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Estrenan perfomance en el Parque de la Memoria sobre las historias de Abuelas de Plaza de Mayo

En grupos de hasta 15 personas, ocho actrices recorren distintos espacios al aire libre del parque y encarnan historias de vida de abuelas cuyos hijos fueron asesinados y desaparecidos y que buscan a sus nietos.

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Con una serie de recorridos por el Parque de la Memoria que reconstruyen las historias de vida de ocho mujeres marcadas por la violencia de la última dictadura cívico militar y que desde entonces buscan a sus nietos y nietas, se estrena este jueves la pieza performática «La memoria futura. La voces de las Abuelas», una adaptación que se basa en el Archivo Biográfico Familiar de las Abuelas de Plaza de Mayo.

En grupos de hasta 15 personas, ocho actrices recorren distintos espacios al aire libre del parque ubicado a la vera del Río de la Plata y encarnan historias de vida de abuelas cuyos hijos fueron asesinados y desaparecidos y que buscan a los hijos de sus hijos, sus nietos.

En simultáneo, la escena sucede en cuatro recorridos con distintas historias, distintos puntos, distintas caminatas, aunque todas desembocarán en un mismo sitio hacia el final, como la experiencia compartida de la lucha y el dolor. La pieza performática, con dirección de Luciana Mastromauro y codramaturgia junto a Eugenia Pérez Tomas, recupera el testimonio de las entrevistas que conforman el enorme archivo oral de las Abuelas y propone un acercamiento artístico a las biografías de esas mujeres.

La puesta en escena, que tendrá en principio seis funciones gratuitas los días 21, 22, 23, 28, 29 y 30 de septiembre a las 16, de una duración de 90 minutos, reúne a las actrices Florencia Bergallo, Gaby Ferrero, Karina Frau, Juliana Muras, Andrea Nussembaum, Susana Pampín, María Inés Sancerni y Frida Jazmín Vigliecca, y cuenta con el apoyo del Goethe Institut Buenos Aires y el respaldo del Fondo Internacional de Coproducción, también del Goethe-Institut pero de Alemania.

Perfomance: la fuerza escénica del testimonio

¿Cómo fue trabajar con un material tan potente y complejo como las biografías de estas mujeres? «Fue un gran desafío -responde Luciana Mastromauro, primero por la enorme cantidad de entrevistas y de relatos orales que tiene el archivo. Hicimos un primer gran recorte que fue trabajar con los relatos de Abuelas, pero a pesar de eso nos quedaron 144 entrevistas y elegimos ocho tratando de que sean diversas y representativas de un universo mucho más amplio que obviamente no podíamos abordar».

Después de un largo trabajo de lecturas y escucha de los materiales que componen el archivo, esa diversidad de la que habla Mastromauro se armó a partir de la elección de distintas experiencias de abuelas de todo el país, abuelas que no forman parte de Abuelas de Plaza Mayo o están vinculadas a las políticas de derechos humanos, abuelas que encontraron a sus nietos y abuelas que no. «Lo interesante es que aparecían muchas similitudes y muchas diferencias, en las historias hay núcleos que se repiten…», plantea la directora.

¿Cuáles? «La persistencia indeclinable de la búsqueda, una y otra vez y todos los días después de tantos años. Y también marcas generacionales en relación al amor, a sus matrimonios, a los hijos, a los modos de trabajo o los deseos, como la frustración de no haber podido estudiar. Son marcas que hablan también de una época y del lugar de la mujer en la sociedad y son representativas porque a todo eso ellas le pegan un poco la vuelta y salen de la media de lo que su generación esperaba. Por el trauma que las atraviesa construye otra subjetividad, se transforman en sujetos políticos paridos un poco por sus hijos».

Los recorridos reponen el testimonio y la primera persona de esas mujeres sin lugar para la ficción ni para préstamos que se salen de su relación con lo real: «Por supuesto recortamos información, sacamos, centralizamos, acomodamos… pero sin inventar nada. Generamos unos relatos poéticos que tienen potencia, pero desde el cuidado y la responsabilidad de estar trabajando con el relato de otro», cuenta Mastromauro sobre el abordaje de esos registros biográficos con los que trabajan en la perfomance.

El archivo

El Archivo Biográfico Familiar de Abuelas de Plaza de Mayo comenzó en 1998 cuando las ellas grabaron sus voces para dejarles su testimonio a las nietas y los nietos nietas que aún no habían encontrado. Desde entonces, el material se convirtió en uno de los archivos orales más grandes de América Latina y está compuesto por documentos y más de 2.200 entrevistas, de las cuales 144 son de abuelas. Muchos archivos reconstruyen la historia de vida de desaparecidos a través de relatos de familiares, amigos, compañeros de militancia y de cautiverio.

