Análisis
Salvador Allende y la Argentina: a 50 años de su muerte
El 11 de septiembre de 1973, la radio anunciaba, la triste noticia del golpe de estado contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

Por Lois Pérez Leira
Aquel 11 de septiembre de 1973, me enteraba por la radio de la triste noticia del golpe de estado contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.
La misma conmocionaba a todo el mundo progresista, muy especialmente en la Argentina. Si bien era una noticia que no nos cogió por sorpresa, ya que la conspiración norteamericana era descarada. Lo cierto es que siempre alentábamos que Allende pudiera revertir la situación de desestabilización. Por aquellos años residía en la Argentina donde militaba en la juventud comunista. En ese momento presidia la Confederación Argentina de Estudiantes Secundarios.
Algunos meses antes nos habíamos volcado a las calles de Buenos Aires para recibir a “Chicho” como cariñosamente se lo conocía al Presidente socialista. Había llegado al Aeroparque de La Ciudad un día antes de la asunción del Presidente Cámpora el 25 de mayo de 1973. La Argentina estaba conmocionada, dejaba atrás una dictadura y el pueblo había logrado el retorno del general Perón y una aplastante victoria popular.
Para participar de la asunción del representante de Perón viajaron especialmente Osvaldo Dorticos, Presidente de Cuba y Salvador Allende, de Chile. Ya en el aeropuerto miles de personas lo estábamos esperando para darle la bienvenida. Recuerdo que repartieron unas fotos impresas con su rostro y su firma que por muchos años guarde con especial cariño. Por la tarde una manifestación multitudinaria se manifestó por los parques de Palermo hacia la Embajada de Chile, donde Salvador Allende nos dirigió la palabra desde el primer piso de la mansión diplomática.
Allende y su revolución pacífica era parte de la esperanza de la izquierda latinoamericana que creía que podía ser posible la forma pacífica de la transición al socialismo. El Presidente chileno a pesar de ser parte del Partido socialista era un hombre de formación marxista, amigo del Che y de Fidel.
Fue uno de los impulsores en la Tricontinental celebrada en Cuba y el mentor de la creación de la organización OLAS, de coordinación de los movimientos revolucionarios de América latina. Al otro día de su llegada el 25, se iba a producir uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea de Argentina, dos presidentes, Osvaldo Dorticós y Salvador Allende, oficiaban de notarios de la asunción del Presidente Héctor José Cámpora que presidió “La breve primavera Argentina”.
Aquel paso de Allende por Argentina fue esencial para profundizar los lazos de amistad de ambos pueblos. Unos meses después la derecha reaccionó, al mando de A. Pinochet, ejecutando el sanguinario golpe de Estado.
Durante los primeros dos días las noticias que llegaban eran contradictorias, algunos medios señalaban que en Valparaíso los obreros resistían con valentía con las armas en la mano. Con el transcurrir de las horas nuestra esperanza se iba diluyendo. A pesar de ello cientos de miles de argentinos salieron a la calles para solidarizarse con el pueblo chileno. Nunca en la historia solidaria de este país se dio un fenómeno semejante. Al grito de ¡¡¡Chile no se rinde!!! ¡¡¡Vamos Chile carajo!!! ¡¡¡Se siente se siente Allende está Presente!!!, las calles de toda Argentina hacían sentir su solidaridad anti-imperialista.
Aún hoy retumban estos gritos esperanzadores en mis oídos. Recuerdo las lágrimas y los abrazos de los compañeros frente al edificio del Congreso. ¡¡¡Vamos Chile carajo!!! Era un solo grito.
Meses después en enero de 1974 encabece una manifestación de estudiantes secundarios en la villa turística de Miramar. La misma tenía como objetivo la solidaridad con Chile. Luego de algunas provocaciones de la derecha local, terminé detenido con otro compañero, pasando la noche en una comisaría de la ciudad. Creo que fue la detención, con la que me sentí más orgulloso. Después de 45 años de que los EEUU provocaron este golpe de Estado con las consecuencias de muertes y violaciones de los derechos humanos por todos conocidos, el pensamiento socialista, anti-imperialista y revolucionario de Salvador Allende (que nada tenía que ver con la socialdemocracia), está más vigente que nunca.
¡Se siente! ¡Se siente! ¡Allende está Presente!
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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