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Cinismo oficial: Bullrich condenó el Golpe pero la que ahora ejerce violencia es ella

A medio siglo del Golpe no es un problema de palabras. Es un problema de coherencia.

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El-Argentino-Patricia Bullrich y fuerzas de seguridad.

A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Patricia Bullrich eligió una frase imposible de discutir y, al mismo tiempo, difícil de sostener a la luz de su propia trayectoria: “La violencia y el terror nunca pueden ser el arma para imponer ideas”. Una declaración que, en abstracto, se ubica del lado correcto de la historia, pero que en la práctica choca contra un prontuario político marcado por la gestión del conflicto social a fuerza de represión.

No es un problema de palabras. Es un problema de coherencia.

La doble vara como política

Mientras Bullrich invoca la defensa de la democracia y la República, el gobierno de Javier Milei insiste en un relato que busca empatar responsabilidades entre el terrorismo de Estado y la violencia de las organizaciones armadas. Ese encuadre no es nuevo, pero sí funcional: diluye la especificidad del horror estatal y habilita un terreno más cómodo para justificar políticas actuales.

Porque si todo es violencia, nada lo es del todo.

De la consigna al palo

El punto ciego del discurso aparece cuando se mira lo que pasa hoy en la calle:

Jubilados reprimidos por protestar contra el ajuste.

Manifestaciones cercadas bajo el argumento del “orden público”.

Protocolos que convierten el derecho a protestar en una infracción.

El llamado “protocolo antipiquetes”, bandera de la gestión de Mauricio Macri y luego profundizado por Bullrich desde el actual Ministerio de Seguridad, no fue una herramienta neutral: fue una definición política sobre cómo tratar la conflictividad social. Y esa definición tuvo un denominador común: la fuerza como respuesta.

La contradicción es más profunda de lo que parece. No se trata sólo de una dirigente que dice una cosa y hace otra. Se trata de una concepción del Estado que, cuando habla del pasado, se victimiza; pero cuando actúa en el presente, se endurece.

La equiparación entre víctimas del terrorismo de Estado y otras violencias no sólo distorsiona la historia: también construye un marco donde el uso de la fuerza estatal puede volver a justificarse. No en los términos brutales de la dictadura, pero sí en una escala que naturaliza la represión como herramienta de gobierno.

Memoria sin autocrítica

En ese contexto, el mensaje de Bullrich no interpela. Funciona como coartada. Como una forma de decir “nunca más” sin revisar el “mientras tanto”.

Porque si la violencia es inaceptable, lo es siempre. No sólo cuando conviene recordarlo en una efeméride. También cuando se decide cómo responder ante un jubilado que protesta, un trabajador que corta una calle o un sector que reclama derechos.

El riesgo de banalizar el pasado

El problema de fondo no es sólo político. Es histórico. Cada vez que se relativiza el carácter del terrorismo de Estado o se lo pone en pie de igualdad con otras violencias, se erosiona uno de los consensos más sólidos de la democracia argentina.

Y cuando ese consenso se debilita, lo que se pone en juego no es el pasado. Es el límite del presente.

Bullrich lo sabe. Por eso su frase suena tan correcta. Y por eso, también, resulta tan insuficiente.

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Artistas y referentes del cine salieron a la calle por Memoria, Verdad y Justicia

Referentes de la cultura marcharon a Plaza de Mayo a 50 años del golpe; defendieron el cine nacional y la democracia ante el ajuste.

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★ La conmemoración del Día de la Memoria, Verdad y Justicia en Buenos Aires este martes 24 de marzo de 2026 alcanzó una magnitud histórica al cumplirse 50 años del inicio de la última dictadura cívico militar. En un contexto de fuerte retroceso en las políticas estatales de fomento a las artes, una columna compacta de figuras del espectáculo se integró a la movilización masiva para manifestar su rechazo al negacionismo y a la desfinanciación de los organismos de cultura. Bajo la consigna de «Cine argentino unido», actores, directores y trabajadores del sector audiovisual transformaron su presencia en un acto de resistencia política frente a la actual gestión de gobierno.

​El frente cultural contra el vaciamiento estatal

​La organización “Cine argentino unido”, movimiento que nuclea a diversos sectores de la industria cinematográfica, encabezó la columna que agrupó a referentes con amplia trayectoria y compromiso social.

La presencia de figuras como Lali Espósito, Nancy Dupláa y Pablo Echarri no fue un hecho aislado ni meramente fotográfico; se dio en el marco de una defensa explícita de la educación pública y la soberanía cultural.

Según fuentes del ámbito audiovisual consultadas por este medio, la movilización de este año tuvo un carácter urgente debido al desmantelamiento de programas de fomento y la estigmatización constante que sufren los artistas por parte de sectores del oficialismo.

​Un registro de identidad y coherencia política

​A través de registros compartidos en redes sociales, se pudo constatar la participación activa de Julieta Díaz, Jorgelina Aruzzi, Gloria Carrá y el escritor Daniel Handler. Estos artistas se sumaron al reclamo de los organismos de derechos humanos por la continuidad de los juicios de lesa humanidad y el fortalecimiento de un Estado eficiente que garantice el acceso a la cultura.

Por su parte, la conductora Florencia de la V también registró su presencia en las inmediaciones del microcentro porteño, sumándose al pedido de Memoria, Verdad y Justicia en una jornada donde la emoción y la reivindicación de los derechos laborales y sociales fueron los ejes centrales.

​La cultura como trinchera frente al ajuste

​El sector cultural es uno de los más golpeados por las políticas de privatización y el recorte de recursos estratégicos. La manifestación del colectivo de actores en esta fecha emblemática funcionó como un recordatorio de que la identidad nacional se construye sobre la base de la memoria histórica.

Ante el discurso de confrontación que emana de las esferas del poder ejecutivo nacional, la unidad de estos referentes en la Plaza de Mayo reafirmó la importancia de la solidaridad y el reconocimiento del otro como herramientas fundamentales para sostener la democracia y la autodeterminación de los pueblos frente a los condicionamientos externos y el sobreendeudamiento.

​Puntos clave

  • ​Referentes de la cultura marcharon bajo la bandera de “Cine argentino unido”.
  • ​Se cumplieron 50 años del último golpe de Estado en Argentina.
  • ​Figuras como Lali Espósito, Nancy Dupláa y Flor de la V reclamaron por los derechos humanos.
  • ​La movilización incluyó consignas en defensa del cine, la educación y la democracia.
  • ​El sector artístico manifestó su rechazo al vaciamiento de las políticas culturales estatales. ★

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