Análisis
Es el saqueo a la Argentina, así de sencillo
Argentina debe competir.
Por Mario Mazzitelli
Estoy de acuerdo que, en el concierto de naciones, nuestro país tiene que tener un papel relevante, notable, destacado. Como es lógico tiene que competir. Como en cualquier disciplina hay que seleccionar los componentes, organizarse, observar fortalezas y debilidades, estudiar a los otros, desplegar una estrategia, etc.
Esto hace, por ejemplo, el director técnico de la selección nacional de futbol.
Ahora los invito a imaginar un diálogo absurdo, ilógico e inadmisible, entre el entrenador francés Didier Deschamps (DD) y el argentino Lionel Scaloni (LS) previo a la final del mundo 2022.
DD: “el 10 de ustedes, Messi, es demasiado bueno; lo queremos en nuestro equipo”.
LS: “no hay problema, le damos a Messi.”
DD: “Dí María es capaz de hacernos un gol en la final, ya se lo hizo a Brasil en la Copa América, también lo quiero.”
LS: “no hay problema, le damos a Di María.”
DD: “estamos preocupados por el despliegue del medio campo, nos interesan Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.”
LS: “no hay problema, les pasamos los tres.”
DD: “por último, corremos el riesgo de llegar a los penales, en ese caso el arquero de ustedes es el mejor, quiero sumar al Dibu Martínez.”
LS: “no hay problema, le damos al Dibu.”
Volvemos del absurdo, ilógico e inadmisible diálogo; y pregunto ¿Cómo creen que hubiera terminado esa final? Sí. Fácil. Habría ganado Francia.
Seguimos. Ahora un nuevo viaje a lo absurdo, ilógico e inadmisible. Un diálogo entre los señores XX y JM.
XX: “ustedes tienen litio en gran cantidad, es una ventaja inaceptable, quiero el litio de Argentina.”
JM: “no hay problema, le damos el litio”.
XX: “también han desarrollado la extracción de gas y petróleo en Vaca Muerta, obteniendo una fuente enorme de energía y dinero; quiero esas reservas.”
JM: “no hay problema, le damos el gas, el petróleo, Enarsa y también YPF.”
XX: “no creemos que sea conveniente que tengan una empresa de vanguardia tecnológica (ARSAT), tampoco una con ganancia asegurada por llevar agua a los hogares (AySA) y una línea aérea de bandera (AA), quiero las tres”
JM: “no hay problema, le damos la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales, Aguas, Aerolíneas Argentinas y otras treinta empresas más.”
XX: “sí, todas. Pero no me quiero olvidar del Banco Nación que es el más grande de Argentina, quitándonos una herramienta en el manejo de las finanzas, lo deseo; además tengo interés por la Casa de la Moneda.”
JM: “no hay problema, tiene el Banco Nación y la Casa de la Moneda.”
Regresemos de lo absurdo, ilógico e inadmisible. Pregunto: ¿Este segundo diálogo es tan falso y alejado de la realidad como el primero? ¿Quién cree usted que ganaría XX o JM?
Últimas preguntas al lector: ¿Por qué lo que observa absurdo, ilógico e inadmisible para el futbol, lo ve natural en torno a las riquezas argentinas, que nos dan una verdadera ventaja competitiva? ¿Usted no quiere competir? Quiero creer que sí, que quiere competir. Lo vi en las calles cuando ganamos la Copa del Mundo en diciembre de 2022.
¿Compiten los jugadores de a uno o los equipos? ¿Compiten las empresas de a una o los Estados Nación?
En su inteligente prédica librecambista los ingleses trataban de hacer intercambios comerciales entre productos industriales con alto valor agregado contra productos primarios, como granos o materias primas. Era un librecambio comercial donde el Imperio Británico (supuestamente) nada tenía que ver. Eran principios de la ciencia económica, no intereses imperiales.
Los norteamericanos, que nunca fueron zonzos, rápidamente contestaron esa prédica sosteniendo que también ellos iban a ser librecambistas, cuando su desarrollo así lo indicara y lo hiciera conveniente. Ahí estuvieron los EEUU como adalides del librecambio durante mucho tiempo. Hasta que aparecieron los chinos en el mercado mundial durante las últimas décadas. Ahí los norteamericanos descubrieron que “la empresa privada Huawei es el brazo tecnológico del régimen chino y su jefe, Xi Jinping”. ¿Cómo? ¿Puede haber un Estado Nación detrás de una empresa privada? ¿Puede estar detrás de muchas empresas?
