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Nafta y gasoil superan los $2.000 por litro en Buenos Aires: Shell premium llega a $2.127

Por primera vez, los combustibles premium superaron la barrera de los $2.000 por litro en la Ciudad de Buenos Aires. La suba del crudo internacional por la guerra en Irán aceleró aumentos que en marzo ya acumulan al menos un 5%, con impacto directo sobre el transporte, la logística y la inflación.

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★ La Ciudad de Buenos Aires cruzó este mes un umbral que hasta ahora solo se había visto en el interior del país: la nafta y el gasoil premium superaron los $2.000 por litro en las estaciones de servicio porteñas. El límite, que tiene tanto valor simbólico como real, refleja el impacto local de la escalada del precio internacional del petróleo, empujada por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán que desde el sábado pasado sacude a Medio Oriente.

La barrera se perforó primero en algunas estaciones puntuales la semana pasada. Esta semana el nuevo piso de precios comenzó a generalizarse en distintos surtidores de la ciudad.

Axion y Shell lideraron la suba; YPF se mantiene por debajo

Las redes que primero reflejaron el nuevo nivel fueron Axion Energy y Shell, operada en el país por la empresa brasileña Raízen. Según los valores relevados al cierre de esta edición, los precios por litro en la Ciudad de Buenos Aires son los siguientes:

YPF
– Nafta súper: $1.740
– Nafta premium: $1.900
– Gasoil común: $1.840
– Gasoil premium: $1.950

Puma
– Nafta súper: $1.770
– Nafta premium: $2.030
– Gasoil común: $1.740
– Gasoil premium: $2.100

Axion
– Nafta súper: $1.790
– Nafta premium: $1.950
– Gasoil común: $1.929
– Gasoil premium: $2.059

Shell
– Nafta súper: $1.815
– Nafta premium: $2.050
– Gasoil común: $1.860
– Gasoil premium: $2.127

La red de Shell mantuvo durante algunos días el valor en $1.999 por litro, apenas por debajo del umbral simbólico. Finalmente también actualizó sus precios y terminó superando la marca.

El crudo internacional sube 30% en marzo por la guerra en Irán

La causa directa de la aceleración en los precios locales es la suba del petróleo en los mercados internacionales. En lo que va de marzo, el crudo acumuló un alza cercana al 30%, impulsada por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y, en particular, por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán que se inició el sábado pasado, según informó este mismo medio en su cobertura del conflicto.

Esa suba del crudo se traslada de manera directa a los precios en surtidor, en un esquema en el que cada compañía maneja precios libres, sin tope regulatorio estatal. Durante marzo ya se aplicaron aumentos de al menos un 5% tanto en nafta como en gasoil para el público minorista.

Un problema de cadena: del surtidor a la góndola

El impacto de la suba de los combustibles no se detiene en las estaciones de servicio. El precio del gasoil es el nervio central del costo del transporte y la logística en Argentina: incide en el precio del flete, que a su vez presiona sobre el valor de los bienes y servicios en todo el país. Cada suba significativa en el gasoil opera como un multiplicador inflacionario que llega, con mayor o menor rezago, a las góndolas de los supermercados y a los presupuestos de los sectores más vulnerables.

En ese contexto, la suba de marzo en los combustibles se convierte en un factor adicional de presión sobre la inflación del mes, en un momento en que la economía argentina ya enfrenta los efectos del shock externo generado por el conflicto bélico en Medio Oriente.

El interior, el adelantado que nadie celebra

Un dato que el relato oficial suele omitir: en las provincias del interior del país, los $2.000 por litro no son una novedad de esta semana. Esa barrera ya se había cruzado antes, por efecto de mayores costos logísticos, carga impositiva diferenciada y menor visibilidad mediática. El hecho de que el umbral simbólico solo genere cobertura masiva cuando se alcanza en la Ciudad de Buenos Aires dice algo sobre las desigualdades estructurales del país y sobre los sesgos del sistema de medios.

