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Pobreza

El hambre avanza y la asistencia desaparece: la dramática radiografía del ajuste en comedores populares

La asfixia presupuestaria y la falta de reconocimiento estatal golpean a miles de espacios comunitarios. La mayoría ya no puede abrir todos los días y algunos directamente cerraron. En paralelo, crece la cantidad de personas con hambre y la demanda de alimentos.

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El Argentino Diario-Olla popular-Comedores comunitarios-Comedores populares.

Desde que Javier Milei asumió la presidencia y designó a Sandra Pettovello al frente del Ministerio de Capital Humano, el Gobierno nacional profundizó una política de ajuste que afecta de lleno a los comedores populares. Con fondos paralizados, miles de espacios dejaron de recibir asistencia y muchos ya no pueden abrir diariamente. Mientras tanto, el hambre no da tregua: la demanda de raciones aumentó, pero las cocinas comunitarias no dan abasto.

Recorte de fondos y cierre de comedores

Según denuncian referentes sociales, el Gobierno nacional interrumpió la asistencia alimentaria directa a comedores, frenó fondos del programa Alimentar Comunidad y dejó de reconocer a miles de espacios que funcionan sin registro formal. Solo unos 5.000 comedores están incluidos en el Registro Nacional de Comedores y Merenderos Comunitarios (ReNaCoM), según los datos que publica el propio Ministerio. El resto quedó excluido del circuito oficial.

Uno de los casos emblemáticos es el del comedor San Cayetano, en el barrio Eva Perón de Merlo. Este lunes, el Padre Francisco “Paco” Olveira confirmó que el espacio dejará de funcionar por tiempo indefinido. “No creo que sea por inutilidad, creo que es por perversidad. De esa manera se ahorran varios meses, porque no es que después te lo dan retroactivo”, denunció. La última rendición de cuentas fue aprobada el 29 de abril, pero desde entonces no llegaron fondos.

Hasta ahora, el comedor cocinaba 400 raciones por día. “Desde esta semana no vamos a cocinar”, lamentó una integrante del espacio. Olveira explicó que intentarán mantener la ayuda con donaciones y alimentos secos, aunque eso implica bajar la calidad nutricional: “Podemos seguir cocinando, dándole simplemente hidratos de carbono a la gente”.

Auditorías, trabas burocráticas y discurso oficial

El Ministerio de Capital Humano sostiene una narrativa que no se condice con la situación en los territorios. El 4 de julio, la cartera que dirige Pettovello difundió un comunicado en el que cuestionó la transparencia del ReNaCoM, apoyándose en una auditoría de la SIGEN cuyos resultados completos no fueron publicados.

“El ReNaCoM presentaba graves deficiencias en sus mecanismos de control interno”, indicó el texto oficial. Con ese argumento, el Gobierno dejó de reconocer a miles de comedores y cortó la compra directa de alimentos, lo que generó una asfixia operativa en la mayoría de los espacios que dependen de esas partidas para sostener sus actividades.

Comedores que sobreviven con lo justo

En el comedor Color Esperanza, ubicado en Caraza (Lanús) y perteneciente al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), la situación es crítica. “Lo que venimos viendo hace como dos meses es que hay chicos que vienen con dolor de panza y dolor de cabeza. Las familias no cenan de noche en su mayoría. A comer en la casa hoy lo llaman ‘darse un gustito’. Debería ser un derecho”, expresó Alejandra Ramos, responsable del comedor.

Aunque reciben fondos del programa Alimentar Comunidad, el congelamiento presupuestario hasta octubre, dispuesto por Capital Humano, los obligó a reducir días de actividad. Antes cocinaban de lunes a viernes, hoy solo lo hacen martes, miércoles y viernes. Preparan entre 600 y 900 raciones por jornada, pero ya evalúan reducir un día más. “No luchamos solamente por los alimentos, sino también por el reconocimiento salarial de las pocas personas que quedamos haciendo estas ollas”, agregó Ramos.

Testimonios en cadena: sin alimentos ni respuestas

La misma situación se repite en comedores de la Ciudad y el Conurbano. Desde el Polo Obrero, que gestiona más de 50 espacios en esas zonas, aseguran que el Gobierno nacional cortó por completo la asistencia alimentaria.

“Tenemos comedores que funcionan dos veces a la semana, merenderos que funcionan tres, otros dos, otros una vez a la semana”, explicó Edgardo Mari, referente en zona sur del GBA. En diálogo con este medio, advirtió que hay riesgo de cierres inminentes, ya que la demanda de personas aumentó de forma exponencial.

Ezequiel, del Polo Obrero Capital Federal, dio detalles del deterioro: “En 2023 todavía llegaban alimentos secos, aunque con intermitencias. Eso se cortó directamente a fines de 2023 con la asunción del Gobierno de Milei. Decidieron dejar de enviar alimentos a los comedores populares”. Hoy, asisten a unas 8.000 personas, pero tienen una lista de espera de entre 5.000 y 6.000 más.