Para que nadie se ruborice tomo una anécdota de hace 70 años. Para muestra basta un botón. En 1953 el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, nombró al presidente de General Motors (la automotriz más grande del mundo en aquellos tiempos) Charles E. Wilson, como secretario de Defensa. Un día le preguntaron a Wilson si como hombre de Estado ¿podría tomar decisiones contrarias a los intereses de General Motros? Su respuesta fue contundente y brillante: durante años pensé que lo que era bueno para el país era bueno para General Motors, y viceversa; lo que era bueno para General Motors también lo era para el país. Simbiosis que explica muchas cosas. Una, que las multinacionales primariamente son empresas nacionales, es decir son oriundas de un Estado Nación. Dos, explica porque en 2009 (en momentos en que la empresa GM se hundía irremediablemente) el Tesoro de los EEUU corrió a su salvataje (que más tarde iba a devenir en la recuperación integral de la empresa, con lo cual se demostró que dicha intervención fue correcta) Tres, que no hay grandes empresas donde no hay grandes Estados. Cuatro, que quienes realmente compiten (a través de sus jugadores o sus empresas) son los Estados Nación.
Desmembrar el Estado argentino es la obsesión de los enemigos geopolíticos de nuestro país con la finalidad de acceder a nuestros bienes y capacidades al más bajo costo. Además de eliminar un competidor. El desmantelamiento del Estado para transformarnos en una factoría colonial, con beneficios solo para un cuarto (25%) de los habitantes, es un proyecto pésimo. Es devolvernos al atraso del siglo XIX.
La prédica constante a través de los medios de comunicación, las universidades privadas, etc. han logrado que economistas, políticos, empresarios, intelectuales, etc. (ensobrados o no, con intereses particulares o no, conscientes o no) actúen como Caballos de Troya, convenciendo a un sector de la sociedad. Propuestas como entregar bienes estratégicos a los extranjeros, que ni se podrían insinuar en los países del primer mundo, se han vuelto moneda corriente entre nosotros.
El Movimiento Nacional debe pensar en relanzar el Estado. Su papel es irremplazable para desplegar y aprovechar las capacidades y potencialidades de todos y cada uno de nuestros habitantes*. Un país en el que la realización de cada uno es la condición para la realización de todos. Eso es lo más importante. Con esos talentos en marcha, hay que organizar y desplegar las fuerzas productivas. No de cualquier manera. Armonizando lo colectivo y lo individual, lo extractivo y lo ambiental, lo eficaz y lo bello. Articulando el plan estratégico del Estado, con los movimientos tácticos del mercado y la nueva economía social (cooperativa o colaborativa) fundada en la moderna Revolución tecnológica. Todo para alcanzar el desarrollo integral del país. Justo, próspero y moderno.
Los que bregamos por un futuro con soberanía política, justicia social y amistad con todos los pueblos del mundo, tenemos que defender el Estado y reformarlo hasta ponerlo a la altura del desafío histórico. Difícil, complejo, peliagudo. Justamente por eso es un desafío. Pero es preferible asumirlo en plenitud, a dejarnos ganar por el derrotismo, la desidia o la resignación. La Nación nos reclama el ejercicio intenso de nuestra voluntad soberana. Sepamos honrarla.
*(El desarrollo de las máximas potencialidades de cada jugador es una condición ineludible para formar una buena selección. Pero una buena selección requiere de otros atributos para ser competitiva. Y, como en el futbol la tarea le corresponde al Equipo Técnico, en el país le corresponde al Estado).
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Por Alejo Brignole
Uno de los mecanismos más extendidos de las naciones sumergentes, del norte rico, es dar cobijo legal y territorial a quienes han sido sirvientes fieles de sus estrategias dominantes. Muchos expresidentes, ministros de Economía y altos cargos gubernamentales latinoamericanos adscriben a esta larga tradición de refugiados infames que hundieron a sus pueblos.
El escritor británico James Hilton (1900-1954) publicó en 1933 una célebre novela titulada Horizontes perdidos, donde narra la llegada de un grupo de extranjeros al monasterio tibetano de Shangri-La, un lugar utópico del Himalaya que se aproximaba al concepto arquetípico del Paraíso Terrenal. Hilton describe allí a una sociedad pacífica y plena de armonía gobernada por lamas llenos de sabiduría.
La novela posee claras conexiones con la obra filosófica Utopía de Tomás Moro, escrita en 1516, aunque el mítico Shangri-La en la novela de Hilton parece más bien un reflejo de la budista Shambala, un símbolo del gobierno perfecto basado en la concordia. En cualquier caso, estos lugares utópicos, rebosantes de perfección y alejados de otras realidades distópicas, parecen ser una constante (falsa) en el ideario de los imperialismos. Pero sobre todo de sus servidores, pues todos ellos, finalmente, acuden a ese Shangri-La en búsqueda de refugio tras las devastaciones económicas y sociales que dejan tras de sí. Sin embargo, para ganarse un pasaporte fiable al Shangri-La antes habrá que probar ser un alumno útil, pero sobre todo obediente del colonialismo de turno. Solo así el Paraíso abre sus puertas, otorga refugio y pasaporte estadounidense para proteger a sus sirvientes.
