Investigación 🔎
Tiroteo en San Cristóbal: un chico inimputable y un caso que revela la violencia cuando ya es tarde
Ian Cabrera tenía 13 años y llevaba apenas unos días en el secundario cuando fue asesinado por un compañero que entró al colegio con una escopeta. A casi una semana del hecho, la causa judicial avanza pero el acusado no puede ser juzgado. La nueva ley penal juvenil existe, pero no rige todavía.
★ El lunes 30 de marzo, en el patio de la Escuela Normal Mariano Moreno N°40 de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, un adolescente de 15 años extrajo una escopeta de su mochila durante el acto de izamiento de bandera y abrió fuego contra sus compañeros. Ian Cabrera, de 13 años, que cursaba primer año desde hacía apenas unos días, murió como consecuencia de los disparos. Otros ocho estudiantes resultaron heridos, uno de ellos trasladado en código rojo a Rafaela con perdigones en cara y cuello. Un asistente escolar logró reducir al agresor y quitarle el arma antes de la llegada de la Policía.
El crimen no tiene precedentes en la historia reciente del sistema educativo argentino. Y sin embargo, llegó acompañado de una constatación que debería incomodar profundamente: las instituciones que debían proteger a Ian fallaron mucho antes de que sonara el primer disparo.
Lo que se sabe de la causa
La investigación está en manos del Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe. El fiscal regional Carlos Vottero confirmó que se ordenaron múltiples diligencias: la autopsia del estudiante fallecido, la toma de testimonios de víctimas, compañeros y docentes, y pericias dentro del establecimiento para reconstruir la secuencia del ataque. Los fiscales sostienen que las pruebas indicarían una planificación previa y que el trasfondo del caso «está atravesado por una serie de relaciones y vínculos en redes sociales y familiares», según trascendidos de la investigación.
En cuanto al presunto agresor, identificado con las iniciales G.C., permanece alojado en un instituto de menores en la ciudad de Santa Fe, acompañado por su padre. Su madre, Mabel, regresó a San Cristóbal. En un mensaje enviado a la periodista Mariela López Brown, quien cubre el caso en Santa Fe, la mujer rechazó las versiones que circularon: «No tengo nada que decir. Dijeron todo por todos lados y muchas mentiras.» La frase dejó abierta la disputa por el relato en torno a la tragedia, pero no aportó datos que modifiquen el estado de la causa.
Se concretó la audiencia de atribución de cargos en los Tribunales de Santa Fe: allí el adolescente tomó conocimiento formal de la acusación en su contra por el delito de homicidio doloso agravado por el uso de arma de fuego. Sin embargo, el resultado fue el que la ley vigente obligaba a dar: fue declarado no punible.
La ley nueva que todavía no rige
El Congreso Nacional aprobó la Ley 27.801, que baja la edad de imputabilidad a 14 años. La norma fue publicada en el Boletín Oficial a principios de marzo de 2026. Pero su artículo 52 establece que el nuevo régimen «entrará en vigencia a los 180 días» de esa publicación, un plazo que a la fecha del crimen no se había cumplido.
La consecuencia es concreta: bajo el régimen legal vigente al momento del ataque, el adolescente de 15 años no puede ser imputado penalmente. El ministro de Justicia y Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, lo confirmó en conferencia de prensa el mismo día del hecho: «No es punible por la edad. La nueva norma aún no entró en vigencia.»
Quienes aprovecharon el caso para reclamar más punición adolescente omitieron este detalle central: incluso con la nueva ley aprobada, la tragedia de San Cristóbal no hubiera tenido otro desenlace judicial. La ley que se votó no estaba en vigor y no podía aplicarse retroactivamente. El debate sobre la imputabilidad, legítimo en sus términos, llega de todas formas tarde a explicar lo que pasó en ese patio escolar.
El perfil del agresor y las alarmas que nadie vio
El ministro de Educación santafesino, José Goity, confirmó que el acusado no registraba antecedentes dentro del sistema educativo, pero que atravesaba «una problemática intrafamiliar importante». También indicó que, en principio, el hecho no respondió a un conflicto escolar directo, aunque no descartó que el adolescente pudiera haber sido víctima de situaciones de violencia o bullying.
