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Wos, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo en la vigilia por la identidad y la memoria
La «Vigilia por la Identidad» reunirá a artistas, actores y periodistas en Plaza de Mayo este lunes 23 a las 16. El encuentro, organizado por La Garganta Poderosa, anticipa la movilización masiva del 24 de marzo contra el negacionismo oficial a 50 años del golpe.
★ La Plaza de Mayo será el escenario de la «Vigilia por la Identidad» este lunes 23 de marzo a partir de las 16, en la noche previa al 50° aniversario del golpe de Estado. El encuentro, organizado por La Garganta Poderosa bajo el lema «Porque la memoria no se nos pasa, 50 gargantas en la Plaza», reunirá a figuras del espectáculo, la cultura y el periodismo para recibir juntos el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
La convocatoria cobró fuerza después de que el Indio Solari invitara a participar de la vigilia en un audio difundido por los organizadores. «Habla el Indio, quería invitarles a una Vigilia por la Identidad donde se conmemora el Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Esto será el 23 de marzo, a partir de las 16hs. en Plaza de Mayo. Les mando un abrazo a todos y ojalá seamos muchos», expresó el líder de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Los artistas confirmados
Desde el ámbito musical, participarán artistas urbanos como Wos, históricos como León Gieco y Ricardo Mollo, y bandas de enorme convocatoria como La Delio Valdez, Las Pastillas del Abuelo y El Plan de la Mariposa.
Por el lado del cine y la actuación, la vigilia contará con referentes como Natalia Oreiro, Griselda Siciliani, Cecilia Roth, la aclamada directora Lucrecia Martel y la actriz Lorena Vega. Además, participarán periodistas y divulgadores como el filósofo Darío Sztajnszrajber, Sofía Calvo y los comunicadores Gustavo «Gato» Sylvestre, Julia Mengolini, Flavio Azzaro y Julia Eva.
La Garganta Poderosa preparó un festival que incluirá presentaciones musicales, charlas y la intervención artística «Florecerán Pañuelos», símbolo de resistencia y memoria que año tras año sostienen Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
El contexto de avance negacionista
La vigilia se realiza en un momento de creciente tensión por las políticas negacionistas del gobierno de Javier Milei. En las últimas semanas, la administración libertaria designó a Bryan José Mayer, quien en 2023 calificó de «pro terrorista» a la película Argentina, 1985, como jefe de gabinete de la Subsecretaría de Derechos Humanos.
Mayer se suma a la conducción de Joaquín Mogaburu, titular de la Subsecretaría y conocido por sus posiciones negacionistas sobre el número de desaparecidos. Además, La Libertad Avanza fue el único bloque que se abstuvo en la votación del Senado de un proyecto de declaración de compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia.
La Conferencia Episcopal Argentina también advirtió sobre «una tendencia creciente al autoritarismo» y denunció que predomina «una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil», en un documento difundido a días del aniversario del golpe.
La marcha del 24 de marzo
El martes 24 de marzo se realizará la movilización central, con una convocatoria masiva de organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos y políticas. Las columnas partirán desde la ex ESMA y el Congreso Nacional hacia Plaza de Mayo, con consignas contra el negacionismo y el ajuste económico del gobierno de Javier Milei.
La vigilia del 23 y la marcha del 24 buscan resignificar el compromiso colectivo con las políticas de memoria en un momento crucial, cuando el Estado nacional abandona sistemáticamente ese legado construido desde 1983.
Puntos clave:
• La «Vigilia por la Identidad» se realizará este lunes 23 de marzo a las 16hs en Plaza de Mayo, organizada por La Garganta Poderosa
• Participarán Wos, León Gieco, Ricardo Mollo, Natalia Oreiro, Griselda Siciliani, Cecilia Roth y Lucrecia Martel, entre otros artistas
• El encuentro anticipa la movilización masiva del 24 de marzo contra el negacionismo oficial a 50 años del golpe
• El Indio Solari convocó a la vigilia en un audio donde pidió que «seamos muchos»
• Las columnas del 24 partirán desde la ex ESMA y el Congreso hacia Plaza de Mayo con consignas contra el ajuste y el negacionismo ★
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A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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