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Milei destruyó a la clase media en nueve meses de gobierno

El experimento libertario le está costando caro al país: en menos de un año, más del 50% de la población argentina paso a ser pobre o indigente.

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A solo nueve meses de gestión, el gobierno de Javier Milei ha provocado un derrumbe sin precedentes en la estructura social argentina, donde más de la mitad de los que se consideraban clase media han descendido uno o más escalones, llegando a ser pobres o indigentes. Este fenómeno, vinculado a las medidas de ajuste implementadas por el Ejecutivo, refleja un proceso de movilidad social descendente que afecta a gran parte de la población.

Las encuestas muestran claramente esta realidad. Un informe reciente de la Universidad Torcuato Di Tella revela una caída de 15 puntos en el nivel de confianza en el gobierno. Este descenso, correlacionado con los efectos socioeconómicos adversos, también se manifiesta en la percepción de los votantes con vistas a las elecciones de 2025.

El consultor Javier Pianta sostuvo que “la falta de recuperación del poder adquisitivo y la recesión son predictores de mal desempeño electoral, independientemente de la competencia política”. Este comentario subraya la relación directa entre la crisis económica y la proyección electoral del oficialismo. La sociedad no distingue entre su rol de consumidores y electores: ambos son vasos comunicantes que reflejan la insatisfacción en ambos frentes.

El malestar económico y la autopercepción de clase

Los efectos de las políticas de ajuste han golpeado duramente a las economías domésticas. Según una encuesta de Opinion Lab realizada en agosto, el 36% de los argentinos se percibía como parte de la clase baja, mientras que un año atrás esa cifra solo alcanzaba el 18%. Además, la clase media baja pasó del 30% al 38%, y la clase media se redujo al 21%, cuando hace un año representaba el doble. Este cuadro revela un claro proceso de movilidad social descendente.

La encuesta destaca que casi un tercio de quienes se percibían como clase media alta en 2023 ahora se sienten en la clase media, y un cuarto de ellos ha descendido aún más. Esta tendencia refuerza la noción de que el empobrecimiento es una realidad tangible y generalizada en la Argentina bajo el mandato de Milei.

Por su parte, el 43% de quienes se veían como clase media el año pasado ahora se consideran parte de la clase baja, y un 20% siente que ha caído aún más. Solo el 37% cree que su situación se mantuvo estable.

Una crisis económica que no cesa

Las encuestas de diversas consultoras respaldan la misma tendencia. Haime & Asociados informó que, en comparación con 2022, la autopercepción de nivel social alto cayó 1,3 puntos porcentuales, mientras que la clase media retrocedió 10,4 pp, y el segmento bajo medio disminuyó 5,1 pp. En sentido contrario, la clase baja aumentó casi 17 puntos porcentuales. Este patrón es indicativo de un deterioro socioeconómico progresivo y transversal.

El deterioro de la situación económica no solo se percibe en los hogares, sino también en los niveles de confianza. Según Analogías, el 45,2% de los argentinos cree que el aumento de la pobreza será permanente, mientras que solo un 41% espera que sea temporal.

Las expectativas económicas son igualmente desoladoras: Proyección Consultores reveló que casi un 32% de la población no logra llegar a fin de mes, y el 36% debe reducir sus gastos para hacerlo. En total, el 68% de los encuestados enfrenta serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

Finalmente, Haime & Asociados reflejó que más de la mitad de las familias solo cubre sus gastos con sus ingresos, y un tercio no logra hacerlo. La percepción sobre las políticas del gobierno es claramente negativa: el 53% de la población cree que las medidas adoptadas por Milei no serán efectivas y solo un 37% tiene la esperanza de que logren mejorar la situación económica.

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Milei vuelve a insultar a periodistas: “Basuras inmundas”

El Presidente volvió a insultar a periodistas y a un canal, en un contexto de creciente confrontación. Referentes del sector advierten sobre un deterioro institucional y señalan que los ataques reiterados afectan el ejercicio libre del periodismo en Argentina.

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• El Presidente lanzó insultos contra periodistas y un canal de televisión
• Apuntó directamente a comunicadores y autoridades del medio
• El episodio se suma a decisiones recientes que afectan el acceso a la información
• Crecen las críticas por el impacto sobre la libertad de expresión
• Sectores periodísticos alertan sobre un clima de hostilidad

Escalada verbal desde el poder

El presidente Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica tras un nuevo ataque contra periodistas, con expresiones agraviantes y acusaciones sin precisiones públicas sobre supuestos delitos.

El mensaje, difundido en redes sociales, incluyó descalificaciones directas y refuerza una línea discursiva que ya no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una práctica reiterada desde el máximo nivel del Estado.

Señalamientos sin detalles y clima de confrontación

Las críticas estuvieron dirigidas a los periodistas Luciana Geuna y Rolando Barbano, así como a Todo Noticias.

El Presidente habló de un “delito grave”, pero sin especificar públicamente los fundamentos concretos de esa acusación, lo que generó cuestionamientos sobre la utilización de ese tipo de términos desde una posición institucional.

Preocupación por la libertad de prensa

El episodio se suma a medidas recientes como las restricciones al trabajo de periodistas en la Casa Rosada, interpretadas por distintos sectores como un retroceso en materia de acceso a la información pública.

Organizaciones y referentes del periodismo advierten que este tipo de conductas pueden erosionar la libertad de expresión, especialmente cuando provienen de autoridades con poder institucional.

Críticas por el tono y el impacto institucional

Diversas voces señalan que el uso de insultos y acusaciones desde la máxima autoridad del país no solo afecta a los destinatarios directos, sino que también impacta en el clima general del debate público.

En ese marco, se advierte que la reiteración de estos episodios puede generar un escenario de presión indirecta sobre el ejercicio del periodismo, en un contexto ya marcado por alta polarización.

Un debate abierto sobre los límites del poder

El conflicto vuelve a poner en discusión el rol del poder político frente a la prensa y los límites del discurso oficial.

Mientras el Gobierno sostiene que combate la desinformación, crece el cuestionamiento sobre si estas prácticas afectan principios básicos del sistema democrático, como la libertad de expresión y el derecho a informar.

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