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Consumo

Argentina desregulada: ¿a quién beneficia la desaparición de controles?

La abrupta eliminación de 44 normas impactan en la producción nacional y consumidores.

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El Argentino Diario-Ministerio de Economía.

El Gobierno de Milei, bajo el argumento de promover la «libertad económica», eliminó 44 normas que regulaban precios y el comercio interno, justificando la medida como un paso hacia la modernización. Sin embargo, la decisión generó preocupación entre sectores que ven un impacto negativo en la producción nacional y la protección de los consumidores.

Producción nacional: ¿modernización o abandono?

La eliminación de normativas como el programa «Agropymes Sustentables», el «Plan de Desarrollo Productivo Verde» y la «Unidad Argentina Productiva 2030» plantea interrogantes sobre el respaldo del Estado a los pequeños y medianos productores, quienes ya enfrentan altos costos y baja competitividad en mercados internacionales. Sin un marco regulatorio claro, se teme que la desregulación beneficie a los grandes actores del mercado, dejando en desventaja a las pymes y productores locales.

El Programa Agropymes Sustentables, por ejemplo, apuntaba a fomentar prácticas sostenibles en el agro, un sector clave para el desarrollo económico y la exportación. Su eliminación no solo deja un vacío en el acompañamiento a pequeños productores, sino que también plantea dudas sobre el compromiso del Gobierno con la sostenibilidad ambiental y la diversificación de la matriz productiva.

Consumidores sin defensa frente a abusos del mercado

La desaparición de iniciativas como «Precios Justos» y «Súper Cerca», criticadas por su limitada efectividad, deja a los consumidores sin alternativas frente al aumento de precios en bienes básicos. Según datos de organismos de defensa del consumidor, los precios en alimentos y servicios esenciales han escalado un 20 % en el último trimestre, reflejando una falta de mecanismos para contener abusos de los formadores de precios.

Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, calificó a estas medidas como «restricciones innecesarias» y afirmó que eliminarlas fomenta la competencia. Sin embargo, expertos en economía alertan que el mercado argentino está altamente concentrado, con pocos actores dominantes en sectores clave como alimentos, comunicaciones y transporte. En este contexto, la «competencia» resulta una promesa difícil de cumplir, mientras los consumidores enfrentan subas desmedidas sin herramientas de control.

El peligro de priorizar la desregulación sobre el desarrollo

La eliminación de políticas de planificación, como el Consejo Federal para el Cambio Estructural o las Casas de la Producción, refuerza una visión de corto plazo que prioriza la liberalización sin una estrategia para fomentar el desarrollo productivo. En un país donde la industria nacional aporta un 17 % al PIB, abandonar la planificación estatal podría profundizar la dependencia de importaciones, afectando negativamente la balanza comercial y el empleo.

El desmantelamiento de estas herramientas de intervención económica se presenta como una victoria ideológica del Gobierno, pero a expensas de un equilibrio necesario entre libre mercado y desarrollo sostenible. Sin un Estado que arbitre y regule, la desigualdad entre consumidores, pequeños productores y grandes empresas no hará más que profundizarse.

Las claves de la resolución

  • Se eliminaron normativas clave que protegían a pequeños productores y consumidores frente al abuso de precios.
  • La producción nacional podría quedar en desventaja frente a actores internacionales sin apoyo estatal.
  • Los consumidores enfrentan un mercado concentrado y sin mecanismos efectivos de control de precios.
  • La desregulación prioriza la ideología sobre la sostenibilidad económica y social del país.

Consumo

Comer y los servicios se encarecen en dólares por la apreciación cambiaria, según un informe del IERAL

Un estudio de la Fundación Mediterránea confirmó que la apreciación cambiaria de 2026 frenó en seco el abaratamiento relativo de la Argentina y volvió a encarecer en dólares alimentos, bebidas y servicios personales. Los bienes durables se abarataron por la apertura, pero la factura de la mesa y de los servicios cotiza otra vez caro y el salario lo siente.

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Carrito de compras en un supermercado argentino

El efecto de la apreciación cambiaria se hizo sentir otra vez con crudeza en el bolsillo de los argentinos durante 2026. Los precios de los alimentos y los servicios volvieron a encarecerse en dólares, en una economía que festeja el atraso del tipo de cambio mientras la mesa y los gastos cotidianos se vuelven cada vez más caros frente al mundo.

Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea, que comparó la competitividad local en una canasta de bienes y servicios frente a otros 9 países, expuso la contradicción de fondo: el peso fuerte, que el gobierno muestra como triunfo, le restó competitividad justo a lo que los argentinos consumen todos los días.

