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Criar un hijo en la Argentina de Milei cuesta hasta $610.000: el ajuste que no para

El costo de crianza superó nuevamente a la inflación general en abril, con aumentos de hasta el 3,5% en las franjas de bebés y menores de hasta tres años, según datos del INDEC.

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El Argentino Diario-Bebé tomando leche mamadera

Criar un hijo en la Argentina de Milei cuesta hasta $610.000: el ajuste que no para

El costo de crianza superó nuevamente a la inflación general en abril, con aumentos de hasta el 3,5% en las franjas de bebés y menores de hasta tres años, según datos del INDEC. En un contexto de tarifazos acumulados que superan el 525% desde diciembre de 2023, criar a un hijo en la Argentina libertaria se convierte en un privilegio cada vez más inaccesible.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) publicó su informe mensual sobre la Canasta de Crianza correspondiente a abril de 2026, y los números vuelven a contar la misma historia: los costos de criar a un hijo en Argentina no solo no se detienen, sino que se aceleran por encima del índice general de inflación. Mientras el Gobierno de Javier Milei celebró un IPC del 2,6% en abril como un «respiro», las familias con hijos pequeños enfrentaron aumentos de hasta el 3,5% en los costos esenciales de la crianza.

Recién nacidos y bebés: la franja más golpeada

Según el informe oficial del INDEC, la canasta de crianza para recién nacidos y bebés trepó un 3,5% en el mes de abril, al pasar de $494.367,32 a $511.763,05. La misma variación registró la franja de 1 a 3 años, cuya canasta escaló de $589.099,48 a $609.573,66, lo que implica que una familia debe destinar más de $609.000 mensuales solo para cubrir las necesidades básicas de un niño pequeño.

En los tramos etarios superiores, los aumentos fueron del 3,2%: la canasta para menores de 4 a 5 años pasó de $504.267,21 a $520.412,69, y la correspondiente a la franja de 6 a 12 años trepó de $633.857,46 a $654.221,39. En todos los casos, la suba superó la inflación general del mes.

Un ajuste que no distingue edades

Lo que el INDEC mide no es solo el costo de los bienes y servicios necesarios para la infancia, sino también el valor del tiempo de cuidado, calculado en base a la remuneración de la categoría «Asistencia y cuidado de personas» del Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares. Esta metodología, que incluye vestimenta, transporte, educación, salud y vivienda, está sostenida sobre la Canasta Básica Total (CBT) del Gran Buenos Aires.

Sin embargo, hay una trampa institucional en ese cálculo: el propio Gobierno de Milei negó la actualización del segmento de servicios de la CBT y mantuvo la metodología de 2004, según denunció el propio C5N. Esto significa que los números ya de por sí preocupantes que publica el INDEC están, en rigor, subestimando la realidad del gasto de las familias argentinas.

El precio de la infancia en el contexto del ajuste libertario

Estos datos no son un fenómeno aislado. Se inscriben en una cadena de deterioro del poder adquisitivo que viene acumulándose desde diciembre de 2023. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios públicos acumularon una suba superior al 525% desde el inicio de la gestión libertaria, con el transporte encabezando la lista con un incremento que roza el 912%. La energía y el agua, componentes ineludibles del cuidado de niños pequeños, subieron un 748% y un 365% respectivamente.

En ese mismo lapso, los programas sociales sufrieron recortes reales del 61%, y las transferencias a provincias cayeron un 66%, afectando directamente la red de contención que sostiene a las familias más vulnerables. La inflación interanual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) se ubica en el 32,8% según el INDEC para marzo de 2026, y la Canasta Básica Total (CBT), que sirve de base para el cálculo de la línea de pobreza, registra una variación del 30,4% en el mismo período. En abril, una familia tipo en el Gran Buenos Aires necesitó más de $1.469.768 para no caer bajo la línea de pobreza, según datos del propio organismo.

Salarios que no llegan

La otra cara del problema es la evolución de los ingresos. Los salarios registrados subieron apenas un 3% en marzo de 2026, volviendo a quedar por debajo de la inflación del mismo mes, según datos del INDEC difundidos esta semana. Esta dinámica estructural, en la que los costos de la vida crecen sistemáticamente más rápido que los ingresos, configura un escenario donde criar un hijo en Argentina no solo exige esfuerzo, sino que empieza a requerir condiciones económicas que una porción creciente de la población sencillamente no posee.

