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Análisis

Esequibo, el viejo cuento de piratas y la doctrina Monroe

La prensa mundial está feliz. Tiene una nueva historia de terror para jugar con los nervios del público.

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Por Oleg Yasinsky*

El tirano venezolano armado por el dictador ruso está por invadir un pobre país indefenso para quitarle su territorio y sus riquezas.” De diferentes formas repiten más o menos la misma idea que debería alertar al mundo democrático y aumentar el dudoso rating de sus principales guardianes: las FFAA de los EEUU y de la OTAN.

Para entrar en materia, imaginemos una escena de tiempos pasado: A las bahías de la costa sur del Caribe, que durante siglos fueron tan apreciadas por los piratas ingleses llegan los buques de guerra de la recién triunfada y aplaudida por las masas progresistas del mundo democracia estadounidense y le dice a la corona de Londres, “se acabó. Ustedes se van. Esto ya es nuestro. Y si quieren quedarse les tocará negociar ahora con nosotros”.

Esta es la “Doctrina Monroe”, que hace pocos días celebró su 200 aniversario (pese al dicho de que no hay un mal que dure cien años), un pensamiento imperial hecho un proyecto oficial de todos los gobiernos norteamericanos sin excepción ninguna, que lo pusieron en práctica con sus marines, golpes de estado, bloqueos económicos y campañas mediáticas con su gran especialización en guerra informativa.

«América para los americanos«, proclamada por el único país americano sin nombre propio, y que ponía a todo un continente en la mesa de las élites más insaciables e ignorantes del mundo, fue solo un preludio para la actual agenda de la guerra global, donde los adversarios ya se ven enfrentados en las trincheras de los pueblos de América contra el gobierno racista gringo de turno, sino en la hidra transnacional financiera de color, nacionalidad, edad y sexo indefinidos, con su representación legal y mundana en el departamento de estado de los Estados Unidos y en frente, la humanidad entera.

Un tema muy importante relacionado con la «Doctrina Monroe» es el apoyo, hace 200 años, de los EEUU a la lucha de los países latinoamericanos por su independencia, con el propósito de volverlos permanente y completamente dependientes de sus propios intereses.

Estamos viendo que la lógica de las «revoluciones de colores» comenzó hace 200 años, y que nuestros pueblos necesitaron a grandes visionarios como Simón Bolívar y José Martí para de inmediato darse cuenta de esta amenaza mortal. En el siglo pasado su realización consistía en una permanente imposición de los brutales regímenes fascistas y de las democracias bananeras en América Latina.

En este siglo, la globalización neoliberal la convirtió en el virus planetario. Ahora vemos con algo de asombro, que los países de Europa Occidental, que hace poco a muchos de nosotros nos parecían ejemplares y tan dignos de imitar, que ahora son incluso más patios traseros de EEUU que sus vecinos geográficos. Pero la actual “Doctrina Monroe” necesita una redefinición.

En lugar de «América para los americanos«, ahora con la bendición del Santo Musk debería ser «La Vía Láctea para las trasnacionales».

Pero, por ahora, bajemos de las estrellas a la selva del Caribe. A cualquier persona que conozca mínimamente la historia de la conquista y la independencia de América, el surgimiento de la Gran Colombia y luego de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá mientras en el norte del continente permanecían intactas las colonias europeas, la farsa judicial del laudo arbitral de 1899 en la lejana París, sin la participación de Venezuela y los múltiples ejercicios geográficos de los cartógrafos europeos imperiales, (los mismos que separaron con líneas geométricas a los pueblos de África para imposibilitar la integración del continente), no le puede quedar duda a qué país debería pertenecer la orilla occidental del río Esequibo.

No es un tema de revisionismo histórico sino de mínima lógica de los intereses foráneos. Guayana parece ser un Kosovo suramericano con el único propósito de ser el centro infalible para cualquier provocación contra los vecinos irrespetuosos de la “Doctrina Monroe”.

La excusa del crecimiento económico de Guayana del 58% es una farsa. Es como hablar del “milagro económico de Pinochet” mientras la mitad del país apenas sobrevivía.

Según el contrato del 2016, la ExxonMobil pagaba al estado guayanés el 2% de sus utilidades hasta recuperar el 75% de su inversión.

Por la experiencia mundial sabemos, que ExxonMobil siempre tendrá los lobbistas y abogados mucho mejores que el gobierno de Guayana (por si acaso algún día a ese gobierno se le ocurriera dejar de ser su gerente), quienes siempre demostrarán que su cliente trabaja con las mínimas utilidades, sufre enormes pérdidas, no recupera la inversión y su trabajo en el país es casi una obra de beneficencia.

Otro ejercicio interesante sería comparar los activos de ExxonMobil y del estado guayanés. Según la información abierta, en 2021 la empresa ExxonMobil tenía un capital de USD 338 923 millones. El PIB de Guayana en el mismo año equivalía a USD 8 044 millones.

No es difícil deducir entonces el tipo de relación existente entre el estado y la empresa privada, que lo contrata para sus necesidades empresariales.

La historia del Esequibo

Es injusto que el continente conozca la causa de las Malvinas y hasta los últimos meses ni siquiera conociera el nombre de Esequibo, que el mundo sigue escribiendo con la ortografía inglesa como “Essequibo”.

