Salud 🩺
Recomiendan el uso del barbijo para prevenir enfermedades respiratorias de invierno
A nivel nacional, el Consejo Federal de Salud (Cofesa) dispuso la semana pasada «reforzar las recomendaciones de cuidado generales para la prevención no solo de Covid-19 sino también de otras enfermedades respiratorias» con «el uso adecuado del barbijo en espacios interiores» como «ámbitos laborales, educativos, sociales y en el transporte público; asegurar la ventilación, mantener el lavado frecuente de manos y evitar acudir a actividades ante la presencia de síntomas».
Autoridades de Salud provinciales recomendaron a la población mantener el uso del barbijo en lugares cerrados y en el transporte público al menos hasta que termine el invierno dado que es una de las medidas preventivas más eficaces para evitar contagios de enfermedades respiratorias.
A nivel nacional, el Consejo Federal de Salud (Cofesa) dispuso la semana pasada «reforzar las recomendaciones de cuidado generales para la prevención no solo de Covid-19 sino también de otras enfermedades respiratorias» con «el uso adecuado del barbijo en espacios interiores» como «ámbitos laborales, educativos, sociales y en el transporte público; asegurar la ventilación, mantener el lavado frecuente de manos y evitar acudir a actividades ante la presencia de síntomas».
En la provincia de Buenos Aires, el Gobierno dispuso que el uso del barbijo siga en modo obligatorio en el transporte público y sea optativo en espacios laborales, educativos y recreativos.
El ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, sostuvo recientemente que «hay que seguir usándolo porque hay muchas enfermedades respiratorias y también casos de coronavirus por lo que seguimos recomendando el uso hasta al menos que termine el invierno».
En Santa Fe, el Gobierno dispuso hoy quitarle el carácter de obligatorio al uso del barbijo en espacios cerrados, para que su empleo sea solo una «recomendación», según una resolución firmada por el ministro de Gestión Pública, Marcos Corach.
Por eso, el gobernador Omar Perotti indicó que en la provincia se recomienda «el uso del barbijo en determinados lugares cerrados, como teatros, cine, escuelas y, particularmente, para las personas con factores de riesgo» y su ministra de Salud, Sonia Martorano, aclaró que «al aire libre es opcional, en general no es necesario».
El ministro de Trabajo, Juan Manuel Pusineri, explicó que en una reunión con el Comité de Expertos que asesora a la provincia durante la pandemia «se tomó esta decisión, atendiendo a la clara mejoría del cuadro sanitario» dado que «los casos semanales rondan los 40 y el índice de positividad está un 7 por ciento y no hay internaciones».
En Córdoba, desde el 2 de abril y mediante Decreto 343/2022, el uso del barbijo es obligatorio únicamente en espacios cerrados, especialmente en el ámbito laboral, educativo, espectáculos artísticos, comercios y transporte público, mientras que al aire libre será opcional.
La secretaria de Prevención y Promoción de la Salud provincial, Gabriela Barbás, sugirió a través de los medios locales «seguir usando el barbijo como medida preventiva de enfermedades respiratorias» de invierno, como el caso de la gripe, y además instó a vacunarse contra esa patología y cumplir con el esquema de inmunización Covid-19.
En Chubut no es obligatorio el uso de tapabocas o barbijos en ningún ámbito, aunque el Ministerio de Salud recomienda su uso para evitar la circulación de todo tipo de virus respiratorios, como la Covid o los vinculados con la influenza.
«Chubut tiene el uso optativo pero nosotros hacemos una fuerte recomendación para que se siga usando el tapabocas y de hecho así lo interpretan los ciudadanos que concurren a los comercios siempre munidos de lo que comúnmente conocemos como barbijos, al igual que los chicos en las escuelas», explicó el ministro de Salud, Fabián Puratich.
De acuerdo a un sondeo hecho por esta agencia en cinco escuelas de Rawson, los alumnos concurren con tapabocas y son los docentes los que recomiendan, cuando están al aire libre, que pueden sacárcelos durante el recreo.
Mendoza también mantiene el uso de barbijos en lugares cerrados y se prevé que en los próximos días se anuncie oficialmente que esto pase a ser optativo.
«Si bien hay una baja de casos de Covid, hay muchos casos de enfermedades respiratorias estacionales, por lo que se mantiene la recomendación de usarlo como medida preventiva, sobre todo en adultos mayores», sostuvo la ministra de Salud, Ana María Nadal.
