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Buenos Aires

Un policía que trabajaba como chofer de DiDi asesinó a un adolescente durante un robo en El Palomar

El agente estaba de franco y usaba su vehículo particular para manejar en la aplicación. La causa fue caratulada como homicidio y la investiga Gendarmería Nacional.

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Un sargento de la Policía Bonaerense mató de un tiro a un adolescente de 16 años durante un presunto intento de robo en la localidad bonaerense de El Palomar. El uniformado, identificado como Raúl Alberto Vallejos, se encontraba de franco y trabajaba como chofer de la aplicación DiDi para completar sus ingresos.

El hecho ocurrió el domingo por la noche en las calles Namuncurá y Pampa, cuando el efectivo denunció haber sido abordado por tres jóvenes armados que intentaron robarle el auto, un Chery Tigo gris. Según su propio relato ante el 911, durante el forcejeo sacó su arma reglamentaria y disparó tres veces, provocando la muerte de Ariel Muñoz, un adolescente de 16 años oriundo de San Martín.

Minutos más tarde, la Policía fue alertada por el ingreso del joven herido al Hospital Posadas, donde murió a causa de una herida de bala en el abdomen. Los otros dos presuntos acompañantes continúan prófugos.

La causa fue caratulada como homicidio y quedó a cargo de la UFI N°2 de Morón, que dispuso la intervención de Gendarmería Nacional para evitar conflictos de interés en la investigación. Hasta el momento, no se adoptó ninguna medida restrictiva contra el agente.

Policías precarizados y violencia armada

El caso vuelve a poner en debate el rol de las fuerzas de seguridad fuera de servicio, muchos de los cuales recurren a las aplicaciones de transporte por la pérdida de poder adquisitivo y el pluriempleo encubierto.

La doble condición de Vallejos —policía armado y chofer civil— expone la delgada línea entre la legítima defensa y el abuso de la fuerza, en un contexto donde la portación del arma reglamentaria se extiende incluso a actividades privadas.

Desde organizaciones de derechos humanos y sectores judiciales, se advierte que la intervención letal de agentes fuera de servicio plantea un riesgo institucional: se desdibuja la frontera entre la función policial y el uso personal del arma estatal.

Un adolescente muerto, una investigación en duda

El joven asesinado fue identificado como Ariel Muñoz, de 16 años, vecino del partido de San Martín. Su muerte se suma a una larga lista de casos de gatillo fácil y violencia institucional en el conurbano bonaerense.

Aunque la causa avanza bajo la figura de “homicidio”, el hecho de que el autor sea un miembro activo de la fuerza genera sospechas sobre la transparencia de la investigación. En este contexto, la decisión de que intervenga Gendarmería es vista como un intento de preservar cierta imparcialidad, aunque el historial de encubrimientos dentro de las fuerzas genera escepticismo.

Contexto y política de seguridad

En los últimos años, el uso de armas por parte de efectivos fuera de servicio fue objeto de controversia. Las políticas de “mano dura” y el discurso oficial que alienta a los policías a disparar en defensa propia —heredado de gestiones anteriores— normalizaron el uso letal de la fuerza incluso fuera del horario de trabajo.

Mientras tanto, la precarización laboral dentro de las fuerzas y la proliferación de policías que se ven obligados a manejar para aplicaciones como DiDi o Uber reflejan un deterioro estructural del salario policial y del Estado mismo.

El caso Vallejos vuelve a desnudar la contradicción: un policía que debe ser garante de la vida terminó matando a un pibe, en una escena que mezcla inseguridad, desprotección social y una violencia que se retroalimenta.

Buenos Aires

El video se hizo viral y agresor está identificado pero la Justicia no actúa, mientras una mujer espera protección

Un video que muestra una paliza brutal a una mujer se viralizó en las últimas horas, el agresor ya fue identificado y la asociación civil Madres que rompen el silencio exigió medidas urgentes al Departamento Judicial de Azul, denunciando una peligrosa demora institucional ante pruebas audiovisuales contundentes.

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La golpearon en video, al agresor lo identificaron, y la Justicia todavía no actuó.

Las imágenes son inequívocas: un hombre revisa el teléfono de su pareja, la confronta y le propina una brutal paliza mientras ella ruega que se detenga. El video, filmado en la localidad bonaerense de Tapalqué, se viralizó en las últimas horas y permitió identificar al agresor, presuntamente Rodrigo Carrica. Pese a la existencia de pruebas audiovisuales contundentes, la respuesta judicial tardó en llegar; una demora que organizaciones de mujeres calificaron como violencia institucional.

La asociación civil Madres que rompen el silencio, con sede en Río Negro, tomó conocimiento directo del caso y se constituyó en interlocutora ante las autoridades del Departamento Judicial de Azul, el fuero con competencia sobre Tapalqué. La organización presentó el material probatorio disponible, que incluye los registros fílmicos y fotográficos de la agresión, y exigió una respuesta estatal inmediata.

El reclamo: medidas urgentes ante la demora judicial

La entidad formalizó un reclamo ante el Departamento Judicial de Azul con tres exigencias centrales: la intervención urgente para revisar y agilizar el accionar de las dependencias judiciales y policiales locales; el dictado inmediato de medidas de protección y restricción perimetral eficaces para resguardar la integridad psicofísica de la víctima; y el cese absoluto de las dilaciones burocráticas frente a la existencia de pruebas audiovisuales explícitas.

«No se puede seguir tolerando que la burocracia judicial desampare a quienes denuncian», advirtió la organización, que también alertó sobre el riesgo concreto que implica cada hora de demora en casos donde la víctima convive o tiene contacto con su agresor. Madres que rompen el silencio comunicó que se mantendrá en estado de alerta comunitaria hasta que las garantías constitucionales y de seguridad sean cumplidas de manera efectiva.

Violencia institucional por omisión

La denuncia pone sobre la mesa un problema estructural del sistema judicial argentino frente a la violencia de género: la brecha entre la disponibilidad de prueba y la velocidad de la respuesta institucional. La organización usó una categoría precisa para nombrarlo: «la violencia institucional por omisión o demora también es una forma de violencia que perpetúa el peligro». En ese encuadre, la inacción no es un vacío neutral sino un acto que habilita la continuidad de la agresión.

El caso de Tapalqué no es un hecho aislado. La Ley 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres establece con claridad el deber del Estado de actuar con la debida diligencia frente a situaciones de riesgo. El incumplimiento de ese mandato en contextos donde existe material probatorio disponible no solo representa una falla procesal, sino una responsabilidad estatal en los términos de los estándares internacionales de derechos humanos.

Lo que tenés que saber:

  • Un video viral muestra a un hombre, presuntamente Rodrigo Carrica, golpear brutalmente a su pareja en Tapalqué, provincia de Buenos Aires.
  • La asociación civil Madres que rompen el silencio denunció una alarmante demora de la Justicia local a pesar de contar con pruebas audiovisuales contundentes.
  • La organización exigió al Departamento Judicial de Azul medidas urgentes de protección, restricción perimetral y cese de dilaciones burocráticas.
  • La entidad advirtió que la omisión y la demora judicial son en sí mismas una forma de violencia institucional que prolonga el peligro para la víctima.
  • La organización anunció que se mantendrá en estado de alerta hasta que se garantice efectivamente la seguridad de la mujer agredida.
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