Según trascendidos del expediente, los fiscales investigan la existencia de un intento de suicidio previo del adolescente y vínculos familiares que habrían incidido en su estado emocional. Estas líneas todavía no fueron confirmadas de manera oficial y forman parte de la investigación en curso.
La pregunta que el sistema educativo y el Estado provincial no pueden eludir es precisa: ¿cómo un chico de 15 años con señales de crisis emocional documentadas pudo ingresar a su escuela con una escopeta sin que nadie lo advirtiera?
El dolor que no se politiza
Ian Cabrera fue velado el martes 31 de marzo en la Asociación Mutual de San Cristóbal. A las 10.30, sus restos fueron trasladados al cementerio municipal. Desde la tarde del lunes, vecinos se habían acercado espontáneamente a la puerta de la escuela con velas y carteles con pedidos de justicia para el chico que había entrado al secundario hacía apenas unos días.
El Gobierno de Santa Fe dispuso la suspensión de clases en el establecimiento y la intervención de equipos territoriales de contención para estudiantes, docentes y familias. Es lo mínimo que corresponde. Lo que corresponde además, y que todavía no tiene respuesta, es dar cuenta de la cadena de omisiones que permitió que una escopeta llegara a ese patio.
La escuela pública no es el problema. Es el lugar donde se hacen visibles los problemas que el Estado no resuelve.
Puntos clave:
- Ian Cabrera, de 13 años, fue asesinado el 30 de marzo en la Escuela Normal Mariano Moreno N°40 de San Cristóbal, Santa Fe, durante el acto de izamiento de bandera.
- El acusado, G.C., de 15 años, fue declarado no punible bajo la legislación vigente; la nueva Ley 27.801 que baja la edad de imputabilidad a 14 años no había entrado en vigor al momento del hecho.
- El fiscal regional Carlos Vottero confirmó diligencias en curso: autopsia, testimonios y pericias en el establecimiento.
- El ministerio de Educación reconoció que el acusado atravesaba una «problemática intrafamiliar importante» y no descartó situaciones de bullying.
- Un asistente escolar redujo al agresor y evitó una masacre mayor; el heroísmo individual no reemplaza las políticas de contención que faltaron.
Investigación 🔎
Osprera: la plata de los peones terminó en la firma del ex socio de Menem
El juez Sebastián Casanello procesó a dos ex interventores designados por el Gobierno de Javier Milei y a Sergio Aguirre, ex socio de Martín Menem, por un desvío de $247 millones a través de una empresa creada cuatro meses después de la llegada libertaria al poder. Los embargos superan los $1.463 millones.
Más de 247 millones de pesos que debían sostener la cobertura de salud de los trabajadores rurales y estibadores terminaron en las cuentas de una empresa sin antecedentes, sin estructura y con apenas meses de vida. Detrás de esa firma aparece Sergio Aguirre, ex socio comercial del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
El juez federal Sebastián Casanello procesó este martes a Virginia Montero y Marcelo Petroni, ex interventores de la Obra Social de los Trabajadores Rurales y Estibadores de la República Argentina (Osprera) designados por el Gobierno nacional, como autores de los delitos de negociaciones incompatibles con la función pública y administración fraudulenta. En la misma resolución procesó a Sergio Aguirre y a María Casandra Mirabelli, presidenta de la firma Htech Innovation, por esos mismos delitos, aunque en calidad de partícipes necesarios. La causa se instruye junto al fiscal federal Guillermo Marijuan.
Una empresa nacida con el Gobierno libertario
El eje de la investigación es una contratación directa a favor de Htech Innovation, una sociedad constituida en abril de 2024, es decir, cuatro meses después de que Javier Milei asumiera la Presidencia. La firma que se quedó con el negocio de la obra social de los peones rurales no existía cuando comenzó la gestión que designó a sus interventores.
