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Análisis

Cristina y los ejes para un programa de Gobierno

Las menciones necesarias al pasado. Como salir de este presente acuciante. Los cuatros ejes para construir un programa de gobierno. Las claves del discurso de Cristina en la plaza.

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Por Eduardo Silveria

Una multitud que desbordó avenidas y calles, acompañó a Cristina para escuchar su discurso en la Plaza de Mayo, la expectativa era grande, ya desde días anteriores se percibía cierta expectativa cubierta de euforia, que estalló en cuando la presencia cercana a los 500.000 personas se hiso visible a través de los medios.


Las críticas a su discurso fueron en un arco de 180° desde la derecha a la izquierda. Rodríguez Larreta, cuestionó que el acto se realizara un 25 de Mayo y que el peronismo se adueñara de esas fechas, olvidando que un 25 de mayo de 1973, Cámpora asumía la presidencia, después de 18 años de proscripción al peronismo y que 30 años después, Néstor Kirchner, tomaba las riendas de un país asolado por la deuda externa y todas las rémoras dejadas por los 10 años de menemismo y el gobierno de la Alianza, cuyo fin dejó decenas de muertes.

Las notas publicadas en los medios opositores por los columnistas habituales, centraron sus críticas en las referencias al pasado, en un pasado donde se señalaban los logros de las políticas sociales y económicas del kirchnerismo. Como si destacar tales cosas, estuviera fuera de lugar, en un acto convocado, precisamente para conmemorar los 20 años de la asunción de Néstor Kirchner, quién, ante una deuda tan monstruosa como la dejada por Macri, rompió con el FMI y la Argentina pagó la deuda, pero sin los condicionamientos  que el organismo internacional pretendía.

Y como bien lo dijo Cristina, la deuda que hoy tiene la Argentina, fugada en su totalidad por los socios del macrismo, fue una decisión política del organismo para que Mauricio Macri ganara las elecciones y avanzara en un plan de privatizaciones y pérdida de recursos naturales, como Vaca Muerta.

No se habló del pasado en sentido del puro recuerdo emotivo, se habló del pasado en términos políticos, porque los acuerdos establecidos hasta ahora se negocian, se renegocian e impiden y obstaculizan el crecimiento. “La deuda se otorgó por consideraciones políticas y por lo tanto, debe tener una solución política”. Tal como hiso Néstor en el 2003, es la Argentina quien debe establecer las condiciones en las que puede pagar.

Luego de la debacle del 2001 en el que los ahorristas perdieron sus ahorros depositados en los bancos, había una anuencia social y una unidad interna sustentada por este hecho, hoy, para llevar adelante una medida de tal magnitud, es necesario consolidar una unidad interna que consolide y permita llevarlo a cabo.

Esa unidad interna debería incluir a la oposición, pero un acuerdo con aquellos que endeudaron al país, resulta poco viable, ya que el propósito del endeudamiento, es precisamente achicar el estado, privatizar los recursos naturales –como mencionamos antes- es decir, petróleo, gas y litio, para pagar pagarle a organismo.

Un diseño perverso, por el cual es difícil y suena como impensado que Macri, Larreta o Bullrich, contemplen alguna vez hacer una autocrítica, ya que son parte del asunto. Este acuerdo, forma parte de los cuatro ejes propuestos, para salir delante de la crisis y el estancamiento. A ojos vistas, solo podrá ser llevado adelante haciendo una gran elección parlamentaria que permita una amplia mayoría en ambas cámaras para poder concretarlo.

La siguiente propuesta apuntó a la experiencia de aquellos países que han logrado un desarrollo importante de la economía, lo han hecho a través de una alianza entre lo público y lo privado, tal el caso de los países nórdicos, siempre puestos como ejemplo por la derecha, que resaltan la intervención privada, pero dejan de lado la estatal. Es también imposible, que los capitales concentrados y los grupos sojeros acepten tal alianza, pero la misma es posible convocando a los miles de pequeños y medianos productores de las pymes y a empresarios nacionales. Tal como hizo Perón en los años 70, a través de su ministro de economía, José Ber Gelbard.

El cuarto eje apunta a nuevo acuerdo para renovar el pacto democrático, que extirpe los discursos de odio, en los cuales se ha sumergido la sociedad argentina y gran parte de la oposición. Estos discursos propagados de forma sistemática por los medios hegemónicos, no solo incentivaron las oralidades violentas, sino que en la práctica de las mismas, intentaron un magnicidio, pero, también impiden el real funcionamiento de la democracia.

El cuarto eje, se enfocó en el cambio necesario que se debe implementar en el Poder Judicial, una institución ya vetusta, que no solo mantiene en su lenguaje usos como, “Su Señoría”, al edificio donde funciona, se lo llama “Palacio” y “La Corte” a los jueces que integran el tribunal supremo, cuya resonancia tiene inevitables ecos de monarquía y coloniaje. Ya es casi obvio mencionar que el Poder Judicial, se constituido como un partido, al servicio de los intereses políticos y económicos de la derecha.

Proscribiendo candidatos políticos, apoyándose en el lawfare, en fallos insólitos e interviniendo en contra de medidas económicas promulgadas por el gobierno, como la baja de las tarifas de cable. Para esta reforma, también es necesario un acuerdo con la oposición, pero más posible de llevarlo adelante y concretarlo. No son pocos los gobernadores opositores, que ven a la Corte beneficiando con sus fallos a la ciudad de Buenos Aires, en demérito de las provincias, cuando de distribución federal se trata.

Esto puntos o ejes, fueron lo más importante de un discurso, del cual algunos se decepcionaron, ya que no se habló de candidaturas y muchos, también esperaban que Cristina las anunciara o se proclamara ella candidata, volviendo atrás en sus últimas palabras.

Pero, las cosas no iban por ahí, más allá de las ilusiones que se podían haber hecho, quienes estuvieron o no en la plaza y bajo la lluvia. Porque el discurso, lo que marcó fueron los ejes que se debe sustentar un programa que ilusione y que de esperanzas y que más allá de los nombres y apellidos, debe ser conducido por los hijos de la generación diezmada, tal como dijera, la líder de todo esto.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Miguel

    27.05.2023 at 15:52

    Dijo Cristina, «no voy a ser mascota de Magnetto», si lo designa a Massa, le entrega la mejor mascota y nos entrega a todos. Hablo con muchos Kirchneristas y ninguno votaría a Massa. Si llegara ser Presidente, cumpliría con sus promesas de campaña; «voy a terminar con el Kirchnerismo y voy a meter presos a la Campora». Cristina no puede ignorar eso………..

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El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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