La mesa se encarece mientras el gobierno festeja el peso

El quiebre quedó a la vista en los números. En alimentos y bebidas, el país resultó más caro en el 48% de los casos analizados durante agosto, un leve retroceso de competitividad frente al 47% de mayo. La cifra marca un freno abrupto del proceso de abaratamiento que se había logrado en 2025, cuando las reformas y la depreciación cambiaria habían reducido ese porcentaje al 39% en diciembre de ese año. El encarecimiento se sintió con fuerza en productos tan cotidianos como las papas, las bebidas gaseosas, la cerveza y el arroz blanco.

La contracara de este esquema es que la política cambiaria de la gestión libertaria terminó pagando la cuenta por el lado más sensible del consumo. Mientras el equipo económico celebra la estabilidad de la moneda, el atraso del tipo de cambio encareció lo que se compra en el supermercado y convirtió a la Argentina en un país cada vez más caro para vivir en dólares.

Servicios en alza: salir a comer y el plan del celular no perdonan

El panorama en los servicios familiares y personales resultó igual de adverso. El informe expuso que la Argentina pasó de ser más cara en el 32% de los casos en diciembre de 2025 a un 38% en agosto de 2026. Salir a comer a un restaurante y contratar un plan para el celular se destacan por su costo elevado, mientras que la cuota del gimnasio, la educación preescolar, el precio del combustible y la tarifa del taxi todavía se mantienen comparativamente económicos.

El diagnóstico del IERAL no dejó margen para la complacencia: la apreciación de la moneda local verificada en 2026 comenzó a encarecer a la Argentina frente a sus competidores en los rubros que golpean el presupuesto diario de las familias.

El atraso cambiario se paga en competitividad

El estudio precisó que el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) terminó agosto en 1.513 pesos, un 20% por debajo del techo superior de la banda cambiaria que sostiene el esquema oficial. El dato más elocuente resulta otro: la moneda se ubica un 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo, un valor que equivaldría a 2.078 pesos actuales. El peso quedó tan atrasado que la competitividad se perdió en el camino.

La ganancia para el bolsillo llegó por el lado de los bienes durables, la indumentaria y el calzado, donde la eliminación de trabas a la importación, la baja de aranceles y la reducción de impuestos internos compensaron con creces el efecto de la apreciación. La Argentina resultó el país más caro en el 74% de los casos relevados en esa categoría durante agosto, una mejora frente al 82% de mayo de 2025 y al 96% del inicio de las mediciones en marzo de ese año. Sin embargo, artículos como las freidoras de aire, los vestidos y las zapatillas deportivas siguen entre los precios absolutos más altos de toda la muestra internacional.

El salario, la otra cara de la moneda

Detrás de los precios aparece la pregunta incómoda que el gobierno prefiere esquivar: cuánto alcanza el sueldo. El salario industrial formal en la Argentina promedió 1.689 dólares mensuales en 2025, una cifra superior a la de Brasil, México y Chile, pero el poder de compra se derrumba cuando hay que gastarlo. Mientras Brasil ofrece alimentos y bebidas más baratos en el 90% de los casos comparados, la brecha desfavorable reaparece con fuerza en los bienes durables: para comprar un automóvil un trabajador argentino necesita destinar 20 salarios mensuales enteros, frente a los 16 que requiere uno en Chile y los 6 que necesita uno en los Estados Unidos.

La conclusión del informe no requiere interpretación forzada: un tipo de cambio atrasado que encarece la comida y los servicios es un costo que se traslada derecho al bolsillo. El discurso oficial vende la estabilidad del peso como un logro, pero la letra chica muestra que la mesa y los servicios cotizan cada vez más caro en dólares y que la competitividad perdida se paga en consumo cotidiano.

Puntos clave

  • En alimentos y bebidas la Argentina resultó más cara en el 48% de los casos en agosto, tras el 47% de mayo, cortando el abaratamiento que había logrado bajar ese porcentaje al 39% en diciembre de 2025.
  • En servicios personales pasó de ser más cara en el 32% de los casos en diciembre de 2025 al 38% en agosto de 2026, según el IERAL.
  • El Tipo de Cambio Real Multilateral cerró agosto en 1.513 pesos, 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo.
  • En bienes durables el país fue el más caro en el 74% de los casos relevados, pero abajo del 82% de mayo de 2025.
  • Un trabajador argentino destina 20 salarios mensuales para comprar un automóvil, frente a los 6 que necesita uno en Estados Unidos.
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