Cultura
«Las Moiras», obra de Tamara Tenenbaum, vuelve a la escena porteña
En la puesta, tres esposas de rabinos tejen los destinos de todo el barrio porteño de Once decidiendo quién se casa con quién. Se encuentran con una rebelde joven que reclama el derecho a romper con el orden establecido.
«Las Moiras», obra teatral escrita por Tamara Tenenbaum y dirigida por Mariana Chaud, cuya trama indaga en clave de comedia temas vinculados a la identidad y las diferencias, se presentará los sábados de febrero a las 21 en Caras y Caretas.
En la puesta, tres esposas de rabinos tejen los destinos de todo el barrio porteño de Once decidiendo quién se casa con quién. Se encuentran con una rebelde joven que reclama el derecho a romper con el orden establecido. Cuando intenta articular sus argumentos, un Dibuk se apodera de ella.

La pieza, protagonizada por Analía Couceyro, Luciana Mastromauro, Flor Piterman y Fiamma Carranza Macchi, es la primera parte del díptico «El Dibuk, Dos Covers», que continuará con el estreno de «El día más largo del mundo».
«Me gusta mucho lo que escapa de lo cotidiano y en esta obra la combinación de esas señoras que charlan, juegan al Rummy, comparten chismes y se cruzan con esa presencia extraordinaria de un supuesto espíritu maligno que rompe su mundo me fascinó», dijo la actriz y directora Mariana Chaud («Pequeña Pamela», «El hecho», «Familia no tipo y la nube maligna», entre otras).
«Las Moiras» pone a dialogar de forma explícita dos mitos sobre el destino y su relación con los muertos: la leyenda judía del Dibuk, un espíritu errante que no ha terminado su trabajo en la Tierra y por eso no puede cruzar al otro lado, y el mito de las moiras, las tres viejas del inframundo que en la mitología griega hilan, sostienen y cortan el hilo de la vida.
«El Dibuk, dos covers» y «El día más largo del mundo» toman distintos componentes de la obra Ansky para resignificarlos y ubicarlos en el judaísmo ortodoxo argentino del siglo XX.
En ambas piezas la referencia al teatro también es explícita, como parte integral de la educación jasídica de principios del siglo XX.
La pieza de podrá ver desde el 3 de febrero en cuatro únicas funciones que se realizarán los sábados de febrero a las 21 en la sala ubicada en Sarmiento 2037.
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
-
CABA2 díasLe dijeron no al GCBA: la Justicia frenó el cobro de Ingresos Brutos a una empresa porteña
-
Transporte4 díasCortes en el tren este fin de semana: qué ramales de Mitre y Sarmiento no van a circular
-
Fútbol & Goles!2 días“Volví por estas alegrías”: la emoción de Di María tras consagrarse campeón con Rosario Central
-
Geopolítica 🌎5 díasEn su viaje a Nueva York, Kicillof le dijo al mundo que el milagro de Milei no existe: “Es una catástrofe”
-
CABA3 díasRécord de suicidios: estudiantes secundarios escriben la ley que el Estado no da
-
CABA6 díasMacri le baja las patentes a la clase media porteña: quién paga menos y quién queda exento
-
Análisis6 díasEncuesta nacional: qué políticos lideran el ranking de imagen negativa
-
Espectáculos 🎭6 díasEl delicado cuadro de salud de Mirtha Legrand: internada con neumonía bacteriana
