Opinión
Gran Hermano: balance final del programa que resucitó a la TV argentina
El día después de la final.
Por Tomás Viola
En una final que alcanzó picos de 31 puntos de rating y cosechó más de ocho millones de votos, Marcos Ginocchio fue elegido como el ganador de la décima edición de Gran Hermano Argentina. El segundo puesto fue para Nacho Castañares y el podio lo completó Julieta Poggio.
Hay varias razones que explican el éxito de esta edición de GH. La principal es la consecución de un logro que parecía inalcanzable para los formatos de la última década: la integración con las redes sociales y el universo de consumo digital, que desplazó a la TV de su protagonismo histórico en la agenda social y cultural.
En ese sentido GH logró un maridaje perfecto. El reality se consumió tanto por Twitter, Instagram, TikTok y las plataformas de streaming como por TV. Los nombres de los participantes y los diferentes hashtags asociados fueron tendencia desde el primer hasta el último día.
Una clave es que los participantes que salían de la casa eran elegidos por la gente a través del voto negativo. Así, el reality capitalizó al máximo uno de los fenómenos más notables de la era digital: el “hate”. Cada semana una nueva “cancelación”.
Los primeros pasos
Así, el primer mes de la competencia estuvo signado por la salida de la casa del grupo que se autodenominó “los monitos”: Holder, Martina y Juan fueron eyectados por el público, que condenó su juego calculador y agresivo. El único sobreviviente fue nada menos que Nacho. El joven de 19 años fue el que menos se hizo odiar y supo reconvertirse.
Lo cierto es que muchas veces Nacho fue a placa con otros participantes que contaban con un mayor rechazo popular, y poco a poco fue consolidando su chapa de candidato gracias a su carisma y sus virtudes para mantener una buena convivencia.
Es que, en esta edición de GH, las jugadas osadas, las traiciones y las maniobras para desestabilizar a un contrincante, fueron castigadas por el público.
Ese fue el caso de Coti y Cone, que luego de la “traición” de la correntina a sus supuestas amigas (Juli, Dani y Romina), fue el blanco predilecto del voto rechazo. Otro tanto sucedió con los falsos juramentos y los chismes de Tini, que le costaron su expulsión en dos ocasiones, una situación que arrastraría la salida de Maxi, su pareja.
Por su parte, Agustín, compadecido en un comienzo por ser víctima del bullying de sus compañeros, luego reveló sus miserias y el “humo” que rodeaba sus supuestos estratagemas. Solo resta destacar su incomprensible amistad con el bueno de Marcos.

Una bisagra en el juego
Hubo un punto de inflexión luego del regreso de cuatro jugadores (Agustín, Tora, Tini y Daniela), que se sumó al ingreso de dos nuevos (Ariel y Camila). Cargados con información del exterior, estos ingresos desestabilizaron los esquemas planteados hasta ese momento.
El risueño y optimista Ariel sacó de quicio a Alfa, el gran patriarca del certamen. La unión simbiótica entre Camila y Walter deterioró el vínculo de Alfa con buena parte de los participantes, en especial con Romina, y horadó su imagen hasta desembocar en su salida.
Daniela desencadenó con su regreso su tan esperada venganza que resultó en la salida de Coti y Cone pero también en la de Thiago, quien parecía un firme candidato a ganar, pero cuyas actitudes se fueron ganando el repudio, quizás desmedido, de una parte de la audiencia.
La entrada de la Tora, por su parte, fortaleció a Nacho y le dio una aliada que propulsó su derrotero hasta la final.
Más allá de las declaraciones de “tio facho” de Alfa, la conversación política se coló poco dentro y fuera de la casa, siendo la única excepción la de Romina, cuyo paso por la función pública fue combustible del odio desde una parte de la grieta. Así y todo, su generosidad y su nobleza la llevaron hasta las puertas de la final.
Aunque entre los tres finalistas se cataloga a Nacho como el más “estratega”, lo cierto es que Julieta Poggio fue protagonista de algunas de las mejores jugadas. Desde el “hashtag fuera malas vibras” que interpretó a la perfección el clima del exterior, hasta la que fue, quizás, la mejor jugada del certamen, el sorpresivo salvataje de Camila que condujo a la histórica placa Alfa vs Romina. Dicho esto, la joven también protagonizó la peor movida del ciclo: su fulminante a Camila fortaleció a la gemela y derivó en la salida de Daniela.
El premio mayor
El premio mayor finalmente fue para Marcos, el tipo tranquilo. Más de 6 millones de personas lo eligieron, y es evidente que se trata de una persona amable, atenta y humilde, muy apegada a su familia, que posee la extraordinaria virtud de elegir muy bien cuando hablar y cuando callarse.
Con un final a lo Truman Show, con el salteño emocionado soltando un “te quiero mucho” para “Big” antes de salir por la puerta, terminó uno de los ciclos más exitosos de la historia de la televisión argentina. Un fenómeno que expresó de lleno las contradicciones nacionales, la necesidad de evasión, la valoración de la honestidad y la amabilidad, y el asedio del “hate” y la grieta permanente.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
La Mano de D10S
Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe.
Por Jesús Rivero*
Transmisión etimológicamente significa: acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe.
