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El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.

Consumo

Comer y los servicios se encarecen en dólares por la apreciación cambiaria, según un informe del IERAL

Un estudio de la Fundación Mediterránea confirmó que la apreciación cambiaria de 2026 frenó en seco el abaratamiento relativo de la Argentina y volvió a encarecer en dólares alimentos, bebidas y servicios personales. Los bienes durables se abarataron por la apertura, pero la factura de la mesa y de los servicios cotiza otra vez caro y el salario lo siente.

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Carrito de compras en un supermercado argentino

El efecto de la apreciación cambiaria se hizo sentir otra vez con crudeza en el bolsillo de los argentinos durante 2026. Los precios de los alimentos y los servicios volvieron a encarecerse en dólares, en una economía que festeja el atraso del tipo de cambio mientras la mesa y los gastos cotidianos se vuelven cada vez más caros frente al mundo.

Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea, que comparó la competitividad local en una canasta de bienes y servicios frente a otros 9 países, expuso la contradicción de fondo: el peso fuerte, que el gobierno muestra como triunfo, le restó competitividad justo a lo que los argentinos consumen todos los días.

La mesa se encarece mientras el gobierno festeja el peso

El quiebre quedó a la vista en los números. En alimentos y bebidas, el país resultó más caro en el 48% de los casos analizados durante agosto, un leve retroceso de competitividad frente al 47% de mayo. La cifra marca un freno abrupto del proceso de abaratamiento que se había logrado en 2025, cuando las reformas y la depreciación cambiaria habían reducido ese porcentaje al 39% en diciembre de ese año. El encarecimiento se sintió con fuerza en productos tan cotidianos como las papas, las bebidas gaseosas, la cerveza y el arroz blanco.

La contracara de este esquema es que la política cambiaria de la gestión libertaria terminó pagando la cuenta por el lado más sensible del consumo. Mientras el equipo económico celebra la estabilidad de la moneda, el atraso del tipo de cambio encareció lo que se compra en el supermercado y convirtió a la Argentina en un país cada vez más caro para vivir en dólares.

Servicios en alza: salir a comer y el plan del celular no perdonan

El panorama en los servicios familiares y personales resultó igual de adverso. El informe expuso que la Argentina pasó de ser más cara en el 32% de los casos en diciembre de 2025 a un 38% en agosto de 2026. Salir a comer a un restaurante y contratar un plan para el celular se destacan por su costo elevado, mientras que la cuota del gimnasio, la educación preescolar, el precio del combustible y la tarifa del taxi todavía se mantienen comparativamente económicos.

El diagnóstico del IERAL no dejó margen para la complacencia: la apreciación de la moneda local verificada en 2026 comenzó a encarecer a la Argentina frente a sus competidores en los rubros que golpean el presupuesto diario de las familias.

El atraso cambiario se paga en competitividad

El estudio precisó que el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) terminó agosto en 1.513 pesos, un 20% por debajo del techo superior de la banda cambiaria que sostiene el esquema oficial. El dato más elocuente resulta otro: la moneda se ubica un 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo, un valor que equivaldría a 2.078 pesos actuales. El peso quedó tan atrasado que la competitividad se perdió en el camino.

La ganancia para el bolsillo llegó por el lado de los bienes durables, la indumentaria y el calzado, donde la eliminación de trabas a la importación, la baja de aranceles y la reducción de impuestos internos compensaron con creces el efecto de la apreciación. La Argentina resultó el país más caro en el 74% de los casos relevados en esa categoría durante agosto, una mejora frente al 82% de mayo de 2025 y al 96% del inicio de las mediciones en marzo de ese año. Sin embargo, artículos como las freidoras de aire, los vestidos y las zapatillas deportivas siguen entre los precios absolutos más altos de toda la muestra internacional.

El salario, la otra cara de la moneda

Detrás de los precios aparece la pregunta incómoda que el gobierno prefiere esquivar: cuánto alcanza el sueldo. El salario industrial formal en la Argentina promedió 1.689 dólares mensuales en 2025, una cifra superior a la de Brasil, México y Chile, pero el poder de compra se derrumba cuando hay que gastarlo. Mientras Brasil ofrece alimentos y bebidas más baratos en el 90% de los casos comparados, la brecha desfavorable reaparece con fuerza en los bienes durables: para comprar un automóvil un trabajador argentino necesita destinar 20 salarios mensuales enteros, frente a los 16 que requiere uno en Chile y los 6 que necesita uno en los Estados Unidos.

La conclusión del informe no requiere interpretación forzada: un tipo de cambio atrasado que encarece la comida y los servicios es un costo que se traslada derecho al bolsillo. El discurso oficial vende la estabilidad del peso como un logro, pero la letra chica muestra que la mesa y los servicios cotizan cada vez más caro en dólares y que la competitividad perdida se paga en consumo cotidiano.

Puntos clave

  • En alimentos y bebidas la Argentina resultó más cara en el 48% de los casos en agosto, tras el 47% de mayo, cortando el abaratamiento que había logrado bajar ese porcentaje al 39% en diciembre de 2025.
  • En servicios personales pasó de ser más cara en el 32% de los casos en diciembre de 2025 al 38% en agosto de 2026, según el IERAL.
  • El Tipo de Cambio Real Multilateral cerró agosto en 1.513 pesos, 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo.
  • En bienes durables el país fue el más caro en el 74% de los casos relevados, pero abajo del 82% de mayo de 2025.
  • Un trabajador argentino destina 20 salarios mensuales para comprar un automóvil, frente a los 6 que necesita uno en Estados Unidos.
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