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Análisis

Crece el desempleo y la miseria

Cierre de fábricas importantes, aumento de tarifas y servicios.

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Por Julio C. Gambina

A la carestía de la vida, con aumentos de tarifas y servicios, ahora crece el desempleo y disminuye la masa salarial. 

Entre muchos datos, la empresa ACINDAR comunica que por 120 o 135 días cierra su planta en Villa Constitución, Provincia de Santa Fe. Al mismo tiempo que suspende sus actividades productivas y disminuye los ingresos de sus trabajadores, ofrece retiros voluntarios. Claro que, si la ley Bases se aprueba, la empresa podrá acceder a las facilidades para despidos. 

Las razones esgrimidas por la empresa remiten al desplome de la obra pública y la baja en el sector privado, evidenciando el impacto del ajuste en la política estatal. 

Otras empresas actúan del mismo modo, y Tenarís, del grupo Techint, hace dos semanas paró su planta en la mencionada ciudad santafesina. 

La baja del consumo por ingresos populares disminuidos, sea por el ajuste fiscal o por la suba de los precios deriva en merma de la producción. 

Por eso, la recesión es un dato de la realidad y con ella crece la miseria, por menores salarios en el conjunto de la sociedad y un mayor empobrecimiento. 

Nada indica un cambio en el corto o mediano plazo, aun cuando se apruebe la ley de Bases, en tratamiento en el Congreso. 

El gobierno tiene expectativa en que su aprobación activará las inversiones, locales y externas. 

Las primeras por imperio del ajuste fiscal inducido por el Decreto 70/23, el congelamiento de las partidas presupuestaria a los valores del 2023, salvo arbitrarias y mínimas actualizaciones, más las disposiciones de la ley de Bases respecto a la facilitación de despidos en el sector público y privado. 

Por su parte, las segundas, como consecuencia de la aplicación del Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones, el RIGI. En ambos casos son ilusiones del oficialismo, que no se condicen con las perspectivas futuras a corto o mediano plazo.

El FMI alude a una merma del PBI del -3,5% para este año y muchas dificultades a el mediano plazo para un rebote. 

No es solo una cuestión local, sino que se asocia a la situación de ralentización de la economía mundial, que sigue complicada con la inflación, la desaceleración de la producción y el comercio, por ende, con baja propensión a la inversión privada, salvo la enorme seguridad jurídica que exigen los capitales más concentrados para su circulación en el mercado mundial. 

Aún con ley de Bases aprobada y el disciplinamiento de la burocracia política en el Congreso, la conflictividad histórica de la organización popular en la Argentina señala límites estructurales a la demanda del capital.

Consenso en disputa

Milei asegura en sus giras y encuentros externos que mantiene el consenso de la sociedad para su monumental ajuste y la profundización de una reaccionaria reestructuración del capitalismo local. 

Dice, que las reformas contenidas en la legislación aprobada por el Senado expresan 5 veces más que las reaccionarias reformas de Menem en los 90 del siglo pasado. Agrega, que, con el Decreto 70 en vigencia, las reformas son aún mayores y anticipa, que continuará con más desregulación y desestatización para favorecer la lógica de mercado apetecida por el capital privado. 

El interrogante está en el aguante de la sociedad, especialmente de aquellos que le dieron el voto en primera y en segunda vuelta. Es más, los sectores empresarios agrupados en variadas cámaras, que coinciden con el programa liberalizador y en contra del costo laboral y las organizaciones sindicales y sociales, empiezan a sentir en los balances de sus actividades económicas los límites de la política económica. 

Así, el equilibrio fiscal, discutible desde variados ángulos, logrado más con “contabilidad creativa”, pateando la pelota hacia adelante, que, con realidad de reducción estructural de gastos, e incluso la disminución de las tasas de interés, no aparecen como suficientes para estimular la actividad económica.

Hay señales de desconformidad, que puede transformarse en protesta y sumarse al conflicto social y sindical que crece ante los problemas para la reproducción de la vida cotidiana de millones de personas. 

Es cierto que no alcanza con protestas o rechazos a la política del oficialismo, ya que lo que se demanda es que hacer en términos diferentes, no solo a lo actual, sino al trayecto de donde viene la Argentina, no solo del gobierno previo, sino del anterior y de más atrás. 

Los problemas de modelo productivo que están en la base del estallido y crisis del 2001 se sostienen, y sin modificaciones de fondo, no hay solución para esa mayoría empobrecida que sufre los precios y el desempleo. 

No se trata solo de otra política económica, sino de otra articulación política que entusiasme a la población para redefinir que producir, cómo hacerlo y para quien, lo que implica colocar en primer lugar las necesidades de alimentación y satisfacción de derechos de salud y educación, entre muchos derechos conculcados por una lógica que privilegia la ganancia y la acumulación de los sectores más concentrados de la economía.

Es urgente cambiar el rumbo, de un país en el que además de la desigualdad y la miseria, crece la criminalidad, en el negocio de la droga, las armas o la trata de personas. 

De hecho, el capitalismo criminal crece en el mundo y, por ende, también en la Argentina. 

Es el resultado de la mercantilización creciente y la ausencia de regulaciones adecuadas, que motivan la norma de la fuga de capitales, la elusión y la evasión impositiva. 

No es el rumbo de la liberalización de la economía la que asegurará libertad para la población en su conjunto. 

Resulta imperioso frenar el ajuste y el salto regresivo en la estructura económica social en curso, lo que demanda la disputa del consenso para otro destino del país.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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