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Milei derogó la ley soberana de patentes farmacéuticas por exigencia de Trump: qué cambia

El Gobierno libertario derogó la Resolución Conjunta 118/2012 y abrió la puerta a los monopolios farmacéuticos internacionales; la industria nacional advierte que el precio de los medicamentos subirá y que los genéricos quedarán en riesgo.

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★ Con la firma de tres funcionarios y sin debate parlamentario, el gobierno de Javier Milei liquidó en pocas horas una política de salud pública que había resistido durante más de una década. La Resolución Conjunta 1/2026, suscripta por el ministro de Salud Mario Lugones, el ministro de Economía Luis Caputo y el titular del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), Carlos María Gallo, derogó la normativa 118 vigente desde 2012 que fijaba criterios específicos para el otorgamiento de patentes farmacéuticas. La medida no fue fruto de un diagnóstico sanitario propio: fue, según confirmaron fuentes del sector, una condición explícita del acuerdo comercial con Washington.

Una exigencia de Washington, no una política de salud

La cronología del asunto no deja lugar a dudas sobre quién mandó. La medida había sido reclamada por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, durante su visita a la Argentina. El propio ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, principal impulsor de la medida aunque su firma no aparece en el documento, lo reconoció sin eufemismos en su cuenta de X: «Con la derogación, Argentina se alinea con los estándares internacionales de propiedad intelectual que respetan todos nuestros socios comerciales, incluyendo Estados Unidos, con quien avanzamos en un acuerdo que, como contraparte de esta normalización, le abre todo su mercado doméstico a nuestra industria farmacéutica.»

La promesa de acceso al mercado estadounidense como compensación es, cuando menos, incierta. El Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas (ARTI) firmado el 5 de febrero de 2026 fue cuestionado tras un fallo de la Corte que declaró ilegales los aranceles de Trump para todos los países, lo que diluyó la supuesta «ventaja competitiva» que Argentina había negociado. Además, el acuerdo aún requiere ratificación del Congreso argentino para entrar plenamente en vigor.

Qué cambió, qué queda igual (y qué podría cambiar)

La normativa anterior limitaba el patentamiento de ciertos desarrollos, como polimorfos, sales, ésteres, segundas indicaciones médicas o ajustes de dosificación, al considerarlos variantes de sustancias ya conocidas. Con la derogación, estos casos podrán ser evaluados individualmente por el INPI, sin exclusiones automáticas.

El gobierno intentó amortiguar el impacto político con una cláusula de irretroactividad: la resolución determina que, para el caso de patentes vinculadas a productos farmacéuticos que ya estén siendo comercializados por terceros en el país, los titulares de las nuevas patentes no tendrán derecho a impedir la continuación de esa comercialización ni a requerir una retribución. En criollo: los genéricos que hoy están en la góndola no desaparecerán. El problema, advierten especialistas, es todo lo que venga después.

Según expertos consultados por Infobae, el segundo artículo de la norma podría generar cuestionamientos legales por parte de laboratorios que se consideren perjudicados por la imposibilidad de recibir regalías por productos ya presentes en el mercado local.

El evergreening, la amenaza que el gobierno prefiere no mencionar

El punto más delicado del debate es la práctica conocida como evergreening, mecanismo por el cual los grandes laboratorios extienden artificialmente sus monopolios registrando patentes sobre modificaciones menores de un mismo compuesto original. La resolución derogada actuaba como un dique frente a ese abuso.

El régimen derogado funcionaba como una barrera frente al evergreening: estrategias mediante las cuales las empresas extienden la vigencia de sus patentes con modificaciones menores, retrasando la entrada de genéricos más baratos. Sin esas limitaciones, el riesgo es claro: mayor concentración de derechos, menos competencia y, potencialmente, medicamentos más caros.

Desde la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa), que nuclea a los laboratorios de capital nacional, lo dijeron con todas las letras. Citaron el ejemplo de la semaglutida, principio activo del Ozempic: cuando el gigante danés Novo Nordisk lanzó ese producto en el país, la empresa nacional Elea sacó al mercado su versión genérica, el Dutide. El precio de la versión nacional resultó un 63,5% inferior al original. Con el nuevo régimen, esa posibilidad podría quedar acotada para los medicamentos que lleguen en el futuro.

