Consumo
Argentina comenzará a importar asado de Brasil: ¿Cómo llegamos a esto?
¿Cómo es posible que un gigante agropecuario como la Argentina termine comprando carne en el exterior? ¿Qué factores llevaron a esta situación y qué consecuencias tendrá para el futuro de nuestro país?
El gobierno de Javier Milei alcanzó un escenario que parecía imposible de imaginar: que la Argentina, un país históricamente agroexportador, ahora tenga que importar alimentos. Esta paradoja, que refleja una crisis profunda en la matriz productiva y una apertura de mercados sin restricciones, plantea preguntas inquietantes de cara al futuro de nuestra soberanía alimentaria.
El asado brasileño llega a las góndolas argentinas
Argentina, cuna del asado y uno de los mayores exportadores de carne vacuna del mundo, comenzará a importar cortes populares desde Brasil. Según fuentes del sector, al menos tres grandes cadenas de supermercados han iniciado consultas con frigoríficos brasileños ante la ventaja competitiva de sus precios. Entre los productos que se incorporarán a las góndolas figuran no solo el asado, sino también cortes como bola de lomo, nalga y paleta.
Inicialmente, esta carne será más visible en la Patagonia, región donde los precios locales son más altos, lo que hace que la oferta brasileña resulte “muy apetecible”. Sin embargo, si la diferencia de costos persiste, no se descarta que esta tendencia se extienda a nivel nacional. Este fenómeno no es aislado: Argentina está experimentando una ola sin precedentes de importaciones de alimentos, lo que plantea serias interrogantes sobre la viabilidad de su entramado productivo.
Un panorama generalizado: la lista de alimentos importados crece
La carne brasileña es solo la punta del iceberg. Según un informe del Instituto de Desarrollo Agroindustrial, entre diciembre de 2023 y julio de 2024, las importaciones de alimentos en Argentina aumentaron un 87%. Esta cifra incluye productos clave como pollo y bondiola desde Brasil, naranjas y pomelos desde Egipto, leche desde Uruguay, galletitas desde Paraguay y hasta fideos desde Albania.
Este despliegue de importaciones refleja una realidad preocupante: la producción local enfrenta dificultades cada vez mayores para competir. «Argentina es un país en el que cada vez es más difícil producir», afirmó una fuente del sector agroindustrial. Los problemas estructurales, como los altos costos internos, la inestabilidad cambiaria y las políticas económicas actuales, están erosionando la capacidad del país para abastecerse a sí mismo.
¿Qué factores impulsan esta tendencia?
El aumento vertiginoso de las importaciones tiene múltiples causas. Uno de los principales factores fue la brutal devaluación del 118% anunciada por Luis Caputo en diciembre de 2023, junto con la liberación indiscriminada de precios, lo que generó descalabros y productos que aumentaron por encima de la inflación real, generando incluso inflación en dólares, mientras los sueldos no acompañaron la corrida de precios.
Claro está que cuando la evolución del tipo de cambio quedó “atrasada” ningún sector formador de precios en la Argentina retrocedió con los aumentos, o sea, se apuraron en aumentar los precios pero cuando todo comenzó a estabilizarse nadie los bajó, y el supuesto “sinceramiento de precios” lo único que provocó fue pérdida de poder adquisitivo y que haya un “atraso cambiario” inducido, generado principalmente por las grandes compañías alimenticias.
Este escenario, más la eliminación de aranceles a las importaciones y la apertura anti proteccionista a todo tipo de insumos que se producen de manera local, favoreció la entrada de productos extranjeros más baratos y accesibles que los locales, principalmente desde el segundo semestre de 2024.
Así es que, la política económica implementada bajo el gobierno libertario de Javier Milei priorizó la apertura irrestricta de mercados, argumentando que la competencia internacional beneficiará a los consumidores. Sin embargo, esta estrategia ignoró los efectos devastadores sobre la industria nacional. «Es una apertura salvaje e irresponsable», sostuvo un analista económico. «Estamos viendo cómo sectores estratégicos colapsan sin haber tenido tiempo de adaptarse».
Impacto social y político: ¿quién paga el costo?
Más allá de los números, esta situación tiene consecuencias profundas para la sociedad argentina. Por un lado, los productores locales enfrentan una competencia desleal que amenaza miles de empleos. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en los últimos meses se registró un aumento del 15% en los cierres de pequeñas y medianas empresas vinculadas al sector agroalimentario.
Por otro lado, aunque los consumidores pueden acceder a productos más baratos hoy, existe el riesgo de dependencia externa a largo plazo. «Estamos sacrificando nuestra soberanía alimentaria por decisiones de corto plazo», advirtió una especialista en políticas agrarias. Este escenario podría exacerbar tensiones políticas, especialmente en un año electoral donde el descontento social ya es palpable.