Si revisamos la historia del siglo XX –podríamos ir incluso mucho más atrás, si fuera el caso– veremos que cada gobernante que vendió a su país, o entregó a las sociedades que debía resguardar, o benefició a los poderes extranjeros, finalmente tuvo su recompensa y se le permitió acceder a la “sociedad perfecta” a la cual sirvió como esclavo privilegiado. La historia nos muestra los casos de Jean-Claude Duvalier, genocida y dictador haitiano que tras su caída en 1986 fue bien recibido en Francia, que fue la metrópoli colonial a la que obedeció y benefició (además de su vecino estadounidense).
El mismo fenómeno tuvo lugar cuando el dictador chileno Augusto Pinochet estuvo en Londres y desde allí, gracias a la justicia británica, pudo sortear las acusaciones internacionales por crímenes de lesa humanidad. El Gobierno británico al que sirvió económicamente (y también militarmente en 1982 durante la Guerra de Malvinas) cumplió así su parte del contrato con el servidor colonial, protegiéndolo contra las consecuencias de sus propios crímenes y genocidios.
El expresidente ecuatoriano, Jorge Jamil Mahuad (1998-2000), detenta una suerte parecida al exministro de Economía argentino, Domingo Cavallo (ministro durante la infame década neoliberal de 1990): ambos dan clases en universidades estadounidenses y tienen allí su Shangri-La asegurado, como recompensa por haber entregado las estructuras económicas de sus respectivos países a los diseños de Washington. Desde los años del Imperio romano un buen esclavo siempre puede aspirar a una buena dádiva.
En el caso de Argentina, nuestros mejores ejemplos los tenemos en los exmandatarios Carlos Saúl Menem y el actual y camaleónico Javier Milei, quienes –cada uno en su momento– accedieron al blindaje de Washington a cambio de sumirse a la manera de Sodoma. Luego de acatar disciplinadamente las directrices del Departamento de Estado, de haber entregado nuestra economía a las trasnacionales del norte rico y de favorecer el despliegue estratégico norteamericano en nuestras fronteras, estos presidentes acusados de corrupción, prevaricación y actos criminales de diversa naturaleza, no serán sentenciados por una Justicia igualmente diseñada desde Washington para nuestras naciones del Sur Global.
Mediante este ejercicio cómplice y después de fomentar la muerte, la desnutrición y el atraso programático en sus sociedades nativas, nuestros entregadores huyen hacia ese lugar de luz en donde no hay signos de dolor tercermundista, y en donde no tienen que contemplar el horror que sembraron a su paso, aquí lejos, en las periferias mundiales que gobernaron. Viven, por así decirlo, sus propias fantasías coloniales, en las cuales se les permite el disfrute del Shangri-La después de haber hecho su trabajo de Judas. Metáfora muy apropiada para Javier Milei, que probablemente recibirá asilo en campos hebreos, en el propio –y genocida– Estado de Israel, al que tantas puertas estratégicas le cedió en Argentina.
Estos héroes del colonialismo que hacen el trabajo sucio de los imperialismos son los que reciben el pasaporte a la Tierra Prometida y piensan que desde allí podrán escapar al juicio de los hombres y también al de la Historia. Pero al igual que en la novela de James Hilton, saben que salir del Shangli-La significa la muerte (en este caso, condenas judiciales por sus crímenes y eventualmente la prisión)
En la obra Horizontes perdidos los habitantes de ese lugar utópico viven una eterna juventud gracias a un clima especial y ciertas plantas medicinales que solo crecen allí. Por eso, cuando algunos protagonistas de la novela abandonan ese aislado paraíso mundano, los estragos de la realidad se hacen presentes de manera fulminante: envejecen repentinamente y las reglas biológicas que rigen al resto del mundo los alcanzan.
Extrapolando esta alegoría, los criminales que gobernaron y gobiernan muchos de nuestros países –entre ellos la Argentina actual– saben que solo podrán burlar la realidad jurídica huyendo hacia aquellos paraísos artificiales a los cuales sirvieron como mandaderos. Salir del Shangri-La, por tanto, es sinónimo de muerte. O lo que es lo mismo, de condena y castigo. Por eso Javier Milei, el ministro Federico Sturzenegger, Karina Milei o el lavador de dinero Luis Caputo (a cargo de la cartera económica) emigrarán a las fronteras protectoras a las que entregaron sus países, sus recursos estratégicos, sus glaciares e hidrovías estratégicas. Inescrupulosos traidores a sus pueblos, víctimas de pobres ambiciones políticas y mundanas.
Pero sabemos que la Historia es circular y, como en todo espejismo de Shangri-La, a los traidores de la humanidad los alcanzará la muerte, la podredumbre y el odio eterno de la sociedad que les vio nacer.
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