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Sociedad

Belén estuvo presa por abortar y pide que sea ley la interrupción voluntaria de embarazo

«Estoy ansiosa por el inicio del debate, pero tengo fe que va a salir la ley. No tenemos que esperar más. Van a seguir muriendo mujeres por la clandestinidad», indicó la joven tucumana que estuvo injustamente presa por un aborto espontáneo.

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«Estoy ansiosa por el inicio del debate, pero tengo fe que va a salir la ley. No tenemos que esperar más. Van a seguir muriendo mujeres por la clandestinidad», indicó la joven tucumana que estuvo injustamente presa por un aborto espontáneo.

Por Silvina Molina

Belén, la joven tucumana que estuvo injustamente presa por un aborto espontáneo, pidió a legisladoras y legisladores nacionales que «piensen en las mujeres que sufren» para que ninguna «tenga que pasar» por lo que ella pasó y confió en que «ahora sí tendremos ley» en relación al proyecto de interrupción voluntaria del embarazo que comienza a tratarse mañana en sesión de Diputados.

«No suelo hablar por teléfono con periodistas» dice, pero en esta charla se la escucha tranquila, se permite reír y cree «que ahora sí, vamos a tener ley».

En noviembre del año pasado, el entonces presidente electo Alberto Fernández le había prometido a Belén que enviaría el proyecto al Congreso.

Fue durante la presentación del libro ‘Somos Belén’, que cuenta su historia, escrito por Ana Correa, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

«El momento en que lo vi entrar fue muy emotivo. Después fuimos a un salón y me abrazó, me pidió perdón. Yo temblaba. Me sentí cuidada por él. Me prometió que enviaría el proyecto, y cumplió», relata.

Fernández le pidió perdón porque la justicia tucumana la había condenado a ocho años de prisión, de los cuales cumplió casi tres, luego de ser denunciada por un médico, en 2014, cuando llegó a un hospital con un aborto espontáneo.

La abogada feminista Soledad Deza la conoció en el penal, se transformó en su nueva defensora, logró que la situación sea bandera de movimientos de mujeres y feministas nacionales e internacionales y que la Corte Suprema de Tucumán la absolviera.

Belén salió de su casa con su mamá, fueron al hospital y de allí a la cárcel, donde quedó detenida hasta 2017. Ella habla todo el tiempo sobre esto, de «lo que me pasó» y repite que «ninguna mujer debería pasar por esto».

Por eso, pide «a las diputadas y senadoras que se pongan en lugar de las mujeres; a cualquiera nos puede pasar lo que me pasó a mí, que piensen en las mujeres que las rodean: hijas, sobrinas, amigas que pueden pasar por esas situaciones. Que aprieten el botón verde». «Y a los diputados y senadores que piensen, que piensen en el sufrimiento de cada mujer», añade.

Su identidad no se conoce públicamente. Belén es el nombre que eligieron ella y su abogada para protegerla «sobre todo, de la condena social», reconoce.

Esa realidad y el acoso de cierto periodismo local hizo que decidiera mudarse a Buenos Aires y que vuelva poco a su provincia. «En cuatro años, sólo fui dos veces. Extraño mucho, pero todavía tengo bronca», comparte.

Y sigue: «No puedo olvidar que un medio publicó mi foto y nombre completo y el expediente, que buscaban información de mi familia, que tenía un periodista de televisión en la esquina de mi casa».

Para protegerla, cuando salió del penal, Deza y las mujeres que la esperaron usaron máscaras blancas, que se convirtieron en un emblema para visibilizar la situación de mujeres presas por abortar.

«La máscara quedó en Tucumán. Acá, en el pequeño ‘palacio’ que armé en Buenos Aires, tengo el pañuelo verde, el buzo fucsia con brillos que usé cuando salí del penal, la foto con el Presidente y algunas de las tantas cartas que me mandaron desde distintos lugares del mundo», dice risueña, por la referencia a la pequeña vivienda que habita.

A ella le gustaría «ayudar a otras mujeres» que pasaron por su misma situación, pero no está preparada todavía: «Las heridas están abiertas, de a poco se van cerrando. Los dedos acusadores en el hospital cuando llegué, los ocho policías en la sala viendo mis partes íntimas, el ginecólogo que me maltrataba…lleva tiempo. Es muy injusto todo», recordó.

«Estoy ansiosa por el inicio del debate, pero tengo fe que va a salir la ley. No tenemos que esperar más. Van a seguir muriendo mujeres por la clandestinidad, sobre todo las más vulnerables, los abortos seguirán ocurriendo y habrá médicos acusándonos, denunciándonos», afirmó.

Belén espera volver a ver al Presidente para «agradecerle que haya presentado el proyecto».

Esta mujer, de 33 años, lo que más anhela es «ser libre del todo y no tener miedo». «Para eso, necesitamos la ley», concluye.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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