Ni siquiera los “amigos” del Gobierno reciben ayuda

Incluso sectores históricamente alineados con discursos conservadores expresaron malestar. Margarita Barrientos, fundadora del comedor Los Piletones, sostuvo que la situación es alarmante: “Las donaciones del Estado están peor que nunca. El Gobierno de la Ciudad nos manda una parte de ración, pero no nos alcanza. No tengo diálogo con nadie del Gobierno nacional, pero me gustaría poder contarles mis necesidades, que son las de mucha gente”, declaró en diálogo con Futurock.

Puntos clave:

  • El Gobierno de Milei recortó fondos, paralizó entregas y dejó de reconocer miles de comedores populares.
  • En Merlo cerró el comedor San Cayetano; servía 400 raciones diarias.
  • La demanda de alimentos crece sin freno: algunos espacios tienen listas de espera de miles.
  • El Ministerio de Capital Humano justificó los recortes con una auditoría no publicada.
  • La crisis afecta incluso a comedores ligados a referentes cercanos al oficialismo.

CABA

Una familia en CABA necesitó más de 1,5 millones de pesos en junio para no ser pobre

El Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires reveló que una familia tipo precisó un ingreso de $1.577.314 para no caer en la pobreza durante junio. En un contexto de fuerte presión económica, las canastas básicas fijan un piso restrictivo que condiciona severamente el acceso a los bienes de consumo elementales.

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El Argentino Diario-Personas en situación de calle.
Radiografía de la exclusión: los altos ingresos que exige la Ciudad de Buenos Aires para eludir la pobreza.

El Instituto de Estadísticas y Censos porteño (IDECBA) dictaminó que los hogares de la Ciudad de Buenos Aires requirieron ingresos muy por encima de los salarios promedio actuales para evitar la vulnerabilidad social. Según los datos oficiales, una familia tipo compuesta por dos personas adultas y dos menores necesitó un mínimo de $1.577.314 para eludir la línea de pobreza, mientras que el umbral para alcanzar la clase media se situó en $2.493.587. Las cifras oficiales exponen una realidad compleja para el bolsillo de los trabajadores en el territorio porteño.

El impacto en las canastas básicas

La medición determinó que la Canasta Básica Alimentaria (CBA), el indicador que delimita la línea de la indigencia, sufrió un incremento del 1,77% durante el sexto mes del año. Con este ajuste, un grupo familiar requirió al menos $858.407 únicamente para cubrir sus necesidades nutricionales básicas y no caer en la indigencia. Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT), que adiciona bienes y servicios no alimentarios para definir la línea de pobreza, registró idéntica suba del 1,77%. De acuerdo con un reporte que difundió la Agencia NA, la inflación general en el distrito se desaceleró al 1,8% en junio y consolidó una suba del 16% durante el primer semestre de este año. Aunque los indicadores de las canastas se movieron una fracción por debajo del índice general de precios, el piso de ingresos exigido profundiza la exclusión de amplios sectores populares.

Comparativa anual y estratificación social

El análisis histórico expone la velocidad del deterioro socioeconómico en la región metropolitana. El organismo estadístico precisó que la línea de pobreza para una familia tipo se encareció de manera sustancial en los últimos doce meses; la misma se ubicaba en $1.193.291 en junio del año anterior y trepó a los actuales $1.577.314. Asimismo, la barrera de la indigencia saltó desde los $639.029 vigentes en el mismo periodo del calendario pasado.

El informe técnico segmentó a la población porteña según sus niveles de ingresos mensuales en seis estratos bien definidos. En la base de la pirámide se ubicaron los hogares en situación de indigencia, cuyos recursos no alcanzan los $858.406,87. El sector de pobreza no indigente comprendió ingresos de entre $858.406,88 y $1.577.313,83. Los sectores definidos como no pobres vulnerables percibieron entre $1.577.313,84 y $1.994.869,73; a su vez, el sector medio frágil osciló entre $1.994.869,74 y $2.493.587,17. Para acceder al segmento de clase media, una familia necesitó percibir desde $2.493.587,18 hasta $7.979.478,95, y el sector acomodado se reservó para quienes superaron los $7.979.478,96 mensuales.

Puntos clave:

  • Una familia tipo en la Ciudad de Buenos Aires necesitó $1.577.314 en junio para no ser considerada pobre.
  • El acceso a la condición de clase media requirió un nivel de ingresos mínimos de $2.493.587.
  • La línea de indigencia se ubicó en $858.407 tras registrarse un alza del 1,77% en la Canasta Básica Alimentaria.
  • La inflación semestral acumulada en el distrito porteño alcanzó el 16% según los registros oficiales.
  • En términos interanuales, la línea de pobreza para el mismo tipo de hogar saltó desde los $1.193.291 medidos en junio del año previo.
  
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