Análisis
Volver a Perón es volver a Cristina: la necesidad de interpretar un nuevo tiempo histórico
Por Emilia Trabucco.
“El futuro de un mundo superpoblado y superindustrializado será de los que dispongan de mayores reservas de comida y de materia prima. Pero la historia prueba que tales reservas son solución sólo si se las sabe y se las quiere defender contra el atropello abierto o disimulado de los imperialistas”
J.D. Perón, 1971.
Por Emilia Trabucco*
Hace cincuenta años, la muerte de Juan Domingo Perón, tres veces presidente, principal estratega y referente popular de la región en el siglo XX, marcaba el “fin de ciclo en la historia” de Argentina, como expresó Cristina Kirchner.
Medio siglo después, asistimos nuevamente a un cambio de época, donde emergen y avanzan proyectos políticos neorreacionarios, caracterizados como “derechas alternativas” que abren nuevos interrogantes y desafíos. Javier Milei, aparece como uno de sus líderes, con capacidad de interpretar el nuevo tiempo y de acaudillar grandes sectores de la sociedad, pero representando un proyecto radicalmente opuesto al que encarnó Perón en el siglo pasado.
Estamos presenciando una profunda crisis orgánica y la emergencia de una nueva fase del sistema capitalista, que supone la transición de un modelo de trabajo industrial-analógico a uno industrial-digital, donde los trabajadores se desplazan de las fábricas a las plataformas digitales, el gran Taller Global, como en su momento los trabajadores agrarios migraron a las ciudades para insertarse en las industrias en el siglo XX (Aguilera, 2023).
Este cambio propio de la fase financiera-digital, deviene, como en aquel momento, en un nuevo sujeto económico, que enfrenta desafíos distintos a los que enfrentaron los trabajadores industriales en tiempos de constitución del peronismo. La pregunta que se abre entonces es: ¿quién interpretará esta nueva realidad en pos de los intereses populares como lo hizo Perón en su tiempo?
Resulta necesario volver a las claves de un tiempo que forjó al conductor más importante de la historia, síntesis de la emergencia del proyecto político nacional y popular que tras décadas de conquista de derechos y resistencia a gobiernos dictatoriales, fue la fuerza que encabezó los mayores movimientos de lucha revolucionaria en la Argentina de 1969. Un proyecto -y un conductor- que supo interpretar los nuevos tiempos que corrían, tras la noche de la Década Infame.
Entre las décadas de 1930 y 1940, Argentina experimentó un proceso de industrialización sin distribución del ingreso -un desarrollo industrial con grandes índices de explotación laboral-, impulsado por acuerdos como el Pacto Roca-Runciman y el Plan Pinedo, que promovieron la sustitución de importaciones y el fortalecimiento de la industria exportadora en un contexto global marcado por la Gran Depresión de 1929 y el periodo de entreguerras. La interrupción de las importaciones durante la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a consolidar esta estrategia económica.

El aumento en la demanda de mano de obra industrial redujo las tasas de desocupación en las zonas urbanas, la migración desde las provincias a centros urbanos industrializados, lo que facilitó el crecimiento de los sindicatos y el desarrollo de una clase media urbana. Sin embargo, la inflación se convirtió en una preocupación recurrente, con impacto negativo en los salarios reales y el costo de vida de los trabajadores.

La «Década Infame», marcada por gobiernos conservadores, fraude electoral y corrupción, dejó un terreno fértil para el ascenso de un líder carismático que prometiera un cambio radical. Perón supo capitalizar el descontento social: como secretario de Trabajo y Previsión, implementó medidas en beneficio de los trabajadores, ganando su apoyo y logrando su ascenso político, asentado en alianzas con trabajadores industriales, sectores de las Fuerzas Armadas y parte de la clase media urbana.
Las políticas de Perón durante sus dos primeras presidencias fueron cruciales para la industrialización de Argentina, en un escenario de Guerra Mundial que supo instrumentar a favor del proyecto nacional. Llevó adelante un proyecto de soberanía e inclusión social que marcó sus enfrentamientos con los capitales extranjeros y las oligarquías locales, resistiendo el endeudamiento externo. El golpe de estado de 1955 y el bombardeo a la Plaza de Mayo truncaron bruscamente este proceso, marcando, como expresa Cristina, el inicio del uso político de la violencia en el siglo XX.
