CABA
Fuertes críticas a Larreta por pretender quitar la ayuda social a manifestantes
«Estamos reorientando la inversión social hacia la producción y el trabajo, vinculando planes con empleo registrado. Toda nuestra política pública está en ese sentido», afirmó Zabaleta.
La propuesta del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, de quitar los planes sociales a «quienes corten las calles y no cumplan con la ley» recibió este martes el rechazo del ministro de Desarrollo Social nacional, Juan Zabaleta, de legisladores y de referentes de organizaciones sociales, quienes reivindicaron la asistencia a los «más vulnerables» como un camino hacia el empleo genuino.
«Estamos reorientando la inversión social hacia la producción y el trabajo, vinculando planes con empleo registrado. Toda nuestra política pública está en ese sentido», afirmó Zabaleta, quien refutó lo expresado por Rodríguez Larreta: «No es el camino amenazar con sacar una asistencia a quien lo necesita».
El ministro adelantó también que el jueves próximo, a las 15, se reunirá con las organizaciones de Unidad Piquetera para «avanzar» en la vinculación de «planes sociales con empleo registrado».
Rodríguez Larreta se quejó hoy particularmente de la participación de menores de edad en el acampe realizado la semana pasada durante 48 horas sobre la avenida 9 de Julio por parte de organizaciones piqueteras de izquierda.
«Tomamos una decisión: salir de la crisis que nos dejó la pandemia sanitaria y el gobierno de Macri con la mayor tranquilidad posible y abrazando a los más necesitados, pero también a los comerciantes, a las pymes y a las industrias, para que pueden trabajar y producir con la inversión social que se vuelca en la economía», declaró Zabaleta.
«Necesitamos que todos y todas podamos convivir en paz en una Argentina que está en el camino de la reconstrucción».
De hecho, en febrero pasado se oficializó una progresiva incorporación a lo largo de este año de unos 4 mil beneficiarios y beneficiarias de planes sociales al empleo registrado en el sector gastronómico, durante un acto del que participó gran parte del Gabinete nacional, empresarios del rubro y sindicalistas.
Este formato, por el cual el Gobierno paga durante 12 meses la mitad de un salario mínimo, vital y móvil y el resto del sueldo lo completa el empleador, ya es utilizado en otros sectores de la producción y la construcción.
La idea motora de esta estrategia fue expresada en aquel acto por el ministro de Trabajo, Claudio Moroni: «La gente no quiere planes sociales, quiere trabajo, y Argentina está en deuda con toda esta gente que no ha logrado incorporarse a un trabajo formal, con derechos. Esto solo se puede hacer cuando hay un proyecto de desarrollo».
Desde la vereda opuesta, Rodríguez Larreta adelantó que buscará impedir el ingreso a la ciudad de Buenos Aires de manifestantes que pretendan incurrir en cortes de calles.
Consideró que hay que «replantear todo el sistema de planes sociales» y opinó que «hay gente que no toma un trabajo para no perder el plan».
«Se hace costumbre pegarle a los de abajo, ahí se animan desde Larreta a Zabaleta. Mientras, las grandes corporaciones (como Arcor) aumentan sus ganancias en un 142% especulando con los alimentos y a ellas les proponen terapia de grupo. Qué vergüenza todo (o todos)», expresó la diputada nacional de izquierda Myriam Bregman a través de la red social Twitter.
También el legislador del Frente de Todos (FdT) Javier Andrade analizó: «Larreta ahora en modo campaña electoral quiere ser el líder del Movimiento Anti Piquetero. ¿Dónde quedó lo del diálogo y el consenso? Ninguna transformación en la Ciudad, quieren seguir profundizando la desigualdad estructural».
En cambio, el gobernador de Jujuy y presidente de la UCR, Gerardo Morales, se sumó a la propuesta de Larreta y pidió «terminar con los cortes y las extorsiones porque hay una gran mayoría de los dirigentes de las organizaciones sociales que son unos delincuentes, que le sacan la plata a la gente».
