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Análisis

La crueldad como política: bajar la edad de imputabilidad es abandono de Estado

El marketing del miedo de Bullrich y Milei.

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El Argentino Diario-Adolescentes miran celular.

La carta abierta del juez de menores Rodrigo Morabito al presidente Javier Milei, en pleno debate por la baja de la edad de imputabilidad, no es solo una advertencia jurídica. Es un llamado ético y político frente a una agenda que vuelve a cargar el peso del fracaso estatal sobre los más vulnerables: niños, niñas y adolescentes.

“El derecho penal no repara lo que el Estado no supo cuidar a tiempo”, escribió Morabito desde su experiencia cotidiana en el fuero penal juvenil. No habló desde una torre académica ni desde la comodidad del punitivismo televisivo, sino desde el contacto directo con adolescentes atravesados por el abandono estructural, la violencia familiar, la expulsión escolar, el consumo problemático y la pobreza extrema.

Punitivismo tardío, Estado ausente

La baja de la edad de imputabilidad reaparece, como siempre, en contextos de crisis social y ajuste económico. No es casual. Cuando el Estado se retira de la educación, la salud, la protección social y las políticas de cuidado, reaparece con su rostro más brutal: el castigo.

El problema es que el castigo llega tarde.

Llega cuando el daño ya está hecho.

Llega cuando el Estado falló en absolutamente todo lo anterior.

Morabito lo dice con crudeza: los tribunales reciben a chicos y chicas “rotos”, no porque hayan nacido violentos, sino porque fueron violentados primero. Bajar la edad de imputabilidad no evita ese recorrido: lo consolida.

No es seguridad, es marketing del miedo

El argumento oficial se repite como un mantra: “hay que dar respuestas”. Pero se trata de respuestas falsas, diseñadas para el aplauso fácil y el rating, no para reducir la violencia ni proteger a las víctimas.

La evidencia empírica es contundente en Argentina y en el mundo:

bajar la edad de punibilidad no reduce el delito, no previene la reincidencia, no protege a las víctimas, y sí aumenta la criminalización de la pobreza.

La cárcel temprana no construye ciudadanía: produce trayectorias penales cada vez más largas y más violentas. El encierro, lejos de reparar, profundiza el daño.

Una matriz que siempre castiga a los mismos

El proyecto de bajar la edad de imputabilidad no es un hecho aislado. Forma parte de una matriz anti derechos coherente y sostenida del gobierno de Milei, que tiene un patrón claro: ajustar, recortar y castigar siempre a los mismos sectores.

Jubilados empujados a la miseria en nombre del “equilibrio fiscal”. Mujeres y diversidades atacadas por políticas negacionistas y discursos de odio. Niños y adolescentes tratados como amenazas, no como sujetos de derechos.

No hay proyectos para fortalecer el sistema de protección integral, para garantizar escuelas que contengan, equipos interdisciplinarios, salud mental comunitaria, políticas de inclusión real. Lo que hay es una obsesión punitiva que convierte el fracaso del Estado en culpa individual.

Castigar antes en lugar de cuidar a tiempo

La respuesta no está en castigar más temprano. La respuesta está en no abandonar tan temprano”, escribió Morabito. Esa frase debería ser suficiente para cerrar cualquier debate honesto.

Cada adolescente que llega a un tribunal penal juvenil no es un enemigo interno: es una prueba viva de una cadena de derechos vulnerados. Criminalizar esa historia es una forma de cobardía institucional.

La baja de la edad de imputabilidad no es justicia.No es seguridad.No es reparación.Es la renuncia definitiva del Estado a su obligación básica: cuidar a las infancias.

Y cuando un gobierno elige el castigo antes que el cuidado, lo que está en juego no es solo el destino de los pibes y pibas, sino el tipo de sociedad que estamos dispuestos (o no) a aceptar.

Análisis

Transmisión y política 

Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

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El-Argentino-Por Jesús Rivero

Por Jesús Rivero*

Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.

Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

¿Qué se transmite?

El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida. 

¿Es pedagógico?

Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.

Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.

Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.

Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».

Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.

El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.

Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende. 

El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.

Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

*escritor y activista político.

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