Puntos clave

  • Nafta y gasoil premium superaron los $2.000 por litro en la Ciudad de Buenos Aires por primera vez, con Axion, Puma y Shell liderando los valores más altos.
  • El crudo internacional acumuló una suba de alrededor del 30% en marzo, impulsada por la guerra entre EEUU, Israel e Irán.
  • Durante marzo ya se aplicaron aumentos de al menos un 5% en nafta y gasoil para el público minorista.
  • El nuevo nivel de precios presiona directamente sobre la inflación de marzo y sobre el costo del transporte y la logística en todo el país.
  • En el interior del país, los $2.000 por litro ya se habían alcanzado antes, por mayores costos logísticos e impositivos. ★

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Pagaste el impuesto al combustible para que arreglen las rutas y ahora también vas a pagar el peaje

El ministro de Economía acumula fondos del impuesto a los combustibles con asignación legal específica para el sistema vial y no los ejecuta. Mientras los caminos nacionales se degradan y los siniestros se multiplican, el Gobierno avanza en la privatización de 15.000 kilómetros de rutas estratégicas para que las empresas concesionarias los reparen con nuevos peajes. La denuncia penal ya tramita en el Juzgado Federal 2 de La Plata.

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Caputo te cobra dos veces para arreglar rutas: retiene el Impuesto al Combustible, privatiza y mete peajes.

El ministro de Economía, Luis Caputo, acumula $ 1,4 billones recaudados a través del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) que, por ley, tienen asignación específica para el mantenimiento y la mejora del sistema vial nacional. No los ejecutó. En su lugar, el Gobierno avanza en la privatización de los principales corredores del país para que las empresas concesionarias los reparen con nuevos peajes: los mismos ciudadanos que ya pagaron a través del impuesto al combustible volverán a pagar cuando pasen por las barreras. Un doble cobro que viola la ley, deteriora la infraestructura y entrega el control de la red vial nacional al sector privado.

La ley que Caputo ignora

El ICL tiene una afectación específica establecida por normativa: un porcentaje de lo recaudado debe destinarse al mantenimiento de las rutas nacionales a través de Vialidad Nacional. Desde diciembre de 2023, el Ministerio de Economía retiene esos fondos sin ejecutarlos en obra pública vial. Ya acumula $ 1,4 billones inmovilizados. El desvío no es una omisión administrativa: es una política deliberada que consolida el superávit fiscal con dinero que legalmente no le pertenece al Tesoro.

Cuando se lo consultó por esta situación, el vocero presidencial Adrián Ravier no cuestionó la retención sino que la justificó: sostuvo que «el ministro Caputo lleva a cabo un proceso de transformación que ha tenido éxito en otros países, donde las rutas nacionales se hacen con inversiones privadas». La declaración equivale a reconocer que el Gobierno optó por reemplazar la inversión pública garantizada por ley con concesiones privadas que los propios usuarios solventarán a través de peajes.

15.000 kilómetros privatizados, o en proceso

El esquema ya está en marcha. Fueron licitados 9.000 kilómetros de corredores considerados estratégicos por donde circula el 80% del tránsito del país. Otros 6.000 kilómetros están en proceso de licitación. La infraestructura deteriorada por tres años de desinversión pública se entregará al sector privado para que la restaure y cobre por ese servicio a los mismos ciudadanos que financiaron su mantenimiento con el impuesto al combustible.

El costo económico de la decisión es contundente. De acuerdo con cálculos privados, mantener un kilómetro de ruta anualmente cuesta entre 15.000 y 40.000 dólares. Reconstruirlo, en cambio, puede llegar a 3,5 millones de dólares. El deterioro acumulado en estos tres años de abandono multiplica exponencialmente la factura final, que ahora trasladará al sector privado concesionario y, en última instancia, a los usuarios.

La denuncia penal y las voces legislativas

La diputada nacional Victoria Tolosa Paz denunció penalmente a Caputo, junto al director de Vialidad Nacional y al titular del Banco Nación, ante el Juzgado Federal 2 de La Plata. Los cargos son malversación de fondos, incumplimiento de deberes de funcionario público y abuso de autoridad. La causa se suma a la acumulación de antecedentes judiciales que rodean la gestión del ministro de Economía.