En 2020, en plena pandemia, Abuelas de Plaza de Mayo convocó a artistas e investigadores que habían trabajado en el Archivo para pensar nuevas formas de abrir y compartir ese material, es desde ese espacio donde surge «La memoria futura. Las voces de las Abuelas». «Había una necesidad de hacer cosas con ese material tan rico y tan potente y se generaron varios equipos, de ahí armamos un grupo que se dedicó a pensar este material relacionado con la pata de lo escénico», dice la actriz y directora sobre esta adaptación en la que trabajaron con mucho «cuidado y respeto porque son historias de personas reales».

Performance al aire libre: Parque de la Memoria- Monumento a las Víctimas del Terrorismo del Estado

¿Qué particularidad le otorgó el espacio Parque de la Memoria y el río como escenografía para pensar esa adaptación? «Nos pareció un espacio bastante ideal porque además de ser un lugar precioso y con una vista que descansa en el horizonte, en el río, en el verde, reunía ese equilibrio entre no ser un lugar anónimo ni ser un espacio tan fuertemente connotado como podría ser un ex centro clandestino de detención», argumenta la directora del proyecto artístico.

La pieza teatral se estructura en recorridos, caminatas que van dejando sus marcas sobre el terreno y tienen postas, que son momentos de silencio para contemplar el río y quedarse en esos relatos.

La idea de la caminata viene de las lecturas que hicieron de los relatos, como cuenta Mastromauro: «El caminar es metafórico de un montón de cosas. Una cuestión que aparecía mucho es ‘desde que desapareció mi hijo me puse a caminar, empecé a recorrer, a salir’, es decir, el movimiento como práctica de la búsqueda incansable, una lucha que no puede detenerse nunca. Y además están las rondas de las madres que persisten y persisten, entonces había una necesidad de traer algo de la caminata y eso se nos conjugaba un poco también con lo de contar».

En Argentina y en Alemania

«La memoria futura – Las voces de las Abuelas» tendrá también un estreno en Berlín, el 28 de octubre en Ballhaus Ost con una función reducida en español y alemán que interpretarán Gabriela Turano y Judith Seither, y que se realizará como parte del intercambio que empezaron a realizar con el Goethe-Institut Buenos Aires y el financiamiento internacional para llevar adelante la experiencia.

Un intercambio que Mastromauro define como muy bueno porque involucra la «mirada ajena» de un país como «Alemania, que también tiene toda una tradición en políticas de la memoria y entonces era un cruce muy interesante de hacer en contextos muy distintos pero con cierta familiaridad».

De hecho, la puesta cuenta con la colaboración del dramaturgista alemán Aljoscha Begrich, quien trabaja con estas temáticas en distintos contextos. «Su participación nos potenció mucho porque hubo mucha discusión y porque también nos hacía preguntas muy obvias que a nosotros no se nos hubiese ocurrido pero nos hacía pensar todo de nuevo», plantea sobre el trabajo en equipo.

Todos los recorridos en el Parque de la Memoria-Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado se realizarán con inscripción previa por Alternativa Teatral.

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“El hambre no es terrorismo, la protesta tampoco”: ATE Capital rechaza la guía antiterrorista de Casal

La Procuración General aprobó un protocolo para investigar «radicalización» antes de que ocurra un ataque. Sus indicadores de riesgo incluyen «sentir injusticia», «rechazar figuras de autoridad» y «criticar instituciones». ATE Capital salió al cruce con una campaña directa: «El hambre no es terrorismo. La bronca no es terrorismo. Organizarse no es terrorismo».

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“¿Estar en contra del gobierno es terrorismo?”: por qué la guía de Casal impulsada por el Gobierno de Milei alarma a sindicatos, abogados y organismos de DDHH.

El procurador general de la Nación interino, Eduardo Casal, firmó el 14 de agosto la Resolución PGN N° 56/2026, que aprueba la «Guía para la investigación de incidentes terroristas previos a un ataque». El documento, elaborado conjuntamente por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) y la Unidad Fiscal Especializada en Criminalidad Organizada (UFECO), con aportes de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI), introduce por primera vez en el país criterios comunes para que fiscales y jueces investiguen procesos de radicalización antes de que se produzca un atentado. Lo que en principio se presentó como una herramienta técnica de prevención antiterrorista desató en las últimas horas una oleada de rechazo de organizaciones sindicales y de derechos humanos que advierten que sus categorías, deliberadamente amplias, habilitan la persecución de la disidencia política.

