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Análisis

¿Quién quiere eliminar a Cristina?

Por Demetrio Iramain.

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Por Demetrio Iramain

En su edición del lunes, el diario Clarín anunció en tapa una columna del periodista Pablo Vaca, cuyo temerario título no deja lugar a dudas: “La bala que no salió y el fallo que sí saldrá”. Sale o sale.

El artículo de opinión incluido en la sección “Del editor” aclara el compromiso ideológico del grupo empresarial más poderoso del mapa mediático con la eliminación política de Cristina.

Mediante un atentado, o a través de una sentencia judicial, la decisión es una sola: no debe haber sobrevida política para el kirchnerismo, identificado como una “asociación ilícita”.

Tienen un problema, sin embargo: el atentado fallido precipitó una impresionante respuesta popular en defensa y reivindicación de Cristina, que ya venía creciendo desde el insultante pedido de 12 años de prisión.

Ante el nuevo escenario político, contenido en parte en la etapa inmediata anterior, surgieron de parte del oficialismo llamados a reencausar el debate público y democratizar las disputas, ante los desbordes de violencia, cuya máxima expresión fue el atentado planificado contra Cristina. La oposición y quienes generaron el clima de época que lo hizo posible, rechazaron en forma rotunda cualquier acuerdo. Ni a misa, ni al Congreso fueron. ¿Y ahora?

¿No es hora, acaso, de volver a poner en vigencia la ley de medios y avanzar con la reforma de la Corte? El Gobierno estaría, hoy al menos, absolutamente justificado si se avanzara de modo drástico contra quienes quieren frustrar la democracia: el Poder Judicial corporativo y reaccionario, y los medios hegemónicos.

Nada hay más antidemocrático que anular a la líder política con más apoyo y representatividad popular, a través de su intento de proscripción. Su liso y llano asesinato es la etapa superior, la última ratio, de esa opción por el fascismo.

Se necesitan decisiones a la ofensiva del Frente de Todos, tendientes a desbaratar a las múltiples expresiones de una derecha atroz, que -por si fuera poco- rechaza cualquier acuerdo.

Por lo demás, la antítesis del «odio» no puede ser una democracia domesticada, sólo formal. Los poderosos, sea el contexto que fuera, ansían una institucionalidad hueca, que les permita seguir concentrando riquezas sin repartirlas. Son ellos, justamente, los promotores del odio, los denunciadores seriales de una violencia que no existe, pero que ellos encuentran en las políticas distributivas y democratizantes. Le llaman «consenso». Se autoperciben «demócratas». Pero es exactamente al revés.

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El Argentino
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Análisis

El otro triunfo de Argentina, 1985

Por Víctor Bassuk

Publicado hace

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Por Víctor Bassuk

La película Argentina, 1985 viene recibiendo buenas críticas, ovaciones en festivales y se perfila para conformar una de esas que cada uno guarda en el Top 100 de sus afectos. Durante la semana de estreno, 1 de cada 2 espectadores la eligieron ¿Cómo puede ser?

Si las grandes cadenas multinacionales de salas se negaron a darle pantalla, ya que Amazon Prime (socio en la producción de esta película) la iba a pasar en su plataforma en solo 3 semanas. Es decir, si la película es un éxito, como todo lo augura, las salas iban a dejar de ganar mucho dinero. Resalto “dejar de ganar” ya que, de ningún modo el esquema comercial de las películas podía representar pérdida para los dueños de salas.

La consecuencia sorpresiva de este conflicto fue que las salas independientes y la cadena Atlas cuyos dueños son de acá, salieron en apoyo de esta película nacional y sumaron inmediatamente 230 salas en todo el país por fuera de los circuitos de las grandes multisalas extranjeras.

El resultado es que el público llenó todas y cada una de las butacas de las salas donde se proyecta Argentina, 1985.

Este logro arrasa con algunos mitos instalados en el negocio del cine como que solo existe lo que se exhibe en los puntos de venta hegemónicos, porque la gente va a consumir pochoclos y gaseosas y, de paso, ven una película. 

Una dichosa sorpresa fue el discurso que pronunció el director de Argentina, 1985 en el estreno. Un cineasta de apellido que difícilmente podemos vincular a los intereses populares, asociado con una productora emblema del cine hollywoodense, pidió por la sanción de una ley que prorrogue los fondos que van a sostener nuestras expresiones culturales mas independientes. Contra toda profecía, parece que algo admirable está sucediendo en nuestro país.

La película rescata la figura de Strassera y Moreno Ocampo. El sector cinematográfico rescata la valentía de nuestros exhibidores locales. Hoy, el cine y los espectadores argentinos, como Sergio Chiquito Romero en el 2014 frente a Holanda, nos convertimos en héroes.

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