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Confirman Metrobús en avenida Alberdi

A pesar de la oposición de los vecinos y comerciantes de Mataderos, Floresta y Flores, desde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se ratificó al proyecto de instalar el carril exclusivo para transporte público en las avenidas Juan Bautista Alberdi y Directorio

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El jefe de Gabinete del gobierno porteño, Felipe Miguel, confirmó que, en pocos días, comenzará la obra del Metrobus sobre las avenidas Alberdi y Directorio, instalando un carril exclusivo para el transporte público de pasajeros, pese al generalizado rechazo a este proyecto, al calificarlo de “innecesario” y que representará “una complicación al tránsito”, por parte de los vecinos y comerciantes.

«Este mes estamos arrancando las obras del décimo corredor de Metrobus, el de Alberdi y Directorio, que va a unir los barrios de Flores, Floresta, Vélez Sarsfield, Villa Luro, Parque Avellaneda y Mataderos”, sostuvo el funcionario al exponer en la Legislatura porteño, donde brindó el informe semestral de la gestión.

Ese corredor de mano única tendrá una extensión de 5,8 kilómetros e irá en sentido a General Paz por Juan Bautista Alberdi y hacia el centro por la avenida Directorio con el presunto propósito de “mejorar los tiempos de viaje del transporte público”.

Sin embargo, comerciantes y vecinos que residen en los barrios que integran las Comunas 7, 9 y 10 ya adelantaron sus observaciones al proyecto vial, porque consideran que perjudicará las ventas en sus locales al impedir el estacionamiento en las aceras de ambas avenidas abarcadas en la propuesta, entre otros cuestionamientos a esta obra que consideran “innecesaria”.

Jorge Elger, presidente de la Asociación de Comerciantes de avenida Alberdi, calificó a la obra de “innecesaria” y alertó que una de las zonas más perjudicadas por la misma será el polo de venta de sanitarios, donde el estacionamiento de los vehículos en cercanías a los locales es clave, ya que los productos que se adquieren son de mucho peso.

En tanto, Lorena Crespo, comunera por el Frente de Todos, manifestó que “este Metrobus va a ser más perjudicial que beneficioso” y sostuvo que “no son claras las causas del porqué lo quieren hacer en esta zona, cuando acá no hay problemas con el tránsito, sino que el inconveniente está antes, en el tramo entre Carabobo y San Pedrito”.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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