Qué dice la guía: el «ciclo terrorista» y sus indicadores

La resolución parte de una premisa doctrinaria: el terrorismo debe entenderse como un «proceso criminal organizado, continuo y permanente», al que la literatura especializada denomina «Ciclo Terrorista». Bajo esa concepción, el atentado es apenas el eslabón final y visible de una cadena que incluye glorificación, propaganda, reclutamiento y radicalización ideológica; etapas todas ellas que, según el texto, deben ser investigadas antes de que el hecho violento se produzca. El documento se apoya en el marco teórico de investigadores de la Universidad de Maryland financiados por el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, además de citar estudios de Europol, el UNODC y la Red de Concienciación sobre la Radicalización (RAN) de la Comisión Europea.

Sobre esa base, la guía propone una matriz de indicadores de riesgo clasificados en cuatro niveles: medio, medio-alto, alto y crítico. Los indicadores más tempranos, de nivel medio, incluyen conductas como «sentir injusticia, traición o humillación», «búsqueda de sentido o propósito», «rechazo a figuras de autoridad», «publicación de teorías conspirativas», «usar consignas o símbolos combativos», «participar en comunidades digitales» y «desconfianza sistemática en las instituciones y liderazgos democráticos». El propio texto aclara que la crítica institucional «constituye una manifestación legítima protegida por la libertad de expresión» y que ningún indicador aislado habilita medidas coercitivas; pero fija que su relevancia investigativa «aumenta» al combinarse con otros factores, sin establecer un umbral claro ni preciso para esa combinación.

Las herramientas de investigación previstas incluyen el ciberpatrullaje, el rastreo sistemático de redes sociales, foros y plataformas de mensajería, el monitoreo de comunidades de videojuegos en línea, el análisis de fuentes abiertas (OSINT), la interceptación de comunicaciones con autorización judicial, el uso de agentes encubiertos y reveladores previstos en la Ley 27.319, y la cooperación internacional. La guía fue elaborada por los fiscales Juan Manuel Olima Espel y Armando Antao Cortez (SAIT), el fiscal Santiago Marquevich (UFECO) y el fiscal Horacio Azzolin (UFECI), y fue firmada un mes después de que el canciller Pablo Quirno participara en la «Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político» convocada en Washington.

ATE Capital: «El hambre no es terrorismo. Organizarse no es terrorismo»

La respuesta más contundente llegó desde ATE Capital, que lanzó una campaña en redes sociales con una pregunta que resume el rechazo del movimiento sindical: «¿Estar en contra de este gobierno es terrorismo?». El posteo, publicado en la cuenta verificada de Instagram @atecapitalok, acumula más de 240 «me gusta» y 56 compartidos, y lleva como texto: «Estar en contra de este gobierno no es terrorismo. Una nueva guía del Ministerio Público Fiscal incorpora preocupantes criterios que pueden poner bajo sospecha el ejercicio de importantes derechos democráticos de todos los argentinos y argentinas. Organizarse, reclamar y cuestionar al poder no puede ser considerado una amenaza».

La campaña gráfica del sindicato estatal enumera punto a punto las conductas que la guía incorpora como «indicadores de radicalización»: sentir injusticia o humillación, rechazar figuras de autoridad, criticar a gobiernos e instituciones, usar consignas o símbolos combativos, participar en comunidades digitales, publicar teorías conspirativas, cuestionar el orden institucional. Y frente a esa lista, la respuesta de ATE es categórica: «El hambre no es terrorismo. La bronca no es terrorismo. La organización no es terrorismo. La protesta no es terrorismo. Organizarse no es terrorismo». El comunicado también advierte que la norma «habilita herramientas que pueden intervenir a cualquier persona y cualquier tipo de espacios que atente a criticar este gobierno», refiriéndose al ciberpatrullaje, el rastreo de redes, la interceptación de comunicaciones y los agentes encubiertos. La pieza visual fue construida con el sello «A 50 años del Golpe. Ni olvido, ni perdón», una señal política que no parece casual en el contexto de un protocolo que habilita la vigilancia preventiva de la disidencia.