Según surge del Boletín Oficial, el 18 de julio de 2024 Aguirre modificó el objeto social de Htech Innovation SA para incorporar el rubro de consultorías, el paso previo a la adjudicación del primer contrato de consultoría informática que firmó Montero. Mirabelli, la presidenta de la compañía procesada junto a Aguirre, es su madre. Un portal especializado en investigaciones judiciales detalló además que el dominio web de la empresa recién fue registrado el 6 de enero de 2025, cuando la firma ya cobraba de la obra social.
La resolución de Casanello es contundente sobre la secuencia: «A los dos días de reasumir la intervención, Virginia Montero contrató a la sociedad HTech Innovation SA», señaló el magistrado, y agregó que el ingreso de la firma en Osprera «aparece desvinculado de una necesidad técnica determinada mediante procedimientos objetivos».
Interventores a medida
La acusación fiscal apunta directamente al corazón del esquema. Marijuan sostuvo que «ambos interventores, Montero y Petroni, habrían sido designados por recomendación de Aguirre, quien ejerció influencia directa sobre ellos y, de modo indirecto, condujo la voluntad del ente, logrando la contratación injustificada de su empresa, recientemente constituida y sin capacidad técnica y operativa».
Montero firmó el contrato original y Petroni, su sucesor al frente de la intervención, lo renovó y lo amplió. La investigación también registró reuniones de Montero y Aguirre con funcionarios de la Superintendencia de Servicios de Salud, el organismo que, paradójicamente, debía controlar a la intervención. Los controladores y los controlados se sentaban en la misma mesa que el empresario beneficiado.
Ante el juez, Montero intentó justificar la necesidad de contratar servicios informáticos externos con el argumento de que la obra social atravesaba un «colapso informático y organizativo» cuando asumió, y aseguró que el expediente había pasado por las distintas áreas administrativas. Casanello no dio por válida esa explicación.
Cheques, embargos y prohibición de salida
La investigación determinó que la compañía de Aguirre obtuvo ganancias ilícitas por un total de $247.836.858,63 a través del contrato con Osprera. El primer cheque está fechado el 12 de noviembre de 2024 y el último, el 11 de julio de 2025: durante ocho meses, el dinero de los aportes de los trabajadores del campo fluyó hacia una empresa sin capacidad operativa comprobada.
Casanello impuso a los cuatro procesados un embargo por $1.463.896.868 y les prohibió la salida del país. Un quinto investigado, Stefano Zanetti, accionista de Htech, recibió la falta de mérito y seguirá bajo investigación.
El apellido Menem, otra vez en los expedientes
El procesamiento no involucra penalmente a Martín Menem, pero vuelve a poner a su entorno comercial en el centro de una causa por manejo irregular de fondos durante la gestión libertaria. Mientras el Gobierno de Milei hace del ajuste sobre jubilados, discapacitados y trabajadores su bandera, las cajas de la salud solidaria aparecen como botín de los amigos del poder.
El caso se suma a la sucesión de escándalos que salpican al oficialismo, desde la causa por las presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad hasta las investigaciones patrimoniales sobre funcionarios de primera línea. La obra social de los peones rurales, uno de los sectores más castigados y peor pagos del país, se convirtió en el último capítulo de esa trama.
Lo que tenés que saber:
- El juez Sebastián Casanello procesó a los ex interventores de Osprera Virginia Montero y Marcelo Petroni por negociaciones incompatibles y administración fraudulenta.
- Sergio Aguirre, ex socio de Martín Menem, y su madre María Casandra Mirabelli, presidenta de Htech Innovation, fueron procesados como partícipes necesarios.
- Htech Innovation se constituyó en abril de 2024 y cobró $247.836.858,63 de Osprera entre noviembre de 2024 y julio de 2025.
- Según el fiscal Guillermo Marijuan, los interventores habrían sido designados por recomendación de Aguirre.
- El embargo para los procesados asciende a $1.463.896.868 y todos tienen prohibida la salida del país.
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