La diputada Marcela Pagano, del bloque Coherencia, fue más lejos en su caracterización. Afirmó públicamente que el Gobierno utilizó los fondos del impuesto al combustible para distribuir entre gobernadores aliados a cambio de votos en el Congreso, canalizando esos pagos a través del Banco Nación. «Por ley esos fondos solo pueden usarse para hacer rutas. Los repartió a los que les votaban las leyes usando como cajero al Banco Nación», acusó Pagano en sus redes sociales.

En la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados, la legisladora nacional Marina Salzmann recordó que presentó un pedido de informe sobre la utilización del ICL que aún no tuvo tratamiento, y que junto a otros diputados impulsó una petición de interpelación pública al ministro Caputo para que explique el destino de los recursos ante el conjunto de los argentinos, no solo ante el bloque.

Camiones volcados, rutas abandonadas, intendentes desesperados

El impacto territorial es concreto y cotidiano. El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis, advirtió que la desinversión afecta directamente a la actividad económica del país: «Acabamos de tener no menos de 4 mil camiones frenados en las altas cumbres en Mendoza por problemas de falta de mantenimiento. Condena a la Argentina a no tener un sistema de conectividad que necesitamos. Está poniendo en riesgo cosas que funcionan bien como Vaca Muerta», señaló. Katopodis estimó que entre 800 y mil camiones diarios trasladan arena desde Entre Ríos para abastecer las operaciones de Vaca Muerta por rutas en «absoluto abandono».

La situación no es exclusiva de las rutas patagónicas o de acceso a los yacimientos. El intendente de Tres Arroyos, Pablo Garate, declaró que en sus 55 años jamás vio la ruta 228 «en el estado lamentable en el que se encuentra hoy». Señaló además que la Ruta 3 «se va deteriorando año tras año» y que los puntos donde más accidentes se registran en su municipio son precisamente los cruces de rutas nacionales. El municipio llegó a ofrecerse para hacer tareas de bacheo por cuenta propia, pero Vialidad Nacional aún no le dio la autorización para avanzar.

La legisladora bonaerense Ayelén Rasquetti sintetizó el absurdo del esquema con datos precisos: según su estimación a partir de la recaudación del ICL, en la provincia de Buenos Aires se podrían haber construido 6.720 kilómetros de rutas nuevas, cuando el territorio bonaerense tiene 4.672 kilómetros de rutas nacionales. «Milei y Caputo ponen en riesgo la vida de la gente para mantener el espejismo fiscal del Gobierno», sostuvo. El dinero estaba disponible. La decisión de no usarlo fue política.

Un esquema que penaliza el desarrollo productivo

Las consecuencias de la desinversión trascienden los siniestros viales. Si se considera que hoy circulan por la red nacional 128 millones de toneladas de carga y que las proyecciones para 2035 estiman un volumen de 194 millones de toneladas, el deterioro de la infraestructura vial implica un costo creciente sobre toda la cadena productiva: encarece el transporte, frena la competitividad y compromete el abastecimiento de insumos críticos para sectores que el propio Gobierno exhibe como motor del crecimiento. La retención del ICL no es solo una irregularidad legal: es un ajuste que recae sobre la infraestructura común para sostener un superávit que la propia deuda externa hace insostenible.

Puntos clave

  • Caputo acumula $ 1,4 billones del impuesto a los combustibles con asignación legal específica para rutas y no los ejecuta en obra pública.
  • El Gobierno licitó 9.000 km de corredores estratégicos y tiene otros 6.000 km en proceso: los usuarios pagarán peajes por rutas que ya financiaron con impuestos.
  • Victoria Tolosa Paz presentó una denuncia penal por malversación de fondos ante el Juzgado Federal 2 de La Plata contra Caputo, el director de Vialidad Nacional y el titular del Banco Nación.
  • Reconstruir un kilómetro de ruta puede costar hasta 3,5 millones de dólares; mantenerlo cuesta entre 15.000 y 40.000 dólares anuales.
  • El deterioro vial afecta directamente a Vaca Muerta, a la logística nacional y a la seguridad vial en todo el país.
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