Conocida es la historia de lucha posterior por la puja distributiva a favor del pueblo argentino, que devino en exilio forzoso, proscripción,la Resistencia, gobiernos dictatoriales con aumento de la deuda externa y terrorismo de Estado para la imposición de un modelo de valorizacion financiera, que en sintonía con el mundo, se impuso tras el golpe de 1976 y su plan de exterminio, y derivó en la “década perdida” de los 90 y el estallido social del 2001, abriendo la oportunidad a lo que años más tarde sería el kirchnerismo.

La “década perdida” estuvo marcada por la consolidación del neoliberalismo a nivel global. En Argentina, el gobierno de Carlos Menem destruyó gran parte del legado peronista. Es allí donde se materializa la victoria de los sucesivos gobiernos dictatoriales y su instalación del proyecto de liberalización financiera, coptando las cúpulas de los dos partidos políticos de masas, el peronismo y el radicalismo, profundizando su crisis y dejando sin representación a las mayorías trabajadoras.
El kirchnerismo, primero con Néstor Kirchner en 2003 y luego con Cristina Fernández de Kirchner, interpretaron un nuevo tiempo histórico en el siglo XXI, capitalizando nuevamente el malestar social expresado en el estallido del 2001 y rearticulando el proyecto nacional y popular bajo una nueva identidad, inaugurando la “década ganada”.
La crisis financiera de 2008-2009 agudizó cambios estructurales que se aceleraron a partir de la pandemia de COVID-19, generando mayor concentración de la riqueza, recesión global y un aumento en las desigualdades económicas y sociales. Esta situación marcó la emergencia de Milei, quien capitalizó el malestar y encarnó el rol ofrecido por la derecha “alternativa”, buscando ubicar a la Argentina como un eslabón en la cadena global, fuente de suministro de energías para la Inteligencia Artificial, lo que significa desarrollo tecnológico sin inclusión social.
El surgimiento de Javier Milei es el resultado de la ofensiva capitalista pero también de una aceleración de las transformaciones que no logran ser asimiladas para rearticular un proyecto de las mayorías. El escenario de insatisfacción genera un espacio que necesita ser ocupado. ¿Qué pasó que no lo están ocupando hoy los proyectos nacionales y populares o los proyectos revolucionarios?
Frente a dicho escenario, se vuelve urgente retomar la necesidad de actualizar permanentemente la doctrina, como decía Perón, y recuperar la premisa de Cooke en 1961: “no encerrarse en cuevas ideológicas, porque afuera están sucediendo cosas importantes y podemos enterarnos demasiado tarde”. Ello supone habilitar el debate profundo de cómo debe reconfigurarse el peronismo como proyecto de humanidad, construyendo comunidad organizada en el siglo XXI.
El desafío en este momento supone además pensar cómo se conforma la fuerza necesaria para apropiarse de los desarrollos científico-tecnológicos en curso, que nos pertenecen en tanto son producto del trabajo, la inteligencia colectiva y el conocimiento humano acumulado históricamente. Perón planteaba ya en el siglo pasado que “sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible”.
Trazar un horizonte estratégico hoy significa también la esperanza en Cristina Kirchner. No solo como un anhelo nostálgico, sino como memoria activa de momentos donde fue posible materializar un proyecto de justicia social y felicidad del pueblo en este siglo. Cristina, al hablar de Perón, destaca que él plasmó sus ideales desde la Secretaría de Trabajo, y la gente no vio ideas solamente, vio realidades. Al igual que Perón en su tiempo, Cristina interpretó su época y se volvió síntesis de las demandas populares, retomó las banderas históricas del peronismo y recuperó la confianza de las mayorías dispuestas a ser parte de la construcción de un futuro de dignidad y justicia social.
“Los días más lindos fueron, son y serán peronistas” sintetiza un sentir popular desde la realidad efectiva de que puede ser posible vivir mejor. Rememorar esos días es parte de tomar conciencia de que fueron arrebatados y sostener la esperanza que genera la convicción de que volverán. Cristina lo hizo posible en este siglo, por eso la esperanza de volver a Cristina es volver a Perón.
* Psicóloga, Magister en Seguridad de la Nación. Analista de CLAE en Argentina. Directora del Área de Universidad, Género y Trabajo del IEC-CONADU.
Análisis
Un siglo de Fidel
A cien años del nacimiento del líder carismático de la Revolución cubana, su transmisión, que etimológicamente significa, acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá, sigue intacta. Millones de jóvenes y no tan jóvenes recuerdan esta fecha con una vigencia anacrónica, como si el tiempo todavía pudiera ser socialista.
