Conectate con El Argentino

CABA

El inquietante posteo de Laura Leguizamón que resurgió tras la masacre de Villa Crespo

El caso sigue bajo investigación para entender qué pudo haber motivado el trágico desenlace.

Publicado hace

#

En medio de la conmoción por la masacre de Villa Crespo, donde se confirmó que Laura Leguizamón (51) asesinó a su esposo y a sus dos hijos antes de quitarse la vida, resurgió una inquietante publicación en sus redes sociales que suma un nuevo elemento a la investigación.

En 2015, Leguizamón compartió en su cuenta de Facebook una imagen en la que aparece leyendo el libro Crímenes en familia, de la periodista Cynthia Ottaviano. En la descripción del posteo escribió: “Ivo se porta horrible… jua”, en referencia a uno de sus hijos, quien fue una de las víctimas.

El libro retrata siete casos reales de asesinatos ocurridos en el seno de familias argentinas, donde los asesinos y las víctimas tienen vínculos de parentesco directo: padres, hijos, hermanos, nietos o sobrinos.

La obra también aborda cómo personas aparentemente “normales” pueden convertirse en homicidas, y cómo, en lugar de venganza, en estos crímenes suele haber un profundo componente de castigo o desesperación.

El crimen que conmocionó al país

Laura Leguizamón fue señalada por las autopsias realizadas en la Morgue Judicial como la autora del múltiple crimen ocurrido este miércoles en un departamento ubicado en Aguirre 295, en el barrio porteño de Villa Crespo. Las víctimas fueron Bernardo Adrián Seltzer, su pareja, y sus hijos Ian (15) e Ivo (13).

El hallazgo lo realizó una empleada doméstica que ingresó al lugar con su juego de llaves. No había signos de violencia en el acceso, lo que desde un primer momento hizo sospechar de un crimen intrafamiliar.

En la escena del crimen se encontró una carta escrita por Leguizamón, en la que se pueden leer frases como “Todo mal, fue mucho. Los amo. Todo mal. Muy perverso”. El mensaje se encontraba en la cocina y, según pudo saber Infobae, solo pueden descifrarse algunas frases porque las letras “son muy dispares”.

Repercusiones y análisis

El posteo de 2015, que permanecía público, generó impacto y especulación en redes sociales, especialmente en X (ex Twitter), donde muchos usuarios lo interpretaron como una señal temprana del desequilibrio que atravesaba la mujer. En el entorno familiar se confirmó que estaba bajo tratamiento psiquiátrico desde hacía varios meses.

El caso sigue bajo investigación por parte del Ministerio Público Fiscal, mientras se intenta reconstruir el cuadro psicológico de la autora de la masacre y entender qué pudo haber motivado el trágico desenlace.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

Publicado hace

#

Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo