Opinión
Premisas de organización económica y social alternativa para la Argentina
Un nuevo modelo con soberanía alimentaria, energética, financiera.
Por Julio C. Gambina
La Argentina se organiza como país capitalista desde su origen y, por ende, constituye a sus clases sociales principales desde el genocidio indígena en las campañas de conquistas de territorios, con la inmigración de la pobreza de otras latitudes y la subordinación del pueblo local empobrecido a la dinámica del capital, principalmente terrateniente y externo.
Esa configuración socio económica construida aceleradamente entre 1860 y 1880 define un rumbo (modelo económico) que fue completado con presencia de capitales locales y nuevos capitales externos entre las primeras décadas del Siglo XX hasta el terrorismo de Estado en 1975/76, que retoma un proyecto de restauración del poder oligárquico imperialista afirmado principalmente en los años 90 con Menem y De la Rúa, y recientemente con Macri y ahora Milei.
Pensar en “alternativa” de organización económica social supone una cuestión de PODER. Se trata de cambiar el poder burgués reinante en el presente, constituido por la alianza de los grandes capitales transnacionales que dominan la actividad económica en la Argentina, asociados a capitales locales en todas las ramas de la producción y circulación de bienes y servicios, sostenida desde el Estado capitalista local y en el entramado de organismos internacionales del poder mundial del capitalismo.
Ese PODER construyó la sociedad monetaria mercantil del presente, instalado como “normal”, “natural”, el modelo primario exportador asociado al gran endeudamiento y fuga de capitales instaurado desde 1975/76. Eso es lo que se debe desmontar para reorganizar económicamente a la sociedad en una perspectiva por la des-mercantilización, la satisfacción de necesidades respetando el metabolismo natural, todo, bajo formas comunitarias, de autogestión, solidarias y de cooperación.
Modelo alternativo:
Hay que partir de la conciencia social ampliada por cambiar el PODER local presente por OTRO PODER, popular, asentado en la democracia participativa en la toma de decisiones sobre ¿QUÉ PRODUCIR? ¿CÓMO PRODUCIR? ¿PARA QUIEN PRODUCIR?
Son respuestas que debe proponer a la sociedad el movimiento popular, privilegiando las necesidades cotidianas de la población empobrecida.
Producir alimentos y todos los bienes y servicios necesarios para la vida cotidiana de la mayoría de la población.
Así, del modelo productivo actual organizar la transición hacia el modelo sugerido antes, estableciendo una temporalidad para su materialización, con los periodos intermedios necesarios.
Se trata de desarmar el modelo actual y construir otro que promueva la respuesta a los interrogantes anteriormente formulados.
El nuevo modelo define que producir para resolver necesidades y desde allí se organizan las formas organizativas: comunitarias, autogestoras, cooperativas, etc.
Las bases del “nuevo modelo” son la soberanía alimentaria, energética, financiera.
Ello requiere desarmar el orden actual que define el carácter primario exportador y la extranjerización de la producción, del sector de la energía y de las finanzas, especialmente respecto del condicionante que implica el fuerte endeudamiento público y la subordinación a tribunales internacionales.
Para armar lo nuevo debe en simultáneo desarmarse lo existente.
¿Por dónde empezar?
- Desde el punto de vista financiero, tendiente a lograr recursos para un programa alternativo:
- Suspender los pagos de deuda e iniciar una auditoría integral con participación popular.
- Aplicar multas a los responsables de la fuga de capitales
- Propiciar una reforma tributaria concentrada en obtener recursos de las grandes fortunas individuales y empresarias, revirtiendo el carácter regresivo del régimen tributario.
- Modificar la legislación y la política financiera para asegurar que el dinero local se oriente a la promoción del nuevo modelo productivo
- En materia productiva:
- Entregar tierras a proyectos comunitarios, de autogestión, asociativos, cooperativos, solidarios, no lucrativos a organizaciones sociales y territoriales en el marco de un proyecto productivo de soberanía alimentaria y energética, con financiamiento público y asistencia profesional de la Universidad Pública y el sistema científico. Se estima que podría beneficiar a unos 5 millones de personas.
- Organizar un sector socioeconómico de producción y circulación, de bienes y servicios, compuesto por empresas recuperadas, cooperativas y mutuales que de manera articulada con mercados populares barriales o distritales favorezcan nuevas relaciones económicas en la satisfacción de necesidades populares. Este sector planificará desde una concepción de democracia participativa y asistencia profesional del sistema científico y universitario público.
- Integrar un Consejo Económico Social que defina un plan estratégico de la producción y circulación del conjunto de la economía, integrado por todos los sectores económicos para definir las líneas estratégicas de mediano y largo plazo para reestructurar la economía. En ese sentido se parte de:
- Nacionalización del comercio exterior, la banca y los puertos.
- Desarmar el régimen primario exportador y sustituirlo por un nuevo modelo privilegiando el mercado interno y una articulación de mutuo beneficio con la región y el mundo.
- Articular un sector productivo, del agro y la industria sobre la base de la soberanía alimentaria, energética y financiera.
- Recuperar soberanía sobre actividades estratégicas en la producción y la circulación, con una reforma estatal que revierta los efectos de las privatizaciones y desregulaciones ejecutadas en el último medio siglo, desde 1975/6.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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