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El FMI ratificó su compromiso de trabajar con la Argentina

El presidente Alberto Fernández y la titular del organismo monetario mantuvieron una videoconferencia y coincidieron en seguir trabajando en un nuevo acuerdo de financiamiento para el país.

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El presidente Alberto Fernández y la titular del organismo monetario mantuvieron una videoconferencia y coincidieron en seguir trabajando en un nuevo acuerdo de financiamiento para el país.

La titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ratificó el compromiso del organismo multilateral de trabajar junto al Gobierno «para mejorar la estabilidad y apoyar un crecimiento fuerte e inclusivo». durante una conversación que mantuvo con el presidente Alberto Fernández en la que coincidieron en la necesidad de que el nuevo programa de financiamiento tenga una «visión realista de cómo funciona» la economía argentina.

El diálogo se produjo a través de una videoconferencia, en la que ambos coincidieron en continuar trabajando en la elaboración de un programa apoyado por el organismo multilateral y diseñado y conducido por la Argentina.

Luego del contacto, Alberto Fernández y Kristalina Georgieva dieron detalles del encuentro virtual a través de mensajes en sus respectivas cuentas en la red social Twitter.

«Muy buena llamada con el presidente de Argentina @alferdez», sostuvo la titular del FMI, para luego señalar que «discutimos las perspectivas de crecimiento global y las acciones para combatir la crisis económica y de salud».

«También destaqué nuestra gran colaboración con (el ministro de Economía) @Martin_M_Guzman & equipo para mejorar la estabilidad y apoyar un crecimiento fuerte e inclusivo», agregó la directora Gerente del organismo multilateral.

El Presidente, por su parte, calificó como una «muy buena conversación» al contacto que mantuvo con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

También a través de un serie de mensajes en su cuenta en la red social Twitter, el jefe del Estado ratificó la decisión de continuar trabajando en un programa diseñado y conducido por la Argentina, que cuente con el apoyo del organismo, y remarcó «la importancia de la recuperación económica y de un orden fiscal consistente con ese crecimiento como condiciones necesarias para la estabilización».

«También coincidimos en que el programa debe tener una visión realista de cómo funciona nuestra economía. Además, compartimos nuestra intención de trabajar, desde lo que se espera sea un renovado multilateralismo, por una economía mundial más justa e inclusiva», agregó Fernández, quien ratificó que «esa será la posición de la Argentina como miembro del G20 (Grupo de los 20) y del FMI».

Los mensajes del presidente por Twitter se publicaron unos minutos después de que la Casa Rosada informara -a través de un comunicado- detalles del contacto que mantuvieron Fernández y Georgieva.

«Durante la conversación se remarcó la importancia de la recuperación económica como condición necesaria para la estabilización, así como la necesidad de poner las cuentas fiscales en orden a una velocidad que sea consistente con el crecimiento para garantizar la estabilidad de mediano plazo», informó el Gobierno, y también enfatizó que existió una coincidencia en que «el programa debe estar basado en supuestos realistas sobre cómo funciona la economía argentina».

La semana pasada, el vocero del organismo multilateral, Gerry Rice, dijo que la Argentina y el FMI «continúan con la conversaciones» sobre la negociación de un nuevo programa de mediano plazo que le permita al país reprogramar los vencimientos del programa vigente por 44.000 millones de dólares y, eventualmente, solicitar nuevos fondos para la recuperación económica.

«Nuestras conversaciones con las autoridades argentinas continúan. Esas discusiones entre el Gobierno argentino y el equipo del FMI continuarán en este período» que acaba de comenzar, dijo Rice durante la primera conferencia de prensa del año, el jueves pasado en Washington.

El vocero precisó que «hubo un breve descanso en el diálogo durante el período de vacaciones (por las Fiestas), pero esperamos que el ritmo de las reuniones, todas virtuales, aumente en las próximas semanas».

Según el funcionario del FMI, «las autoridades del país continúan trabajando en el diseño de su plan económico de mediano plazo y discutiendo las medidas específicas para su implementación y trabajando para apuntalarlo con un amplio apoyo político y social».

En este sentido, Rice dijo que «compartimos la opinión de las autoridades de que abordar los desafíos de Argentina requerirá un conjunto de políticas cuidadosamente equilibradas que fomenten la estabilidad, restablezcan la confianza, protejan a los más vulnerables de Argentina y establezcan las bases para un crecimiento sostenible e inclusivo».

«Argentina, como casi todos los demás países, se enfrenta al desafío de la pandemia y los problemas de salud y humanitarios que esto conlleva», agregó el directivo.

La Argentina solicitó en agosto de 2020 un nuevo programa con el FMI para reemplazar al stand by vigente, a través del cual el país debe 44.000 millones de dólares, con vencimientos concentrados en los próximos dos años.

Dólar 💵

El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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