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Amenazas escolares en todo el país: armas secuestradas, imputados y un Estado ausente

El fenómeno se extendió por todo el país en el contexto posterior al crimen de lan Cabrera en San Cristóbal, Santa Fe, y la respuesta estatal se limitó a una reunión interministerial.

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Ola de amenazas escolares sacude al país tras el crimen de Ian Cabrera

★ En las últimas 48 horas, una serie de amenazas de tiroteos en establecimientos educativos se extendió por al menos cinco provincias argentinas, con adolescentes detenidos e imputados en Salta, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, y el secuestro de armas de fuego en el conurbano bonaerense.

El escenario se despliega en un país que todavía no procesó el crimen de Ian Cabrera, el estudiante de 13 años asesinado el 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, y que sigue debatiendo sin respuestas concretas cómo proteger a sus chicos en las aulas.

La magnitud del fenómeno es elocuente: la Unidad Fiscal de Delitos No Especializados de Mendoza ya recepcionó más de 50 denuncias por hechos de este tipo en los últimos días. En Córdoba, la Fiscalía Penal Juvenil investiga más de 100 casos en la capital provincial solamente. El número no es una anomalía estadística; es la evidencia de una crisis que desborda los recursos del sistema judicial y pone en evidencia la ausencia de políticas de prevención estructurales.

San Miguel: armas en el domicilio y la Fiscalía sin temperamento

El caso más alarmante de las últimas horas se registró en el partido bonaerense de San Miguel, donde un adolescente de 16 años, identificado como J.N.R., estudiante de quinto año de la Escuela Secundaria N°7 «Domingo Faustino Sarmiento», fue identificado tras publicar mensajes intimidatorios en redes sociales sobre una masacre en el Colegio Juana Manzo. Un anónimo alertó al 911 sobre la exhibición de imágenes con una pistola en Instagram y canales de WhatsApp, donde el adolescente advertía: «Nos vemos mañana, wachines».

Las autoridades cotejaron el material con el Consejo Escolar de San Miguel, identificaron al sospechoso y solicitaron una orden de allanamiento al Juzgado de Garantías del Joven, a cargo del magistrado Marcelo Kogan, pedida por el fiscal Fernando Simi, de la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil de San Martín. El procedimiento arrojó resultados contundentes: agentes de la DDI San Martín y la Sub DDI San Miguel secuestraron siete celulares, una pistola de gas comprimido marca Fox calibre 4,5 (réplica de la calibre 9 milímetros), una notebook y una munición de fabricación nacional FLB calibre 9 milímetros troncocónica que estaba percutada sin haberse disparado.

Sin embargo, el desenlace judicial resultó llamativo: el caso fue caratulado como «intimidación pública» y no se tomó temperamento sobre ningún miembro del grupo familiar, pese al hallazgo del armamento. La pregunta sobre cómo llegó esa munición real al domicilio de un adolescente permanece sin respuesta.

Salta: el «reto» que terminó en detención

En la provincia de Salta, tres alumnos de 17, 18 y 19 años fueron detenidos acusados de escribir grafitis con mensajes intimidatorios en el baño de varones del Colegio Walter Adet, donde se anunciaba un tiroteo para el próximo lunes. El fiscal penal 3 del Distrito Centro, Horacio Córdoba Mazuranic, investigó el hecho y constató que los tres estudiantes ingresaron al sector donde se halló la inscripción, y declararon que se trató de un «reto», según consignó el Ministerio Público Fiscal local. El Juzgado de Garantías ordenó los arrestos y la audiencia de imputación quedó fijada para este sábado 18 de abril.

Mendoza: una madre imputada por instigar a su hijo

El caso mendocino agrega una arista que interpela directamente al entorno familiar. Según el parte oficial, en los hechos investigados por la Fiscalía Penal Juvenil, a cargo del fiscal Gustavo Farmache, resultaron involucrados cinco adolescentes. Tres menores de 16 años, no imputables por la legislación vigente, brindaron declaraciones informativas. Un joven de 16 años fue imputado por intimidación pública y amenazas, luego de difundir una fotografía de una réplica de arma con un mensaje intimidante. Un adolescente de 17 años fue acusado por llevar una réplica de arma de fuego a la institución.