En Jujuy, «debido a que hemos tenido un gran número de casos de influenza, decidimos mantener el uso del barbijo en espacios cerrados no bien ventilados, mientras que en espacios abiertos y al aire libre es opcional», afirmó hoy el ministro de Salud, Antonio Buljubasich, y añadió que todas las escuelas están incluidas por tratarse de espacios cerrados.
«Necesitamos mantener algún grado de protección y ese grado le dan las medidas que ya todo el mundo conoce: tratar de no estar en ambientes cerrados, usar el barbijo en ambiente cerrado y mal ventilado y lavarse las manos», remarcó.
En Santiago del Estero «continúa siendo obligatorio el uso del barbijo en espacios cerrados, en el transporte de colectivos y taxis, como en cualquier lugar público abierto donde exista aglomeración de personas, tales como paradas de colectivos, colas en cajeros», indicó el último parte del Comité de Emergencia (COE).
Y, detalló que el uso del barbijo no es obligatorio en la vía pública, cuando alguien circule solo o junto a personas de su grupo conviviente.
En Río Negro, el ministro de Salud, Fabián Zgaib, señaló: «Seguimos recomendando el uso adecuado del barbijo en el interior, en espacios públicos y privados» porque, recordó, «la pandemia no pasó».
«Se sacó el distanciamiento social y el autoreporte de la aplicación Cuidar, pero las otras medidas las seguimos manteniendo», dijo el ministro a la prensa local.
En Neuquén, desde el 29 de marzo el Gobierno provincial estableció el uso optativo y voluntario del barbijo en espacios compartidos, sean estos cerrados o abiertos, recordaron fuentes del Ministerio de Salud de la provincia.
Sin embargo, indicaron que «se recomienda el uso de tapabocas en lugares cerrados a toda la ciudadanía y especialmente a aquellas personas mayores de 60 años, o quienes tengan enfermedades preexistentes o no hayan completado el esquema de vacunación contra el coronavirus».
Además, recomendaron «el lavado frecuente de manos, la ventilación cruzada y permanente de espacios cerrados, la vacunación con esquema completo y la higiene frecuente de elementos y espacios de uso comunitario».
En Entre Ríos el uso del barbijo «siempre fue una recomendación», explicaron a Télam voceros del Ministerio de Salud y recordaron que también se aconsejó otras «medidas de cuidado para la prevención no solo de Covid-19 sino también de otras enfermedades respiratorias agudas».
Sólo «se recomienda el uso del barbijo en espacios interiores», como así también «la ventilación de los ambientes; el lavado frecuente de manos; y evitar acudir a actividades laborales, sociales y educativas ante la presencia de síntomas».
San Luis adhirió a la normativa nacional del uso del barbijo de manera obligatoria en transporte público y espacios cerrados como escuelas, oficinas o lugares de espectáculos.
La ministra de Salud, Rosa Dávila, recordó que «hay una fuerte recomendación para el uso del barbijo, porque estamos en un aumento importante de infecciones respiratorias agudas. Están todos los virus que pueden circular en invierno, sumado a gripe y Coronavirus».
En Salta, la jefa del programa de Infecciones Asociadas al Cuidado de la Salud, Paula Herrera, señaló que «si bien los casos de Covid-19 se han mantenido en número bajo en las últimas semanas, estamos ante la presencia de un brote de influenza, con lo cual la medida es seguir cuidándonos y usar el barbijo nos cuida a todos y evita la transmisión de estos gérmenes».
«Persiste la recomendación del uso de barbijo en lugares cerrados en espacios laborales, de recreación o educativos, al igual que la buena ventilación de ambientes y la necesidad de no asistir a eventos cuando tenemos síntomas», añadió.
En La Rioja, el director de Epidemiología, Eduardo Bazán, explicó que «ante la llegada del invierno, el uso del barbijo sigue en uso para los lugares cerrados».
«Estamos en una etapa inter epidémica. El escenario es complejo y sabiendo que estamos entrando en la época invernal donde aumentan las enfermedades respiratorias y debido a que habrá una circulación viral importante, se tomó esta determinación», explicó.
Bazán señaló que hay «una alta demanda de consultas por otros virus respiratorios en los hospitales, por eso se sostiene el uso del barbijo, al menos durante este invierno».
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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