Por Jesús Rivero*
Fidel Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia cubana en la zona oriente de la isla. Hijo de Angel Castro Argiz y Lina Ruz González. Su padre era un migrante español (gallego) que al llegar a Cuba había conseguido cierta propiedad y, campesino de arraigo, en ella se dedicó a la producción cañera. Su madre provenía de una familia campesina acomodada de la Provincia Pinar del Río.
Inquieto, observador, audaz y agudo en sus reflexiones, Fidel Castro comenzó sus primeros estudios en la escuela pública de Birán, continuando los siguientes niveles educativos en escuelas particulares católicas en la ciudad de Santiago de Cuba. En 1945 se graduó de bachiller en letras en el colegio de Belén en la Habana, perteneciente a la campaña de Jesús.
Entonces ingresó a la Universidad de La Habana para prepararse en Ciencias Sociales y Derecho, Nacional e Internacional.
En el ambiente universitario se integró a las luchas socio-políticas de su época, ocupando diversas posiciones en la Federación Estudiantil Universitaria. De ideología marxista-leninista, favorable a las causas justas, libertarias y populares, se integró pronto a actividades revolucionarias como las del Comité Pro Independencia de Puerto Rico.
Fidel Castro tenía 25 años cuando fue designado por el Partido del Pueblo cubano, como candidato al Congreso en las elecciones previstas para junio de 1952, pero el 10 de marzo de ese mismo año se produjo el golpe de Estado del coronel Fulgencio Batista Zaldívar, siendo Fidel uno de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento.
El 26 de julio de 1953 comandó el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, plan que incluía tomar también el cuartel de Bayamo, en una acción concebida como detonante de la lucha armada contra Fulgencio Batista. Los jóvenes no lograron su objetivo y fue hecho prisionero por las fuerzas represivas de la tiranía pocos días después del revés militar. Se le mantuvo incomunicado durante 76 días. Fue sometido a juicio donde hizo su autodefensa y condenado a 15 años de prisión, hecho histórico que quedó plasmado en su libro “La historia me absolverá”. La reacción popular en su apoyo y del resto de los moncadistas logró presionar al gobierno y fueron liberados en mayo de 1955. Semanas después fundó el “Movimiento 26 de Julio».
El 17 de enero de 1957 dirigió la primera acción armada contra el ejército de Batista en el cuartel de La Plata y obtuvo su primera victoria. El ejército rebelde comenzó a crecer y fortalecerse.
En su condición de comandante en jefe, dirigió la acción militar y la lucha revolucionaria de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio durante 25 meses de belicismo. Tuvo bajo su mando directo a la columna Uno “José Marti» y participó personalmente en casi todas las operaciones, combates que tuvieron lugar durante el belicismo interno en el territorio del primer frente rebelde.
Tras la contundente derrota de las tropas de élite de la tiranía, estas, a través de sus principales jefes, decidieron reconocer la derrota el 28 de diciembre de 1958, es decir la victoria rebelde.
Luego de la victoria de la Revolución cubana fue electo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, creada en 1976, en presentación con el municipio de Santiago de Cuba. Desde entonces hasta 2008 ocupó los cargos de presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros.
Fidel recibió un gran número de condecoraciones extranjeras y nacionales, como así también numerosas distinciones académicas y compañías de espacios de enseñanza superior cubana, América Latina y Europa.
El 3 de enero de 1961, el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba por diferencias políticas e ideológicas y ordenó el cierre de la embajada de Estados Unidos en La Habana. El 3 de febrero de 1962 el presidente John F. Kennedy ordenó de manera oficial el bloqueó económico y comercial a Cuba vigente en la actualidad, ejerciendo así un brutal aislamiento de la Isla, y generando severas violaciones al derecho internacional y los derechos humanos fundamentales de la población con efectos directos en la vida digna de la población.
El 20 de julio de 2015 como efecto del reordenamiento geopolítico (política internacional) se reanudaron las relaciones diplomáticas en un acto simbólico que marcó el punto final de una ruptura de poco más de medio siglo: Obama visitó Cuba y fue recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. Fidel Castro quien a causa de una salud endeble había renunciado a sus cargos oficiales el 31 de julio de 2006, fue testigo de todo esto ya que murió el 25 de noviembre de 2016. Sus restos fueron cremados y esparcidos en el Cementerio de Santa Ifigenia.