Desde otras organizaciones sindicales y de derechos humanos, el cuestionamiento apuntó a la misma dirección. ATE Capital advirtió que el documento «convierte el descontento social en un problema de seguridad» en un contexto de «creciente conflictividad social y ajuste sobre las condiciones de vida», y reivindicó la protesta y la organización colectiva como «ejercicios legítimos de la democracia». La pregunta que circuló en ese entorno fue la misma: «¿Puede una persona ser considerada sospechosa por criticar al gobierno? ¿Por participar de una organización? ¿Por expresar su bronca frente al hambre, la desigualdad o la pérdida de derechos?»

«Derecho penal de autor» y el riesgo de criminalizar la disidencia

El análisis crítico de El Cohete a la Luna señaló que el encuadre teórico de la guía proviene de la sociología y la psicología, no del campo jurídico, y advirtió sobre el riesgo de derivar en lo que la doctrina penal denomina «derecho penal de autor»: juzgar a sujetos por quiénes son o qué piensan, en lugar de por actos concretos y verificables. El mismo análisis planteó la necesidad de leer la resolución de Casal en diálogo con la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad y la Ley 26.734 antiterrorista de 2011, instrumentos que, combinados con esta guía, configuran una arquitectura legal de control social de amplio espectro. Como antecedente concreto de esa tensión, citó una causa federal abierta en La Pampa donde un adolescente de 15 años quedó involucrado en una investigación por terrorismo a partir de su vinculación por redes con un joven de 17 años detenido en Australia.

El programa antiterrorista Prevent, implementado en Gran Bretaña desde 2003, constituye el antecedente internacional más relevante para evaluar estos riesgos. Ese esquema obliga a escuelas, hospitales y otras instituciones públicas a identificar y reportar personas consideradas «vulnerables» a la radicalización, y es señalado hoy en ese país como un modelo en crisis, que terminó funcionando como herramienta de estigmatización de comunidades musulmanas y de vigilancia de la disidencia política.

El contexto político: un gobierno en conflicto con su propia sociedad

La aprobación de la guía no ocurre en el vacío. El gobierno de Javier Milei enfrenta una ola sostenida de protestas y medidas de fuerza de jubilados, personas con discapacidad, trabajadores estatales, docentes universitarios, gremios viales, prestadores de salud y deudores; un cuadro de conflictividad social en expansión que el propio protocolo de Casal podría encuadrar, según las organizaciones críticas, bajo sus categorías más amplias de «descontento», «rechazo a la autoridad» y «cuestionamiento del orden institucional». La guía fue aprobada, además, en el marco de una arquitectura institucional que desde 2018 viene ampliando de manera sostenida las capacidades del Ministerio Público Fiscal en materia de seguridad: la creación de la SAIT, la reconversión de la UFECO en 2023, y la incorporación del organismo al Centro Nacional Antiterrorismo mediante la Resolución PGN 51/2026 son los escalones previos de ese proceso.

Desde la Procuración General defienden la herramienta como un instrumento técnico de gestión de riesgo, necesario ante la expansión de la radicalización violenta en entornos digitales, y subrayan que los indicadores «no constituyen tipos penales ni supuestos de imputación» y que su valoración debe ser «contextual, proporcional y acumulativa». El Terrorism Global Index 2026, citado en el propio documento, indica que el 93% de los ataques terroristas fatales en Occidente en los últimos cinco años fueron cometidos por actores solitarios radicalizados digitalmente. La pregunta que no responde la resolución de Casal es si la herramienta diseñada para detectar ese fenómeno no termina, en la práctica, barriendo también con el ejercicio ordinario de la política, la organización sindical y la protesta social. Una pregunta que la Argentina ya supo formular en sus épocas más oscuras, y que hoy vuelve a plantearse con urgencia renovada.

Puntos clave

  • El procurador Eduardo Casal aprobó el 14 de agosto la Resolución PGN 56/2026, que habilita investigar procesos de «radicalización» antes de que ocurra un atentado.
  • Entre los indicadores de riesgo de nivel inicial figuran «sentir injusticia», «rechazar figuras de autoridad», «usar consignas combativas», «participar en comunidades digitales» y «criticar instituciones».
  • ATE Capital lanzó una campaña en redes sociales con la consigna «¿Estar en contra de este gobierno es terrorismo?» y afirmó que «el hambre, la bronca, la organización y la protesta no son terrorismo».
  • Abogados y organizaciones de DDHH alertan sobre el riesgo de «derecho penal de autor» y de criminalización de la disidencia política y sindical.
  • El antecedente internacional más directo, el programa Prevent del Reino Unido, es considerado hoy un modelo en crisis por haber derivado en vigilancia sistemática de comunidades y disidentes.

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