El elemento más perturbador del caso: la madre del joven de 17 años también fue imputada, por instigación al delito, porque ella misma le recomendó la acción. El episodio abre interrogantes sobre los vínculos que los adultos responsables establecen con estas prácticas y sobre el rol que juega el entorno en la normalización de la violencia simbólica.

Córdoba: más de cien casos y ocho imputados

En Córdoba, la Fiscalía Penal Juvenil del Turno 4° formuló cargos contra ocho alumnos por el delito de «amenaza agravada por anonimato» en el marco de una investigación que acumula más de 100 hechos en la capital provincial. Además, se tramitan diligencias en La Falda, Cosquín, Capilla del Monte, Cruz del Eje y Jesús María, lo que evidencia que el fenómeno no se limita a los grandes centros urbanos.

El Estado y la deuda pendiente

Como informó este medio en la cobertura del crimen de Ian Cabrera en San Cristóbal, la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad sigue dominando el debate político mientras la respuesta estructural del Estado se hace esperar. La Ley 27.801, que reduce la edad de imputabilidad a los 14 años, no entró aún en vigor, ya que su Artículo 52 establece un período de implementación de 180 días. Pero el problema de fondo no se reduce a una ecuación penal: ninguna ley baja la edad del abandono, del desamparo o de la falta de contención institucional.

En esa dirección, resulta significativo que el Ministerio de Educación haya reconocido, en el caso de San Cristóbal, que el agresor atravesaba una «problemática intrafamiliar importante» sin que el sistema activara ninguna red de contención previa al ataque. La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuántos de estos adolescentes estaban en una situación de vulnerabilidad documentada antes de convertirse en titulares de página?

La respuesta del Estado nacional, por ahora, consistió en una reunión de ministros en el Consejo Federal de Educación el jueves 17 de abril para abordar la preocupación generada por la ola de amenazas. Una reunión, mientras las denuncias se acumulan por decenas en cada fiscalía del país.

Puntos clave

  • Un adolescente de 16 años fue identificado en San Miguel (Buenos Aires) tras amenazar con una masacre escolar en redes; en su domicilio se secuestraron armas y munición real, pero la Fiscalía no tomó temperamento sobre su familia.
  • En Salta, tres alumnos de entre 17 y 19 años fueron detenidos por escribir grafitis intimidatorios en el baño del Colegio Walter Adet; declararon que era un «reto».
  • En Mendoza, una madre fue imputada por instigar a su hijo a llevar una réplica de arma a la escuela; cinco adolescentes resultaron involucrados en total.
  • En Córdoba, la Fiscalía Penal Juvenil formuló cargos contra ocho alumnos e investiga más de 100 hechos en la capital; también hay diligencias en otras cinco localidades.
  • El fenómeno se extendió por todo el país en el contexto posterior al crimen de Ian Cabrera en San Cristóbal, Santa Fe, y la respuesta estatal se limitó a una reunión interministerial.

CABA

La Policía de Macri golpeó y detuvo a una mujer que vendía paltas en Belgrano

El lunes, efectivos de la Policía de la Ciudad arrestaron de manera violenta a una vendedora ambulante en la esquina de Avenida Cabildo y Federico Lacroze. Ni el pedido de clemencia de la mujer ni el de los vecinos que protestaron en el lugar frenaron el operativo. El hecho se viralizó en redes y generó un amplio repudio, en el marco de una política sistemática del gobierno porteño de represión a los trabajadores informales.

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Este lunes, la Policía de la Ciudad volvió a demostrar a quiénes representa. En el barrio de Belgrano, en la intersección de Avenida Cabildo y Federico Lacroze, efectivos de la fuerza porteña detuvieron con violencia física a una mujer que intentaba ganarse la vida vendiendo paltas en la vereda.

El video del operativo se difundió masivamente en redes sociales y encendió el debate sobre el perfil represivo del gobierno de Jorge Macri y el destino de los más de 13 millones de trabajadores informales y desocupados que dejó y sigue produciendo la crisis económica de Milei.

El operativo y la reacción de los vecinos

Las imágenes que circularon en redes muestran cómo los agentes (cerca de cinco) procedieron con brusquedad contra la vendedora, que en ningún momento opuso resistencia. Ni los ruegos de la propia mujer ni los de los vecinos que se acercaron a protestar lograron detener el accionar policial. La cuenta de Instagram @sudestadarevista, que difundió el video, resumió la escena con una frase que sintetizó el sentimiento generalizado: «Vender paltas no es delito».

