Pontifex ✝️
La fumata vaticana: el código cromático que define el futuro de la Iglesia Católica
El color de la columna que asciende desde la Capilla Sixtina comunica al mundo el resultado del cónclave papal, una práctica milenaria que mantiene en vilo a millones de fieles.
Entre humos blancos y negros: así se anuncia la elección de un Papa
En el complejo mundo de los rituales católicos, pocos son tan visualmente impactantes y cargados de simbolismo como la fumata que emerge desde la chimenea de la Capilla Sixtina durante un cónclave papal. Esta tradición, que data de varios siglos, se ha convertido en un momento de expectación global que trasciende incluso las fronteras de la fe católica.
Orígenes de un ritual centenario
La práctica de la fumata tiene sus raíces en el siglo XIII, cuando se estableció el cónclave como mecanismo de elección papal. Originalmente, la señal de humo surgió como una forma práctica de comunicar al pueblo romano el resultado de las deliberaciones cardenalicias sin romper el secreto del cónclave.
Históricamente, se quemaban las papeletas de votación mezcladas con paja húmeda para producir humo negro (votación sin resultado) o paja seca para el humo blanco (elección consumada). Sin embargo, debido a confusiones en el pasado sobre el color del humo, desde 2005 se utilizan compuestos químicos específicos para asegurar la claridad de la señal.
El significado de los colores: negro y blanco en tensión
La fumata negra representa un mensaje claro: la votación del Cónclave ha concluido sin alcanzar la mayoría calificada de dos tercios necesaria para elegir al nuevo pontífice. Este humo oscuro indica que el proceso continúa y los cardenales deberán seguir deliberando.
Por el contrario, la fumata blanca desata la alegría entre los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y los millones que siguen el acontecimiento a través de los medios de comunicación. Su aparición confirma que se ha llegado al consenso requerido y un nuevo Papa ha sido elegido para liderar la Iglesia Católica.
Del humo a la presentación: el Habemus Papam
Tras la aparición de la fumata blanca, se produce un intervalo de aproximadamente una hora. Durante este tiempo, el cardenal elegido acepta formalmente su designación, escoge su nombre papal y es vestido con las vestiduras pontificias.
Posteriormente, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el cardenal protodiácono pronuncia la famosa frase latina «Habemus Papam» («Tenemos Papa») y presenta al nuevo pontífice ante la multitud expectante.
Este ritual fue el que vivió el cardenal argentino Jorge Bergoglio el 13 de marzo de 2013, cuando fue elegido como el papa número 266 de la historia, adoptando el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís.
Aspectos técnicos del ritual
Para garantizar que el color del humo sea inequívoco, el Vaticano modernizó el sistema en 2005. Actualmente, además de las papeletas, se utilizan cartuchos con productos químicos específicos: para el humo negro se emplea una mezcla de perclorato de potasio, antraceno y azufre, mientras que para el blanco se usa clorato de potasio, lactosa y colofonia.
Adicionalmente, se instaló una estufa auxiliar que precalienta el conducto de la chimenea para mejorar el tiro y evitar que el humo se disipe antes de alcanzar altura suficiente para ser visible desde la plaza.
Puntos clave del ritual de la fumata:
- La fumata negra indica que no se ha alcanzado la mayoría calificada de dos tercios en la votación del cónclave.
- La fumata blanca anuncia al mundo la elección exitosa de un nuevo pontífice.
- El sistema actual utiliza compuestos químicos específicos para garantizar la claridad del color del humo.
- Tras la fumata blanca, el anuncio formal «Habemus Papam» se realiza desde el balcón de la Basílica de San Pedro.
- Este ritual mantiene elementos que datan del siglo XIII, adaptados a las necesidades comunicativas contemporáneas.
Pontifex ✝️
A un año de la partida del Papa Francisco, García Cuerva advierte por el retiro del Estado en los barrios
“La Iglesia viene alertando sobre la situación de los discapacitados y los jubilados”, señaló el Cuerva y reclamó “un Estado presente e inteligente”.
Un legado que interpela al presente: “Concretar sus enseñanzas va a ser el mejor homenaje”
A un año de la muerte de Papa Francisco, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, puso el foco donde duele: no en la nostalgia, sino en la deuda. “Concretar sus enseñanzas va a ser el mejor homenaje”, afirmó, en la antesala de las ceremonias que se realizarán en Luján y Flores. La frase no sonó protocolar. Sonó a advertencia.
Cuerva no habló de un Francisco congelado en estampitas. Habló de un pensamiento vivo, incómodo, que sigue señalando desigualdades y omisiones. “Es imposible leerlo y no pensar en el hoy”, sostuvo. En esa línea, recordó que el pontífice argentino construyó un magisterio que no se limitó a lo espiritual: apuntó directo a las condiciones materiales de vida, a los vínculos sociales y a las estructuras que producen exclusión.
- Francisco cuestionó la cultura del descarte
- Denunció la desigualdad como forma de violencia
- Reivindicó el rol del Estado en la protección social
- Puso a los pobres en el centro de la escena
Ese legado, lejos de volverse abstracto, adquiere densidad en el contexto actual. Para Cuerva, recién tras su muerte se dimensionó el peso global de ese liderazgo, pero también su capacidad de incomodar puertas adentro.
El retiro del Estado y sus consecuencias
El arzobispo fue más allá del homenaje y apuntó al presente: alertó sobre el retroceso estatal en los barrios más vulnerables. No lo planteó como una discusión técnica, sino como una realidad concreta con efectos visibles.
“La Iglesia viene alertando sobre la situación de los discapacitados y los jubilados”, señaló. Y agregó una definición que sintetiza el diagnóstico: cuando el Estado se retira, otros ocupan ese lugar.
- Avanza el narcotráfico
- Crece la violencia
- Se consolidan economías ilegales
- Los jóvenes quedan expuestos a “salidas fáciles”
En ese marco, Cuerva reclamó un Estado “presente e inteligente”, en línea con las enseñanzas de Francisco, quien insistió en que la ausencia estatal no es neutral: siempre tiene consecuencias sociales profundas.
Homenaje
Las misas en Luján y Flores funcionarán como espacios de memoria. Pero el mensaje de la Iglesia apunta a otra cosa: evitar que el legado de Papa Francisco quede reducido a la evocación.
El desafío, sugirió Cuerva, no es recordar sino continuar. No repetir consignas, sino traducirlas en políticas y prácticas concretas. Porque si algo dejó Francisco fue una hoja de ruta incómoda: la de mirar de frente la desigualdad y actuar en consecuencia.
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