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Elecciones

Casi 450 mil argentinos en el exterior podrán votar el 22 de octubre

Lo podrán hacer en más de 300 mesas que se instalarán en 142 representaciones diplomáticas argentinas en el extranjero, de las cuales 75 son embajadas y 66 consulados.

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Un total de 449.909 argentinos que residen en el exterior están habilitados para votar en las categorías nacionales en los próximos comicios generales del domingo 22, y lo podrán hacer en más de 300 mesas que se instalarán en 142 representaciones diplomáticas argentinas en el extranjero, de las cuales 75 son embajadas y 66 consulados, de acuerdo con datos de la Cámara Nacional Electoral (CNE).

«Precisamente con estas elecciones se cumplen 30 años de que los argentinos que viven en el exterior pueden votar, ya que en 1993 se sancionó la ley 24.007, que habilitó esta posibilidad y creó el Registro de Electores Residentes en el Exterior», comentó a Télam Sebastián Schimmel, secretario de Actuación Electoral de la CNE.

El sufragio que se realiza desde el exterior no es de carácter obligatorio, sino voluntario, y no necesitan justificar la no emisión del voto, a diferencia de quienes residen en el territorio nacional, y son incorporados a este padrón de manera automática, siempre que cada ciudadano tuviese previamente domicilio consignado en el DNI en el extranjero, lo cual constituye una condición necesaria.

En el sistema legal argentino, quienes viven en el extranjero «tienen derecho a votar por las categorías nacionales desde el año 1993, pero hasta el año 2017 tenían que inscribirse en el Registro de Electores argentinos residentes en el exterior, pero primero tenía que hacer un cambio de domicilio en su DNI y luego solicitar su incorporación, no alcanzaba con una mera declaración», indicó el funcionario.

Detalló que «el decreto 403/2017 estableció un sistema de inscripción automática y de integración directa al Registro de Electores argentinos residentes en exterior: como consecuencia de esta norma se pasó de aproximadamente 43 electores a 400.000, porque la Justicia Electoral ya llevaba un subregistro de los argentinos que tenían domicilio en exterior que se llamaba sub registro de consulados».

Están habilitados para emitir el sufragio sólo para cargos electivos nacionales en las elecciones generales de medio término o legislativas y para los comicios presidenciales, pero no para las PASO, por lo tanto, en los comicios del próximo 22 podrán votar para presidente, vicepresidente, parlamentarios de Mercosur por Distrito Único Nacional y regionales, y senadores y diputados nacionales en todas las provincias.

En el caso de los senadores y diputados nacionales, el voto se adjudicará a los postulantes de la jurisdicción donde hubieren registrado su último domicilio, pero no pueden pronunciarse para categorías como las de gobernador, legisladores provinciales, intendentes y concejales, precisó Schimmel.

El voto se concreta a través de una boleta única diseñada por la Cámara Nacional Electoral, que contiene tantas divisiones como agrupaciones políticas compiten y muestra el nombre y número de la lista, con un espacio para la emisión del voto, que se expresa marcando cada categoría con una letra x.

«Se emplea la boleta única de papel, que es similar a la que se utiliza para el voto de los electores privados de libertad, porque es imposible llevar a todos los países donde hay argentinos todas las boletas de cada partido con la oferta electoral de los 24 distritos nacionales», indicó el funcionario.

Los países que mayor registro tienen de argentinos son Estados Unidos, con 90.382; España, 85.388; Brasil 19.842; Uruguay, 18.149; Paraguay, 17.963; Italia, 17.356; Chile, 16.482; Israel, 12.947; México, 9.494; Alemania 8.960; Bolivia, 8.506, y Canadá, 8.394, entre otros.

En Francia hay 5.565 argentinos empadronados; en Venezuela, 5.486; Australia, 5.234; Suiza, 4.403; Japón, 1.858; China 587; Rusia 177, y en mucha menor cantidad, se encuentran connacionales viviendo por otros países, como Egipto, donde se encuentran empadronados, 79, en Vietnam, 33; Qatar, 23; Trinidad y Tobago, 20; y Armenia 16.

Los que tienen los números más bajos son Jamaica e Irán, con 12 cada uno; Barbados, 8 y Mozambique, 5, mientras que en Libia y Surinam se hallan registrados apenas 2 en cada uno de estos países.

Una vez cerrado el comicio en cada país, que se realiza con la misma amplitud horaria que en la Argentina, esto es, de 8 a 18, se envía «toda la documentación y las actas firmadas en una suerte de valija diplomática para que llegue a la Argentina lo antes posible para incorporar a los escrutinios», dijo Schimmel.

«Pero para poder adelantar las últimas modificaciones de los decretos, hace más de 10 años se estableció que se anticipe la comunicación. No es el telegrama, porque no es para un escrutinio provisorio, sino del acta misma firmada por la autoridad de mesa y firmada por la autoridad consular, por una vía electrónica segura a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, a la Cámara Nacional Electoral», explicó.

«La CNE controla y verifica determinadas características y luego se remite la información a las juntas electorales de cada distrito para que lo puedan incorporar al escrutinio, si no hay ninguna cuestión a resolver, como votos impugnados, u otras cuestiones que deban dirimirse con el acta adelantada por esta vía segura, ya se puede incorporar el escrutinio», agregó el funcionario.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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