceites, producto del boicot empresarial. Esto no es nuevo, lo hemos denunciado y nunca se ha logrado solucionar. Desde 2014 para acá, con la implementación de estos programas de control de precios, nunca se ha logrado solucionar el problema del abastecimiento de aceite, un producto esencial para la canasta básica, que es manejado por unos pocos empresarios”, contó Bussetti a EL ARGENTINO.
En sintonía con lo señalado por las entidades de defensa de los consumidores, en el último relevamiento de EL ARGENTINO se evidenció que las botellas de 900 cc. de aceite mezcla Cocinero o Cañuelas desaparecieron de las góndolas, en algunos locales se puede llegar a conseguir la de la marca Legítima que está en el mismo precio que los fijados en el plan gubernamental.
Además, los spaghettis Matarazzo por 500 gramos que deben costar 189.90 pesos ahora valen 221 y la leche La Serenísima fijada en 215,20 en su sachet de un litro hay que pagarla a 221, debido a que en la oferta solo aparece la del tenor graso del 3%.
Consumo
El sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas
Los datos cruzados del INDEC y del Ministerio de Capital Humano revelan que los salarios perdieron terreno frente a los precios tanto en marzo como en el primer trimestre del año. La brecha acumula presión sobre las familias trabajadoras en un contexto de tarifas disparadas y canasta básica que no cede.
Salarios contra inflación: el poder adquisitivo sigue cayendo y el consumo interno se resiente
★ En marzo de 2026, la inflación registrada por el INDEC fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que publica el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Trabajo, creció apenas un 2,4%. La diferencia, de un punto porcentual, puede parecer menor en términos abstractos, pero se convierte en un deterioro concreto y mensurable para los hogares que dependen de un salario para subsistir.
La tendencia se sostiene al ampliar el horizonte temporal. En el primer trimestre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 9,4%, en tanto que los salarios medidos por el RIPTE avanzaron un 8,6%. Eso significa que, incluso en el período en que el Gobierno anuncia una desaceleración inflacionaria, los ingresos de los trabajadores no logran seguir el ritmo de los precios.
Un deterioro que se acumula sobre otro deterioro
El dato de marzo no emerge en el vacío. Se monta sobre una base salarial ya diezmada por años de ajuste. Desde el inicio de la gestión libertaria de Javier Milei en diciembre de 2023, el esquema de tarifas y precios relativos golpeó con dureza desproporcionada a los sectores de ingresos fijos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios y el transporte público acumularon subas que superaron el 525% desde entonces, con el transporte liderando la escalada con un incremento cercano al 912%.
En ese marco, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró en marzo de 2026 una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%, de acuerdo a datos del propio INDEC. Estas cifras confirman que el alimento sigue siendo el campo donde más se siente la erosión del salario real, aun cuando el índice mensual dé señales de moderación.
El «sueldo disponible» y el efecto sobre el consumo
Más allá del RIPTE, el impacto real sobre las familias se mide en lo que los economistas denominan «salario disponible»: lo que efectivamente queda en el bolsillo luego de cubrir las obligaciones básicas como alquiler, servicios, transporte y alimentación. En la medida en que esas obligaciones fijas crecen más rápido que los ingresos, el margen para el consumo de otros bienes se contrae.
Este es el mecanismo que explica la debilidad del consumo interno. Cuando las familias deben destinar una porción creciente de sus ingresos a gastos no postergables, el gasto en indumentaria, electrodomésticos, esparcimiento y otros rubros se retrae. Ese retroceso se traslada a la cadena productiva, deprimiendo la actividad industrial y comercial y generando un círculo de contracción que las cifras macroeconómicas oficiales tienden a subvalorar.
La discusión sobre el indicador
El Gobierno nacional cuestiona la representatividad del RIPTE como indicador de la evolución salarial, aduciendo limitaciones en su composición. El índice tiene características metodológicas específicas: considera únicamente los puestos de trabajo con una antigüedad mínima de 13 meses, incluye tanto al sector privado como al público nacional, provincial y municipal (solo para las cajas previsionales transferidas al SIPA), y contabiliza exclusivamente los componentes remunerativos hasta el tope imponible para aportes al sistema de seguridad social.
Estas restricciones son reales y deben tenerse en cuenta al interpretar el indicador. Sin embargo, la propia existencia de estas discusiones metodológicas no cancela la tendencia que los datos revelan, y que otros indicadores como el Índice de Salarios del INDEC o los convenios colectivos homologados refuerzan consistentemente: los ingresos de los trabajadores retroceden frente a los precios.
Estanflación como escenario de fondo
Los datos de abril de 2026 agregan otro elemento al diagnóstico. Consultoras como Eco Go y Equilibria proyectaron una desaceleración de la inflación hacia el 2,5% mensual, pero los combustibles presionaron con subas del 10,4%, generando una inercia que neutraliza cualquier alivio puntual en los alimentos. Esta dinámica configura un escenario de estanflación persistente: economía que no crece, precios que no ceden lo suficiente y salarios que no alcanzan.
El panorama es especialmente crítico en un contexto de deuda externa con el FMI que condiciona la política fiscal. El ajuste del gasto público comprometido con el organismo, que en el primer trimestre de 2026 implicó una caída adicional del 5,1% interanual en el gasto primario, reduce la capacidad del Estado de compensar la caída del poder adquisitivo mediante transferencias sociales, jubilaciones actualizadas o políticas de ingresos.
Puntos clave:
– En marzo de 2026, la inflación (3,4%) superó al crecimiento del RIPTE (2,4%), según datos del INDEC y del Ministerio de Capital Humano.
– En el primer trimestre, la brecha se mantuvo: 9,4% de inflación acumulada frente a 8,6% de suba salarial.
– La Canasta Básica Alimentaria registró una variación interanual del 32,8% en marzo de 2026.
– Los servicios y el transporte público acumulan aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023.
– El ajuste del gasto primario cayó un 5,1% adicional en el primer trimestre de 2026, agravando la pérdida de ingresos disponibles.
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