El relato oficial de la «desaceleración inflacionaria» choca, mes a mes, con la experiencia concreta de las familias que deben decidir entre pagar la luz, el gas o el jarabe para la fiebre del bebé. La canasta de crianza no es un dato estadístico abstracto: es el termómetro más preciso de lo que cuesta sostener la vida en la Argentina del ajuste.

Los números de la crianza

  • La canasta de crianza para bebés y menores de hasta 3 años subió un 3,5% en abril, superando la inflación general del 2,6% (INDEC).
  • Criar a un niño de entre 1 y 3 años costó $609.573 en abril de 2026.
  • El Gobierno mantuvo una metodología de 2004 para el componente de servicios de la CBT, lo que subestima el costo real de la crianza.
  • Los servicios públicos acumularon subas superiores al 525% desde diciembre de 2023 (IIEP UBA-CONICET).
  • Los salarios registrados subieron 3% en marzo y volvieron a perder contra la inflación (INDEC).

Consumo

Inflación: ¿qué pasó en agosto?

El relevamiento del Banco Central proyectó 1,7% para agosto, pero también registró una contracción de 0,9% en el segundo trimestre y una desocupación de 7,7%.

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Inflación: el alivio fue mínimo y la economía siguió pagando la cuenta

El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central estimó una inflación mensual de 1,7% para agosto, apenas 0,1 puntos porcentuales por debajo de la encuesta anterior. El número ofreció una baja leve, pero el mismo informe mostró el costo del esquema: los analistas calcularon una contracción de 0,9% del Producto Interno Bruto ajustado por estacionalidad durante el segundo trimestre de 2026.

Una desaceleración que no alcanzó para festejar

El octavo REM del año, publicado por el BCRA el 4 de septiembre, ubicó en 1,7% la proyección de inflación para agosto. El grupo de analistas que mejor acertó en relevamientos anteriores, el llamado Top 10, mantuvo la misma estimación. Para la inflación núcleo, el conjunto de participantes también calculó 1,7%, mientras que el Top 10 proyectó 1,6%.

La diferencia con el relevamiento previo resultó tan chica que venderla como una victoria contundente habría sido, cuanto menos, un exceso de entusiasmo. La inflación no desapareció: apenas bajó una décima en la expectativa del mercado. Y el dato oficial de agosto todavía no formaba parte de ese informe, que difundió proyecciones y no una medición definitiva.

El ajuste dejó la actividad en rojo

El contraste apareció en la actividad económica. Los participantes del REM estimaron que el producto se contrajo 0,9% en el segundo trimestre de 2026, una proyección que empeoró en 0,5 puntos porcentuales respecto del relevamiento anterior. Para el tercer trimestre proyectaron una mejora de 1,1% y para el cuarto, un crecimiento de 1,3%.

El promedio anual tampoco salió ileso. El mercado esperaba que el PIB real de 2026 quedara 2,1% por encima del promedio de 2025, pero recortó esa previsión en 0,6 puntos porcentuales. El Top 10 calculó una expansión de 2,2%, también menor que la estimada previamente.

La contradicción quedó expuesta: el programa podía mostrar una inflación esperada algo menor mientras la economía retrocedía y las previsiones de crecimiento se achicaban. La baja de precios, en ese cuadro, no funcionó como alivio automático para los ingresos, el empleo ni el consumo.

Más superávit, menos margen para la vida cotidiana

En materia laboral, el REM ubicó la desocupación abierta del segundo trimestre en 7,7% de la Población Económicamente Activa y proyectó 7,5% para el cuarto trimestre. El Top 10 calculó 7,6% para ambos períodos. Las cifras describieron un mercado de trabajo que siguió lejos de una mejora contundente.

El relevamiento también proyectó un superávit primario de 15,4 billones de pesos para el Sector Público Nacional no Financiero en 2026, aunque recortó esa estimación en 154.000 millones de pesos frente al informe previo. El Excel celebró el superávit, pero la calle recibió el ajuste en cuotas: menos actividad, empleo frágil y una inflación que todavía siguió corriendo.

El REM no decidió la política económica ni midió por sí mismo el IPC. Reunió las proyecciones de consultoras, entidades financieras y centros de investigación. Por eso, el dato central fue menos épico de lo que podía sugerir una lectura apurada: el mercado esperaba una desaceleración modesta, junto con una recuperación que todavía debía probarse en la economía real.

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