Morales opinó que «hay que recuperar el orden democrático, garantizar derechos a todos y garantizar el derecho a la protesta, pero también al que quiere a trabajar y al que quiere ir a la escuela», en referencia al acampe de la semana pasada, realizado por organizaciones piqueteras de izquierda , sobre un tramo del recorrido del Metrobús en la porteña avenida 9 de Julio, entre Avenida de Mayo y Avenida Independencia, que tiene una extensión de ocho cuadras.
«Que el sistema político responsabilice de la pobreza a los pobres nos parece cínico; tenemos que empezar a discutir cómo desconcentramos la economía, cómo terminamos los monopolios, cómo nacionalizamos de una vez por todas nuestro aparato productivo para sacar adelante a la argentina con crecimiento económico de abajo hacia arriba», afirmó por el contrario Gildo Onorato, secretario gremial de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y dirigente del Movimiento Evita.
Onorato recomendó tener en cuenta que apenas 1.200.000 trabajadores cobran por planes de trabajo o sociales, y que otros 4 millones de personas están inscriptas en el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Rentaep), en el marco de un universo de 18 millones de pobres en el país.
En tanto, desde el Gobierno bonaerense, el jefe de Asesores, Carlos Bianco, evaluó que las protestas en las calles deben solucionarse «a través de conducción política y de diálogo».
«Hay que buscar la manera de que se pueda ejercer el reconocido derecho a la protesta. Creemos que no se pueden solucionar los problemas en la base de la represión. Hace falta conducción política y diálogo», expresó Bianco, en declaraciones a radio AM750.
De igual manera, la semana pasada Zabaleta había manifestado que los cortes de tránsito en el microcentro porteño generaron un conflicto de «laburantes contra laburantes» y pidió que se deje de «apretar a los argentinos» con esa modalidad de protesta.
CABA
Multitud en Balvanera: la fe urgente ante la crisis que desborda la ciudad
Cada 19 de abril, el barrio porteño de Balvanera se transforma en un punto de peregrinación masiva. Este domingo no fue la excepción: miles de fieles colmaron la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera para rendir culto a San Expedito, en una jornada atravesada por la devoción, la crisis social y la necesidad.
Miles de fieles visitaron a San Expedito en Balvanera
Desde la medianoche, cuando se abrieron las puertas del templo, comenzaron a formarse filas que, en las primeras horas del día, ya superaban las dos horas de espera. La escena se repitió durante toda la mañana: velas encendidas, estampitas, promesas y rostros marcados por la urgencia.
Una convocatoria que crece en tiempos difíciles
El cronograma incluyó misas, bendiciones y momentos de oración, con un punto central en la procesión de la tarde, encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. La convocatoria volvió a mostrar el peso de la religiosidad popular en contextos de incertidumbre económica y social.
El párroco Walter Marchetti lo sintetizó en una frase que resonó entre los presentes: el pedido de este año fue “fuerza en la adversidad y paz que sane”, en un escenario global y local atravesado por conflictos, violencia y precariedad.
Historias mínimas, urgencias compartidas
Entre los peregrinos, las historias se multiplicaron con matices propios, pero con un hilo común: la necesidad de respuestas inmediatas.
- Llegaron familias enteras desde el interior del país para agradecer o pedir trabajo.
- Mujeres mayores repitieron el ritual de cada año, con promesas cumplidas y nuevas súplicas por la salud.
- Jóvenes se acercaron por primera vez, empujados por situaciones límite.
“Venimos a pedir por paz y trabajo”, resumió una peregrina. Otro fiel agradeció por la recuperación de su hijo. Los relatos, breves y cargados de emoción, expusieron una trama social donde la fe aparece como refugio ante la falta de certezas.
El peso simbólico de lo urgente
La figura de San Expedito (un mártir romano convertido al cristianismo) quedó asociada a las causas impostergables, a esas decisiones que no admiten demora. En ese sentido, su culto dialoga con una época marcada por la inmediatez, pero también por la fragilidad de las condiciones de vida.
La parroquia permanecerá abierta durante toda la jornada. Afuera, las filas continúan. Adentro, las velas siguen encendiéndose. En el medio, una postal que combina tradición religiosa y crisis de Milei: miles de personas que, en pleno corazón de la ciudad, buscan respuestas urgentes donde el Estado no llega o no alcanza.
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