En lo que respecta a su relación con Argentina, estuvo cuatro veces en nuestro país. La primera fue el 1 de mayo de 1959, durante el gobierno de Arturo Frondizi, apenas cuatro meses después de la Revolución. El día siguiente habló ante la comisión de los 21 de la Organización de los Estados Americanos, en el noveno piso de la Secretaria de Industria.
La segunda visita se dio 36 años después. Fue en octubre de 1995 durante la presidencia de Carlos Saúl Menem. Fidel Castro fue alojado en el hotel Llao Llao por razones de seguridad en donde se reunió con el entonces presidente argentino quien hacía su juego presumiendo que intercambiaba habanos por vinos riojanos con el líder cubano, aunque ideológicamente los separaba un abismo.
Esta segunda visita estuvo enmarcada en la Cumbre iberoamericana que congregó a una treintena de mandatarios, y Fidel Castro era una de las voces más esperadas ya que su intervención tendría una repercusión internacional, más allá del contexto de aplicación de políticas neoliberales, no solo a nivel nacional, sino a nivel global como efecto de la caída del muro de Berlín en 1989.
La tercera visita es la más recordada por su afinidad con el mandatario electo y porque era la primera vez que venía a la asunción de un presidente y porque dio un discurso histórico ante la multitud. Fue en 2003 nada más ni nada menos que para la jura del Flaco, nuestro Flaco, Nestor Carlos Kirchner. El día después, el 26 de mayo, fue muy activo, ya que primero se congregó a la plaza San Martín para homenajear al libertador, luego al Rosedal, para hacer lo mismo con José Martí y más tarde almorzar con unos doscientos invitados en el hotel Four Seasons.
Para finalizar su visita dio una charla histórica en la Facultad de Derecho, pensada inicialmente para 800 personas pero el acto debió trasladarse a las afueras donde se concentraban unos 30.000 asistentes que llegaron a ser alrededor de 50.000.
La cuarta y última visita es recordada también porque fue la última actividad internacional de Fidel Castro. Fue en julio de 2006 para la cumbre del Mercosur.
Además de los actos protocolares Fidel Castro y el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, hablaron ante unas 40.000 personas en el cierre de la llamada Cumbre de los Pueblos, en un descampado de la Universidad de Córdoba. Al día siguiente y acompañado por Chávez visitó en Alta Gracia a casi 40 kilómetros de la capital cordobesa el museo montado en una de las casas de la infancia de Ernesto Guevara de la Serna. Esa misma noche Fidel Castro regresó a la Isla y ya no volvería a dejar Cuba.
Nombrar a Hugo Chávez no es en vano. Nos retrotrae a la lll “Cumbre de los Pueblos de América» en 2005, que se realizo en el marco de la lV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en la que Estados Unidos no consiguió imponer su voluntad de que se firmará el acuerdo de apoyo al ALCA.
“Estoy un poco sorprendido, acá pasó algo que no tenía imprevisto” le dijo George Bush (hijo) a Nestor Kirchner. Y, Chavez regalo a la historia aquel “¡Alca, Alca, al carajo!”. “Hoy en Mar del Plata hemos enterrado al ALCA, y no solo debemos ser enterradores del ALCA, sino enterradores y en mucha mayor dimensión, complejidad y profundidad del modelo capitalista neoliberal que desde Washington arremete contra nuestros pueblos desde hace tanto tiempo” dijo, el ex presidente venezolano y discípulo de Fidel.
Ese día Chávez llamó a impulsar el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América), organismo creado por Fidel Castro quien convocó a todos los países de América Latina y el Caribe a construir una alternativa justa y solidaria: la Patria Grande para hacerle frente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) u tratado de Libre Comercio impulsado por el imperialismo estadounidense con el legado de próceres como San Martín, Sucre, O` Higgins, Petión, Bolívar, Morazán, Garvey, Tupac Katari, Julián Apaza, Bartolina Sisa, Sandino y Martí y un presente marcado por mandatarios como Lula da Silva, Nestor Carlos Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa.
Fidel fue quien junto al pueblo revolucionario de Cuba, a pesar de que la Isla sigue sometida al bloqueo férreo de Estados Unidos, consiguió sostener la soberanía, en varias ocasiones limitada, y se convirtió en referencia del siglo xx para todos los pueblos que buscan autonomía.
Fidel es símbolo de lucha global. No solo hizo signo en el pueblo cubano, sino también escribió historia a nivel mundial, abriendo espacio para que otros reescriban su propia historia, la historia de todos.
*escritor y activista político (fundador del Frente de Liberación Socialista).
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