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«Sin derechas ni fascismos y en las calles siempre», resaltaron en cierre de Encuentro Plurinacional
“Queremos un 2024 sin derechas, sin fascismos y en las calles siempre”, dijeron arriba del escenario quienes propusieron como próxima sede a la provincia de Jujuy.
Miles personas se alzaron contra el avance de la ultraderecha en las conclusiones del 36° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexual y No Binaries, quienes además eligieron como próxima sede de este evento inédito en el mundo a la provincia de Jujuy en apoyo a los reclamos del pueblo jujeño, mientras infancias subieron al escenario y pidieron “que no haya armas en todo el mundo”.
“Queremos un 2024 sin derechas, sin fascismos y en las calles siempre”, dijeron arriba del escenario quienes propusieron como próxima sede a la provincia de Jujuy, un mensaje que se replicó en gran parte de las conclusiones de los 112 talleres que se llevaron adelante a lo largo de dos días en esta ciudad rionegrina.
El acto de cierre contó con momentos cargados de emoción durante la lectura de las conclusiones de los talleres, como cuando infancias y adolescencias subieron al escenario a contar lo que hablaron en los espacios de debate en los que participaron.
“Que no usen armas en todo el mundo, excepto en apocalipsis zombis”, dijeron las doce infancias que hablaron y participaron del taller “Niñeces libres”, mientras pidieron que “los adultos no hagan ni digan cosas que no deben” y que “haya vacantes en las escuelas”.
Las adolescencias que pasaron al frente reclamaron por un “Ministerio de Niños, Adolescentes y Jóvenes” ya que, enfatizaron: “Estamos en alerta roja”.
También consideraron que la Educación Sexual Integral (ESI) es “de vital importancia desde temprana edad”, exigieron de las personas adultas no hablen por ellas y consideraron “fundamentales” los centros de estudiantes de las escuelas para poder debatir política.
Desde diferentes talleres el grito se alzó contra el avance de las derechas, en el marco de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el próximo domingo en el país.
“Necesitamos parar el avance de la derecha y ultraderecha, encabezadas por Javier Milei y Patricia Bullrich, que tienen figuras totalmente contrarias a nuestro movimiento”, sostuvieron desde el taller sobre partidos políticos.
Participantes del taller sobre genocidio indígena repudiaron los dichos de la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza, Victoria Villarruel, por su celebración al «Día de la Hispanidad», calificando «de epopeya al genocidio indígena»; mientras adolescencias se alzaron contra los «vouchers educativos» y subrayaron: «A 40 años de la democracia decimos son 30.400», en relación a las personas desaparecidas por la última dictadura en el país.
La provincia de Jujuy fue elegida a través de un “aplausómetro” y la ovación de miles de personas en el Velódromo municipal de Bariloche.
“Jujuy es la tierra a la que ante tanta opresión respondemos con alegría, organización y lucha”, expresaron las impulsoras de la propuesta de nueva sede.
Aurora Choque, integrante del Tercer Malón de la Paz, agradeció a la multitud que eligió a Jujuy para apoyar el reclamo que busca la nulidad de la reforma constitucional de la provincia “que pretende quitarnos el agua, robarnos nuestros cerros y nuestros recursos naturales”, aseguró.
Este 36° Encuentro también contó con una marcada presencia de mujeres mapuche, como la de la machi (autoridad espiritual mapuche) Betiana Colhuan, quien estuvo presa a partir del desalojo a la comunidad Lafen Winkul Mapu el 4 octubre del año pasado en Villa Mascardi, quienes pidieron por la liberación de la actual presa mapuche Yessica Bonnefoi.
Desde el taller de “Activismo disca”, que se creó espontáneamente, enfatizaron “nada sobre nosotres sin nosotres”, reclamaron que los Encuentros Plurinacionales sean organizados desde la accesibilidad y pidieron por un “feminismo anticapacitista” (en relación al ‘capacitismo’, donde sólo se incluye a personas ‘capacitadas’ y se discrimina a quienes conviven con discapacidades)
El colectivo travesti trans resaltó especialmente la necesidad de un “urgente tratamiento de reparación para las adultas mayores travestis y trans” para tener “una vejez digna” en sus conclusiones, al tiempo que pidieron visibilizar los travesticidios y transfemicidios, reclamaron la implementación de la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans en todo el país, y subrayaron: “Milei no es mi ley”.
«¡Reforma judicial transfeminista ya!», destacaron quienes participaron del taller que trató este tema, mientras recordaron el «intento de femimagnicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner».
Las trabajadoras de casas particulares reclamaron, por otra parte, que se las reconozca como “trabajadoras de casas”, no como “empleadas domésticas o sirvientas” porque así se hace referencia a “la servidumbre y la domesticación”. Además plantearon “apoyar especialmente a las migrantes” y exigieron “la libre elección de obra social como derecho básico”.
Natividad Obeso, una activista migrante refugiada en la Argentina resaltó que “la migración es un derecho humano”, y pidió, en representación del taller en el que participó, la creación de una “Comisión asesora de política migratoria, una Defensoría de Migrantes” y que “se suprima el requisito de 30 años para acceder a una jubilación porque cientos de trabajadoras de casas particulares no pueden llegar”, entre otras propuestas.
“Viva la escuela pública, compañeres”, gritaron desde el escenario las voceras del taller sobre Educación y Ámbitos Educativos y recibieron un contundente “¡Viva!” de miles de mujeres y diversidades.
«¡Nos vemos en Jujuy, compañeras!», expresaron al cierre del 36° Encuentro Plurinacional, con una ovación de parte del público.
Los encuentros comenzaron en 1986, siendo una experiencia inédita a nivel mundial.
En estos 36 años, estos eventos han sigo el origen de legislaciones y políticas públicas igualitarias impulsadas por los activismos feministas.
Este año, ante el avance de propuestas de derecha en el contexto electoral, el Encuentro tuvo debates y acuerdos relacionados con sostener políticas igualitarias, proponer otras y activar en unidad para contrarrestar propuestas partidarias que puedan socavar derechos.
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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