No es solo fútbol. Pulula desde las periferias, desde los barrios, un nacionalismo, sin centro. Es la juventud, su brazo, su mano, la mano de Diego.
No es romantizar el fútbol, menos la vulneración de un pueblo que pide a gritos una sonrisa, una felicidad. Es decir, poder leer en términos del psicoanálisis lacaniano el orden de lo real, y tocarlo por medio del orden simbólico. Hoy, el objeto de representación imaginaria es un objeto redondo, esférico, llamado pelota, pero que remite estrictamente al orden de lo real, al inconsciente político.
Es obvio e histórico que el fútbol y los mundiales son un velo que no manifiesta la realidad explícita. En nuestro imaginario con solo tocar por medio del orden simbólico (la palabra) lo real, nos remite a la realidad atroz que veló el mundial de 1978.
Hoy, la realidad no es diferente. Que el Gobierno representado por Javier Milei, pero sostenido por el círculo rojo internacional que en teoría llegó al Ejecutivo por las vías democráticas, en la práctica es un gobierno de facto, por fuera del marco jurídico, violando la reforma Constitucional de 1994 y los tratados internacionales que se introdujeron en la misma con jerarquía constitucional.
Bajo el señuelo del mundial de fútbol, en Ejecutivo lanzó una agenda económica-política en tiempo récord, estableciendo convenios estratégicos de alto impacto y que mantiene bajo estricto hermetismo el avance hacia la privatización de sectores clave como el agua, minerales críticos y energía nuclear.
Hoy, tenemos instalado en Argentina al magnate Peter Thiel con su proyecto de la Inteligencia Artificial y que necesita de la Patagonia para materializarlo y sobre todo de la continuidad del gobierno representado por Javier Milei, con un establishment (equipo) que no es nuevo. Sus apellidos son conocidos: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich y Diego Santilli, es decir, Mauricio Macri.
Hoy, como ayer mientras los goles (la fiebre del mundial) copaban las pantallas, se ejecutaban políticas que favorecen al mismo sector de siempre, a los poseedores del gran capital. En este modelo de socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias, por ejemplo Capital Humano activó una de las medidas más drásticas del año con la caída de la prórroga automática de 446 convenios colectivos de trabajo, en el mismo momento que dejaba sin percibir el Salario Social y Complementario a mas de 1.000.000 de trabajadores de la Economía Popular.
En simultáneo el Ministerio de Defensa selló un negocio con Estados Unidos para el acceso a combustible militar y tecnología digital (drones), profundizando el alineamiento geopolítico de Argentina, pasando por alto la asamblea legislativa, es decir, la democracia.
Desde que el velo del mundial como cortina tapa el grifo que cerró las transferencias, las licitaciones y auditorias avanzan a paso firme en las oficinas de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, apuntando a tres ejes fundamentales:
●AySA (Agua y Saneamientos Argentinos): el servicio de agua potable y cloacas de Buenos Aires se encuentra en la fase técnica final para su concesión al sector privado. El proceso se maneja con un perfil inusualmente bajo para evitar la resistencia social que históricamente generan las privatizaciones de servicios públicos esenciales.
●Intercargo (aerocargo): la empresa estatal que monopoliza el servicio de rampa y logística de cargas aéreas en los aeropuertos del país avanza en su pliego de privatización. El conflicto latente con los gremios aeronáuticos se ha mantenido congelado mediáticamente durante un mes.
●Centrales Nucleares: el paquete de medidas más sensible involucra a Nucleoeléctrica Argentina (operadora de Atucha l, Atucha ll y Embalse). Cómo efecto del velo del mundial como distracción se aceleró la privatización parcial y contratos operación internacional.
En lo que respecta al poder legislativo hubo un tratamiento de urgencia para el pago de 104 millones de dólares a los últimos fondos buitres (Bainbridge y Attester Value) que se aprobó a espalda de la ciudadanía.
No hay duda que “la libertad avanza» para unos pocos, los mismos de siempre. Es imperante para el Ejecutivo la reforma estructural para materializar su proyecto, mientras las pantallas suben la fiebre mundialista. Cuándo la misma baje será responsabilidad nuestra trabajar sobre este nacionalismo que polulo desde las periferias, que se mezcló entre el fútbol como caballo de Troya. Una latencia que se multiplicó por un instante en alegría, como el recordado 17 de octubre, donde las fuentes se llenaron de cabecitas negras, de obreros. Las hazañas siempre fueron peronistas, como los días más felices también fueron y serán peronistas, porque el peronismo es un movimiento que está constituido por sectores de centro-izquierda, centro y conservadores. Un significante vacío que busca su punto de capitón, su significación (negociación). Solo el que no sea peronista puede creer que el peronismo se está destruyendo. Es todo lo contrario, cuando nos peleamos, nos estamos reproduciendo, es la lucha de clases dentro del movimiento, son las características de la democracia.
En este sentido y como decía Diego: fuy, soy y seré peronista. Porque los días más felices fueron, son y serán en un porvenir peronista. Porque como lo ilustra la imagen, hay una juventud que pulula desde las periferias con una sonrisa, con un brazo, con una mano, que sostiene la bandera, la mano de D10S.
*escritor y activista político.
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