Los números que maneja la cámara no son menores. Según estimaciones de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), los ahorros generados por medicamentos genéricos y biosimilares alcanzaron los 2.214 millones de dólares anuales a precios de septiembre de 2024; sumando nuevos lanzamientos y moléculas no incluidas en ese estudio, el ahorro estimado trepa a 3.321 millones de dólares para 2025. Ese es el piso de lo que está en juego.

La industria nacional, entre la alerta y la resignación parcial

Cilfa reconoció que la derogación no incluyó dos demandas históricas de los laboratorios internacionales: la protección de datos de prueba y la extensión del plazo de las patentes. La cámara valoró que el gobierno argentino haya excluido esos puntos del ARTI, aunque remarcó que la cuestión trasciende el interés privado de las empresas y afecta el interés público en materia de salud y acceso a los medicamentos.

La Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), que representa a los laboratorios multinacionales, celebró la medida. Consideró que la actualización del marco normativo es un paso fundamental para generar un entorno más previsible para la inversión, la investigación y el desarrollo, aunque llamó al acompañamiento de todos los actores del sistema para asegurar una implementación adecuada.

En los hechos, la brecha entre ambas cámaras expresa una tensión estructural irresuelta: para unos, la propiedad intelectual ampliada es sinónimo de innovación; para otros, es un instrumento de monopolio que recae sobre los bolsillos de los pacientes y los presupuestos de las obras sociales.

El contexto que el gobierno omite

La medida implica el fin de un marco normativo que, en la práctica, permitía que los laboratorios farmacéuticos de genéricos argentinos usaran datos de laboratorios extranjeros para vender medicamentos más baratos. Se trata de una larga exigencia de sucesivos gobiernos estadounidenses a la que, finalmente, la administración de La Libertad Avanza terminó cediendo.

El gobierno festeja una supuesta apertura de mercados. Lo que omite es que Argentina acaba de resignar, por decreto y sin debate, una política de salud pública que protegía el acceso a medicamentos esenciales para millones de personas: desde tratamientos oncológicos como el pembrolizumab y el bevacizumab hasta terapias para enfermedades raras y crónicas. El mercado, que Sturzenegger invoca como árbitro supremo, no suele tener en cuenta a quienes no pueden pagar.

Puntos clave

  • El gobierno derogó la Resolución Conjunta 118/2012 mediante la Resolución Conjunta 1/2026, firmada por Lugones, Caputo y Gallo.
  • La medida fue una condición explícita del acuerdo comercial con Estados Unidos, reclamada por el secretario del Tesoro Scott Bessent.
  • Los medicamentos genéricos ya en el mercado no serán afectados; el impacto recaerá sobre los futuros lanzamientos.
  • Cilfa advierte que el ahorro generado por genéricos y biosimilares ronda los 3.321 millones de dólares anuales, cifra que podría reducirse.
  • El evergreening, práctica por la que los laboratorios multinacionales extienden artificialmente sus patentes, queda con menos restricciones. ★

Energía

Sea Lion: Londres autorizó el saqueo del petróleo argentino en Malvinas

Ed Miliband dio el aval final para explotar Sea Lion, con primer petróleo previsto para 2028, y Londres prepara una ley para que Navitas y Rockhopper ignoren las normas argentinas. Ambas están sancionadas en el país y bajo investigación penal.

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El Reino Unido dio el aval final para extraer petróleo de la plataforma continental argentina en las Islas Malvinas. El secretario de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, firmó el consentimiento al plan de desarrollo del Área Norte del yacimiento Sea Lion, y Londres anunció en paralelo una ley para que las petroleras puedan ignorar la legislación argentina. Según la operadora, el primer petróleo saldría en marzo de 2028.

La confirmación llegó este martes por la propia empresa, la israelí Navitas Petroleum, antes del anuncio formal del Gobierno británico. Era el último aval pendiente: la administración colonial británica en las islas ya había aprobado el plan de desarrollo y producción, vigente desde la decisión final de inversión de diciembre de 2025.

Qué se llevan

Sea Lion está a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, en la Cuenca Malvinas Norte. Según estimaciones citadas por la prensa británica, el yacimiento contiene hasta 1.700 millones de barriles. Navitas opera el proyecto con el 65 por ciento y la británica Rockhopper Exploration, que lo descubrió en 2010, conserva el 35 por ciento.

El plan publicado por Navitas prevé una primera fase con 11 pozos submarinos conectados a un buque de producción y almacenamiento, y una segunda fase con otros 12 pozos unos tres años después del primer petróleo. La empresa calcula más de 30 años de producción, con operaciones desde Londres, Aberdeen y Puerto Argentino. Son recursos de la plataforma continental argentina explotados bajo licencias que la Argentina no otorgó ni reconoce.