Junto al video, la publicación denunció que detrás de cada vendedor ambulante hay una persona que la economía «desechó de manera definitiva» y que, si no fuera por su propio esfuerzo diario, no tendría forma de sostener a su familia. «Para las familias trabajadoras no hay Estado, no hay derechos ni rige la Constitución: están completamente solas frente a la crisis. Sin embargo, los gobiernos que utilizan el aparato estatal para generar desocupación, hambre y miseria, sí activan al Estado y a sus fuerzas de seguridad para perseguirlos, reprimir e impedirles subsistir«, señaló la publicación.

El eslogan de la Ciudad: «Ley y orden» pero contra los más vulnerables

El episodio de Belgrano no es un hecho aislado. Es la expresión más cruda de una política deliberada. Victoria Darraidou, coordinadora de Seguridad Democrática y Violencia Institucional del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), describió un patrón que se intensificó desde el inicio de la gestión Macri: «Nosotros veníamos registrando desde el comienzo de la gestión de Jorge Macri una política fuerte vinculada a un uso del espacio público absolutamente restrictivo. En esta política los vendedores ambulantes son un grupo primariamente afectado». La ciudad fue empapelada con afiches que repiten la consigna «Ley y orden», uno de los cuales proclama sin eufemismos: «La ciudad sin manteros».

Según la investigación de ANCCOM (Agencia de Noticias de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA), la persecución se amplió este año para alcanzar también a vendedores individuales, esporádicos y desorganizados, como quienes ofrecen paltas en esquinas, artesanos o emprendedores de subsistencia. Para María del Carmen Verdú, abogada y representante de la CORREPI (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional), lo que está en juego va más allá de los operativos: «Estamos ante un cambio de régimen con destrucción de derechos y garantías. Esto es infinitamente peor que la situación que teníamos en los noventa».

Lo que dice la ley: vender para subsistir no es contravención

Un dato central que la narrativa oficial omite sistemáticamente: el propio Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires establece que la venta ambulante como forma de subsistencia no constituye contravención. El artículo 99 es explícito: «No constituye contravención la venta ambulatoria en la vía pública o en transportes públicos de baratijas o artículos similares, artesanías y, en general, la venta que no implique una competencia desleal efectiva para con el comercio establecido».

¿Entonces bajo qué normativa actúa la policía? Darraidou lo explicó con precisión: «La policía aborda estos hechos como si fuese una contravención y en otros casos lo que hace es forzar una intervención policial y una reacción de las personas para luego imputar el delito de resistencia a la autoridad. Ese delito es muy complejo porque la definición de cuándo aparece es muy vaga y es una definición estrictamente policial».

Por otra parte, organizaciones del territorio como Manzana 66 denunciaron que el acoso policial llega incluso a los domicilios particulares de los vendedores: «Hay un vendedor que vive en Pueyrredón al 200 y cada vez que regresa de hacer compras en el supermercado, le revisan la bolsa para ver si está vendiendo. Es un acoso insoportable».

El gobierno de Macri y la doble vara del espacio público

La denuncia que recorre todas las voces críticas apunta a una contradicción flagrante: el mismo gobierno que persigue a una mujer por vender paltas en la vereda tolera, desde hace años, que polos gastronómicos privados invadan veredas y calzadas en toda la ciudad sin consecuencias. El estricto criterio de «uso del espacio público» se aplica solo a los más vulnerables. Según el último informe de la CORREPI, titulado «El gobierno más represor de la democracia», la gestión de Milei amplió las facultades de los policías federales mediante el decreto 383/2025, que reformó la Ley Orgánica de la Policía Federal Argentina, y esas facultades fueron replicadas por el gobierno de Jorge Macri en el ámbito porteño.

Darraidou del CELS describió el mecanismo político detrás de los operativos: «La ciudad, lejos de responder con políticas que pudieran promover, facilitar, colaborar con esa posibilidad de sustento, lo que hace es responder con el sistema penal, con los controles y la restricción por parte de la policía». Y advirtió que la violencia física va de la mano de un dispositivo comunicacional de estigmatización: «Estas propagandas de ‘ley y orden’ forman parte del preconcepto de que quienes usan el espacio público para vender son potenciales delincuentes». Para Verdú, de la CORREPI, el nombre de estas políticas no da lugar a equívocos: «Es una deshumanización absoluta».

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