En vez de un jaguar de la selva guayanesa se asoma un león escondido en la sombra del escudo real británico.

Tampoco conoce el mundo la historia de la rebelión y la masacre de Rupununi en enero de 1969, cuando los indígenas y mestizos se sublevaron en esta parte del Esequibo, por sus derechos a ser parte de Venezuela, y el gobierno de Caracas de entonces, prefirió no complicar las relaciones con sus amos y vecinos, ignorando la tragedia a pocos kilómetros de su frontera oriental, dibujada por los ingleses.

Cuando el ejército guayanés torturó, violó y asesinó a quién sabe cuántos civiles, pues nadie supo con exactitud estos datos, ya que en esta tierra de nadie todas las estadísticas son relativas, las únicas cifras que merecieron un buen cálculo fueron las de los barriles de petróleo para ExxonMobil.

El bello paisaje rupestre de Esequibo, con sus mil encantos, sorpresas y secretos, está por despertar, para empezar por fin a vivir su propia historia que camina por los senderos de la selva con los pies descalzos de su gente.

*Periodista ucraniano chileno, investigador de los movimientos indígenas y sociales en America Latina, productor de documentales políticos en Colombia, Bolivia, Mexico y Chile, autor de varias publicaciones y traductor de textos de Eduardo Galeano, Luis Sepúlveda, José Saramago, subcomandante Marcos y otros al ruso. Columnista de RT y Tele Sur.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

Encuesta nacional: qué políticos lideran el ranking de imagen negativa

El estudio de la Universidad de San Andrés midió a 26 figuras, detectó un saldo negativo en todos los casos y registró un fuerte malestar por la situación del país, el empleo y los salarios.

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El Argentino Diario-Javier Milei-Patricia Bullrich.
ESPOP: todos los dirigentes medidos tienen saldo negativo.

Ninguno de los 26 dirigentes políticos evaluados por la Universidad de San Andrés logró una imagen positiva superior a la negativa y solo dos superaron el 30% de valoración favorable. Patricia Bullrich encabezó el ranking con 34%, seguida por Javier Milei con 33%.

El dato surge de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), que relevó 1.004 casos a nivel nacional entre el 3 y el 9 de septiembre. La medición también expuso un deterioro en la evaluación del Gobierno y un marcado pesimismo sobre la situación económica.

Bullrich encabeza, pero el saldo sigue en rojo

Bullrich registró 34% de imagen positiva y 56% negativa, con un diferencial de 22 puntos en contra. Milei quedó segundo, con 33% favorable y 61% desfavorable, mientras que Axel Kicillof completó el podio con 29% de valoración positiva y 61% negativa.

Cristina Kirchner obtuvo 29% de imagen positiva y 64% negativa. Myriam Bregman alcanzó el mismo nivel favorable, aunque con 48% de rechazo.

El primer lugar no representa una aprobación mayoritaria, sino la posición relativamente menos desfavorable dentro de una tabla en la que todos los dirigentes terminaron con saldo negativo.

El resto del ranking y los peores diferenciales

Victoria Villarruel y Jorge Macri registraron 28% de valoración positiva cada uno. Más atrás quedaron Mauricio Macri, con 26%; Juan Grabois y Sergio Massa, con 23% cada uno; y Martín Menem, con 20%.

Los diferenciales más adversos correspondieron a Máximo Kirchner y Lilia Lemoine. El diputado obtuvo 17% de imagen positiva y 71% negativa, un saldo de 54 puntos en contra. La diputada registró 10% favorable y 62% desfavorable, con una diferencia negativa de 52 puntos.

El Gobierno también quedó debajo del rechazo

La evaluación de la gestión nacional acompañó el clima negativo del ranking dirigencial. El 35% de las personas consultadas aprobó el Gobierno de Milei, mientras que el 61% lo desaprobó.

La insatisfacción con la marcha general del país alcanzó al 69% de los encuestados, frente a un 29% que expresó satisfacción. La falta de trabajo apareció como el principal problema, con 39%, seguida por los bajos salarios, con 36%, y por la corrupción y la pobreza, con 29% cada una.

La economía concentra el pesimismo

El 55% consideró que la situación del país empeoró respecto del año anterior. Además, el 43% sostuvo que la situación empeorará en el futuro, un indicador que refuerza la distancia entre el discurso de recuperación oficial y la percepción cotidiana de buena parte de la sociedad.

La nueva medición se suma a una serie de encuestas que muestran un desgaste extendido de la dirigencia. La falta de una figura con imagen neta positiva no se limita a un espacio político: alcanza al oficialismo, al peronismo y a las fuerzas opositoras, con distintos niveles de rechazo y conocimiento público.

Lo que tenés que saber:

  • La ESPOP midió a 26 dirigentes políticos sobre 1.004 casos nacionales.
  • Todos registraron más imagen negativa que positiva.
  • Patricia Bullrich encabezó con 34% de imagen positiva y Javier Milei quedó segundo con 33%.
  • Máximo Kirchner y Lilia Lemoine tuvieron los diferenciales más negativos.
  • El Gobierno obtuvo 35% de aprobación y 61% de desaprobación.
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