Según The Guardian, el proyecto puede triplicar el producto bruto de las islas. La riqueza del subsuelo argentino queda así en manos de una petrolera israelí, una británica y la administración colonial que las habilitó.

Una ley para blindar a las petroleras

El mismo día, el Departamento de Comercio y la Cancillería británica (FCDO) anunciaron medidas bajo la legislación de Protección de Intereses Comerciales (PTI, por sus siglas en inglés), que impide a personas y empresas británicas cumplir con medidas extraterritoriales de otros países. El objetivo declarado es que ninguna compañía vinculada a la actividad en las islas se vea obligada a acatar las normas argentinas. Según el Gobierno británico, la legislación secundaria está en preparación y la meta es que rija antes de fin de año.

El secretario de Comercio, Jonathan Reynolds, dijo (en traducción de este medio): «Estos pasos envían una señal clara de que no nos quedaremos de brazos cruzados mientras la Argentina busca aplicar su legislación interna para obstaculizar intereses comerciales legítimos en las Islas Malvinas». Miliband agregó que «los intentos de la Argentina de intimidar a empresas e individuos que realizan actividades comerciales legítimas son inaceptables».

Londres llama coerción a que la Argentina aplique su ley sobre su propia plataforma continental, en un territorio argentino ocupado cuya disputa de soberanía reconocen las Naciones Unidas.

Las empresas ya están sancionadas en la Argentina

Para el Estado argentino, Navitas y Rockhopper operan de forma ilegal. Según la Cancillería, Rockhopper fue declarada clandestina por la Resolución 133/2012 de la Secretaría de Energía e inhabilitada por 20 años para operar en el país por la Resolución 456/2013. Navitas recibió las mismas sanciones por la Resolución 240/2022.

A eso se suma la causa penal que tramita el juez federal Julián Ercolini, a pedido del fiscal Carlos Stornelli. La Justicia pidió al Reino Unido y a Israel los registros de directivos, representantes legales y composición societaria de ambas empresas desde 2012, para identificarlos y citarlos a indagatoria. En paralelo, la jueza federal de Río Grande Mariel Borruto ordenó el 16 de septiembre a las dos compañías abstenerse de iniciar o continuar las obras, a pedido del CECIM La Plata y de la Asociación de Abogados y Abogadas Ambientalistas.

Esa causa es la que Londres buscó desactivar por adelantado: según The Guardian, el Reino Unido le pidió a Interpol que considere motivados políticamente eventuales pedidos argentinos de detención. Fuentes de la Cancillería argentina negaron ante La Nación haber presentado alguno.

Soberanía energética en juego

El aval de Miliband llegó horas después de que la Argentina pidiera al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, medidas provisionales para impedir la explotación de Sea Lion y el otorgamiento de nuevos permisos, mientras se constituye el tribunal arbitral previsto en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). Fue el paso siguiente al ultimátum del 28 de septiembre, que venció el lunes 12 sin respuesta favorable.

La contradicción británica es evidente: como secretario de Energía, Miliband había frenado toda nueva exploración de petróleo y gas en el Mar del Norte. En el Atlántico Sur, en cambio, firma el desarrollo de un yacimiento de hasta 1.700 millones de barriles.

Defender las Islas Malvinas exige una política de Estado sostenida, no gestos aislados de un gobierno que en otros frentes resigna soberanía económica. Mientras el Tribunal del Mar define si dicta las medidas pedidas, el petróleo argentino del Atlántico Sur ya tiene aval británico y fecha de extracción.

Lo que tenés que saber:

  • Ed Miliband dio el aval final británico al Área Norte de Sea Lion; Navitas prevé el primer petróleo para marzo de 2028.
  • El yacimiento, a 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, tendría hasta 1.700 millones de barriles: Navitas tiene el 65% y Rockhopper el 35%.
  • Londres prepara medidas bajo la ley de Protección de Intereses Comerciales para que las petroleras no cumplan las normas argentinas.
  • Ambas empresas están sancionadas e inhabilitadas en la Argentina, y Ercolini y Stornelli buscan identificar a sus directivos desde 2012 para indagarlos.
  • La Argentina pidió al Tribunal del Mar medidas provisionales para frenar la explotación.
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