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Hebe, eterna

Hebe María Pastor de Bonafini, “Hebe”: luchadora, combativa, sin filtro, líder, intransigente frente al poder destructor, constructora de sueños y de esperanza en los tiempos más oscuros de la historia argentina.

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Me gusta comer con flores, por eso las tengo ahí, son de mi jardín”, dijo mientras ataba el pañuelo blanco sobre su cabeza.

Hebe María Pastor de Bonafini, “Hebe”: luchadora, combativa, sin filtro, líder, intransigente frente al poder destructor, constructora de sueños y de esperanza en los tiempos más oscuros de la historia argentina.

Me gusta mucho el jardín, me regalan orquídeas y yo no quiero, yo no soy una cheta para que me regalen orquídeas, vale 5000 pesos una planta y yo digo por qué no me dan que compro comida para los chicos con esto. Las plantas son como el amor”, miró a su alrededor, señaló las flores rojas que iluminaban la mesa y sonrió.

Jorge Omar, el hijo mayor de Hebe, fue secuestrado y desaparecido en La Plata el 8 de febrero de 1977. Raúl Alfredo, su otro hijo varón, el 6 de diciembre en Berazategui. El 25 de mayo de 1978, su nuera María Elena Bugnone, compañera de Jorge, desaparecía también.

No hay que tener miedo a la palabra revolución, no es una transformación, en una revolución”, entrelazó las manos bajo el mentón, el color rojo del esmalte resaltaba el brillo de sus ojos.

Nuestros hijos no valen plata –continuó– no hay plata para pagar la vida de ninguna persona, ni hija, ni hijo, ni muchacho, ni muchacha, ni trabajador, no hay plata para pagarla. Así que rechazamos la reparación económica que era de 265.000 dólares por cada hijo. Rechazamos los cadáveres también, las madres no queremos cadáveres. Porque a nosotras nadie nos dijo quién mato a cada hijo, pero Alfonsín todos los domingos hacía una exhumación de cadáveres por televisión a la hora de comer. Nosotras dijimos no, nuestros hijos no están muertos porque nadie nos dijo quién los mató”.

Convertir el dolor en lucha y organización, un legado que late en la memoria colectiva de los pueblos. “Nuestros hijos e hijas, que hicieron tanto sacrificio, nos dijeron algo muy importante: mirá mamá, mientras haya uno sólo que levante nuestras banderas, nosotros no vamos a morir, y ese es el compromiso que tengo y hay tantos que levantan sus banderas que ellos van a vivir para siempre, y tienen que vivir un poco más en el corazón del pueblo”, expresión de un proceso que atraviesa y trasciende el terrorismo de Estado perpetrado por la dictadura militar desde el 24 de marzo de 1976.

Catorce mujeres sellaron sus huellas por siempre al caminar por primera vez por Plaza de Mayo, el 30 de abril de 1977. Desde entonces, la Plaza fue el territorio de las Madres.

La última dictadura militar, entre otras tantas atrocidades, lo que vino a legitimar fue el ingreso del FMI al país y quienes contrajeron la deuda que hasta hoy arrastramos”, dijo Hebe.

El golpe de Estado del ´76, además de ejecutar una de los mayores genocidios de nuestra historia, vino a instalar, de la mano de José Alfredo Martínez de Hoz, las medidas económicas que destruyeron al país y hasta hoy padecemos: liberación de los precios, se eliminaron los controles y los valores aumentaron en beneficio de los empresarios.

Devaluación de la moneda nacional y eliminación de los controles de cambio. Liberación de las importaciones y exportaciones que deterioró la industria nacional. Tras siete años de dictadura la deuda externa aumentó un 364% y alcanzó los 45.000 millones de dólares.

Hebe lo tenía bien claro: “Estamos con la soga al cogote con el Fondo Monetario. Como Estados Unidos no hay ninguno, tiene una voracidad que nada le alcanza porque ellos precisan todo, el litio, el petróleo, el gas, amenazan con bombas, con misiles”.

Recorrió su casa con pausa, fotos con Fidel, Chávez, Néstor, Cristina, del Sub Comandante Marcos y tantas más eternizaban pedazos de historia en las paredes. Un pequeño santuario del Gauchito Gil protegía desde un rincón junto a una mesita cuadrada que encastraba justo en esa esquina, sobre ella flores blancas y violetas.

Dos rayos de luz atravesaron el toldo rojo y blanco que cubría una parte del jardín hasta rozar las hojas moradas de una de las cientos de plantas frondosas que llenaban el espacio.

Tomó una caja de madera de un estante de la biblioteca, la abrió con cuidado. “Ni un paso atrás” se leía en las inscripciones de la tapa. La historia de una vida en imágenes fluyó como un torrente potente y rabioso que seguirá corriendo por siempre. Hebe, eterna.

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Antecedentes de la persecución y las tenaces resistencias de un pueblo

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Por Jorge Elbaum

El fusilamiento inicial, el que marcó la atormentada historia de nuestra Patria, sucedió un 13 de diciembre de 1828 hace 194 años. En aquella ocasión Manuel Dorrego fue asesinado por haber sido electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y haber avalado el voto popular de negros y orilleros y hacer de estos sus más fieles seguidores.

En una ocasión, en la legislatura bonaerense, cuestionó a la oligarquía y comerciantes hacendados por impedir el sufragio de los más humildes. “Los criados a sueldo, los peones jornaleros y los soldados de línea. He aquí la aristocracia del dinero –subrayó con énfasis freten a los atribulados señoritos–. Sería entonces fácil influir en las elecciones porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas. Y hablemos claro (…) la elección sería el Banco”.

Poco tiempo después, los antecesores de Magento, Nisman, Bonadío, Mahiques, Ercolini, Luciani –con la aquiescencia de los supremos– decidieron asesinar al gobernador electo de la Provincia de Buenos Aires. En aquella oportunidad, Valentín Gómez, Salvador María del Carril, Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, entre otros, se constituyeron en los expertos criminales de la pretendida civilización: asesinaron a varias docenas de Caudillo y completaron su trasiego con dos genocidios casi paralelos: el de la “campaña al desierto” y el ejecutado en Paraguay.

Fueron necesarias tres décadas para que Leandro N. Alem vuelva a recuperar el rojo punzó de Rosas —para amnesia de los actuales radicales cambiemitas— La persecución, entonces, fue contra la chusma Yrigoyenista, lo que le valió en 1930 la proscripción para para el Peludo. Esa criminalización continuó contra Evita, Perón y sus descamisados y se hizo brutal en los bombardeos  a Plaza de Mayo y los fusilamientos de José León Suarez. La resistencia y el genocidio de los setenta sólo fueron el prólogo de este nuevo intento de borrar la historia de un pueblo.

Argentina no es muy original porque el Partido Judicial es continental: en abril de 2020 se condenó al expresidente Rafael Correa a ocho años de prisión. Dos años antes, en abril de 2018, Lula fue detenido durante 580 días antes de volver a ser electo primer mandatario.

Lo que no sabe la oligarquía—hoy financiera, trasnacional y neoliberal— es que las grandes mayorías, al igual que los grandes caudales de agua, siempre saben por dónde canalizar su oleaje. Cristina es el último capítulo de esta historia de lucha. Y no existe ni la mínima dubitación acerca de esta continuidad: su hermosa terquedad será capaz de articular esta dignidad ancestral con el colectivo de gritos del pasado.

Hay un Pueblo, ahí afuera, que dará testimonio de eso.

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