Una encrucijada histórica: ¿qué sigue para Argentina?
El ingreso de carne brasileña y otros productos importados marca un punto de inflexión en la historia económica del país. Tradicionalmente orgulloso de su capacidad para alimentar al mundo, Argentina enfrenta ahora la posibilidad de convertirse en un importador neto de alimentos. Este giro no solo expone las fisuras de su modelo productivo, sino que también plantea preguntas fundamentales sobre el rumbo de su desarrollo.
Para muchos, la solución pasa por un replanteamiento integral de las políticas económicas. «Necesitamos equilibrar la apertura comercial con medidas que protejan a nuestros productores», señaló un economista. Sin embargo, con la administración actual, empecinada con el libre mercado extremo, este debate parece destinado a intensificarse en los próximos meses.
Consumo
Confianza en rojo: la industria marcó -18,9% y los súper cayeron a -4,3%
Casi la mitad de las fábricas recibió menos pedidos de lo habitual en septiembre y el indicador industrial, aunque mejoró frente a agosto, siguió lejos de la zona neutral. En supermercados y autoservicios mayoristas, la confianza dejó de estar cerca de cero y cayó a -4,3%, según el INDEC.
Casi la mitad de las fábricas del país recibió menos pedidos de lo habitual durante septiembre. Solo el 3,0% registró una demanda superior a la normal y el 48,6% restante no notó cambios, lo que dejó un balance de demanda de -45,5%.
El dato surge de la Encuesta de Tendencia de Negocios que elabora el INDEC y que el organismo difundió el martes. Según el instituto, el indicador de confianza empresarial (ICE) de la industria manufacturera se ubicó en -18,9%, de acuerdo con la evaluación de septiembre de 2026 y las expectativas para el trimestre de octubre a diciembre.
Una mejora mínima sobre un piso muy bajo
El indicador mejoró 1,3 puntos frente al -20,2% de agosto, pero la confianza industrial sigue lejos de la zona neutral y el sector no logra salir del terreno negativo. La escala del ICE va de -100% a 100%, de modo que un registro cercano a -19 puntos expresa un pesimismo que supera con claridad al optimismo. En septiembre de 2025, el INDEC había informado un ICE industrial de -23,2%, por lo que la comparación interanual muestra una mejora, aunque sobre un nivel de partida muy deteriorado.
Las expectativas para el cierre del año tampoco muestran un cambio de rumbo. El 67,5% de los industriales cree que mantendrá su nivel de producción entre octubre y diciembre, el 19,3% anticipa una baja y el 13,2% prevé un aumento, lo que deja un saldo negativo de 6,1 puntos. Entre quienes esperan cambios, pesan más los que prevén producir menos que los que proyectan crecer.
En materia de inventarios, el 62,7% consideró adecuado su nivel de stock, el 21,2% dijo tener más mercadería de la aconsejable y el 16,0% menos de la necesaria.
Supermercados y mayoristas: del terreno neutral al rojo
El mismo relevamiento midió el ánimo de los supermercados y autoservicios mayoristas, y allí el ICE cayó a -4,3% en septiembre, un quiebre respecto de los meses previos del año, cuando se había mantenido cerca de la posición neutral.
La evaluación de la situación comercial actual dejó un balance neto de -31,4%: el 57,0% la calificó de normal, el 37,2% de mala y solo el 5,8% de buena. Las respuestas sobre el trimestre de octubre a diciembre son más favorables: el 22,1% espera una mejora, el 72,1% estima que todo seguirá igual y el 5,8% prevé un deterioro, un saldo positivo de 16,3 puntos. Se trata de expectativas y no de resultados comprobados, y fueron las que amortiguaron la caída general del indicador. En cuanto a los stocks, el 60,5% de las empresas los consideró normales.
Lo que dicen los números
El cruce de ambos sectores deja una lectura incómoda para cualquier relato de reactivación del mercado interno: fábricas que reciben menos pedidos y un comercio mayorista y minorista que dejó de estar cerca de cero. La esperanza de los supermercados para fin de año contrasta con un presente en el que más de un tercio de los encuestados calificó de mala su situación comercial.
Lo que tenés que saber:
- El ICE de la industria manufacturera se ubicó en -18,9% en septiembre de 2026, frente al -20,2% de agosto.
- El 48,4% de las fábricas recibió menos pedidos de lo habitual y solo el 3,0% más; el balance de demanda fue de -45,5%.
- Para octubre a diciembre, el 67,5% espera mantener su producción, el 19,3% prevé una baja y el 13,2% un aumento.
- El ICE de supermercados y autoservicios mayoristas cayó a -4,3%, tras meses cercano a la neutralidad.
- En ese sector, la situación comercial actual dejó un balance de -31,4%, con un saldo de expectativas de +16,3 puntos para el trimestre.
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