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Neoliberalismo, narcotráfico y adicciones
Su generalización supone un sufrimiento social no evaluado en profundidad.
Por Jorge Elbaum
El narcotráfico y las adicciones endémicas y generalizadas son subproductos del neoliberalismo.
Su generalización supone un sufrimiento social no evaluado en profundidad. Se aloja de forma más dañina entre personas vulnerables.
Pero no se suele nombrar al entramado que habilita ese malestar: la abolición de los proyectos compartidos, la ausencia de futuro ligado a la cultura del trabajo, la rotura de los lazos de solidaridad, el desprecio institucionalizado por la ternura, el culto sórdido por la riqueza, el narcisismo y el “sálvese quien pueda”.
La generalización del consumo de sustancias adictivas se incrementó a nivel global, curiosamente, en el mismo periodo en que la especulación financiera se convirtió en una actividad legitimada por las institucionas políticas hace medio siglo.
Para la década del ´70 del siglo pasado la financiarización estaba prohibida por los Estados. Su desregulación abrió las puertas de un abismo donde el narcotráfico filtra sus transacciones y sus beneficios.
No hay narcotráfico sin desregulación financiera porque sus grandes magnates necesitan Estados débiles.
El neoliberalismo es ese sistema que permite a los poderosos obtener dinero sin vincularse en forma directa con el mundo productivo. Sin tener que lidiar con aquello que desprecian profundamente: los trabajadores.
Cuando la acumulación de dinero puede llevarse a cabo a través de una autonomía relativa de la producción material (y de los asalariados) la subocupación, la desocupación y la precarización se consolidaron como una norma “naturalizada”.
Frente a esa realidad, los laburantes empezaron a sufrir un fuerte vacío existencial por donde se filtra, también, el desprecio a la vida. Eso que tenían para ofrecer (y que tienen) –su laboriosidad, su ilusión de ascenso social con el esfuerzo– deja de ser posible. Se quiebra una identidad. Y también su orgullo y su lazo con otros.
Ahora están más solos. Y gran parte de lo que pueden ofrecer a la sociedad es despreciado por lenguajes financiarizados de fondos de inversión, de deudas externas y de pantallas televisivas de lxs opinadores y famosxs que les enrostran la riqueza en la cara.
La destrucción del trabajo como centro de la vida económica produjo un vacío estructural que empezó a pagarse con la rotura de la subjetividad de los más humildes.
Desde los años ochenta del siglo pasado –cuando se instituyó el neoliberalismo como lógica social hegemónica– el narcotráfico y el consumo crecieron de forma exponencial, tanto en Argentina como en el resto del mundo.
En 1975, antes de la instauración de la dictadura genocida, la presencia de la cocaína en Argentina era nula y los consumos se consideraban esporádicos o asociados a situaciones puntuales.
Este modelo lo imponen, en América Latina, las elites locales en connivencia con sus mandantes de Washington, quienes se benefician de la extracción de riqueza que la lógica financiera habilita.
Para esa expoliación utilizan las “guaridas fiscales”. Las mismas por donde circulan cientos de millones de dólares de las corporaciones mafiosas del narco.
Hasta la llegada del neoliberalismo, cuando todavía el trabajo era el centro de la vida de los trabajadores, los entornos familiares, comunitarios y sociales habían desarrollado formas eficientes de contener y tramitar este tipo de padecimientos.
Medio siglo después, las adicciones a diferentes sustancias se han consolidado como una problemática de salud pública indudable cuyas víctimas mayoritarias pertenecen a los sectores populares.
En forma paralela, el narcotráfico se consolida como una actividad mafiosa que maneja ingentes recursos capaces de adquirir empresas, comprar silencios o entregar a perejiles para hacerle creer a la sociedad que los grandes narcos viven en villas.
Sin embargo, los verdaderos dueños del negocio no se dedican al menudeo. Son los encargados de una logística que dispone de aviones, barcos e incluso submarinos. Sus propietarios viven en barrios cerrados y sus beneficios están a buen recaudo de la misma lógica financiera que desintegra la vida de los pueblos.
Las víctimas, otra vez, son mayoritariamente los más humildes. Unos por convertirse en soldaditos de una lógica que los condena a la celebración de los nuevos becerros de oro (y al desprecio de toda vida). Y los otros –la gran mayoría–, por transformarse en sujetos cautivos de sustancias que los hacen enajenarse del mismo sistema que los ningunea.
Si se quiere enfrentar el flagelo en forma estratégica se requieren dos acciones: un Estado que logre garantizar una comunidad de trabajo, ajena a la lógica financiera, y un proyecto de ciudadanización que sea capaz de articular en torno a la solidaridad, la comunidad local y la esperanza. Mientras tanto –hasta que no podamos lograr ese modelo integral de inclusión– habrá que redoblar el esfuerzo por cuidar el territorio sagrado (de la vida) de lxs pibxs.
Por Stella Calloni
En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.
“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».
En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.
En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.
Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.
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