AMBA
Menstruar no es una elección: Morón puso en marcha un plan de acceso equitativo a productos para la mujer
Se apunta a derribar los distintos «tabúes» que giran en torno al ciclo menstrual, esto se lograría a través de talleres y charlas que ofrecerá el Municipio.
Por iniciativa de la concejala del GEN, Sandra Yametti, considerando la igualdad de género y el acceso equitativo a la salud, el Municipio de Morón puso en marcha el programa «menstruar», creado por una ordenanza votada por el Concejo Deliberante que busca garantizar de manera paulatina el acceso equitativo a productos de higiene femenina y brindar información sobre la salud menstrual.
En articulación con la Secretaría de mujeres, géneros, diversidad y DDHH del Municipio, se amplió la ordenanza anunciada por el Intendente Lucas Ghi que fuera impulsada por la concejala Yametti.
«Desde el Estado avanzamos en esta agenda de garantizar derechos y de procurar igualdad».
El programa «Menstruar» está orientado a darle asistencia a los sectores vulnerables y en la primera etapa entregarán toallas higiénicas descartables en los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS), en las Casas de la Juventud, y el Centro Municipal “Vivir sin Violencia”.
«Desde el Estado avanzamos en esta agenda de garantizar derechos y de procurar igualdad. Nos interpela a seguir pensando de qué modo gobernamos con perspectiva de género», señaló el intendente de Morón Lucas Ghi, al presentar la iniciativa impulsada por la concejala del Gen, Sandra Yametti, que llevó su idea para reducir la desigualdad en cuanto a la adquisición de los elementos y promover controles ginecológicos.
«El proyecto está dirigido a las mujeres, el colectivo trans y géneros no binarios, que viven en la desigualdad, y el menstruar se traduce en: ausentismo escolar, en enfermedades infecciosas y en ausencias laborales», afirma la concejala Yametti.
Según un relevamietno realizado por la Dirección de Géneros y Equidad del Municipio de Morón, el costo de 24 toallitas al mes varía entre $160 y $350, lo que genera un gasto anual de entre $1920 y $4200 por persona. Y el programa cobra fuerza debido a que no solo son productos de primera necesidad, sino que actualmente en el 58,3% de los hogares hay al menos una persona entre 13 y 50 años que menstrua.

«Con el equipo, lo primero que quisimos buscar con este proyecto es sacar un tema que estaba debajo de la mesa y ponerlo arriba, esta es la manera de dejar al desnudo todas las necesidades que hay respecto a un tema.», asegura Yametti.
Es por eso que el programa se plantea como algo acoplado a toda asistencia social que se lleva a cabo en el municipio. Es decir que los artículos de gestión menstrual, sean sumados a la asistencia directa, a los bolsones de alimentos y a la entrega de elementos de limpieza.
Al respecto, Cinthia Frías, titular de la Secretaria de mujeres, géneros, diversidad y DDHH, sostuvo que “tenemos una fuerte decisión para seguir adelante en la construcción de nuevas políticas con perspectiva de género y diversidad” y valoró que “este programa viene a reducir las brechas de desigualdad, pero además abre las posibilidades de seguir trabajando en conjunto con la comunidad”.
Uno de los objetivos del programa, es derribar los distintos «tabúes» que giran en torno al ciclo menstrual, esto se lograría a través de los distintos talleres y charlas que ofrecerá el Municipio. «Esperamos que este programa sea un paso más para avanzar como sociedad y así dejar de hablar sobre la menstruación con seudónimos, eufemismos ni con vergüenza».
AMBA
Filas eternas y coches llenos: el ajuste del transporte ya se siente en la calle
Según las empresas hay un 20 por ciento menos de coches en circulación.
El recorte no se anunció en conferencia ni se publicó en el Boletín Oficial. Se sintió, directamente, en la calle. En Constitución, Retiro y Liniers, la postal se repitió: filas largas, colectivos que no frenan y usuarios que esperan sin saber cuándo llega el próximo.
Menos unidades, más tensión
La AAETA lo blanqueó sin rodeos: hay un 20 por ciento menos de coches en circulación. El argumento es el aumento del gasoil, que (según las empresas) vuelve inviable sostener la frecuencia habitual.
Pero la ecuación cierra de un solo lado. Mientras las cámaras empresarias ajustan la oferta, la demanda sigue intacta. O peor: crece. El resultado es un sistema que se achica sobre los mismos usuarios de siempre.
El ajuste viaja en colectivo
Coches llenos que pasan de largo. Esperas que duplican o triplican los tiempos habituales. Paradas desbordadas en horas pico.
La escena no distingue líneas ni recorridos. El problema es estructural: menos unidades en la calle implican más presión sobre cada servicio activo.
Subsidios, tarifas y un conflicto abierto
Detrás del recorte, el reclamo empresario apunta a la actualización de subsidios y tarifas. Sin embargo, el traslado del costo es inmediato: recae sobre los pasajeros, que pagan con tiempo (y con paciencia) lo que no cierra en los números del sector.
En ese marco, el transporte público vuelve a convertirse en una variable de ajuste silenciosa. Sin anuncios rimbombantes, pero con impacto concreto en la vida cotidiana: viajar peor, más apretados y durante más tiempo.
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